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Discurso del Presidente de la República del Perú, Doctor Alejandro Toledo, en el Acto de Inauguración de la XI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno

Favor poner en "Asunto" el título y autor del artículo

Lima, Perú, 23 de noviembre de 2001

 

Sus Majestades, Reyes de España,

Señores Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica, 

Señores ministros de Estado,

Señor Presidente del Congreso Nacional,

Señores vicepresidentes del Congreso,

Señores ex Presidentes del Perú,

Autoridades religiosas,

Señores Invitados Especiales,

Señores miembros de las Delegaciones Iberoamericanas,

Señoras y señores:

Bienvenidos a esta renaciente democracia peruana. En nombre del pueblo y del gobierno del Perú expreso nuestra enorme satisfacción por su presencia en esta Undécima Cumbre Iberoamericana.

Quiero dejar constancia del hecho que no se encuentran con nosotros colegas hermanos, por diferentes razones. El Presidente de Uruguay, entusiasmado con esta Cumbre; el Presidente de Honduras; y el Presidente Fidel Castro, a quien quiero expresar mi absoluta solidaridad por los desastres del huracán Michelle. He tomado la decisión de ponerme en contacto con él, vía telefónica, para expresarle nuestra solidaridad y nuestra disposición como gobierno para contribuir en lo que sea necesario para poder apoyar a los hermanos de Cuba.

En estos diez años hemos logrado crear una relación de hermandad y solidaridad como no existe en la comunidad internacional, que ha podido enfrentar con significativos logros, problemas acuciantes atinentes a temas como la educación, salud, la seguridad pública, la producción, en fin, todos aquellos temas que sumados, se evidencian en elevados índices de pobreza y marginalidad social.

Hace 120 días asumimos la presidencia de un gobierno democráticamente elegido. Este hecho fue producto de una lucha de miles de peruanos para recuperar nuestra democracia y nuestra libertad.

Gracias a la dignidad y a la resistencia cívica del pueblo peruano, la democracia se ha restablecido a través de un proceso de cambio, que ha reflejado la madurez y la responsabilidad ciudadanas.

Esto fue posible también gracias a la solidaridad de los pueblos y de los gobiernos de Iberoamérica. Una razón más para agradecer su compromiso y su apoyo en la lucha por la democracia en Iberoamérica.

El Perú, anfitrión de esta Undécima versión de la Cumbre, sale de una década nefasta. Una década perdida desde el punto de vista económico, político y, sobre todo, moral. Fueron diez años de oscuridad que, sin embargo, no lograron minar nuestra dignidad y nuestra terquedad por creer en el futuro. Quiero ser franco. Los peruanos no queremos quedarnos anclados en el pasado, porque el Perú y el futuro nos esperan con ansiedad.

Hoy el país se encuentra abocado a construir un gran Acuerdo Nacional para la Gobernabilidad y la estabilidad, para luchar contra la pobreza, generar empleo digno, enganchar con una etapa de crecimiento económico sostenido, descentralizar el Perú y fortalecer las instituciones democráticas y enfrentar con coraje el flagelo de la corrupción.

Este esfuerzo por redibujar el rostro del Perú, ese Perú que queremos dejar como herencia para nuestros hijos, debe ser el resultado de los esfuerzos colectivos de todos los actores, los políticos y los sociales. Es decir, el resultado del esfuerzo de todas las sangres sin exclusión.

Así como Iberoamérica apoyó nuestros esfuerzos por recuperar la democracia, hoy –con firmeza y humildad- abrimos nuestros brazos hacia ustedes para pedirles que compartan con nosotros sus experiencias de concertación social y de concertación política en el proceso de transición democrática. El Perú necesita nutrirse de la experiencia y la generosidad de Iberoamérica en este esfuerzo por concertar y lograr un Acuerdo Nacional.

Los acontecimientos de septiembre pasado han dado un vuelco a la humanidad. Situaciones que sólo tenían cabida en la imaginación, hoy las tenemos frente a nosotros como una realidad aterrorizante, que además se ha convertido en un elemento de desestabilización económica y generador de mayor recesión, con todas sus secuelas de desempleo y pobreza.

El 28 de julio, hace sólo 120 días, cuando tuve el privilegio de inaugurarme como Presidente de la República, dije que los retos del Perú son de tal magnitud que nos obligan a constatar o lo hacemos todos juntos o no lo hace nadie. Ahí tenemos las experiencias de la concertación por la democracia de Chile. Ahí tenemos la experiencia del Acuerdo de Punto Fijo, de Venezuela; la experiencia del Acuerdo de Precios y Salarios de México; ahí tenemos la experiencia del Pacto de la Moncloa, de España. Hoy día miramos con humildad para aprender de sus experiencias sabiendo que existen diferencias.

