Inicio

Quienes Somos

Contactenos

Buscar Revista

Secciones

Indice Artículos

Editoriales

Enf. Latinoamérica

Gerencia En Acción

Literatura

Negocios

Mujer y Negocios

Tecno-Lógica

Naturalmente

Socio-Política

Revistas Previas

Arte

Medios Del Mundo

Tertulias

English

English Home

Contact Us

Article Archive

Political Issues

Social Issues

Economic Issues

General Articles

The Other Side

Origin

Poetry & Song

 

   

Estabilidad económica en las Américas

Disertación de S. E. Gustavo Noboa, Presidente de Ecuador
En la Conferencia de las Américas
The Miami Herald
Lunes, 14 Octubre 2002


Señoras y Señores:

Quiero saludar la feliz iniciativa de los editores del Miami Herald, al realizar esta nueva convocatoria que persigue específicamente la discusión de temas capitales para la estabilidad económica de las Américas.

Mi decisión de acompañarlos en esta importante conferencia tiene dos matices principales: contarles en primer lugar la exitosa experiencia de la dolarización en el Ecuador y luego dejar planteada una serie de inquietudes que en lo económico lo social y lo político deberán ser abordadas en el futuro inmediato, por todos quienes lideramos el cambio en la región.

El proceso de globalización en el que estamos inmersos ha erosionado con mucha rapidez el concepto de soberanía en el manejo de las políticas económicas de nuestras naciones.

Las decisiones que comprometen el bienestar de nuestros pueblos no son tomadas siempre en nuestras sedes de gobierno.  He señalado con anterioridad que nuestros países deben enfrentar hoy el reto de ser calificados, no sólo económica sino social y éticamente.

Y en ocasiones calificado lamentablemente por analistas que no han podido detectar en su momento procesos empresariales irregulares que han comprometido la confianza y el propio ahorro de ciudadanos de países desarrollados.

Pero ese es el mundo en el que vivimos y a las pequeñas naciones se nos ha impuesto la carga y al mismo tiempo el desafío de ser tremendamente creativas para poder sobrevivir a un sistema económico unipolar que deberá sufrir severas transformaciones para acomodar las necesidades de los que poco o nada tienen.

El Ecuador ha debido transitar en estos últimos 3 años por uno de los procesos más difíciles de reestructuración de su economía, que incluyó la adopción de un nuevo sistema cambiario: la dolarización y el rediseño del sector financiero público y privado que había colapsado durante 1999.

El año 1999 presentó los peores indicadores registrados desde que existen cifras macroeconómicas en el Ecuador, esto es, desde 1927.

El país registraba la inflación más alta de América Latina.  La devaluación acumulada en ese año había llegado al 265%.

La inflación a finales de diciembre de 1999 registraba una tasa del 61%, con características explosivas y con una tendencia a la hiperinflación. 

Los salarios habían perdido 61% de su valor y convertidos a dólares se habían pulverizado.

La tasa de desempleo de la población económicamente activa era del 18% y el subempleo alcanzaba el 47% de ese mismo universo.

El sector bancario y financiero se contrajo en un 70% de su volumen y otros 70% de los depósitos de los ecuatorianos se encontraba congelado.

En este mismo año, 1999, salieron del país 2,500 millones de dólares, la más grande fuga de capitales que registra nuestra historia.

El Banco Central pagaba intereses del 300% para tratar así de detener una devaluación que a diario agitaba los mercados.

A las gravísimas manifestaciones de desorden económico que hemos mencionado, se debía añadir el clima de absoluta desconfianza e incertidumbre en el sistema político.  El Ecuador de enero del año 2000 enfrentaba la peor crisis de su historia republicana.

Fue en ese escenario, cuando el 9 de enero, tratando de apuntalar su gestión presidencial, el ex-presidente Jamil Mahuad decretó la dolarización de la economía ecuatoriana, sin que existiera un programa macroeconómico que la sustentara y peor un análisis técnico que hubiera determinado la paridad cambiaria con la que debía arrancar el proceso.

El decretar que 25,000 sucres de ese entonces debían ser cambiados por un dólar fue tan solo el resultado de un ejercicio superficial que terminó por complicar aún más la difícil situación económica y disparar la inflación a límites insospechados, pero esta vez en dólares.

Asumí la presidencia del Ecuador el 22 de enero del año 2000, tras conjurar un intento de golpe de estado que pretendía echar por tierra 20 años de democracia y convertir al Ecuador el único país de Sudamérica que no vivía bajo un estado de derecho.

En la madrugada de aquel 22 enfrenté mi primer gran dilema: continuar con una dolarización oficial decretada tan sólo 13 días antes o revertir el proceso y encontrar otra alternativa de manejo económico.

