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CAFTA en la Agenda Hemisférica

Roger F. Noriega
Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental
Conferencia del Instituto de las Américas
16 de septiembre de 2003


M
e es realmente grato unirme a ustedes hoy electrónicamente. Desafortunadamente mi calendario de actividades no me permitió estar con ustedes en persona y disfrutar la belleza de La Jolla. El Instituto ha ganado el respeto de los funcionarios aquí en Washington y, ciertamente, de la gente bien informada de todo el hemisferio, por la labor que ha llevado a cabo para ayudar al sector privado a promover el desarrollo económico y social en América Latina. Sé que su liderazgo, Jeff, dará aún mayor brillo a la trayectoria ya muy distinguida del Instituto.

El tema de vuestra conferencia hoy, la creación del Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y América Central (conocido como CAFTA) es uno de los puntos de mayor alcance en los planes del hemisferio. Como la mayoría de ustedes lo sabe, hemos programado negociar dicho acuerdo primero con los cinco países centroamericanos (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) y luego (a principios de 2004) con República Dominicana.

Digo que CAFTA es de gran alcance no sólo porque las dificultades son grandes; las cuestiones que se negocian tocan algunos de los nervios más sensibles (como el empleo, los derechos laborales, las normas fitosanitarias, los aranceles y las cuotas de textiles, etc. etc.) en los sistemas económico y político de todos los siete países negociadores, incluso Estados Unidos. El CAFTA es grande también debido a la enormidad de sus beneficios potenciales, tanto en la esfera económica como política, para todos los países involucrados y para todo el hemisferio.

Importancia de esta región para Estados Unidos

Los países que participan en las negociaciones del CAFTA pueden no ser grandes en términos de área, población o poder económico, pero tienen vínculos fuertes con Estados Unidos y un efecto importante sobre éste.

Examinemos el comercio, por ejemplo. Durante la primera mitad de este año nuestro comercio recíproco en bienes con los cinco países de América Central alcanzó cerca de 12.000 millones de dólares. Ello es más que nuestro comercio con Hong Kong o India, y dos veces nuestro comercio con Rusia. Si agregamos la República Dominicana al CAFTA, nuestro comercio durante la primera mitad de 2003 ascendió a 16.000 millones de dólares, lo que es más que nuestro comercio con Singapur y casi dos veces la cantidad del intercambio con los principales socios con que comerciamos en Europa Oriental (la suma combinada de Rusia, Hungría y Polonia).

Los vínculos entre nuestros pueblos son también profundos. Por ejemplo, según el censo de 2000 dos millones y cuarto de residentes en Estados Unidos indicaron ser oriundos de América Central o República Dominicana. El censo calcula también que los centroamericanos son el grupo de crecimiento más rápido dentro de la población hispánica de Estados Unidos. El año pasado, los centroamericanos y dominicanos en Estados Unidos remitieron la sorprendente suma de 7.700 millones de dólares a sus respectivos países. Las remesas a tres de los países de la región (Nicaragua, El Salvador y Honduras) representaron el 10 por ciento de su PIB.

Por último, la geografía y la historia otorgan a América Central y República Dominicana un papel clave en nuestra seguridad. Compartimos con estos países una frontera común en el Mar Caribe, una de las cuencas de mayor tráfico comercial en el mundo.

Desafortunadamente ello incluye no sólo el comercio legítimo, sino mucho del tráfico ilegal de drogas. No hay duda de que el fomento de la paz, la prosperidad y la democracia entre nuestros vecinos de América Central y el Caribe contribuirá a la estabilidad y la prosperidad aquí en Estados Unidos.

Esta es la base del fuerte compromiso del presidente Bush con el libre comercio con nuestros vecinos, así como con el mundo. Ante esta audiencia no es necesario que me extienda sobre el hecho ampliamente demostrado del comercio como promotor de la inversión, el crecimiento y el empleo. Permítanme solamente hacer hincapié en que esta es una lección que muchos entre el público estadounidense y en todo el hemisferio no han aprendido, una lección que todos los que estamos interesados en ampliar las oportunidades en las Américas, bien sea que nos encontremos en el sector privado o en el público, debemos repetir persistentemente ante nuestro público.

