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Palabras del doctor Enrique Iglesias, presidente del BID durante el desayuno que ofreció el BANOBRAS

Mérida, Yucatán, 28 de junio de 2002

Versión estenográfica de las palabras del doctor Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), durante el desayuno que ofreció el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS) en honor de los Excelentísimos señores Jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la V Cumbre del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla y Expo-Inversión 2002 del Plan Puebla-Panamá, en el Salón "Yucatán" del Hotel Fiesta Americana, de esta ciudad.

[Plan Puebla Panamá, Compilación Equipo INTER-FORUM]

 

Señores Jefes de Estado y de Gobierno;
Señores gobernadores de los Estados Unidos Mexicanos;
Señores ministros;
Señores comisionados;
Señora alcaldesa;
Señores empresarios;
Señor director del Banco de Comercio Exterior;
Amigas y amigos todos:

Muchas gracias por darme la oportunidad de poder decir unas palabras vinculadas al tema de esta importante reunión que convoca hoy a los Jefes de Estado y de Gobierno de México y Centroamérica.

Hace pocos años el Banco publicó un libro sobre la historia económica de América Latina en el siglo XX y lo hizo una historiadora seguramente conocida por muchos de ustedes: Rosemary Thorp de Oxford, quien recoge anécdotas, entre otras, la anécdota qué hubiera pasado si hace un siglo alguna persona hubiera pedido --decía él-- una cerveza aquí en Mérida, seguramente no vendría del interior de México, vendría de alguna otra parte porque las comunicaciones en la época eran mucho más fáciles, vinculándonos con Cuba, con Estados Unidos, que con el interior simplemente no había medios de comunicación.

Y esto no es una característica singular de esta península, llega también en otros países, incluyendo los países más pequeños, como mi propio país, el Uruguay, hace un siglo las comunicaciones en ese pequeño país eran también muy difíciles y Montevideo estaba mucho más integrado con Buenos Aires que con El Artilla que está en el norte del país.

Imaginen que estas realidades, que eran así hace apenas un siglo. Los avances (falla de audio) de la estructura del transporte y las comunicaciones han sido realmente impresionantes, sumados al desarrollo de instituciones nacionales que permitieron, poco a poco, que estos archipiélagos, que eran los países de economías locales, se fueran entrelazando progresivamente.

Y así llegamos hasta nuevos días donde hay nuevas tecnologías, una renovada voluntad de integración, creo que el (inaudible) ir avanzando mucho más en este campo.

Y este proyecto del Plan Puebla-Panamá es precisamente eso, es un mundo donde ciertamente no abundan las buenas noticias en los últimos tiempos. Los ocho países participantes en esta gesta, todos ustedes, están dando un ejemplo de cordura y de madurez al emprender estos esfuerzos conjuntos para superar viejos escollos que muchas veces han limitado el progreso económico y social de Mesoamérica.

Esta visión compartida, como ayer dejaron muy en claro el Presidente Fox y el Presidente Bolaños, para forjar una región moderna, una región abierta al mundo y abocada al desarrollo sostenible, no ha pasado tampoco desapercibida en el resto del mundo. Y no debe ser un hecho que deba ser ignorado, es que Centroamérica, que tiene una meta clara en cuanto a su integración hacia una nueva manera este año, ha conseguido hacerse lugar en las agendas de las políticas comerciales de los Estados Unidos y de la Unión Europea, una agenda que México ha seguido con reconocido éxito en los últimos años.

Yo creo que en un futuro cercano, que esperamos sea más pronto que tarde, los Acuerdos de Libre Comercio reafirmarán la importancia estratégica de esta región como una plataforma de exportaciones para acceder a los grandes mercados del mundo y del Hemisferio.

Con las ventajas que brinda este tipo de Tratados yo creo que se van a abrir otros horizontes para los pueblos mesoamericanos en términos de inversiones de largo plazo, de transferencia de tecnología, de nuevas fuentes de empleo y oportunidades concretas para mejorar su calidad de vida.

En este contexto, el Plan Puebla-Panamá representa una herramienta ideal para acometer la tarea colectiva de preparar a la región para enfrentar los desafíos de la globalización y al mismo tiempo, propicia un foro de cooperación para la búsqueda de soluciones prácticas a problemas sociales y ambientales, que son compartidos por todos los países.

