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Declaraciones Del Presidente Durante El Discurso A La Asamblea General De Las Naciones Unidas

Presidente George Bush, EE.UU.
Asamblea General de las Naciones Unidas


Sr. Secretario General, Sr. Presidente, distinguidos delegados y damas y caballeros: Nos reunimos un año y un día después del ataque terrorista que acongojó a mi país y acongojó a muchos ciudadanos de nuestro mundo. Ayer recordamos las vidas inocentes que se perdieron esa terrible mañana. Hoy reanudamos el urgente deber de proteger otras vidas, sin ilusión ni temor.

Logramos mucho durante el año pasado, en Afganistán y más allá.  Aún tenemos mucho por hacer, en Afganistán y más allá.  Muchos países acá representados se han unido a la lucha contra el terrorismo mundial y el pueblo de Estados Unidos está agradecido.

Las Naciones Unidas se originaron de la esperanza que sobrevivió una guerra mundial: la esperanza de un mundo encaminado hacia la justicia, que evadía los viejos patrones de conflicto y temor. Los miembros fundadores determinaron que la paz del mundo nunca debe ser destruida nuevamente por la voluntad ni la maldad de persona alguna. Creamos el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que, a diferencia de la Sociedad de las Naciones, nuestras deliberaciones fueran más que palabras, nuestras resoluciones fueran más que deseos. Después de generaciones de dictadores deshonestos y tratados violados y vidas desperdiciadas, nos dedicamos a los estándares de dignidad humana compartidos por todos y a un sistema de seguridad defendido por todos.

Actualmente, estos estándares y esta seguridad son desafiados. Nuestro compromiso a la dignidad humana es desafiado por la persistente pobreza y las atroces enfermedades. El sufrimiento es extenso y nuestras responsabilidades están claras. Estados Unidos se une al mundo para otorgar ayuda cuando llega a la gente y mejora vidas, para extender el comercio y la prosperidad que conlleva, y para llevar atención médica adonde es desesperadamente necesitada.

Como símbolo de nuestro compromiso a la dignidad humana, Estados Unidos retornará a UNESCO.  Esta organización ha sido reformada y Estados Unidos participará plenamente en su misión de promover los derechos humanos y la tolerancia y el aprendizaje.

Nuestra seguridad común es desafiada por conflictos regionales: luchas étnicas y religiosas que son antiquísimas, pero no inevitables.  En el Medio Oriente, no puede haber paz para ninguna de las partes sin libertad para ambas partes.  Estados Unidos permanece comprometido a una Palestina independiente y democrática, que existe de lado de Israel en paz y seguridad. Como todos los otros pueblos, los palestinos merecen un gobierno que satisfaga sus intereses y escuche sus voces. Mi país continuará exhortando a todas las partes a que cumplan con sus responsabilidades a medida que procuramos una resolución justa e integral del conflicto.

Por encima de todo, nuestros principios y nuestra seguridad son desafiados actualmente por grupos criminales y regímenes que no aceptan ninguna ley de moralidad y cuyas ambiciones violentas no tienen límite. En los ataques contra los Estados Unidos hace un año, vimos las intenciones destructivas de nuestros enemigos. Esta amenaza se esconde dentro de muchos países, entre ellos el mío. En células y campamentos, los terroristas están tramando mayor destrucción y construyendo bases nuevas para su guerra contra la civilización. Y nuestro mayor temor es que los terroristas encuentren un atajo para sus ambiciones locas cuando un régimen al margen de la ley les provea las tecnologías para matar a escala masiva.

En un lugar, en un régimen, encontramos todos esos peligros, en sus formas más letales y agresivas: exactamente el tipo de amenaza que las Naciones Unidas fue creada para confrontar.

Hace doce años, Irak invadió Kuwait sin acción provocativa.  Y las fuerzas del régimen estaban listas para continuar su marcha para apoderarse de otros países y sus recursos. De haber sido apaciguado Saddam Hussein en vez de detenido, habría puesto en peligro la paz y la estabilidad del mundo. Sin embargo, esta agresión fue detenida, por el poder de las fuerzas de la coalición y la voluntad de las Naciones Unidas.

Para suspender las hostilidades, para salvarse a sí mismo, el dictador de Irak aceptó una serie de compromisos. Los términos estaban claros para él y para todos. Y acordó probar que está acatando cada una de esas obligaciones.

En vez, ha mostrado solamente su desdén por las Naciones Unidas y por todas sus promesas. Al violar cada promesa, por medio de sus decepciones y sus crueldades, Saddam Hussein ha preparado el caso en su contra.

