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Disertación del Embajador Roger Noriega

Embajador Roger Noriega
Secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental
 Departamento de Estado de Estados Unidos
Disertación ante el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington
8 de septiembre de 2003


Agradezco al doctor John Hamre por invitarme a estar con ustedes esta mañana. Es un placer y un honor hablarle a esta audiencia, y agradezco a cada uno de ustedes por decidirse a comenzar la semana conmigo. Agradezco al doctor Sidney Weintraub su amable presentación. Como la mayor parte de ustedes, valoro cada de sus palabras, pero admito que esta mañana las estuve escuchando con atención redoblada.

El Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos desempeña un importante papel en esta ciudad, como fuente y caja de resonancia de ideas innovadoras y creativas, y agradezco la oportunidad de compartir con ustedes algunos de mis pensamientos.

Como ustedes saben, acabo de comenzar mi servicio como secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental. Al hacerlo, me siento afortunado por formar parte de una administración que comprende y valora nuestras relaciones con las Américas.

Política de la Administración Bush para el Hemisferio Occidental: una Perspectiva y un Historial Substancial

El presidente Bush considera que las Américas son de importancia crítica para la seguridad y el bienestar de nuestra nación. Ha demostrado su compromiso con la región desde los primeros días de su gestión y ha articulado una perspectiva clara para que la apliquemos. Ha hecho grandes avances hacia la meta de construir un hemisferio "que comercie en libertad" en todo el sentido de esa expresión.

Nuestra meta es construir una comunidad interamericana unificada por los valores comunes de una libertad fortalecida por el imperio de la ley, sólidas instituciones democráticas, e impulsada por el comercio y la inversión libres.

Excediendo la expectativa de todos, menos la suya, el presidente hizo una campaña exitosa para conseguir la Autoridad de Promoción Comercial mientras enfrentábamos las consecuencias de los ataques del 11 de septiembre y una agenda legislativa completa. El acuerdo de libre comercio con Chile, archivado desde hace una década, fue firmado y sellado.

En lugar de contentarse con esos éxitos, el presidente aprovechó la oportunidad para concretar otros arreglos bilaterales, negociando un Acuerdo de Libre Comercio con América Central y echando las bases de conversaciones similares con República Dominicana, Panamá y varias naciones andinas. Mientras tanto, Estados Unidos mantuvo el impulso en el proceso del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y ejerce un liderazgo firme en la Ronda Dohá de conversaciones en la Organización Mundial de Comercio.

Cuando Uruguay enfrentó la posibilidad de una crisis financiera, no por culpa suya, el presidente Bush de inmediato autorizó un crucial y necesario préstamo puente de mil millones de dólares. Estados Unidos también dio su apoyo vital para un paquete del Fondo Monetario Internacional para Brasil. Y nadie sabe mejor que los líderes de Argentina del apoyo que dimos cuando ellos ponían su casa en orden.

Los gobiernos que han reconocido que imponer el imperio de la ley y combatir la corrupción son las piedras angulares del desarrollo sostenido saben que no tienen mejor aliado que Estados Unidos.

No sólo hemos reforzado nuestros lazos económicos con la región, sino que nos hemos unificado entre nosotros en la defensa de los valores políticos que compartimos. El 11 de septiembre de 2001 los estados miembros de la Organización de Estados Americanos firmaron la Carta Democrática Interamericana, un histórico paso que define de manera única a esta región, con su compromiso con los principios democráticos. La Carta Democrática se inicia con un compromiso profundo -- que hemos asumido ante nuestros pueblos y entre nosotros: "Los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y los gobiernos tiene la obligación de promoverla y defenderla".

Ese compromiso esencial con la democracia y la dignidad humana, y nuestra determinación de trabajar en comunidad, multilateralmente, para defender esos valores que nos enlazan, minimiza nuestras diferencias, y nos impulsa a proceder en concierto.

Por esas razones -- y la propia orientación del presidente Bush como "conservador compasivo"-- nuestras relaciones con los gobiernos de todo el espectro político rara vez han sido más sólidas.

