Inicio

Quienes Somos

Contactenos

Buscar Revista

Secciones

Indice Artículos

Editoriales

Enf. Latinoamérica

Gerencia En Acción

Literatura

Negocios

Mujer y Negocios

Tecno-Lógica

Naturalmente

Socio-Política

Revistas Previas

Arte

Medios Del Mundo

Tertulias

English

English Home

Contact Us

Article Archive

Political Issues

Social Issues

Economic Issues

General Articles

The Other Side

Origin

Poetry & Song

 

   

TLC con Estados Unidos: un impulso a la regionalización

María Soledad Alvear Valenzuela
Ministra de Relaciones Exteriores de Chile
Intervención en seminario de El Diario
“Cuánto puede cambiar Chile con el TLC”
Santiago, 18 de julio 2003


Junto con felicitar a El Diario por esta iniciativa que permite promover el debate nacional en torno a los beneficios del Tratado de Libre Comercio que hemos suscrito recientemente con Estados Unidos y cuya Ley de Implementación está próxima a ser aprobada en ese país, quiero agradecer la invitación que me han hecho para exponer sobre los principales alcances de este Acuerdo y compartir, al mismo tiempo, algunas inquietudes que me surgen en relación a los desafíos que este nuevo escenario nos impone.

La política exterior de Chile ha experimentado en el último año un dinamismo extraordinario, con un fuerte énfasis en el área económica-comercial. Hemos firmado cuatro acuerdos comerciales con economías importantes y atractivas para incentivar los flujos de bienes y servicios, además de establecer reglas claras para potenciar inversiones y movimiento de capitales, entre otros beneficios. La Unión Europea, los países de la Asociación Europea de Libre Comercio, la República de Corea y Estados Unidos –con quienes suscribimos tratados en los últimos meses- representan mercados de gran interés para Chile, pues se trata de economías que registran un alto poder adquisitivo, lo que amplía –entre otras cosas- las perspectivas de nuestras exportaciones y ofrece mejores condiciones de ingreso al país a productos que beneficiarán directamente a los consumidores nacionales a través de menores precios.

Estas ventajas se suman a las que nos ofrecen los acuerdos que actualmente están en vigencia y que incluyen a casi la totalidad de los países de América Latina, además de Canadá.

El escenario descrito forma parte de la estrategia de desarrollo que ha escogido Chile basada principalmente en una economía abierta al mundo. La premisa fundamental que está detrás de esta política es que la integración creciente de la economía chilena al ámbito internacional y el fortalecimiento de su comercio exterior es el camino para generar más posibilidades de producción, empleo y, en definitiva, lo que significa mayores  niveles de prosperidad y bienestar para todos los chilenos y chilenas.

Cualquier análisis respecto de beneficios esperados del TLC con Estados Unidos debe iniciarse con un breve examen de nuestra contraparte. ¿Cuál es la carta de presentación económica de nuestro socio?

Estados Unidos representa cerca del 22% del PIB mundial y sus importaciones de bienes responden por el 19% de las importaciones mundiales.

La población de Estados Unidos asciende a 285 millones de habitantes, con un ingreso por habitante de US $ 35.400, ocho veces el nuestro. Ello representa un mercado equivalente a 148 veces el de Chile.

El año pasado, los envíos de productos chilenos a Estados Unidos sumaron 3.664,7 millones de dólares, cifra que representó cerca del 21 por ciento del total de las ventas realizadas al mundo, según estadísticas del Banco Central.

Como vemos, nuestras ventas al mercado estadounidense son muy significativas. Al revisar las cifras tenemos que la composición de nuestros envíos indica que 1.879,2 millones de dólares corresponde a bienes industriales; 909,9 millones de dólares a minería; y 843,7 millones de dólares a agricultura, fruticultura, ganadería, silvicultura, y pesca extractiva.

El intercambio de bienes con los Estados Unidos alcanzó los US$ 6.234 millones durante el año 2002.

Para que nos hagamos una idea de las diferencias comerciales, apreciemos que nuestras exportaciones totales de un año corresponden a un 72% de lo que Estados Unidos importa en una semana.

Asimismo, hay que considerar que para equiparar un mes de importaciones de los EE.UU., necesitaríamos 6 años de nuestras exportaciones a los niveles actuales.

Con este marco, las negociaciones del TLC con Estados Unidos estuvieron guiadas por la necesidad de mejorar las condiciones de ingreso de los productos y servicios chilenos al mercado de ese país; así como contar con reglas claras y permanentes para el comercio de bienes, servicios e inversiones.