No obstante, existe un argumento todavía más amplio a favor del libre comercio. Los acuerdos de comercio consolidan en el derecho internacional las reformas económicas basadas en el mercado, las que a su vez son la base del crecimiento autosostenido y creador de empleo. Este hecho hace más difícil para los gobiernos echar atrás tales reformas y ayuda a establecer un clima jurídico estable que atrae la inversión y estimula la innovación. Cuando los sistemas económicos basados en el mercado promueven la apertura, la competencia y la innovación, ayudan también a promover la movilidad social y, en última instancia, a fortalecer las instituciones democráticas.

Estado de las negociaciones del CAFTA

Por todas estas razone la administración Bush ha otorgado una prioridad alta a las negociaciones del CAFTA y ha establecido un calendario dinámico. Nos proponemos completar las negociaciones con los cinco países centroamericanos antes de terminar este año, en una serie de nueve rondas. Actualmente la séptima ronda se realiza en Managua, Nicaragua; las próximas dos están programadas para realizarse en Houston y Washington. La ronda final tendrá lugar en América Central a mediados de diciembre. Como ya observé, esperamos comenzar las negociaciones para la adhesión de República Dominicana al CAFTA a principios del año entrante. Para mediados de 2004 esperamos enviar al Congreso el acuerdo completo para su aprobación según el proceso de trámite rápido.

El alcance del CAFTA también es muy audaz. Hay siete grupos negociadores que trabajan en lo siguiente:

  • Liberalización del acceso al mercado en general (es decir, medidas arancelarias y no arancelarias, así como procedimientos, normas y demás cuestiones relacionadas con los trámites de aduana);

  • Apertura del complicado sector de textiles y confecciones;

  • Liberalización de las normas sobre servicios e inversión;

  • Creación de procedimientos e instituciones para la solución de disputas;

  • Liberalización de los reglamentos para las adquisiciones gubernamentales y la propiedad intelectual;

  • Protección de los derechos laborales y el medio ambiente y,

  • Fortalecimiento de la capacidad de comerciar.

Obviamente, no puedo entrar en detalles sobre las cuestiones en negociación. Sin embargo, puedo darles algunas indicaciones generales en cuanto al contenido del CAFTA. El CAFTA contendrá definitivamente "los últimos conocimientos", reflejará los últimos avances en las relaciones comerciales y el derecho mercantil internacional.

Los dos acuerdos de libre comercio que Estados Unidos firmó recientemente con Singapur y Chile conforman un modelo amplio de lo que será el CAFTA, aunque necesariamente habrá ajustes para tener en cuenta las circunstancias particulares de los países participantes. Este acuerdo además será compatible con las negociaciones (y esperamos que les dé ímpetu) para una apertura más amplia del comercio, actualmente en curso en la Organización Mundial de Comercio y el Área de Libre comercio de las Américas.

Un elemento nuevo importante en el CAFTA será el fortalecimiento de la capacidad comercial. Reconocemos que los países centroamericanos y República Dominicana necesitan asistencia, mucho más que lo que necesitan Singapur y Chile, para cumplir con sus nuevas obligaciones según el CAFTA y para explotar cabalmente las oportunidades que ofrece este acuerdo. Hemos estado trabajando con estos países para diseñar estrategias amplias nacionales que precisen y asignen prioridad a sus necesidades específicas de asistencia. Ya estamos suministrando a estos países una cantidad grande de ayuda relacionada con el comercio (cantidad calculada en 68 millones de dólares para los cinco países centroamericanos durante el año fiscal 2003) y continuaremos haciéndolo durante los próximos años.

