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REMESAS: Un río de oro

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El dinero que los inmigrantes envían a su país de origen mantiene a flote a sus familias y refuerza las economías de la región. ¿Podría hacer algo más?

Peter Bate

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  Mapa Estadístico

 

Todos los meses Lucas Zelaya, supervisor en un estacionamiento de automóviles en el centro de la ciudad de Washington, envía por lo menos 200 dólares a su madre en San Alejo, un pueblo en el sur de El Salvador. Las remesas de Zelaya, junto a las de millones de otros inmigrantes en Estados Unidos, conforman una gigantesca transferencia de capital hacia países en vías de desarrollo. En el caso de América Latina y el Caribe, esos flujos ya han sobrepasado en magnitud al financiamiento otorgado cada año por la banca multilateral.

Según el Fondo Multilateral de Inversiones del BID (FOMIN), la región recibe anualmente unos 20.000 millones de dólares de sus inmigrantes en el extranjero. En el caso específico de seis naciones latinoamericanas, el ingreso por remesas representa más de 10 por ciento de su producto bruto interno. Para El Salvador esas transferencias son un factor vital. Se estima que durante el 2001 los salvadoreños residentes en el exterior enviarán a su país aproximadamente 2.000 millones de dólares, una suma que superaría los daños económicos causados por los terremotos que azotaron a ese país centroamericano a principios de este año. Aun cuando en países más grandes, como México, las remesas tal vez no representan una proporción tan grande del ingreso nacional, dichos flujos figuran entre sus principales fuentes de divisas. A nivel local, las remesas de dinero tienen un gran impacto, como en decenas de pequeñas comunidades mexicanas que basan su economía en los fondos que regularmente giran sus paisanos desde Estados Unidos.

Dadas las actuales tendencias demográficas, el FOMIN calcula que durante la presente década América Latina y el Caribe podrían recibir remesas equivalentes a 300.000 millones de dólares. Estas transferencias de capital ya están ayudando a aliviar la pobreza y a impulsar las economías de algunos países de la región. La pregunta es si las remesas pueden convertirse también en una fuerza para el desarrollo.

El gerente del FOMIN, Donald F. Terry, cree que sí, siempre y cuando los gobiernos de la región superen una serie de obstáculos que evitan que sus sistemas financieros crezcan y sirvan a todos los segmentos de su población.

Terry cita los casos de España y Portugal, dos naciones que lograron capitalizar las contribuciones de sus trabajadores migrantes. Por tanto, agrega, es razonable aspirar a reducir por lo menos a la mitad el costo de las remesas de dinero y utilizar el proceso mismo para movilizar el ahorro y lanzar iniciativas piloto para invertir en proyectos de desarrollo local.

A fin de lograr un conocimiento más acabado de este fenómeno y analizar maneras de aprovechar su vitalidad, el FOMIN organizó recientemente la primera conferencia regional sobre remesas. El encuentro celebrado en la sede del BID en Washington se concentró en dos temas principales: cómo reducir los costos de enviar dinero a América Latina y el Caribe y cómo alentar a los trabajadores migrantes a invertir parte de sus ingresos en ahorros a largo plazo e iniciativas de desarrollo comunitario en sus países de origen. (Para más información sobre la conferencia, vea el enlace a la derecha).

Con buenos ojos. Las remesas no siempre fueron vistas como una bendición. Hasta hace pocos años muchos expertos sostenían que estos flujos de capital creaban una cultura de dependencia entre sus beneficiarios en los países en vías de desarrollo. Se argumentaba que el dinero fácil atizaba el consumo y sofocaba el espíritu emprendedor entre los pobres. Al mismo tiempo exacerbaban la brecha entre los ingresos de quienes recibían dinero de sus parientes en países industrializados y sus congéneres menos afortunados.

Esta visión crítica no ha sido completamente abandonada. En la conferencia del FOMIN, el investigador Rodolfo de la Garza, vicepresidente del Instituto Tomás Rivera y profesor de la Universidad de Columbia, señaló algunas de las desventajas que entrañan las remesas para quienes giran dinero. Al igual que otros grupos inmigrantes, dijo, la mayoría de los latinoamericanos residentes en Estados Unidos anhela radicarse aquí permanentemente. Dadas esas expectativas, agregó De la Garza, sería sumamente injusto esperar que estos inmigrantes envíen más dinero cuando podrían beneficiarse más si invirtieran en sus nuevas comunidades. Tradicionalmente, los inmigrantes que llegan a Estados Unidos han invertido preferentemente en comprar casa, ampliar sus negocios y asegurar la educación de sus hijos, decisiones que permitieron a las nuevas generaciones prosperar e integrarse a la vida estadounidense.