Asimismo, buscamos favorecer a los consumidores y usuarios de bienes y servicios con origen en Estados Unidos; establecer mecanismos definidos, transparentes y eficaces para resolver los conflictos comerciales cuando estos se produzcan; y estimular –con ello- los flujos de comercio e inversión entre ambas Partes.

Tenemos que considerar que el escenario sin TLC ya es favorable. Sin embargo, las nuevas condiciones nos ofrecen mayores oportunidades, lo que permitirá incorporar más productos que hoy no forman parte de la canasta exportadora de Chile.

Desde ya, según estudios de nuestra Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales, la expansión exportadora global inducida por el TLC entre Chile y los EE.UU., asumiendo la plena desgravación, asciende a más de 500 millones de dólares, lo que con respecto al comercio exportador actual representa un incremento de 15,9% y el equivalente a un 0,7% de nuestro actual PIB.

Cabe recordar que el aumento de las exportaciones tiene un efecto de arrastre importante  en las actividades de servicios que las apoyan, es decir: telecomunicaciones, infraestructura portuaria, aeropuertos, transporte marítimo y aéreo (aumento en frecuencia de rutas, nuevos destinos, más vuelos directos; nuevos centros de operación y almacenaje, captación de demanda de fletes de países vecinos, etc.). Vale decir, la estimación previa es altamente conservadora y, sin duda, será superada por el empuje de nuestros exportadores e inversionistas.

Al abordar nuestra negociación sobre acceso a mercado debemos señalar que el primer objetivo ha sido eliminar las barreras arancelarias al comercio de bienes, incluyendo el escalonamiento de los impuestos aduaneros.

Por cierto que, desde ya, hemos consolidado los beneficios del Sistema Generalizado de Preferencias –lo que muchos sectores han señalado que este sólo hecho ya justificaba el Acuerdo- y hemos establecido plazos de desgravación mayor para los productos más sensibles.

También regulamos los mecanismos de defensa comercial tales como salvaguardias, medidas antidumping, y derechos compensatorios, y establecimos normas y estándares que garantizan el libre comercio, otorgando un trato no discriminatorio entre productos nacionales y extranjeros, usando normas internacionales homologables y permitiendo la certificación en Chile de bienes exportados a Estados Unidos. 

Está claro que los beneficios del Acuerdo con Estados Unidos no se acotan a la evolución que puedan experimentar las exportaciones chilenas. Pero hoy quiero detenerme especialmente en este aspecto dado que me interesa destacar el efecto del Tratado en la regionalización del país.

En términos generales, la mayoría de los productos se desgravarán en forma inmediata o al cuarto año de vigencia del Tratado.

El proceso de liberalización arancelaria se completará en un período máximo de 12 años.

El Acuerdo incluye a todos los bienes, pues no se establecieron excepciones. Todos los aranceles y cuotas terminarán al final del período de transición.

Con ello, un 95 por ciento de los productos chilenos exportados a Estados Unidos-es decir, un 87 por ciento de los montos- tendrá desgravación inmediata y sólo el 1,2 por ciento en diez o doce años.

El impacto entonces será significativo. Como hemos dicho, las cifras conservadoras de la Direcon hablan de un incremento de más de 500 millones de dólares una vez que esté completado el proceso de desgravación.

No obstante, los beneficios no vienen por sí solos. Hay que trabajar arduamente para que este incremento conlleve una expansión equilibrada de los envíos regionales, de modo que los beneficios de un mayor flujo comercial, vale decir, un aumento en la productividad y, por tanto, mejores posibilidades de empleo, lleguen a todos los sectores del país y no queden centralizados en el Área Metropolitana. Como el TLC cubre la totalidad del comercio de bienes y servicios, los beneficios deben irradiarse para todo el territorio.

Cuando concluyeron las negociaciones con Estados Unidos, después de catorce rondas, dijimos que estábamos entrando a las ligas mayores, dijimos que estábamos dando un paso hacia el desarrollo.

Hoy quiero agregar que la única forma de avanzar hacia esas metas es logrando un adecuado equilibrio de los efectos del Tratado. El desarrollo llegará a Chile cuando seamos capaces de contar –entre otras cosas- con una distribución equitativa de los beneficios del crecimiento económico, es decir, que aborde a todo el país.