Significado de todo esto

El objetivo principal del CAFTA es abrir los mercados de sus participantes y asegurar una mayor integración entre las economías de los siete miembros. No obstante, como lo indiqué anteriormente, el efecto potencial del acuerdo muy probablemente vaya más allá del comercio y le dé un impulso importante al desarrollo económico y a la madurez política. Personalmente creo que sería imprudente tratar de predecir los resultados específicos de un acuerdo que no se ha negociado todavía y que estará sujeto a muchas fuerzas poderosas y algunas veces conflictivas. No obstante, los invito a examinar la historia del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, entre Canadá, México y Estados Unidos, para tener una idea del efecto general del libre comercio sobre las economías en desarrollo. Estos son unos pocos hechos:

  • El total del comercio de México con Estados Unidos se ha triplicado desde que NAFTA entrara en vigor (de 81.000 millones de dólares en 1993 a 242.000 millones de dólares en 2002), con un superávit a favor de México. La tasa de crecimiento de las exportaciones de México desde el NAFTA ha sido de cerca del doble de la tasa de la década anterior al NAFTA. Las exportaciones de productos manufacturados ahora representan cerca del 90 por ciento del total de las exportaciones.

  • El NAFTA ha beneficiado la fuerza laboral rural y urbana de México con la creación de miles de empleos nuevos y mejor remunerados en el sector manufacturero; en promedio estos empleos tienen un salario 37 por ciento más elevado.

  • Cerca del 20 por ciento del PIB de México ahora es atribuible al comercio del NAFTA y cerca del 20 por ciento del empleo lo generan actualmente las exportaciones.

Según la opinión general de observadores bien informados, el libre comercio ha generado un amplio crecimiento en México y fue un factor clave en la aceleración de la recuperación de México luego de su crisis financiera de 1995. Los sectores que se adaptaron y ajustaron, como el automotriz y el de energía eléctrica, compiten extraordinariamente bien. Algunos otros sectores, desde luego, no se han ajustado y van a la zaga. Con todo, el efecto neto ha sido claramente positivo.

Desafortunadamente, pero quizá inevitablemente, la retórica pública en México, como en Estados Unidos, se ha concentrado generalmente en los que pierden debido al libre comercio; muchos de los ganadores, como lo son la mayoría de los consumidores, ni siquiera se dan cuenta del alcance del beneficio que reciben.

Finalmente, la mayoría de los observadores bien informados está de acuerdo en que el NAFTA jugó un papel indirecto, pero importante, en la apertura del sistema político en México.

Al estudiar la experiencia con el NAFTA, así como con otros acuerdos de libre comercio en todas partes del mundo, como modelos para el CAFTA, yo sacaría las siguientes conclusiones:

Primero, el libre comercio es un instrumento poderoso para el desarrollo económico y político. Sin embargo, no es una panacea y tampoco hay garantías absolutas de sus beneficios. Para lograr todo su potencial los acuerdos de libre comercio deben ser complementados con otras políticas económicas acertadas, así como con una inversión sostenida en la salud y la educación, con el fin de crear el capital humano que requiere el progreso económico.

Segundo, el libre comercio ofrece enormes oportunidades para los negocios locales y extranjeros; también implica dificultades importantes. Para poder lograr un éxito sostenido en un ámbito de libre comercio, los empresarios deben aceptar la necesidad de cambiar, tener una perspectiva de largo plazo para sus inversiones y estar dispuestos a trabajar no sólo por sus propios intereses económicos, sino por el bien general de la nación y la región. Para concluir, no hay sustituto para la asociación, ya que no hay alternativa para la interdependencia. Las asociaciones deben existir a varios niveles diferentes, entre el gobierno y el sector privado en cada país y entre los gobiernos y los sectores privados en la región en conjunto, si es que queremos avanzar rápidamente hacia la solución de cuestiones difíciles y recíprocas de crecimiento económico, progreso político y bienestar social.

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Octubre 05, 2003
 

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