En efecto, preocupa hoy a vastos sectores de la sociedad los efectos nocivos que puede provocar sobre nuestros pueblos --sobre nuestras culturas y sobre nuestras economías-- la globalización, la globalización asimétrica que hoy prevalece en el mundo y en las relaciones internacionales.

Yo creo que tienen razón en preocuparse porque estos efectos nocivos potenciales están presentes, como también están presentes las grandes oportunidades que presenta el fenómeno de la globalización. Oportunidades, pero también amenazas.

uchas gracias por darme la oportunidad de poder decir unas palabras vinculadas al tema de esta importante reunión que convoca hoy a los Jefes de Estado y de Gobierno de México y Centroamérica.

Hace pocos años el Banco publicó un libro sobre la historia económica de América Latina en el siglo XX y lo hizo una historiadora seguramente conocida por muchos de ustedes: Rosemary Thorp de Oxford, quien recoge anécdotas, entre otras, la anécdota qué hubiera pasado si hace un siglo alguna persona hubiera pedido --decía él-- una cerveza aquí en Mérida, seguramente no vendría del interior de México, vendría de alguna otra parte porque las comunicaciones en la época eran mucho más fáciles, vinculándonos con Cuba, con Estados Unidos, que con el interior simplemente no había medios de comunicación.

Y esto no es una característica singular de esta península, llega también en otros países, incluyendo los países más pequeños, como mi propio país, el Uruguay, hace un siglo las comunicaciones en ese pequeño país eran también muy difíciles y Montevideo estaba mucho más integrado con Buenos Aires que con El Artilla que está en el norte del país.

Imaginen que estas realidades, que eran así hace apenas un siglo. Los avances (falla de audio) de la estructura del transporte y las comunicaciones han sido realmente impresionantes, sumados al desarrollo de instituciones nacionales que permitieron, poco a poco, que estos archipiélagos, que eran los países de economías locales, se fueran entrelazando progresivamente.

Y así llegamos hasta nuevos días donde hay nuevas tecnologías, una renovada voluntad de integración, creo que el (inaudible) ir avanzando mucho más en este campo.

Y este proyecto del Plan Puebla-Panamá es precisamente eso, es un mundo donde ciertamente no abundan las buenas noticias en los últimos tiempos. Los ocho países participantes en esta gesta, todos ustedes, están dando un ejemplo de cordura y de madurez al emprender estos esfuerzos conjuntos para superar viejos escollos que muchas veces han limitado el progreso económico y social de Mesoamérica.

Esta visión compartida, como ayer dejaron muy en claro el Presidente Fox y el Presidente Bolaños, para forjar una región moderna, una región abierta al mundo y abocada al desarrollo sostenible, no ha pasado tampoco desapercibida en el resto del mundo. Y no debe ser un hecho que deba ser ignorado, es que Centroamérica, que tiene una meta clara en cuanto a su integración hacia una nueva manera este año, ha conseguido hacerse lugar en las agendas de las políticas comerciales de los Estados Unidos y de la Unión Europea, una agenda que México ha seguido con reconocido éxito en los últimos años.

Yo creo que en un futuro cercano, que esperamos sea más pronto que tarde, los Acuerdos de Libre Comercio reafirmarán la importancia estratégica de esta región como una plataforma de exportaciones para acceder a los grandes mercados del mundo y del Hemisferio.

Con las ventajas que brinda este tipo de Tratados yo creo que se van a abrir otros horizontes para los pueblos mesoamericanos en términos de inversiones de largo plazo, de transferencia de tecnología, de nuevas fuentes de empleo y oportunidades concretas para mejorar su calidad de vida.

En este contexto, el Plan Puebla-Panamá representa una herramienta ideal para acometer la tarea colectiva de preparar a la región para enfrentar los desafíos de la globalización y al mismo tiempo, propicia un foro de cooperación para la búsqueda de soluciones prácticas a problemas sociales y ambientales, que son compartidos por todos los países.

En efecto, preocupa hoy a vastos sectores de la sociedad los efectos nocivos que puede provocar sobre nuestros pueblos --sobre nuestras culturas y sobre nuestras economías-- la globalización, la globalización asimétrica que hoy prevalece en el mundo y en las relaciones internacionales.