En la actualidad, poco más de tres cuartos de las exportaciones de Chile a Estados Unidos está concentrado en sólo seis regiones: Metropolitana, Antofagasta, Valparaíso, Libertador Bernardo O’Higgins, Bío Bío y Los Lagos, siendo la primera de éstas la que registra mayores montos de ventas al totalizar 437,3 millones de dólares.

Ello indica que tenemos un gran desafío en relación a equilibrar la participación regional en la oferta exportable del país. El TLC abre nuevas oportunidades. Identificar el potencial de cada región es una tarea prioritaria, que esta Cancillería, a través la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales –y en particular de ProChile- ha comenzado a trabajar con las instancias públicas y privadas respectivas, pero necesitamos una mayor participación y coordinación a nivel local.

Si consideramos los principales productos exportados por cada región al mercado de Estados Unidos, en el año 2001, los que representan un 32 por ciento de los envíos totales, tendríamos un impacto inmediato o a dos años en casi todas las regiones.

A modo de ejemplo, podemos indicar que al considerar las ventajas del Acuerdo en el área minera se observará un importante efecto en las Regiones de Tarapacá, de Antofagasta, de Atacama, de Coquimbo, del Libertador Bernardo O’Higgins y de Magallanes, por cuanto prácticamente la totalidad de los productos del sector se desgravará el primer día de vigencia del Acuerdo.

Si nos concentramos en las oportunidades que el TLC genera a favor del sector frutícola, que tendrá una desgravación inmediata para el 75,3 por ciento de los productos –equivalente en montos a más del 99 por ciento- veremos beneficios crecientes en las Regiones de Atacama, de Coquimbo, de Valparaíso, del Libertador Bernardo O’Higgins, del Maule, de la Araucanía, de Los Lagos y Metropolitana.

Si hablamos de los bienes forestales, el mayor impacto se registrará en la Región del Bío Bío.

Las expectativas de que los efectos se concentren en determinadas regiones depende de la especialización de éstas y de las eventuales ventajas comparativas que les otorgue el Tratado.

Es así como se espera que en el caso de la Región del Libertador Bernardo O’Higgins, se estima una expansión exportable de 73,7 millones de dólares, lo que permitirá generar, al menos, 4.237 ocupaciones al año.

Esta sería la Región más favorecida después de la Metropolitana, que vería aumentar sus exportaciones en 250,6 millones de dólares, mientras que la mayor actividad económica permitirá la creación inicial de más de 9 mil puestos de trabajo.

Como señalé anteriormente, en la actualidad hay una alta concentración de los embarques a Estados Unidos en la Región Metropolitana. Según las proyecciones recién planteadas, esta tendencia continuaría. Es aquí donde quiero llamar la atención de ustedes, pues también he dicho que las mejores perspectivas de las distintas regiones tiene que ver con su especialización.

Tenemos, entonces, un primer desafío que enfrentar para avanzar hacia el desarrollo: Dadas las nuevas condiciones de competitividad, cada región debe reforzar sus potencialidades e identificar las nuevas oportunidades que el Acuerdo ofrece, de modo que los efectos sean tan positivos como los que podrán experimentar las Regiones en principio más favorecidas.

De este modo, las Regiones menos favorecidas, es decir, Aysén, La Araucanía, Atacama y Los Lagos, que presentan un rango de impactos en sus exportaciones que va desde 0,3 millones de dólares hasta 3,3 millones de dólares, tienen la tarea inmediata de revisar con atención las oportunidades que se les abren gracias al nuevo vínculo que hemos establecido con Estados Unidos.

Existe una interrelación entre regiones que también debemos atender. Un 17,5 por ciento de los productos exportados a Estados Unidos tienen en su proceso de elaboración  a más de una región, lo que demuestra que hay efectos que involucran a distintas zonas del país, de manera que podemos prever –si así nos lo proponemos- una distribución más equilibrada de los beneficios del TLC.

Cada una de estas reflexiones no puede dejar de complementarse con el efecto que el Tratado tendrá sobre las pequeñas y medianas empresas exportadoras definidas como aquellas unidades productivas que han realizado envíos al exterior por montos que van entre los 50 mil dólares y 10 millones de dólares en un año.

Al realizar este ejercicio, no debemos olvidar que las pequeñas y medianas empresas son importantes generadoras de empleo, lo que nos obliga a poner mayor atención a las oportunidades que genera el TLC con Estados Unidos.