En 1991, la Resolución 688 del Consejo de Seguridad exigió que el régimen iraquí cesara inmediatamente la represión de su propio pueblo, lo cual incluía la represión sistemática de minorías, algo que el Consejo dijo amenazaba la paz internacional y la seguridad en la región. Este llamamiento es ignorado.

El año pasado, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas concluyó que Irak continúa cometiendo violaciones extremadamente graves de los derechos humanos y que la represión del régimen es generalizada. Decenas de miles de opositores políticos y ciudadanos ordinarios han sido sometidos a arrestos y encarcelamientos arbitrarios, ejecuciones sumarias y tortura por medio de golpizas y quemazones, choques eléctricos, inanición, mutilación y violaciones. Las esposas son torturadas frente a sus esposos, los niños en presencia de sus padres y todos estos horrores son ocultados del mundo por un aparato de un estado totalitario.

En 1991, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por medio de las Resoluciones 686 y 687, exigió que Irak devolviera a todos los prisioneros de Kuwait y otros países. El régimen de Irak accedió. Violó su promesa. El año pasado, el Coordinador de Alto Nivel del Secretario General para este asunto informó que se desconoce el paradero de ciudadanos de Kuwait, sauditas, indios, sirios, libaneses, iraníes, egipcios, de Bahrein y omaníes, más de 600 personas.  Un piloto estadounidense está entre ellos.

En 1991, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por medio de la Resolución 687, exigió que Irak abandone toda participación en el terrorismo y no permita que ninguna organización terrorista opere en Irak. El régimen de Irak accedió.  Violó esta promesa. En violación de la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad, Irak continúa protegiendo y respaldando organizaciones terroristas que dirigen actos de violencia contra Irán, Israel y gobiernos occidentales.  Los disidentes iraquíes en el extranjero son objetivo de asesinatos. En 1993, Irak trató de asesinar al Emir de Kuwait y a un antiguo Presidente estadounidense.  El gobierno de Irak alabó en público los ataques del 11 de septiembre. Y los terroristas de Al- Qaida escaparon de Afganistán y se sabe que están en Irak.

En 1991, el régimen iraquí acordó destruir y dejar de desarrollar todas las armas de destrucción en masa y misiles a largo plazo y probarle al mundo que lo ha hecho al acceder a inspecciones rigurosas. Irak ha violado todos los aspectos de esta promesa fundamental.

De 1991 a 1995, el régimen iraquí dijo que no tenía armas biológicas. Después de que un funcionario superior en su programa de armas desertara y expusiera esta mentira, el régimen admitió producir decenas de miles de litros de ántrax y otros agentes biológicos mortíferos para su uso con cabezas de combate Scud, bombas de aviación, tanques de rociado de aeronaves.  Los inspectores de las Naciones Unidas consideran que Irak ha producido de dos a cuatro veces la cantidad de agentes biológicas que declaró y ha dejado de dar cuenta por más de tres toneladas métricas de materiales que podrían ser utilizados para producir armas biológicas. Ahora mismo, Irak está ampliando y mejorando las instalaciones que fueron utilizadas para la producción de armas biológicas.

Las inspecciones por las Naciones Unidas también divulgaron que Irak probablemente mantiene provisiones de VX, mostaza y otros agentes químicos, y que el régimen está ampliando las instalaciones capaces de producir armas químicas.

Y en 1995, después de cuatro años de decepción, Irak finalmente admitió que tuvo un programa acelerado de armas nucleares antes de la Guerra del Golfo.  Sabemos ahora que de no haber sido por esa guerra, el régimen de Irak probablemente habría poseído un arma nuclear a más tardar en 1993.

Actualmente, Irak continúa dejando de proporcionar información importante sobre su programa nuclear: el diseño de armas, notas sobre aprovisionamiento, datos sobre experimentos, un conteo de los materiales nucleares y documentación sobre ayuda extranjera. Irak emplea a científicos y técnicos nucleares capaces. Retiene la infraestructura física necesaria para construir un arma nuclear. Irak ha intentado varias veces comprar tubos de aluminio de gran resistencia utilizados para enriquecer uranio para un arma nuclear. Si Irak adquiriera materiales fisionables, podría construir un arma nuclear en un año.  Y los medios de Irak controlados por el estado han informado sobre numerosas reuniones entre Saddam Hussein y sus científicos nucleares, lo cual deja pocas dudas sobre su apetito continuo por estas armas.

Irak también posee una fuerza de misiles tipo Scud con alcances mayores a los 150 kilómetros permitidos por las Naciones Unidas.  Los trabajos en las instalaciones de pruebas y producción muestran que Irak está construyendo más misiles de gran alcance y que puede producir muertes en masa por toda la región.