Por ejemplo, el presidente Bush ha iniciado una relación productiva con el presidente Lula, del Brasil, realizando una "reunión de gabinete conjunta" para institucionalizar nuestra cooperación en todos los órdenes. Por medio de una OEA saludable y del proceso de la Cumbre establecimos prioridades compartidas y nos ayudamos a cumplirlas. Y estamos trabajando con nuestros vecinos para ayudar a los pueblos de Haití, Venezuela y Cuba a recuperar y ejercer plenamente sus libertades políticas.

Nuestros valores compartidos favorecen los intereses de seguridad esenciales para nuestra nación -- que se hicieron particularmente agudos luego de los ataques del 11 de septiembre. La cooperación con México y el Canadá en la seguridad fronteriza y la aplicación de la ley nunca ha sido tan amplia ni tan exitosa.

Una nueva Convención Interamericana contra el Terrorismo fue negociada y firmada por los estados miembros de la OEA a consecuencia del 11 de septiembre, y recientemente ha entrado en vigencia. Las unidades de la OEA para combatir las drogas ilícitas y el terrorismo y la conferencia de la OEA sobre seguridad hemisférica ayudan a fortalecer a las Américas contra las amenazas antiguas y las que van surgiendo.

Estamos firmes, codo a codo, con el presidente Uribe, apoyando al gobierno democrático de Colombia en contra de las fuerzas combinadas de los bandidos terroristas y los barones de la cocaína.

Desde mi punto de vista éste ya es un impresionante historial de logros, y todo lo que hemos logrado sitúa a esta región aparte del resto del mundo.

El camino hacia el progreso

Pero nuestra tarea recién ha comenzado. Nuestra meta es ayudar a nuestros amigos y vecinos a consolidar el histórico progreso político y económico que han logrado y juntos construir una comunidad de democracias comprometidas con la libertad y la oportunidad para todos nuestros pueblos.

Este no es un floreo retórico. Es una estrategia práctica para un crecimiento sostenido de amplia base, que podría resultar en un siglo de estabilidad y prosperidad para 800 millones de personas y las generaciones por venir.

Cualquier estrategia exitosa para lograr esa meta debe reconocer que el hemisferio está hoy convulsionado. Muchos de los líderes electos de la región están enfrentados a persistentes problemas políticos, económicos y sociales. Millones de vecinos nuestros -- demasiados de ellos niños -- carecen de albergue y del pan de cada día. Las economías de la región no crecen con suficiente rapidez como para generar suficientes puestos de trabajo para las poblaciones en crecimiento, no digamos para resolver la pobreza crónica.

La corrupción y la ineficiencia estorban el desarrollo y causan descontento popular. Varios países enfrentan graves amenazas a su seguridad nacional por parte de terroristas y grupos criminales. En algunos países esos factores se combinan para provocar estallidos violentos, que las nuevas y relativamente débiles instituciones de gobiernos democráticos se ven duramente apremiadas para controlar.

Durante las dos décadas pasadas los pueblos de las Américas han hecho enormes progresos, pero esos logros no han borrado el legado de décadas de pobreza, corrupción y líderes políticos egoístas o equivocados. Las palancas para remover esos restantes obstáculos al crecimiento están en las manos de nuestros vecinos. Sin embargo no hay duda de que el liderazgo de Estados Unidos será crucial para ayudar a nuestros amigos de la región a superar esos desafíos.

Trabajar con nuestros amigos

Lo podemos hacer trabajando con nuestros asociados en la región, para ayudar a que los gobiernos democráticos sirvan mejor a cada ciudadano. Debemos seguir propugnando las políticas que tienen antecedentes comprobados de éxito -- como las reformas de libre mercado, el respeto al imperio de la ley, el derecho a la propiedad y los principios macroeconómicos adecuados.

