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Sin una Buena Policía el País No Progresa 

Wolf Poulet

Coronel retirado alemán
Fue Director del Programa "Diálogo Cívico Militar" en 10 países de América Latina.
1997 al 2000.

Publicado en el periódico Listín Diario, el  16 de Julio de 1999, República Dominicana

A comienzos de los años 90 el productor cinematográfico Igor Gawarújin describió en su película "Así no se puede vivir" la caída del orden estatal y social en Rusia y uno de sus ejemplos comparaba las vidas de un policía ruso y de un alemán. El capitán de policía ruso debía sobrevivir con un ínfimo salario, que sólo bastaba para cubrir los gastos en comida para su mujer y dos niños. Todas las noches debía viajar desde el centro de Moscú hacia uno de los suburbios, donde vivía en un "kommunalka" con su familia; esto es, una habitación para ellos, con cocina y baño compartidos con otras cuatro familias. Por el contrario, el policía alemán con rango de sargento, vivía en Hamburgo con su esposa en un bello apartamento de 3 habitaciones, esperando el nacimiento de su primer hijo. Por supuesto, poseía un automóvil.
 
Este notable ejemplo de Gawarúiin aclara la tesis de que los países de este mundo pueden ser clasificados en dos grupos: aquellos que pagan bien o justo a sus policías, y aquellos que no lo hacen. A parte de Rusia, pertenecen al segundo grupo casi todos los países de América Latina. Una policía bien o miserablemente pagada está siempre relacionada con una alta o baja seguridad jurídica. Nos permitimos la pregunta: ¿A quién favorece una policía mal pagada, susceptible de corrupción? ¿A quién favorece una policía mal entrenada, que no desarrolle un esprit de corps, o sea honor profesional? Que los policías estén en las calles no para defender la Ley, sino para servir a los ricos y a los poderosos. ¿Puede un policía mal pagado ejercer dignamente su profesión?

Algo es seguro: Una policía mal pagada no es ninguna garantía para la seguridad y el orden, sino más bien un factor de inseguridad en la función estatal. El desarrollo positivo de cualquier país depende ciertamente de muchos factores, pero una policía bien pagada, motivada y bien equipada es sin duda uno de ellos. Como ejemplo debemos mencionar el gobierno elegido en Hungría en el año 1998. Como medida inicial invirtió sumas millonarias en una "nueva" policía: equipo moderno, en parte nuevo personal, entrenamiento intensivo con ayuda externa, con el objetivo (alcanzado hasta ahora) de formar una tropa policial con una nueva ética. La Hungría deformada, que hace 10 años era un país comunista, es hoy miembro de la alianza más poderosa del mundo, la OTAN, y (lo que es más importante) tiene buenas oportunidades en los próximos años de ingresar en la Unión Europea.

Muchos gobiernos de América Latina se han mostrado hasta ahora remisos a las reformas policiales. Un aspecto interesante es que en los tiempos de las distintas dictaduras militares no se hizo ninguna reforma militar o de la policía. Los dictadores prefieren una policía mal pagada: es más barata, sus líderes se conforman con menos privilegios, y está más dispuesta a imponer la represión contra su propia población, por lo menos contra los pobres y la clase media.

En el caso de Rusia se puede reconocer que la falta de una reforma del sistema judicial ha permitido que la economía capitalista de mercado degenere en una economía mafiosa. Algunos altos funcionarios estatales y el mundo de negocios "organizado" han impuesto sus reglas en el mercado libre, quedando la policía mal pagada enfrentada a una tarea irresoluble.

Lo que hace falta es un estado fuerte que, con reglas claras, imponibles según la Ley e iguales para todos, permita la competencia y la dedicación de cada quién en una economía de mercado libre. Para esto se necesitarían las correspondientes leyes, un sistema judicial que ordene aplicar esas leyes independientemente de los vaivenes de la política, y finalmente una policía que esté encargada de hacerlas cumplir. Rusia no impuso el Estado de Derecho, y la economía es dominada por aquellos con menos escrúpulos -el dominio de las hienas. La consecuencia es que hoy un tercio de la población del país más grande del mundo vive por debajo del nivel de pobreza.

La situación general en América Latina es algo mejor. El Estado de Derecho, que existe en la mayoría de sus países en una u otra forma, requiere sin embargo de jueces independientes y también de una policía respetuosa de la ley. En efecto, las reformas del Gobierno de la República Dominicana han incluido también la reforma policial. El nuevo jefe de la policía, Mayor General Pedro de Jesús Candelier, disfruta de gran confianza de la población. Muchos creen en él y esperan que organizará la policía para el siglo XXI.

La reciente apertura de los mercados dominicanos, el aumento del turismo y el resultante aumento del número de extranjeros en el país, en relación con la competencia de los países en América Central y en el Caribe por los flujos turísticos y las inversiones, hacen del orden interno en el país un factor decisivo para el futuro.

Este país, que disfruta de la fama de garantizar a sus habitantes y visitantes un modo de vida por lo menos "tranquilo", sólo podrá mantener esta característica a mediano y largo plazo si la policía y el sistema judicial participan ampliamente en el juego. Pocos días después de su toma de posesión, el general Candelier produjo un cambio en el trato policial de la ciudadanía. Hoy se puede viajar por todo el país sin ser parado sin motivo por una patrulla policial. Pero la pregunta sigue vigente: ¿A la larga, podrán los policías vivir sólo de sus sueldos? Un sargento gana menos de dos mil pesos en un mes (cerca de 125 dólares), sin contar los descuentos. La petición del jefe de la policía de un aumento de sueldo, apoyada por los obispos del país, es por lo tanto justa.

El gobierno no tendrá la solución con el mero aumento de los sueldos de la policía. La Policía Nacional necesita algo más que mejores sueldos; necesita también nuevas academias, programas de intercambio con el extranjero, continuación de la modernización del equipo y, no por último, la cooperación de las elites del país. La seguridad interna es, de hecho, también un asunto que concierne a la llamada Sociedad Civil. La sociedad dominicana debe concentrar todas sus fuerzas en la modernización, haciendo por Ej. la carrera policial más atractiva para cualquier joven orgulloso de recibir un buen salario y un puesto de trabajo apreciado por la sociedad.

La alta política y la elite del país no debieran dejar solo al jefe de la policía en esta tarea tan importante.

Finalmente, la reforma policial no es tarea de un gobierno en particular. Cualquier gobierno, incluyendo el actual, que haya contribuido a la mejoría de la "institucionalidad", como debiera hacerlo el que se inicie en agosto del 2000, debiera estar consciente de que la continuidad del desarrollo del país estará en duda sin el imperio del Estado de Derecho, garantizado por una tropa policial bien entrenada, motivada y leal a la Ley. 

 

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