Según cifras del año 2000, en Chile existen 2.244 empresas que exportan al mercado estadounidense y se encuentran principalmente en las Regiones Metropolitana, de Valparaíso y del Libertador Bernardo O’Higgins. De este total, 1.415, ubicadas en las mismas regiones, son pequeñas y medianas empresas (PYMEX), cuyos productos se destinan a Estados Unidos.

Las PYMEX concentran el 20 por ciento de los envíos totales de Chile a ese país, al registrar ventas por 613 millones de dólares.

Este sector exporta a Estados Unidos una variedad de 963 productos, cuyo origen está principalmente en las Regiones Metropolitana, Magallanes y  de Valparaíso.

Sin embargo, existe una variedad de 2.476 productos que Chile exporta en la actualidad, que provienen principalmente de las regiones Metropolitana, de Antofagasta y de Tarapacá, y que no tienen como destino comercial el mercado norteamericano.

Tenemos entonces que los beneficios que el Tratado otorgará a estos últimos productos, vía eliminación de aranceles, permitirán que tales bienes sean reorientados de modo que en el futuro también formen parte de la oferta chilena a Estados Unidos.

A modo de ejemplo, en la Región de Tarapacá hay claros beneficios para productos provenientes de las PYMEX, que hoy no exporta al mercado norteamericano. Pulpos, jurel, harina de pescado, vehículos de carga útil, son algunos de los bienes que tienen desgravación inmediata.

Si analizamos los beneficios para la gran mayoría de los productos Pymex, los resultados son favorables ya que prácticamente todos están en la lista de desgravación inmediata, especialmente aquellos que ya contaban con el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). Con esto, la consolidación del ingreso libre de arancel será una realidad para muchos productos que hoy se están exportando a Estados Unidos, a lo que se suman beneficios progresivos como la eliminación de la tarifa aduanera de 1% para los cátodos de cobre refinados a contar del segundo año de vigencia del Tratado.

Al cuarto año, en tanto, se desgravarán productos como las papas, flores de capullo, carnes de conejo, callampas, naranjas y mandarinas, almendras y nueces. En ocho años, la desgravación total será para frambuesas congeladas espárragos, pasas, y mosto de uvas.

Como vemos, el TLC con Estados Unidos nos abre una puerta hacia un mundo de oportunidades inconmensurables para desarrollar las actividades productivas del país, con una visión nacional, en la que todas las regiones y sectores tienen lugar.

Su desarrollo dependerá de la consolidación de la presencia actual de estas empresas en los flujos de exportaciones a Estados Unidos y del potencial de otras empresas que se incorporen en el futuro.

Por el lado de EE.UU., el 90% de los productos (88,5 de los montos) importados por Chile, tendrá una desgravación inmediata, mientras que el 4% de los productos (1,5% de los montos) se desgravarán en los plazos máximos de 8-12 años.

Por cierto, la desgravación de los productos estadounidenses favorece a los consumidores nacionales, o sea a todos nosotros.

Cabe hacer notar que Chile compró productos provenientes de los EE.UU. por un valor de US$ 2.569 millones, el año pasado, lo que representó un 16% del total de nuestras importaciones.

El impacto estimado sobre las importaciones estadounidenses derivado del TLC es del orden de los US$ 348 millones, lo que representa un incremento de 14% en las importaciones originadas en los EE.UU. y de 2,2% respecto a la totalidad de las importaciones.

El grueso de las importaciones norteamericanas mantiene una relación complementaria antes que directamente competitiva con la producción interna chilena.

Se estima que la mayor parte de ellas reemplazará a productos provenientes de otros países. Asimismo, una parte importante corresponderá a insumos especializados y bienes de capital que no producimos, favoreciéndose la competitividad de nuestras empresas.

De allí que consideramos que Tratado es muy bueno no sólo porque tendremos un acceso en mejores condiciones que las actuales, sino porque la productividad de las empresas chilenas se verá incrementada con él, al facilitarse la adquisición oportuna de tecnologías más modernas y a menores precios, lo que redunda en mejores oportunidades para aumentar el valor agregado de la oferta exportable, impulsando las exportaciones de pequeñas y medianas empresas, y reforzar la presencia de manufacturas y de servicios calificados en las exportaciones.

Otro de los elementos del Acuerdo que potenciará el desarrollo de las regiones corresponde a inversiones. Basta mirar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o Nafta, en su sigla en inglés, para ver el impacto que tuvo el flujo de capitales desde Estados Unidos a México, el cual casi se ha cuadruplicado en el período 1994-2001, con una tasa de crecimiento acumulativa promedio de 21,7 por ciento al año.