Si bien esos puntos aún tienen validez, la opinión de los estudiosos sobre el impacto de las remesas ha variado, al compás del aumento de sus volúmenes y de los cambios que ha impuesto la globalización en la migración. Durante la década pasada los flujos de capital de las remesas se han cuadruplicado. Gracias a los avances en el transporte y las telecomunicaciones, los inmigrantes hoy pueden mantenerse en contacto más estrecho y frecuente con sus países de origen.

La directora del Instituto para el Estudio de las Migraciones Internacionales de la Universidad de Georgetown, Susan F. Martin, comentó en la conferencia del FOMIN que las investigaciones más recientes sobre las remesas revelan un cuadro más complejo. Muchos expertos ahora reconocen que incluso el consumo de bienes y servicios impulsado por las remesas estimula la actividad económica, máxime al nivel local. "El efecto multiplicador de las remesas puede ser considerable, donde cada dólar genera más dólares en crecimiento económico para las empresas que producen y ofrecen los bienes comprados con estos recursos", apuntó en un trabajo presentado en la conferencia. (Para leer el documento de la profesora Martin, vea el enlace a la derecha).

Concientes de ese efecto económico, los gobiernos latinoamericanos están cortejando a los trabajadores migrantes. El presidente de México, Vicente Fox, los llama "héroes" y ha creado una oficina especial en su gabinete para apoyar a los mexicanos que viven en el exterior. El primer mandatario mexicano incluso llevó el tema de las remesas a la Cumbre de las Américas celebrada en abril en Quebec, e instó a las otras naciones del hemisferio a bregar también por la reducción de costos de transferir dinero.

Más actores. Si bien las tarifas de las remesas han disminuido en años recientes, sus costos siguen siendo relativamente altos y sumamente variables, especialmente cuando involucran tasas de cambio. Del envío promedio de 250 dólares que latinoamericanos y caribeños giran mensualmente desde Estados Unidos a su país de origen, sus familiares pueden llegar a recibir apenas 200 dólares por envío, dependiendo del servicio que utilicen. Según Terry, los gobiernos podrían recurrir a mecanismos de mercado para lograr que una mayor porción de esos modestos flujos de capital llegue a los bolsillos de los beneficiarios.

Una vía para reducir el costo de las remesas es alentar la competencia introduciendo más participantes en los servicios de transferencias. En Estados Unidos, especialmente en las grandes urbes donde se concentran los inmigrantes, las tarifas han disminuido precisamente debido a un aumento en la competencia. Empresas tradicionales como Western Union y MoneyGram han visto aparecer compañías rivales más pequeñas que ingresan a sus mercados ofreciendo tarifas reducidas. De estos nuevos competidores, algunos tienen raíces en países de la región, como en el caso de Bancomercio, una subsidiaria del Banco de Comercio de El Salvador que ha abierto dos agencias de remesas en el área metropolitana de Washington y dos en Los Ángeles para atender a las grandes comunidades salvadoreñas de dichas ciudades.

¿Cuánto se pueden reducir esas tarifas? Según Pedro Belo, presidente del BPA Bank de Nueva York, pueden llegar a ser gratuitas. Este banco que trabaja mayormente con las comunidades de inmigrantes portugueses en el nordeste de Estados Unidos ofrece remesas gratuitas como parte de sus servicios a sus clientes.

En el caso de ciudades más pequeñas y en zonas rurales donde existe menos competencia, reducir el costo de las remesas resulta más difícil, pero no es imposible. En la ciudad de Durham, en el estado de Carolina del Norte, una coalición de instituciones filantrópicas, bancos, cooperativas de crédito y grupos comunitarios y religiosos sumó esfuerzos para fundar la Latino Community Credit Union (LCCU), una cooperativa de crédito que comenzó a servir a la incipiente comunidad hispana de la región en junio del 2000.