Señoras y señores:

La Comunidad Iberoamericana, con la fuerza y solidez de este esquema multilateral de diálogo, tiene la oportunidad de crecerse ante estas adversidad y convertirse en el prototipo de un nuevo patrón de relaciones, que aproveche lo más positivo de elementos como la solidaridad, la cooperación, el comercio y la diplomacia, que haga uso de ello en beneficio de nuestros pueblos.

En noviembre del año pasado, cuando se convocó esta Cumbre, se anunció que se propondría, como tema central, la reflexión sobre los vínculos que comparte la comunidad Iberoamericana. Decíamos que deberíamos reflexionar sobre el pasado, el presente y futuro. ¿Por qué juntar estas tres dimensiones precisamente ahora?

Porque hoy más que nunca debemos mirar al pasado para caminar con decisión hacia el futuro en los ámbitos culturales, económicos e históricos que nos unen y que son el sustento de nuestra identidad común y el fermento de nuestros grandes consensos con visión prospectiva.

Esta identidad se remonta al encuentro creador y a la vez conflictivo de civilizaciones milenarias, como la incaica, la maya, la azteca y otros pueblos originarios con las civilizaciones procedentes de la península ibérica y, más tarde, con el valioso aporte de la cultura africana. Con ese crisol de culturas, esas culturas que mutan, hay que caminar sin ambigüedades hacia el futuro.

Hoy el cuadro internacional nos plantea nuevos desafíos mirando al futuro. Los actos terroristas del 11 de septiembre y los acontecimientos posteriores han afectado globalmente a nuestras economías. El tema de la seguridad, el tema de la estabilidad nos han impuesto mayores restricciones en el crecimiento económico sostenido. Para enfrentar estos retos, amigas y amigos, necesitamos caminar de las manos, sin temor al futuro.

La coyuntura internacional nos presenta por primera vez, desde los años 30 del siglo pasado, un panorama de recesión simultánea en casi todas las partes del mundo. Nuestros países enfrentan peligros en el deterioro de las balanza de pagos que ya parecían que habíamos superado, nuestras exportaciones se contraen, los precios de materias primas se reducen en el mercado internacional, cada vez es más difícil reestructurar nuestras deudas externas e internas, el flujo de capitales hacia la Región viene ahora en menores proporciones de lo que habíamos anticipado.

De otro lado, ha aumentado en casi todos nuestros países la urgencia de los ciudadanos por tener un trabajo digno y productivo para mejorar sus condiciones de vida. Los años ochenta tuvimos la década perdida. Los noventa fuimos testigos de una década de ajuste estructural.

Amigas y amigos, quiero plantear esta noche, los jefes de Estado tenemos el enorme reto hoy día de convertir esta primera década de este nuevo siglo en una década que impulse agresivamente el crecimiento económico sostenido, generador de puestos de trabajo productivo.

Señores presidentes y jefes de Estado, tenemos el reto imperativo de caminar hacia este objetivo de crecer sostenidamente en Iberoamérica. Y lo tenemos que hacer juntos.

Ante estos desafíos, internos y externos, no nos queda más que proceder con gran pragmatismo. Se requiere claramente saber compatibilizar un sano manejo macroeconómico con una agenda social que privilegie el empleo productivo y digno. Se requiere jerarquizar los objetivos sociales, al mismo nivel que los objetivos económicos. Esto es imperativo para derrotar la pobreza, para generar crecimiento con equidad. No hay paz cuando existe pobreza. Convirtamos a los pobres en actores activos de la producción de mercados potenciales.

Una política económica pragmática busca una articulación eficaz de la acción del Estado y del estímulo de la iniciativa privada. Una política económica eficaz hoy tiene que reconocer las limitaciones del entorno internacional. Por lo tanto, necesitamos enfatizar la importancia del esfuerzo interno, construyendo el clima de estabilidad política, económica, social y jurídica para traer las inversiones. En este mundo globalizado, los capitales se mueven con gran facilidad y van a ir ahí donde existe estabilidad jurídica.

Al mismo tiempo, una política económica pragmática busca reforzar la competitividad de la producción nacional en todos los mercados; los nacionales y los extranjeros. La coyuntura internacional vuelve más difícil nuestra tarea de conquistar mercados.

La tarea de timonear la economía de Iberoamérica en esta coyuntura exige que hagamos causa común para llegar a un buen puerto. Por ello hemos querido incorporar prioritariamente a nuestro trabajo de evaluación la coyuntura internacional. El día de mañana tendremos una encerrona los jefes de Estado. Hemos rediseñado la agenda. Espero que ustedes entiendan la motivación. No tiene otra que pensar en conjunto aquellos elementos de consenso, sin ninguna noción preconcebida, con una mente abierta, para evaluar la economía mundial y el comercio internacional.

