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La compatibilidad entre el recipiente y el producto es vital para que la
salud del consumidor no se vea afectada.
Cómo saber si un envase cumple con los requisitos legales.
Reclamar calidad es reclamar salud.
Todos
aquellos productos que se ofrecen en la góndola del supermercado o en el
almacén cuya etiqueta tiene impresa la sigla R.N.P.A. acompañada de un
número de certificado han sido aprobados por el Registro Nacional de
Productos Alimentarios. Esto significa que se ha evaluado al producto y
también al envase que lo contiene y que, en condiciones normales, el
comprador puede consumirlo sin perjuicios para su salud.
¿Pero por
qué es importante prestarle atención al envase de un producto?
Hay que
tener presente que el envase no solo contiene el producto que estamos por
comprar sino que esta en contacto directo con él y que puede ser una de las
causas de su alteración.
El
envase es el contenedor que está en contacto directo con el
producto, cuya función primordial es guardar, proteger, conservar e
identificar además de facilitar su manejo y comercialización.
Como
compradores debemos saber que los alimentos aprobados por el Registro
Nacional de productos Alimentarios nos aseguran que el alimento contenido en
un determinado envase no se va a ver afectado por aquello que los
especialistas llaman “migración” porque esta fabricado con materiales adecuados y autorizados.
¿En qué
consiste la migración? Es la transferencia de componentes desde el material
del que esta hecho el envase hacia los alimentos que contiene debido a
fenómenos fisicoquímicos. Este el punto central del problema ya que un
producto bien elaborado puede resultar dañado por la mala elección del
material de su envase. Las normas argentinas establecen que los envases
primarios (inmediatos al producto) deben fabricarse de conformidad con las
buenas prácticas de manufactura o BPM. El objetivo principal es lograr que
en las condiciones normales o previsibles de empleo no se produzca migración
a los alimentos de componentes indeseables, tóxicos o contaminantes que:
a) superen los límites máximos establecidos;
b) puedan representar un riesgo para la salud humana;
c) ocasionen una modificación inaceptable de la composición de los alimentos
o en los caracteres sensoriales de los mismos.
Pero
hay muchos alimentos que escapan a los controles estatales, ya sea por la
naturaleza de su factura o por ser comercializados sin las correspondientes
habilitaciones y permisos. Hoy en día la crisis lleva a muchos consumidores
a sustituir los productos de marcas reconocidas por alternativas más
económicas y dos de las más significativas son los productos caseros y
aquellos fraccionados por el comerciante. En estos casos el consumidor no
puede saber a ciencia cierta que el envase no este afectando al alimento que
compra, pero al menos debe realizar una verificación simple antes de
adquirirlos. Se trata de usar los cinco sentidos para comparar: mirar,
tocar y oler al producto para asegurarse de que este en condiciones
apropiadas.
En el caso
de productos embolsados hay que controlar que este envoltorio este entero,
si el envase se trata de una lata que no se encuentre hinchada ni golpeada,
hay que exigir que la mercadería no este expuesta al polvo y que si necesita
frío (como los productos con crema chantilly) se encuentre en la heladera.
Si todos demandamos que se cumplan estos requisitos estamos protegiendo a
nuestra familia y a la comunidad en general. Contribuir a la salud general
no es algo complicado, puede bastar con una simple sugerencia. Hay que
recordar que reclamar calidad es reclamar salud.
Diciembre
09, 2002
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