En nuestro caso, las favorables condiciones de acceso a la economía más grande del mundo y la estabilidad de reglas contempladas en el TLC con Estados Unidos constituyen un atractivo para las decisiones de inversión en Chile de las principales empresas internacionales destacando las de Estados Unidos.

Desde este punto de vista, debería crecer la participación relativa de Chile en la cartera de proyectos de inversión en la región y entre las economías emergentes. Las inversiones de Estados Unidos, sumadas a las de la UE, estimularán sin duda la atracción de nuevos capitales desde otros países, al darse una potente señal de confianza por parte de las principales economías desarrolladas.

Desde ya, esta semana se conoció el informe de The Economist Intelligence Unit (EIU), en el que se indica que Chile se encuentra entre los 20 destinos más atractivos para invertir en el mundo, superando a países como España, Noruega, Corea del Sur y a todos los de América Latina.

Chile subió dos puestos y se ubicó 18 en el ranking que evalúa el ambiente existente en 60 naciones para hacer negocios de aquí hasta 2007.

El mejor puesto se debe principalmente a la apertura comercial exhibida por Chile en los últimos años -a través de la rebaja arancelaria unilateral y los TLC- , explicó Justine Thody, editora para América Latina del centro de estudios ligado a la revista "The Economist", puntualizando que la firma de los acuerdos con los Estados Unidos, Corea del Sur y la Unión Europea hace más competitivo a Chile para acceder a mercados de relevancia, lo que gatilla un mayor interés para la llegada de capitales.

Uno de los aspectos más positivos de la firma del TLC con Estados Unidos se refiere a los anuncios formulados por distintos sectores del país relacionados con las empresas que han resuelto hacer inversiones de manera de aprovechar las bondades de los Acuerdos.

Sectores como el textil, minero, forestal, pesquero, agroindustrial, manufacturero y cárneo, entre otros, han expresado públicamente su decisión de ampliarse o crear nuevas empresas para exportar a Estados Unidos.

Un caso concreto, sólo para ilustrar de lo que estamos hablando, se da en el área textil y en la Región del Bío Bío, en la comuna de Tomé. En el 2002 y teniendo a la vista la pronta suscripción del TLC entre Chile y Estados Unidos, la compañía estadounidense Tom James decidió incursionar en la producción de textiles para la exportación.

En una primera instancia pensó en una asociación con la empresa Bellavista Oveja Tomé, pero finalmente resolvió instalar una filial de su fábrica de confecciones, que aquí se denomina "Crossville Fabric Chile SA".

Esta fábrica directamente vinculada al TLC, es considerada como la primera empresa de capitales norteamericanos que se instala en el país en virtud de los beneficios que promete el Acuerdo con Estados Unidos. De hecho fue visitada por el Presidente Lagos el 13 de diciembre del 2002 en un gesto simbólico en ese sentido.

Crossville desarrollará telas muy finas, que en la actualidad sólo se producen en Europa e incorporará además una fábrica de linos, que estará abocada básicamente al área de la decoración. Ello significa la incorporación de nuevas técnicas y tecnologías.

Comenzó a producir a fines de junio y el 2004 ya estará trabajando a plena capacidad con 550 empleados. La inversión total de la empresa en Tomé alcanza a 12 millones de dólares y se ha diversificado también a un moderno centro comercial en esa comuna.

Así como esta importante inversión, que está revitalizando una alicaída antigua zona industrial de nuestro país, se esperan otras en el área textil.

Son tan auspiciosas las perspectivas –la empresa estadounidense Russell Corporation encargará a fábricas chilenas hasta 360.000 poleras por semana– que ya hay inversionistas brasileños interesados en asociarse con empresarios chilenos para exportar desde Chile a EE.UU., con el fin de aprovechar las ventajas del acuerdo.

Actualmente, de los flujos de inversión directa extranjera que salen de los Estados Unidos al resto del mundo, Chile representa como destino sólo un 1,4 por ciento en el período 1996-2001. Sin embargo, junto a México, Brasil y Argentina es uno de los principales receptores en América Latina.

En particular, Estados Unidos es el principal inversor en Chile, con una participación de 30,5 por ciento del total de la inversión materializada en el período 1974-2002, es decir US$15.852 millones.