El rechazo al sucre  y  la imposibilidad del Banco Central para detener la compra masiva de dólares, no dejaba otra salida que mantener la dolarización, a pesar de que el país a esa fecha no reunía todas las condiciones necesarias para mantener ese esquema, pues demandaba la aplicación de reformas económicas profundas.

Esta decisión permitió brindarle al país una “tabla de flotación” que ha reordenado la economía y que ha impuesto al Ecuador un régimen de disciplina desconocido para sus habitantes y particularmente para sus líderes políticos.

Cuando nos encontramos por cumplir 3 años de la adopción del dólar como única moneda de uso legal en el Ecuador, la economía ecuatoriana convalece satisfactoriamente y presenta indicadores completamente distintos a los de enero del 2000.

La inflación se redujo de un máximo del 108% alcanzado en septiembre del 2000 a 11.3% al cierre de septiembre del 2002.

La tasa de crecimiento del país en el año 2001 fue del 5.6%, la más alta de América Latina y las proyecciones realizadas en conjunto con los organismos multilaterales de crédito, esperan un crecimiento no menor al 3.5% en este año.

El ingreso mínimo global de los trabajadores que llegó a 67 dólares en el 2000, hoy se ha recuperado hasta alcanzar los 140 dólares mensuales, que sabemos sigue siendo insuficiente para cubrir la canasta básica.

El Producto Interno Bruto que en el año 1999 cayó a 13,769 millones de dólares, se ha recuperado y supera ya los 20,000 millones de dólares.

Los 2,500 millones de dólares que fugaron del país durante la crisis  han sido recuperados a través de un incremento de depósitos de 2,800 millones de dólares entre enero del 2000 y agosto del 2002.

Este aumento de depósitos, conjuntamente con un incremento del crédito entre las mismas fechas de 1,300 millones de dólares, es la mejor evidencia de un retorno gradual, pero sostenido de confianza en el sistema financiero. 

La tasa de desempleo cayó del 16% registrado en diciembre de 1999, al 8% de julio del 2002, al tiempo que el subempleo se contrajo del 47% al 30%, entre las mismas fechas.

Esto obedece a la recuperación económica, fundamentalmente del  sector petrolero, de la actividad de la construcción pública y privada y del auge  del comercio.

Si bien la emigración de ecuatorianos al exterior puede haber incidido en algún porcentaje en esa recuperación de los indicadores de empleo, es más representativo y técnicamente creíble que esto responda al mayor dinamismo de la economía.

La balanza comercial en 1999 fue positiva en 1,665 millones de dólares como resultado de un aumento de las exportaciones en el 5.6% y una reducción de las importaciones en el 46% anual, lo que demuestra que esa situación externa favorable fue a costa de una profunda recesión económica interna, pues nadie importaba ni bienes de consumo, peor aún materias primas o bienes de capital.

El superávit comercial bajó a 1,458 millones de dólares en el año 2000 como resultado principalmente de un menor precio de petróleo.

En el 2001 la balanza comercial presentó un déficit de 301 millones de dólares, como consecuencia del repunte de las importaciones que debían recuperar su nivel histórico luego de la reducción que habían registrado como consecuencia de la contracción económica de 1999 y de la caída del precio promedio del petróleo entre ese año y el anterior.

Para los 7 primeros meses del año en curso el desequilibrio comercial llega a 709 millones de dólares, no obstante, la velocidad de deterioro se ha reducido.

Las importaciones crecen a tasas menores que las observadas el año anterior, el precio del petróleo ha subido a un promedio de 20 dólares el barril, no obstante la caída del volumen exportado, y las exportaciones no petroleras han dejado de caer.

Por lo tanto es de esperar que a finales del año en curso se presente un déficit comercial equivalente aproximadamente al 5% el PIB, pero con una tendencia a reducirse en el 2003.

La suscripción del contrato para la construcción del oleoducto de crudos pesados, decisión histórica de mi Gobierno, determinó que el país recibiera el año anterior inversión extranjera por montos cercanos a 1,300 millones de dólares, con la expectativa de que esa cifra se repita en este año.

Este proyecto, el del nuevo oleoducto, conlleva una inversión en construcción de aproximadamente de 1,100 millones de dólares, y de 2,500 millones de dólares en exploración y explotación del crudo para un periodo de 2 a 3 años.

Esta obra se ha constituido en un de los pilares fundamentales para el crecimiento económico presente y futuro del Ecuador y ha sido realizada con inyección exclusiva de capitales privados, rompiéndose de esa manera el tabú de que el Estado debía aportar permanentemente sus recursos para inversiones que definitivamente sólo podían ser asumidas por los grandes capitales, permanentemente escasos en nuestras economías.