Amigas y amigos:

Durante las diez Cumbres que han precedido a esta undécima edición, se analizó y presentó propuestas innovadoras, en los temas más urgentes e importantes de nuestras realidades. Ahora tenemos que analizar las finanzas internacionales para hacer frente a ese reto de crecer económicamente en un mercado globalizado y cada vez más competitivo. En todos estos temas ha quedado claro que necesitamos unir Europa con América Latina.

Quiero ahora compartir con ustedes un tema que está cercano, en nuestra memoria fresca. El Perú tiene todavía registrado en el disco duro de su memoria colectiva 20 años de terrorismo, que causó más de 25.000 vidas y costó más de 30.000 millones de dólares.

Quiero reiterar la firmeza de mi gobierno, de condenar firmemente cualquier acto de terrorismo, venga de donde venga. Nosotros sabemos, porque hemos vivido en carne propia los efectos de ese terrorismo. Por eso, esta tarde quiero expresar a su Majestad, los Reyes de España, señor Presidente del Gobierno de España, nuestra profunda solidaridad por los acontecimientos de terrorismo ocurridos sólo hace pocas horas en el país vasco, que ha causado la muerte de dos policías, quienes en cumplimiento de su deber hicieron frente a la traición cobarde del terrorismo.

Señoras y Señores:

En otro ámbito, tenemos la imperiosa necesidad de hacer frente a la amenaza del narcotráfico que convive con el terrorismo, y que se canaliza a través del lavado de dinero. Sobre esto, no debe existir espacio para las ambigüedades.

También debe ser un objetivo común de esta tarea nuestra, de Iberoamérica, la de crear una justicia internacional que se globalice. No podemos permitir que sólo el comercio, las finanzas y la economía se globalicen. Necesitamos ser claros sobre la globalización de la democracia de los derechos humanos y de la justicia.

El Perú alienta la búsqueda del diálogo y del consenso regional para reducir los gastos de defensa con el fin de enfrentar la pobreza, invirtiendo más y mejor en nutrición, salud y educación. Ésta es la mejor inversión que podemos hacer.

A partir del 28 de julio pasado, hice una propuesta a los hermanos países de América Latina. Y hoy día tengo el placer de decir que con nuestros hermanos países de Chile y Ecuador hemos hecho avances sustantivos en la dirección de reducir los gastos militares para reorientar los recursos hacia la inversión social y juntos poder vencer y ganar la batalla contra la pobreza.

Por eso, formulo un llamado para que continuemos desarrollando iniciativas bilaterales y multilaterales para reducir esos gastos. La paz es mucho más grande que el silencio de las armas, porque no hay paz en millones de latinoamericanos que esta noche se van a dormir sin saber si mañana tienen algo que comer.

La lucha contra la pobreza también reclama de la comunidad internacional una firme decisión para aumentar los flujos de financiamiento hacia la Región, en particular en esta coyuntura de desaceleración de la economía, que golpea particularmente a los más pobres.

En esa misma tónica, observamos con expectativas el nuevo proceso de negociaciones comerciales lanzado en Doha, que, conjuntamente con las demás economías del mundo, llevaremos a cabo en el marco de la Organización Mundial de Comercio. Tenemos la determinación de contribuir a que la nueva Ronda del Desarrollo abra pasos a nuevos acuerdos que nos permitan abrir una ventana de oportunidades para colocar nuestros productos, que sean competitivos en calidad y precio.

Pero este objetivo sólo será posible si se concreta reformas sustanciales en las políticas agrícolas de los países desarrollados, si se consagran modificaciones sustantivas, sin nosotros –los países andinos y latinoamericanos- somos capaces de hacer un comercio abierto para poder argumentar con fuerza ante Estados Unidos y Europa la necesidad de construir una carretera de doble vía en el comercio internacional.

Distinguidos colegas y amigos, permítanme hacer una mención especial a la Unión Europea, y en especial a los dos países miembros de nuestra comunidad, España y Portugal, respecto de la importancia del papel que éstos puedan jugar en el fortalecimiento de las economías de Iberoamérica. Con su inserción y su mayor interacción con las comunidades de América Latina podrán tener beneficios mutuos. La Presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre del año 2002, constituye una magnífica oportunidad para consolidar esta orientación.

Amigas y Amigos:

Democracia, mestizaje, solidaridad, diversidad, idioma y alegría son algunos de los vocablos que forman parte de nuestra identidad iberoamericana. Hagamos que ellos guíen nuestros trabajos estos días. Hagamos que esta Cumbre constituya una oportunidad para reafirmar nuestra fe en nosotros mismos y en la unidad de Iberoamérica.

Este Perú de “todas las sangres”, como lo llamó José María Arguedas; este Perú, diverso, mítico y laborioso, distinguidos amigos, abre hoy sus brazos y corazón a la familia iberoamericana y les ofrece su más cálida bienvenida.

Muchísimas gracias.

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Noviembre 25 , 2001

 

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