Se estima que las empresas estadounidenses en Chile con mayoría de la propiedad contabilizan un 3,9 por ciento del PIB y generan 55 mil empleos. Pero, como lo demuestra el caso de la textil Crossville Fabric, sin perjuicio de que esta participación en las inversiones aumente, seguramente habrá una creciente orientación a proyectos productivos  de bienes con mayor valor agregado.

Con Estados Unidos, el objetivo de Chile en sus negociaciones fue el establecimiento de disciplinas en cuanto a la liberalización y a la protección de los flujos de capital entre ambos países, así como la consagración  de los principios de no discriminación en el tratamiento que se otorgue a la inversión del otro país, en relación con la inversión nacional y la inversión de terceros.

Por otra parte, se espera una mejora en las inversiones en tecnologías de la información dando a Chile un mejor respaldo para convertirse en plataforma de servicios en este sector. Se trata de reemplazar con ello servicios que hoy se obtienen desde Estados Unidos o en la región, para eventualmente producirlos en Chile.

Con un efecto favorable sobre el riesgo país, mayor atracción para la inversión extranjera y mayor competencia en el sistema financiero, se generarían mejores condiciones para expandir la cobertura y profundidad de la oferta de crédito, hecho que constituirá un claro aporte a las empresas exportadoras, especialmente para las Pymes.

Quiero destacar que las ventajas que hoy celebramos no serían posible sin el gran esfuerzo desplegado en forma tan exitosa por el equipo de negociaciones y nuestra Embajada en Estados Unidos, la cual complementó eficazmente el trabajo de los primeros.

Un equipo negociador interministerial encabezado por el Director General de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Osvaldo Rosales, y que incluyó a representantes de los Ministerios de Hacienda, Economía, Agricultura, Trabajo, Educación,  Justicia, Interior, Salud, y a la Secretaría General de la Presidencia, así como de como del Banco Central.

Este trabajo estuvo fuertemente complementado por el sector privado que, a través del cuarto adjunto o de la entrega de comentarios, permitió a los negociadores conocer los intereses empresariales y laborales, así como informarles en forma oportuna los avances de las conversaciones con Estados Unidos.

En este sentido trabajaron la CUT, la Sofofa, la Sociedad Nacional de Agricultura, Conapyme, Asexma, Fepach, Asoex, Aproleche, entre otros.

Esto incide, sin duda alguna, en el hecho de contar hoy con un gran apoyo por parte de la opinión pública. Todas las encuestas que se han realizado al respecto indican que los niveles de apoyo al TLC van entre 75 y 80 por ciento, con un carácter transversal que incluye a todos los grupos socieconómicos, sexo y zonas del país. Hay grupos menores que aún exhiben cierta desconfianza, situación que es absolutamente normal y que nos exige de un debate profundo sobre los efectos del Tratado.

Por ello, reitero, felicito toda iniciativa que signifique una mayor difusión de los contenidos del Acuerdo.

Me satisface enormemente el esfuerzo país que logramos realizar para conseguir el Tratado. Pero, sin duda, será mayor el desafío que se requiere para sacar provecho a las oportunidades que se nos ofrecen; y, en este sentido, tengo la firme convicción de que debemos seguir trabajando con una visión nacional. Los efectos del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos contribuirán a que avancemos hacia el desarrollo, pero para ello debemos ser capaces de expandir el impacto a todo Chile.

Por ello quiero invitar a todos los empresarios, de la misma forma que lo estamos haciendo con todos los chilenos y chilenas, de todas las regiones, a identificar las potencialidades que pueden encontrar en la nueva alianza que hemos alcanzado, nada menos que con la mayor economía del mundo.

De todos nosotros depende que la respuesta a la pregunta que se plantea en este encuentro “¿cuánto puede cambiar Chile con Tratado con Estados Unidos?” sea la que han adelantado algunos sectores empresariales: el cambio puede ser total. Las bases de un Chile distinto están asentadas. Ahora es responsabilidad de cada uno de nosotros hacer que esta proyección sea una realidad. 

E-Mail: *

Comentarios: *

Subir

Julio 27, 2003
 

Los artículos o contenidos de este Sito Web NO pueden ser reproducidos total o parcialmente sin previa autorización escrita del autor y/o Revistainterforum.com ® Copyright 2000-2009
Latin America Consulting & Communications LLC (LACC)

 The Contents of the site are intellectual Property of Revistainterforum.com ® Copyright 2000-2009 and or the the author.   Reproduction in part or whole of any of this material without written permission constitutes a violation of the law.
Latin America Consulting & Communications LLC (LACC)