En otro hecho inédito, hace poquísimos días el Ecuador empezó a generar energía a través de una concesión a la empresa Machala Power, que utiliza al gas del Golfo de Guayaquil explotado por la Energy Development Corporation.  Treinta años debieron pasar para que el sueño se convirtiera en realidad, y en tan sólo 5 años el Ecuador ha recibido nueva inversión por 283 millones de dólares y ha incorporado 130 megavatios de nueva energía a su sistema interconectado.

Están pendientes aún nuevas inversiones por más de 100 millones de dólares que aumentarán la capacidad de generación a 312 megavatios de energía.

En otro ámbito, las tasas de interés han mostrado una ligera tendencia a la baja, aunque no suficiente para las expectativas de la población.

La continuación de baja en la inflación y la certidumbre que genere el programa económico vigente y el nuevo que desarrolle el siguiente gobierno, serán las mejores  condiciones para que las tasas de interés se reduzcan.

El sector público global mostró un superávit de 1.7% del PIB y un excedente del 0.7% del PIB en el 2001. 

Para evitar que estos excedentes se gasten, en este año se ha promovido el marco legal adecuado que permita ahorrar recursos en épocas de bonanza para utilizarlos en momentos de escasez.

Será fundamental mantener austeridad en las finanzas públicas, evitando el malgasto y reconociendo el necesario financiamiento que demandan los recientes ajustes salariales en el sector público que se encontraba absolutamente rezagado frente al resto.

Los ingresos tributarios crecieron en el 2001 al 38% anual y en lo que va al 2002 lo han hecho a un ritmo del 20% anual.

En ambos casos se evidencia aumentos muy superiores a la inflación y una excelente gestión del Servicio de Rentas Internas. 

Una vez que el país logró reducir un 40% del valor de capital de la ex-deuda “Brady”, que le ha representado un ahorro de aproximadamente de 300 millones de dólares anuales durante los próximos años, será fundamental insistir en una estrategia de reducción de deuda externa  a través de las operaciones de recompra amparadas en el nuevo marco legal vigente.

En el contexto internacional el Ecuador cumplió el convenio con el Fondo Monetario Internacional en el año 2001 y ha venido insistiendo en el cumplimiento de todas las condiciones para un nuevo convenio con esa Institución.

Las conversaciones que por largos meses hemos sostenido con el Fondo han debido dilatarse por cuanto el Ecuador en los próximos días acudirá a las urnas para elegir a un nuevo Presidente de la República y a un nuevo Congreso, a los que asistiremos en forma responsable para conseguir una transición ordenada.

Es importante que la comunidad económica internacional sepa que con o sin acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la voluntad política del Gobierno que presido es mantener la estabilidad macroeconómica y corregir cualquier desbalance que pudiera haberse ocasionado a las finanzas públicas para dejar como herencia una economía ordenada y en crecimiento.

Habiendo expuesto indicadores elementales que reflejan la recuperación económica lograda por el Ecuador al amparo de la dolarización, debo reconocer que ésta tiene sus propias limitaciones, ventajas y desventajas, retos y oportunidades, así como también amenazas; sin embargo ha sido un instrumento que ha apoyado a la estabilidad macroeconómica y ha contribuido a que las expectativas de los actores nacionales y extranjeros mejoren.

Es indudable que en lo político la dolarización ha contribuido a rescatar la confianza de propios y extraños en la viabilidad del país.

Deben ustedes saber que la gran mayoría de los candidatos que participan en la elección presidencial del próximo domingo, han ratificado su deseo de apuntalar el proceso y ese sólo hecho permite que nuestra economía se desenvuelva con normalidad, en medio de unas elecciones competidas.

Es indudable que son necesarias reformas económicas profundas para mantener finanzas públicas sanas, un sistema financiero sólido, un sector externo fuerte y una mayor institucionalidad en el país, pues sin ellas ningún sistema cambiario se mantiene, llámese éste dolarización o cualquier otro.

Es indudable también que nuestro país necesita un cambio urgente de mentalidad tanto en el sector público como en el privado, un cambio que asegure competitividad en nuestros procesos de producción y creatividad en la búsqueda de nuevos mercados para nuestros productos de exportación y por qué no decirlo de nuevos productos de exportación para mercados cada vez más sofisticados. 

Había indicado al inicio de mi intervención que abordaría en ella temas que hacen relación al entorno internacional en el que se desenvuelve la economía ecuatoriana para anotar sus fortalezas y también sus debilidades y es así como me permito citar a continuación algunos hechos dignos de atención.

La economía ecuatoriana es muy abierta y dependiente de sus relaciones internacionales.  La apertura de nuestra economía es superior al 50%, es decir, la suma de sus exportaciones e importaciones representa aproximadamente la mitad de la producción nacional de bienes y servicios.