También alentaremos a los países a invertir en sus pueblos, para que la gente proveniente de todas las clases sociales tenga las herramientas -- como educación y atención adecuada de su salud-- para reclamar la justa cuota de oportunidad económica, mejorar su propia calidad de vida y contribuir a un bien más grande.

La "Cuenta del Reto del Milenio" del presidente Bush será un apoyo poderoso para combatir la corrupción, ampliar las oportunidades para todos sus pueblos y para gobernar con efectividad. Mientras tanto, he iniciado una revisión general de cómo podemos utilizar mejor los recursos disponibles para ayudar a algunos de nuestros amigos más íntimos de la región.

Comenzando con Nicaragua, Perú y Bolivia, países amigos en los que líderes democráticamente elegidos enfrentan problemas persistentes y profundamente enraizados, mientras otros van apareciendo, buscaremos con urgencia maneras creativas de complementar sus esfuerzos para superar esta recesión económica y establecer las bases de un renovado y constante crecimiento. En Colombia tenemos un buen ejemplo de cómo Estados Unidos puede brindar un apoyo efectivo a la democracia, incluso en las circunstancias más difíciles. Con firmeza vamos trabajando juntos para revertir la marea. La producción de hoja de coca ha disminuido, y los terroristas van descubriendo que sus refugios seguros no son tan seguros en absoluto.

La voluntad unificada del pueblo colombiano y el liderazgo del presidente Uribe cambian la situación. Nos permiten desempeñar un papel de apoyo más efectivo, y es un ejemplo de todo lo que pueden hacer los pueblos y los líderes que exigen su derecho al orden y a estar libres del terror. No creo que todas las amenazas a la democracia en Colombia desaparecerán en el futuro cercano, pero nuestros amigos en Colombia pueden seguros de que el presidente Bush está comprometido con su causa.

La democracia se ve también amenazada en Haití y puesta a prueba en Venezuela. Pero eso es el resultado del fracaso de los líderes políticos en usar responsablemente su poder para unir a su pueblo en pro del bien común.

En lo que se refiere a Haití, hemos colaborado con nuestros socios en la OEA para crear un medio a través del cual pueda restablecerse la confianza en el proceso político. La Resolución 822 de la OEA es el resultado de ese esfuerzo, y Estados Unidos insta a todas las partes en Haití a seguir la hoja de ruta que se ha trazado. El presidente Aristide, como líder de su país, tiene la responsabilidad exclusiva de ofrecer el ambiente de seguridad necesario para unas elecciones libres e imparciales, de sostener la ley y de mantener la seguridad pública. En una democracia, no hay lugar para la violencia en el arreglo de las disputas políticas.

Seguimos colaborando también con nuestros vecinos para ayudar a los venezolanos a encontrar una solución constitucional, democrática, pacífica y electoral de su crisis. El referendo es un instrumento muy importante, y los venezolanos enfrentan la tarea de hacer que funcione.

Estados Unidos se niega a entrometerse en los asuntos internos de Venezuela, pero no somos espectadores desinteresados. Cualquier acto que socave el orden democrático o amenace la seguridad y el bienestar de la región es una preocupación legítima para todos los vecinos de Venezuela.

En Cuba, la más reciente represión de Castro ha servido para recordar a la gente y los líderes de todo el mundo que su régimen no es otra cosa que una dictadura rufianesca. Tras una pesadilla de 40 años, el pueblo cubano comienza a agitarse.

Dos cosas aterrorizan al dictador. La primera ocurre cuando individuos valientes -- a través de actos simples, de conciencia, esperanzados -- empiezan a reclamar sus libertades fundamentales, a pensar en un futuro mejor para ellos y sus hijos. La segunda ocurre cuando el resto del mundo se interesa lo bastante como para ayudar a esos individuos.

El presidente Bush se ha comprometido, firme y totalmente, a ayudar al pueblo cubano. Ha contraído el compromiso, y espera que lo cumplamos.