La LCCU, que en poco más de un año de operaciones ha registrado 2.400 socios, ofrece servicios de cuenta corriente y de ahorros, cajeros automáticos, créditos para consumo y remesas. Esta nueva institución cobra 6,50 dólares para enviar dinero a El Salvador y Guatemala y 10 dólares para las transferencias a México. Otras firmas de Durham que ofrecen servicios de cobro de cheques y remesas cobran tarifas que pueden representar 10 por ciento de las sumas giradas.

Aunque el costo es un factor importante para los inmigrantes que remiten dinero, la confianza y las costumbres juegan también un papel importante a la hora de escoger cómo hacerlo. Muchos nuevos inmigrantes llegan a Estados Unidos sin ninguna experiencia bancaria. Según LCCU, menos de la mitad de los latinoamericanos residentes en este país tienen cuenta bancaria. Quienes no tienen acceso a servicios bancarios indefectiblemente pagan costos más altos para cobrar sus cheques o girar dinero al exterior.

Algunos inmigrantes aún prefieren operar con los llamados "viajeros", personas que se dedican a llevar dinero y encomiendas a países de la región. Durante años Lucas Zelaya ha confiado en uno de estos "viajeros", un compatriota que viaja dos veces al mes a El Salvador y a un costo del 5 por ciento del monto girado, se encarga de llevar el encargo a la madre de Zelaya a su domicilio en San Alejo, donde no hay sucursales bancarias. Aunque hay una oficina de Western Union a pasos de su trabajo en Washington y una agencia a dos cuadras de la casa de su madre en El Salvador, Zelaya prefiere los servicios de su compatriota. En casos de emergencia, este viajero incluso ha adelantado dinero a su madre. "No creo que Western Union me haga tal favor", comenta Zelaya.

No obstante, las instituciones financieras formales no se están quedando de brazos cruzados. Desde las modestas cooperativas de crédito a los grandes grupos bancarios, muchos están a la búsqueda de clientes hispanos en Estados Unidos, una comunidad de 35 millones de personas con ingresos del orden de los 325.000 millones de dólares anuales.

Por ejemplo, todos los empleados de la pequeña LCCU son bilingües. Uno de ellos se dedica a tiempo completo a enseñarle a sus nuevos miembros cómo usar los diversos servicios financieros y cómo manejar el crédito. Los horarios de la cooperativa se acomodan a los horarios de su clientela, mayoritariamente trabajadora.

Entre las instituciones más grandes, Wells Fargo, un banco con una importante presencia en el oeste y el sudoeste de los Estados Unidos, ha lanzado un programa piloto que le ofrece a migrantes mexicanos indocumentados la posibilidad de abrir simples cuentas de transferencia de dinero. Citigroup, uno de los mayores grupos financieros del mundo, recientemente adquirió control del Grupo Financiero Banamex-Accival, uno de los principales bancos de México. Al anunciar la operación, el presidente de Citigroup, Sanford I. Weill, afirmó que ambas instituciones combinarán sus esfuerzos para servir al "creciente mercado hispano en toda América del Norte".

A medida que más inmigrantes latinoamericanos y caribeños tengan acceso a servicios bancarios y que las instituciones financieras estadounidenses forjen relaciones con sus contrapartes en este hemisferio, el costo de transferir dinero seguirá disminuyendo. De hecho, hoy en día muchos trabajadores migrantes simplemente abren una cuenta bancaria y envían tarjetas electrónicas a sus familiares, quienes pueden acceder así a fondos en cualquier cajero automático conectado a una red de banca electrónica. A su vez, los avances tecnológicos están haciendo cada día más fácil ofrecer servicios financieros hasta en los parajes más remotos. Según funcionarios del gobierno mexicano, el estado con el mayor número de cajeros automáticos es Chiapas, uno de los más pobres de México.

El papel de los multilaterales. Dado que la competencia y la tecnología ya están surtiendo efecto para reducir el costo de las remesas, y que los bancos y cooperativas de crédito estadounidenses están abriendo sus puertas aun a los migrantes indocumentados, cabe preguntar qué puede agregar al panorama una institución financiera multilateral. Según Terry, resulta imperativo que estas entidades hallen vías y mecanismos para multiplicar los beneficios de estos cruciales recursos, cuyo incremento refleja el creciente grado de globalización de la economía mundial. En ese sentido, agrega, instituciones como el BID y el FOMIN pueden cumplir un importante papel, especialmente en los países receptores de remesas.

