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Las Nuevas Competencias del Especialista en Formación

Chichí Páez, Gerencia en Acción (1)

“El nuevo líder de entrenamiento además de conocer el mundo de la educación debe tener visión de negocio, debería ser un generador de recursos propios más que operar a partir de un presupuesto que funcionalmente le aprueban” 
A. Olivera

 

Los cambios ocurridos que han transformado el mundo, han sido indetenibles e inevitables, sus consecuencias se perciben  en cada momento y en todos los escenarios producidos por  el factor humano, tales como: en la arquitectura de todas las organizaciones y/o instituciones, en los procesos manufactureros, productivos y de servicio, en el mundo financiero y por supuesto en el comercio.  Así como también en los esquemas  y modelos mentales, en el estilo de trabajar, de consumir y por supuesto de vivir. En una transformación tan radical que ha venido poniendo en duda todo lo que se había aceptado, elimina viejos esquemas, produce bases para nuevos paradigmas y trayendo como consecuencia la formación de un nuevo tipo de sociedad. 

La violenta rapidez como han ocurrido los cambios comprometen cada vez más a la gente a prepararse para asimilar las proyecciones y consecuencias del acontecer mundial llamado: “Revolución del Conocimiento”.  Los especialistas en formación tienen la obligación ineludible no solamente de entender  su significado, debido que fr no asimilarlo y ponerlo en práctica quedarían rezagados de las nuevas orientaciones que ya le están dando forma a un nuevo esquema  en esta “aldea global”. En consecuencia el nuevo líder de la formación debe desarrollar en los momentos actuales entre otras la competencia de prospección, tendente  a visualizar los nuevos límites y derroteros que está siguiendo la sociedad actual en su constante  transformación, la cual exige cada vez más calidad en los productos, bienes y servicio. Y la formación es un servicio.

Los procesos de formación continua no podían quedar al margen de este contexto. Bajo estas realidades  la calidad del servicio prestado ha adquirido un lugar decisivo en el campo de la competitividad. Siendo significativo el enfoque de la calidad en los procesos de formación: desde el simple control de la conformidad  del servicio final, la calidad ha pasado a la progresiva implementación de una política de calidad total, incluyendo una garantía de calidad en todos los servicios de entrenamiento y capacitación. Los riesgos de la falta de calidad en dichos procesos pasan a ser objetos de un monitoreo constante.  Estos nuevos escenarios han venido reafirmando iterativamente  lo siguiente: “Hasta ayer, el interés por la calidad había sido enfocado hacia el aspecto técnico de los productos y servicios. La nueva toma de conciencia sobre la calidad, amplía este concepto incluyendo ahora el aspecto del factor humano, por cuanto es la calidad de la gente y su desempeño la que crea los productos y los servicios”. ¡La calidad de la gente, base de cualquier otra calidad!

El objetivo final de un sistema de formación profesional es producir: “competencias”. Uno de los conocimientos que debe aprender a administrar el líder o especialista en formación es el concepto de competencia, el cual contribuye muchísimo a la calidad del proceso. Dicho concepto es: Conjunto pertinente, reconocido y probado de las representaciones, conocimientos, capacidades y comportamientos transferidos a propósito por una persona o un grupo a un lugar de trabajo”, así como también debe garantizar la calidad de las competencias como: “la capacidad de las mismas para satisfacer las expectativas del sistema cliente de la formación”. Otra de las experticias que debe desarrollar este líder es la calidad de la aplicación, concebida como: “la calidad relativa a la transferencia y al almacenamiento, en el lugar de trabajo, de lo adquirido durante la formación”. Debiendo estimular el mantenimiento  de las competencias, interpretado como: “un conjunto de las actividades, métodos y dispositivos consistentes en mantener una o varias competencias y su estado inicial de adquisición”. Este mantenimiento permite evitar la erosión y el olvido de las competencias.  Todo esto es necesario e indispensable  debido a que el servicio que se espera de la formación son las competencias profesionales que ésta produce. Incluso antes de preguntarse sobre las condiciones de una garantía de la calidad, conviene poner de manifiesto cómo reconocerán los clientes (socios, prescriptotes, participantes…) que el servicio prestado es de calidad.

Este nuevo especialista en entrenamiento y capacitación debe internalizar que en los sistemas de formación el cliente no es un mero consumidor pasivo. Cada vez se solicita más su intervención, su colaboración, en los servicios que se le proponen. Según la expresión de Alvin Toffler, está llamado –el cliente en los procesos de formación- a desempeñar el papel de prosumer” (consumidor-productor). Es decir se produce: “servucción”.

En la presente economía de servicios, caracterizada por una fuerte terciarización  de todas las actividades productivas, el valor económico de los productos depende más de los costes vinculados a la obtención de su resultado que a los exigidos por su  producción. Lo que el consumidor compra no es tanto el producto en sí mismo, como su funcionamiento. El binomio producto-servicio se hace indisociable y la parte del servicio tiende a convertirse en preponderante. “El consumidor compra cada vez más sistemas que funcionen y no sólo objetos”.  Este nuevo especialista en formación debe entender que los sistemas de formación no escapan a esta evolución. En consecuencia deben  aprender a administrar lo que se convierte en lo central, lo que fundamenta el “valor”  de los procesos de formación profesional es su capacidad para producir competencias que sean transferidas de forma efectiva al lugar de trabajo.  “La calidad de uso” o de la puesta en práctica de las competencias es un componente determinante de la calidad de la formación.

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Chichí Páez, Gerencia en Acción
Correo-E: jpaez@postgrado.uc.edu.ve
También publicado en: PymesDominicanas.Com

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Julio 22, 2002

 

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