Redoblaremos nuestros esfuerzos para llevar a la práctica iniciativas para alcanzar esa meta, recalcando las medidas constructivas, proactivas, positivas para ayudar a la gente de la isla. Las visitas con propósitos humanitarios, religiosos o educativos podrían hacer más bien que mal.

Pero los que van a tomar sol no liberarán a Cuba. Ni lo hará mejorar la calidad del "brunch" de su aislado enclave turístico. En pocas palabras, antes que en hacer concesiones unilaterales que podrían darle a Castro otro día terrible en el poder, concentraremos nuestros esfuerzos en ayudar al pueblo cubano y a denegarle a él las divisas duras en que apoyar su estado policial.

Socios en el hemisferio

Recientemente visité a nuestros amigos en Buenos Aires. Mantuve discusiones productivas con los argentinos acerca de cómo podemos colaborar para apoyar la democracia en la región y en todo el mundo. Mi mensaje esencial fue el de que valoramos el hecho de que la Argentina ha sido un buen amigo de Estados Unidos y, francamente, necesitamos su liderazgo y participación.

En lo que se refiere a su crisis financiera, para la Argentina el reto consiste en reunir la voluntad política necesaria para aplicar las reformas que le permitirán a su economía estabilizarse y recuperarse. Reiteré nuestro interés en un programa de medidas económicas y fiscales específicas, orientadas a restablecer una condición predecible y la confianza en la Argentina.

Es importante recordar la complejidad del reto. El presidente Kirchner trata de lidiar con una crisis que es, por sus orígenes, política. Enfrenta también la necesidad de reformas estructurales de largo plazo, además de corregir las consecuencias de la reciente crisis financiera.

Un acuerdo de largo plazo con el FMI infundirá en la ecuación algún carácter predecible, de modo que la economía argentina pueda atraer el capital que necesita para alimentar una recuperación más sostenible. Creemos que las condiciones para llegar a un acuerdo tal son favorables. Y apoyamos el proceso. Pero les corresponde a los líderes políticos de la Argentina tomar las decisiones difíciles.

México enfrenta también la necesidad de más reformas. El presidente Fox envió recientemente un mensaje a la nación mexicana, en el que delineó una agenda amplia y ambiciosa. Nos interesa ver que el país que el presidente Bush ha calificado de nuestro socio más importante siga creciendo y expandiendo las oportunidades económicas de que dispone su pueblo. Esa es la base de nuestra relación, y nuestra relación está más fuerte que nunca. Seguimos colaborando estrechamente con México en toda la gama de asuntos, desde el comercio hasta la seguridad y el desarrollo económico.

En la misma forma, nuestra relación con Canadá es amplia y mutuamente ventajosa. Como se sabe, Canadá es nuestro socio comercial más importante. Pero nuestra relación va mucho más allá del comercio. Agradecemos la ayuda de Canadá en la guerra contra el terrorismo. Actualmente, Canadá tiene desplegados en Afganistán más de 2.000 efectivos militares. Han prometido 350 millones de dólares canadienses para la reconstrucción de Iraq, concentrando sus recursos allí en la construcción de instituciones democráticas y la promoción de los derechos humanos. Hemos acordado colaborar en un sistema de defensa antimisiles que protegerá por igual a canadienses y norteamericanos. La próxima semana iré a Ottawa, y espero con interés sostener discusiones con mis colegas de allí.

Nuestra relación con Brasil sigue creciendo y ahondándose. Como lo mencioné antes, los presidentes Bush y Lula mantuvieron en junio una reunión muy productiva. El presidente Lula hizo notar que fue algo más que una reunión de presidentes, fue una reunión de gobiernos. Diecisiete ministros de gabinete de ambos países participaron en la reunión cumbre.

Le damos seguimiento a su agenda. Recientemente, el Departamento de Hacienda de Estados Unidos fue anfitrión de sus homólogos brasileños para discutir estrategias con el fin de aumentar las tasas de crecimiento económico a largo plazo de nuestros dos países. Colaboraremos para combatir el SIDA en el África de habla portuguesa. En la OMC, Brasil y Estados Unidos cooperaron con otros países para dar forma a una política que les permitirá a los países pobres obtener medicinas que salvan la vida. Juntos, copresidimos la ronda final de las negociaciones del ALCA.