En 1990, tras la invasión de Kuwait por Irak, el mundo impuso sanciones económicas contra Irak.  Estas sanciones se mantuvieron después de la guerra para forzar el cumplimiento por el régimen de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Con el tiempo, se permitió que Irak utilizara ingresos del petróleo para comprar alimentos. Saddam Hussein ha comprometido este programa, operando al margen de las sanciones para comprar tecnología de misiles y materiales militares.  Culpa por el sufrimiento del pueblo de Irak a las Naciones Unidas, a pesar de que usa su riqueza del petróleo para construirse palacios fastuosos y para comprar armas para su país. Al rehusar cumplir con sus propios acuerdos, tiene toda la culpa por el hambre y la miseria de los ciudadanos iraquíes.

En 1991, Irak prometió a los inspectores de las Naciones Unidas acceso inmediato y sin restricción para verificar el compromiso de Irak de librarse de las armas de destrucción en masa y misiles de gran alcance. Irak violó su promesa y pasó siete años engañando, evadiendo y acosando a los inspectores de las Naciones Unidas antes de dejar completamente de cooperar. Apenas meses después de la tregua de 1991, el Consejo de Seguridad reiteró dos veces su llamamiento a que el régimen iraquí coopere plenamente con los inspectores y condenó las serias violaciones por parte de Irak de sus obligaciones.  El Consejo de Seguridad nuevamente reiteró su llamamiento en 1994, y dos veces más en 1996 cuando deploró las claras violaciones por parte de Irak de sus obligaciones.  El Consejo de Seguridad reiteró su llamamiento tres veces más en 1997 cuando citó violaciones notorias; y tres veces más en times en 1998 cuando describió el comportamiento de Irak como totalmente inaceptable. Y en 1999, se reiteró el llamamiento nuevamente.

Al reunirnos hoy, han pasado casi cuatro años desde que el último inspector de las Naciones Unidas puso pie en Irak, cuatro años para que el régimen iraquí planifique y para que construya y para que conduzca pruebas bajo el manto de clandestinidad.

Sabemos que Saddam Hussein trató de obtener las armas de asesinato en masa aún cuando los inspectores se encontraban dentro de su país.  ¿Hemos de asumir que dejó de hacerlo cuando partieron?  La historia, la lógica y los hechos nos llevan a una conclusión: El régimen de Saddam Hussein es un peligro grave y creciente. Sugerir lo contrario es tener esperanzas que contradicen las pruebas. Dar por hecha la buena fe de este régimen es apostar las vidas de millones y la paz del mundo en una jugada imprudente. Y este es un riesgo que no debemos asumir.

Los delegados a la Asamblea General han sido más que pacientes. Hemos probado con sanciones. Hemos probado con el incentivo del petróleo por comida y la amenaza de ataques por la coalición de fuerzas armadas.  Pero Saddam Hussein ha desafiado todos estos esfuerzos y continúa desarrollando armas de destrucción en masa. La primera vez que podremos estar complemente seguros que tiene armas nucleares será, que Dios no lo permita, cuando use una.  Les debemos a todos nuestros ciudadanos hacer todo en nuestras manos por prevenir que llegue ese día.

La conducta del régimen iraquí es una amenaza a la autoridad de las Naciones Unidas y una amenaza a la paz. Irak ha respondido a una década de llamamientos por las Naciones Unidas con una década de desafíos. Todo el mundo enfrenta una prueba ahora, y las Naciones Unidas, un momento difícil y decisivo. ¿Se cumplirán y aplicarán las resoluciones de las Naciones Unidas o se ignorarán sin consecuencias?  ¿Cumplirá las Naciones Unidas con el propósito de su fundación o será irrelevante?

Estados Unidos ayudó a fundar las Naciones Unidas.  Queremos que las Naciones Unidas sean eficaces y respetuosas y exitosas. Queremos que se apliquen las resoluciones de la entidad multilateral más importante del mundo.  Y ahora mismo, estas resoluciones están siendo comprometidas por el régimen iraquí.  Nuestra asociación de naciones puede afrontar la prueba ante nosotros al dejar en claro lo que esperamos ahora del régimen iraquí.

Si el régimen iraquí desea la paz, renunciará a, reportará y retirará o destruirá todas las armas de destrucción en masa, los misiles de gran alcance y todo material relacionado.