El FOMIN tiene previsto iniciar un programa de 7,5 millones de dólares para ayudar a entidades financieras en países como El Salvador, Guatemala, Jamaica, México y la República Dominicana a instalar las plataformas electrónicas necesarias para trabajar más efectivamente con sus contrapartes en Estados Unidos y otras naciones industrializadas. Asimismo apoyará reformas de regulaciones que permitirán a las instituciones de ahorro popular y microcrédito de la región transformarse en instituciones financieras reguladas para poder captar depósitos y ofrecer otros servicios financieros.

Dichos cambios cumplirían varios propósitos. Primero, fortalecerían a las cooperativas de crédito y otras pequeñas instituciones financieras que sirven a clientes de ingresos medianos y bajos, las mismas personas que suelen recibir remesas. Segundo, les permitirían adquirir la tecnología necesaria para extender sus servicios a zonas rurales. Y tercero, alentarían un flujo de capital hacia instituciones que trabajan en zonas con elevados índices de pobreza. En la actualidad, la mayoría de las remesas arriban a almacenes, gasolineras y farmacias.

Quizás uno de los ejemplos más interesantes es la reciente iniciativa de Fondo Financiero Privado (FIE), una exitosa institución microfinanciera boliviana. Con apoyo del FOMIN y del gobierno argentino, FIE inauguró este año una sucursal en Buenos Aires, ciudad donde reside casi un millón de inmigrantes bolivianos y entre ellos decenas de miles de pequeños empresarios que carecen de acceso al tipo de servicios financieros que FIE ofrece a sus clientes en La Paz y otras ciudades de Bolivia. La presidenta de FIE, Pilar Ramírez Muñoz, se propone ofrecer microcrédito a una escala masiva a la comunidad boliviana residente en Argentina.

Además de los pequeños préstamos que permiten a personas de escasos recursos iniciar o ampliar sus microempresas, los inmigrantes necesitan mecanismos seguros para enviar dinero a sus familias en su país de origen, especialmente durante épocas de crisis. Según las autoridades impositivas argentinas, la comunidad boliviana gira anualmente a su país unos 100 millones de dólares aproximadamente. Sin embargo, según Ramírez, estos inmigrantes tienden a usar canales informales, riesgosos y costosos, casi siempre porque no confían o no se sienten bienvenidos en las grandes instituciones financieras.

Si bien las remesas cumplen un papel importante en la estrategia de FIE para sus operaciones en Buenos Aires, Ramírez señala que también atenderán otras necesidades. Una de las más inmediatas es otorgar pequeños préstamos para ayudar a los inmigrantes a pagar sus trámites de residencia. La legalidad les permite a los empresarios formalizar sus negocios y montarlos sobre bases más firmes, aumentando su productividad. Con el tiempo, FIE ayudará a consolidar vínculos financieros más fuertes entre la comunidad boliviana en Argentina y sus comunidades de origen. "Lo que proponemos es que el dinero de los pobres vaya a fortalecer las instituciones de los pobres", afirma Ramírez.

Desafío mayúsculo . A muchos gobiernos de la región les gustaría persuadir a sus compatriotas radicados en el exterior para que inviertan parte de sus ahorros en proyectos de desarrollo de largo plazo en sus países de origen. Para lograrlo, las autoridades latinoamericanas y caribeñas tendrán que superar grandes obstáculos. Otros países en vías de desarrollo han intentado similares estrategias con resultados muy dispares. Durante la segunda mitad del siglo pasado, las remesas de los trabajadores migrantes españoles nutrieron a la pujante industria de las cooperativas de crédito de España. Portugal le ofreció a sus migrantes una variedad de incentivos fiscales para que invirtieran en bienes raíces en su patria, una política que benefició tanto a la banca como a la industria de la construcción portuguesas. Otros gobiernos literalmente mataron a la gallina de los huevos de oro creando impuestos a los ingresos de sus ciudadanos residentes en el exterior y malgastando los ingresos.

La desconfianza es otro factor a vencer. Muchas personas emigran porque sus países no les ofrecen oportunidades económicas, algunas incluso tienen que escapar a persecuciones políticas. La corrupción, sea flagrante o apenas sospechada, espanta a la buena voluntad. Es más, la mayoría de las remesas provienen de los bolsillos de personas de ingresos modestos que sólo aspiran a solventar las necesidades básicas de sus familias aún más pobres.