El comercio representa para los países de este hemisferio la mejor oportunidad de atraer el capital que necesitan para crear empleos y sostener un nivel de crecimiento económico que apoye las inversiones públicas en educación, atención de la salud e infraestructura, que son esenciales para la calidad de vida.

Más de la mitad de nuestros vecinos viven en la pobreza, la pobreza crónica que ha persistido durante generaciones. Ese ciclo de pobreza debe romperse mediante el crecimiento sostenido, y el ALCA es la mejor manera de hacerlo.

Combinada con el imperio del derecho y la democracia representativa y orientada por ellos, el ALCA será algo más que un arreglo mercantil. Será una comunidad de naciones tan prósperas como justas como sea posible, "creciendo juntas" en todo el sentido de esa expresión.

Seguimos comprometidos con un ALCA abarcadora y la ambiciosa fecha límite del 1 de enero de 2005. Comprendemos que la agricultura es un motivo de disputas; pero, de hecho, en materia de agricultura tenemos mucho en común con nuestros vecinos, en comparación con los europeos. Y creemos que el "marco de referencia" a que llegaron recientemente el USTR y la UE abrirá un camino para seguir adelante.

Pese a todo, el resultado final es que la necesidad desesperada de los beneficios que la apertura e integración de nuestras economías reportará a los pueblos de este hemisferio es algo innegable, y tenemos una obligación moral, como líderes, de realizar la promesa del Área de Libre Comercio de las Américas.

Conclusión

En enero, cuando fui nombrado para este puesto, el New York Times publicó la noticia con este titular: "Bush nombra a un veterano anticomunista para un puesto latinoamericano clave". Me sentí emocionado, pero también un poquito perplejo. Y pensé que si el presidente Bush hubiera nombrado a un procomunista, eso sí habría sido noticia.

El hecho es que nuestra política en relación con nuestros vecinos y socios de la región ha estado guiada durante algún tiempo por el mismo principio bipartidista: libertad. El gran debate entre los partidarios del autoritarismo, los teóricos de la dependencia y los marxistas irreductibles, por un lado, y los defensores de la democracia y los mercados, por el otro, ha terminado. Dicho sea de paso, ganaron la democracia y los mercados.

Están aquellos que insisten en "llevar la cuenta" de si un supuesto líder de "izquierda" es elegido en un país, o si en otro se aplican políticas "ortodoxas" -- dicho sea de paso, en ocasiones ambas cosas son ciertas.

Sin embargo, he descrito un modelo de desarrollo político y económico de base amplia, con el cual sigue comprometida la vasta mayoría de los gobiernos de las Américas. Y la prueba de ello son las saludables y productivas relaciones de que disfruta nuestro gobierno con gobiernos de todo el espectro político.

Los relativamente pocos políticos, movimientos y frentes políticos que defienden un modelo radicalmente diferente no sólo nadan contra la corriente de la historia, nadan contra la corriente de este hemisferio.

Están aquellos radicales que tratan de sembrar el descontento, el desasosiego y hasta la violencia. Pero, todos unidos, los enfrentamos. Y ellos pueden prosperar sólo si fracasamos en cumplir la promesa de democracia auténtica y libertad económica.

Hay en el Hemisferio Occidental países que son relativamente ricos y otros que son relativamente pobres. Algunos son dirigidos por conservadores, otros no. Pero todos compartimos un hemisferio y un futuro. Y ninguno de nosotros está dispuesto a fracasar. Para nuestros pueblos, lo que está en juego es demasiado grande.

Espero con interés trabajar con nuestros amigos de las Américas para encarar los retos que hay por delante.

Gracias por el tiempo y la atención que me han prestado. Gustosamente responderé a cualquier pregunta que ustedes quieran hacerme.

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Septiembre 16, 2003
 

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