Esto quiere decir que uno de cada 2 dólares proviene de nuestras relaciones externas.

En el concierto de la economía mundial, el Ecuador medido por el valor de su producto interno bruto, es aproximadamente el 1% del PIB de América Latina y toda América Latina es el 7% del PIB mundial.

Cabe recordar que dentro la región Brasil, Argentina y México concentran el 80% del PIB de América Latina.

Las características de apertura económica y lo pequeño de su tamaño, hacen de la economía ecuatoriana altamente dependiente y vulnerable de lo que acontezca en la economía internacional, por tal razón la participación en acuerdos internacionales de comercio y el manejo prudente de las relaciones externas son vitales para el país.

Es fundamental mantener abiertas líneas de financiamiento para el Ecuador y buscar siempre la cooperación de los organismos multilaterales de crédito para certificar la bondad y viabilidad de un programa económico.

Cada país debe adoptar decisiones autónomas en el manejo de su economía, pero estas deben ser indudablemente compatibles con la transparencia y la austeridad que demandan inversionistas y financistas para el desarrollo.

Es importante que una vez más destaque que los acuerdos internacionales de comercio deben sustentarse en la reciprocidad y la justicia.

Estoy convencido que el país debe continuar insertándose en los mecanismos de protección comercial siempre y cuando los países con los que negocia, también lo hagan.

Dadas la características geográficas, la riqueza natural y las nuevas reservas petroleras que siguen apareciendo como abundantes, la presencia del Ecuador en el concierto de la economía internacional presenta muchas más oportunidades que amenazas.

Para eso debemos perseverar en el manejo ordenado de la economía y en perfeccionar el marco jurídico que de seguridad a la inversión privada nacional y extranjera, para que sean éstas las que sustenten el crecimiento económico de los próximos años.

Un sector privado dinámico y maduro deberá permitir al Estado liberar recursos de inversión de capital para destinarlo a la inversión social y atacar así los grandes problemas estructurales como lo son la pobreza y el desempleo.

Durante los últimos años la prensa especializada y los analistas económicos ha señalado al fenómeno económico chileno como un ejemplo aislado de buena gestión en el subcontinente.

Estoy convencido de que la estabilidad alcanzada por Chile ha empezado a reproducirse en otros países de América Latina.

Ecuador y El Salvador, para citar sólo dos ejemplos han dado pasos fundamentales en la búsqueda de estabilidad y con el decidido apoyo de los organismos internacionales de crédito y recibiendo un tratamiento comercial justo, podrían muy pronto convertirse en dos nuevas estrellas de la economía continental.

Los gobernantes latinoamericanos tenemos un gran desafío: recuperar la credibilidad de nuestras naciones en el liderazgo democrático, como factor de transformación de nuestras economías.

Debemos estar comprometidos con la revalorización de corrientes políticas serias que persigan el bienestar de nuestros pueblos y debemos empeñarnos en destruir las raíces que sustentan nocivos populismos que comprometen la estabilidad misma del subcontinente.

Pero en esta tarea deben acompañarnos las naciones desarrolladas, aprovechando en forma permanente nuestras potencialidades y reconociendo los esfuerzos en los que estamos empeñados para acortar una brecha que sin su apoyo será insalvable. 

Nuevos y mayores recursos para el desarrollo son indispensables.

Nuevos y mejores canales de distribución de riqueza son requeridos.

En definitiva necesitamos una nueva concepción económica que acerque los beneficios de la sociedad de mercado a cada uno de nuestros pobres.

El camino recorrido por Ecuador en estos últimos 3 años ha sido duro pero necesario.  No ha estado exento de sacrificios y desencuentros. 

Pero en ese marco estoy convencido de que el país ha madurado y que la huella que dejará nuestra administración será reconocida fundamentalmente por haber terminado con el inmovilismo en las decisiones políticas y económicas trascendentales y por haber recuperado sustancialmente la autoestima de la población y su confianza en una pronta mejoría de su situación económica.

Muchas gracias por vuestra invitación al Presidente del Ecuador, para dirigirse a tan respetable audiencia.

E-Mail: *

Comentarios: *

Subir

Octubre 14, 2002

 

Los artículos o contenidos de este Sito Web NO pueden ser reproducidos total o parcialmente sin previa autorización escrita del autor y/o Revistainterforum.com ® Copyright 2000-2009
Latin America Consulting & Communications LLC (LACC)

 The Contents of the site are intellectual Property of Revistainterforum.com ® Copyright 2000-2009 and or the the author.   Reproduction in part or whole of any of this material without written permission constitutes a violation of the law.
Latin America Consulting & Communications LLC (LACC)