No obstante estos desafíos, algunos gobiernos latinoamericanos están empeñados en mejorar sus lazos con sus emigrados, especialmente aquellos que pertenecen a grupos cívicos que se mantienen en contacto con sus comunidades de origen. Durante las últimas décadas, estas asociaciones de migrantes han enviado millones de dólares en remesas colectivas para apoyar pequeños proyectos como construir nuevas aulas en una escuela del pueblo, comprar una nueva ambulancia o arreglar el techo de la iglesia. En pueblos donde el presupuesto municipal no supera los 20.000 dólares anuales, tales remesas pueden tener un impacto enorme.

Algunas comunidades de migrantes tienen sus propias historias de éxitos. Raúl Hinojosa, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, cita el caso de los trabajadores del estado mexicano de Oaxaca que migraron al sur de California para buscar empleo en la floricultura. Mediante sus remesas y los conocimientos técnicos que adquirieron, estos emigrantes ayudaron a implantar la floricultura en Oaxaca, donde la industria hoy emplea a muchos de los familiares de los emigrantes originales. El gran desafío, como señala Hinojosa, es si estas asociaciones de inmigrantes pueden trabajar con otras instituciones para lograr un impacto aún mayor.

El presidente Fox apuesta que eso es posible. El director de la Oficina Presidencial para Mexicanos en el Exterior, Juan Hernández, viaja por Estados Unidos y México para fortalecer los lazos con estas asociaciones y sus comunidades de origen. Hernández, un texano de padre mexicano y madre estadounidense, dice que busca repetir a nivel nacional los esfuerzos que realizan algunos gobernadores mexicanos para cultivar los vínculos con sus paisanos en Estados Unidos. Uno de sus objetivos es promover el programa "3 x 1" del presidente mexicano, bajo el cual por cada peso que los inmigrantes aporten para iniciativas de desarrollo comunitario, el gobierno federal y los gobiernos estaduales contribuirán con otros dos pesos.

En un esfuerzo por apoyar esta iniciativa, el FOMIN se ha unido al banco de desarrollo mexicano Nacional Financiera para lanzar un programa piloto de fondos de inversión local en los estados de Guanajuato, Puebla y Zacatecas. Estos fondos de inversión aportarían recursos a los proyectos apoyados por asociaciones de migrantes para desarrollar pequeñas y medianas empresas y proyectos comunitarios en sus comunidades de origen, involucrando a los gobiernos locales y al sector privado en dichos estados.

Por otra parte, el FOMIN respalda un proyecto pionero que beneficiará a trabajadores migrantes ecuatorianos en España y a sus familias en Ecuador. Bajo esta iniciativa, el Banco Solidario, una importante institución microfinanciera ecuatoriana, se aliará con la Caja Madrid, una de las principales cooperativas de crédito y ahorro españolas, para armar un sistema para canalizar las remesas de miles de ecuatorianos residentes en España. A su vez, Banco Solidario ha llegado a acuerdos de cooperación con la red de cooperativas de crédito ecuatoriana para poder distribuir las remesas en todo el territorio. Gracias a este sistema, se podrá reducir considerablemente el costo total de girar dinero de España a Ecuador.

En otra iniciativa, el FOMIN, junto al Servicio Brasileño de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa y al Banco América do Sul, creó un fondo de inversión de 10 millones de dólares que apoyará a empresas fundadas por migrantes brasileños que regresan a su patria. En Brasil, el emigrante que retorna típicamente es una persona de sangre japonesa que ha pasado entre tres y cinco años trabajando en la tierra de sus ancestros. La comunidad brasileña en el Japón, que asciende a unas 225.000 personas, envía unos 1.500 millones de dólares al año a Brasil. Además, sus integrantes acumulan ahorros para su eventual regreso a Brasil. El fondo de inversión intentará capitalizar tanto la experiencia adquirida por los migrantes como las redes de cooperación creadas por sus comunidades.

De tener éxito, estos proyectos podrían servir de modelos para otros países de la región interesados en sumar a sus paisanos en el exterior a sus planes para fomentar el desarrollo y las oportunidades económicas en lugares donde la emigración tradicionalmente ha sido la ruta más corta para escapar de la pobreza.

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Diciembre 10 , 2001

 

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