Si el régimen iraquí desea la paz, concluirá inmediatamente todo respaldo del terrorismo y tomará medidas para suprimirlo, como se requiere de todos los estados por las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Si el régimen iraquí desea la paz, cesará la persecución de su población civil, la cual incluye a los shías, sunis, kurdos, turcomanos y otros, nuevamente, como lo requieren las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Si el régimen iraquí desea la paz, pondrá en libertad o dará razón por todo el personal de la Guerra del Golfo cuyo destino aún se desconoce. Devolverá los restos de cualquiera que haya fallecido, devolverá la propiedad robada, aceptará responsabilidad por las pérdidas que resultaron de la invasión de Kuwait y cooperará plenamente con los esfuerzos internacionales por resolver estas cuestiones, tal como lo requieren las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Si el régimen iraquí desea la paz, concluirá inmediatamente todo intercambio ilícito al margen del programa de petróleo por alimentos. Aceptará la administración por las Naciones Unidas de los fondos del programa, para garantizar que el dinero sea utilizado de manera equitativa y oportuna para beneficio del pueblo iraquí.

Si se dan todos estos pasos, indicarán una nueva apertura y responsabilidad en Irak.  Y podrían dar lugar al prospecto que las Naciones Unidas ayude a un gobierno que representa a todos los iraquíes; un gobierno basado en el respeto de los derechos humanos, la libertad económica y las elecciones bajo supervisión internacional.

Estados Unidos no tiene nada en contra del pueblo iraquí; ha sufrido durante demasiado tiempo bajo cautiverio silencioso.  La libertad del pueblo iraquí es una gran causa moral y un gran objetivo estratégico. El pueblo de Irak la merece; la seguridad de todas las naciones la requiere. Las sociedades libres no intimidan por medio de la crueldad y la conquista, y las sociedades abiertas no amenazan al mundo con el asesinato en masa. Estados Unidos respalda la libertad política y económica de un Irak unificado.

No nos hacemos ilusiones y es importante recordarlo. Saddam Hussein atacó a Irán en 1980 y a Kuwait en 1990.  Ha disparado misiles balísticos contra Irán y Arabia Saudita, Bahrein e Israel.  Su régimen alguna vez ordenó la matanza de todas las personas entre las edades de 15 y 70 años en ciertas villas kurdas en el norte de Irak.  Ha asfixiado con gas a muchos iraníes y a 40 villas iraquíes.

Mi país colaborará con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para resolver nuestro problema común. Si el régimen de Irak nos vuelve a desafiar, el mundo debe hacer cautelosamente y decididamente que Irak rinda cuentas. Colaboraremos con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en las resoluciones necesarias. Pero no se debe poner en duda el propósito de Estados Unidos.  Se deben hacer valer las resoluciones del Consejo de Seguridad, de debe cumplir con los llamamientos justos a la paz y seguridad o la acción será inevitable.  Y un régimen que pierda su legitimidad también perderá su poder.

Los acontecimientos pueden darse en una de dos maneras:  Si dejamos de tomar pasos contra el peligro, el pueblo de Irak continuará viviendo bajo una sumisión brutal.  El régimen tendrá renovado poder para intimidar y dominar y conquistar a sus vecinos, lo cual condenará al Medio Oriente a más años de derramamiento de sangre y temor. El régimen permanecerá inestable, la región permanecerá inestable, con poca esperanza de libertad y aislado del progreso de nuestros tiempos. Con cada paso que dé el régimen iraquí hacia adquirir y desplegar las armas más terribles, nuestras propias opciones para confrontar a ese régimen disminuirán. Y si un régimen envalentonado proporcionara estas armas a aliados terroristas, entonces los ataques del 11 de septiembre serían el preludio de horrores mucho mayores.

Si cumplimos con nuestras responsabilidades, si vencemos este peligro, podremos alcanzar un futuro muy distinto. El pueblo de Irak podrá liberarse de su cautiverio. Podrá sumarse algún día a un Afganistán democrático y a una Palestina democrática, lo cual inspirará reformas en todo el mundo musulmán.  Estas naciones pueden mostrar con su ejemplo que el gobierno honrado y el respeto hacia las mujeres y la gran tradición islámica del aprendizaje pueden triunfar en el Medio Oriente y más allá. Y mostraremos que la promesa de las Naciones Unidas puede cumplirse durante nuestros tiempos.

Ninguno de estos desenlaces es cierto. Ambos han sido presentados ante nosotros. Debemos elegir entre un mundo de temor y un mundo de progreso. No podemos quedarnos parados y no hacer nada mientras que aumenta el peligro. Debemos defender nuestra seguridad y los derechos permanentes y las esperanzas de la humanidad.  Por patrimonio y por elección propia, Estados Unidos de Norteamérica adoptará esa actitud. Y, delegados a las Naciones Unidas, ustedes tienen el poder de adoptar esa actitud, también.

Muchísimas gracias.

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Septiembre 17, 2002

 

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