Yo creo que tienen razón en preocuparse porque estos efectos nocivos potenciales están presentes, como también están presentes las grandes oportunidades que presenta el fenómeno de la globalización. Oportunidades, pero también amenazas.

¿Y cómo hacemos para maximizar las ventajas y minimizar las amenazas?

Bueno, ciertamente que no es aislándonos en un mundo cada vez más interconectado, de cuyas fuerzas dinámicas no puede escapar ninguna nación del mundo, más grande o más pequeña.

Yo creo que generar defensas y la primera --sin duda la gran defensa-- es manejar bien internamente las economías, con buenas políticas macroeconómicas, serias y responsables y buenas políticas sociales. La segunda es fortalecer la integración entre nosotros mismos.

¿Qué es lo que hizo Europa?

Que está defendida y blindada frente a las grandes corrientes de las turbulencias internacionales.

Yo creo que fortalecer la cooperación regional es abrir puertas a crear oportunidades dentro de nuestra propia región, pero al mismo tiempo blindar nuestras economías frente a las turbulencias que nos llegan del mercado internacional.

Por eso es que creo que es importante reiterar estas convicciones que yo tengo personalmente en la integración --que lo tengo a lo largo de toda mi vida-- en donde he pensado siempre que si la integración siempre fue un objetivo en el pasado, hoy es un imperativo, hoy es un destino.

Entonces, tenemos que fortalecer la integración y la cooperación regional para ser mejores hacia adentro y mejores hacia afuera.

¿Qué se ha conseguido en este primer año desde el lanzamiento del Plan?

Yo creo que tal vez, el primer logro haya sido la consolidación de un Mecanismo de Consulta y de Coordinación Política que permita a los países tomar decisiones rápidas sobre proyectos regionales y ejecutarlos.

Para quienes ya tenemos una larga vida en este tema del desarrollo, este tipo de institución, de coordinación es muy importante.

¿Cuántas veces hemos visto excelentes iniciativas estancadas, por la ausencia de consensos, la falta de visión de largo plazo o a veces la renuencia de dejar atrás suspicacias estériles que aún persisten entre nosotros?

Yo creo que con este Plan, los países mesoamericanos demuestran al mundo su empeño por conseguir --a paso acelerado-- niveles de integración que otras regiones tardaron mucho en alcanzar.

A nuestro entender, este Mecanismo de Consulta y Coordinación Política --que deberá reforzarse para incorporar a otros sectores de la vida política, económica y social de la región-- es en donde está realmente la capacidad que tiene Mesoamérica de lanzarse a programas importantes y sólidos de cooperación.

Yo creo que hay que felicitar --en este sentido-- a los comisionados presidenciales, por la excelente labor que han hecho de poder llevar adelante esta iniciativa y poner, en el plazo de un año, tantas cosas en la mesa como logros concretos.

La fuerza catalítica del Plan, que ha sido una de sus grandes virtudes, propició --por ejemplo-- los acuerdos necesarios para la aprobación de un nuevo esquema financiero para el Sistema de Interconexión Eléctrica para los países de América Central. Un proyecto que fue concebido hace más de tres décadas.

Yo recordaba ayer a los empresarios que cuando llegué a CEPAL en el año 72 y visité la oficina de CEPAL en México, el primer proyecto que teníamos arriba de la mesa era la integración energética centroamericana. Abril de 1972.

Bueno, finalmente tomamos un tiempito, pero en 30 años llegamos, ¿no? Bueno. Yo creo que es el primer logro que ha hecho este Programa.

Y es interesante porque en este caso, la limitación no era la falta de recursos, nunca lo fue. De hecho, hacía ya varios años que el BID y el Gobierno de España habían comprometido financiamiento por más de 240 millones de dólares que estaban a disposición.

Fue el empuje del Plan Puebla-Panamá que pudo cristalizar el consenso regional para llevar adelante este proyecto, que a su vez va a atraer recursos del sector privado. Porque este proyecto, ésta gran carretera de transmisión energética va a permitir que durante los próximos años, en una década, se hagan posible inversiones anuales de 700 millones de dólares en plantas energéticas para atender la creciente demanda de energía de toda esta región.

Bajo el CSUCA se va a construir una línea de transmisión de mil 830 kilómetros que vinculará a los sistemas nacionales de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, y este sistema se va a conectar con Belice y México, complementando así, la integración mesoamericana.

Este proceso, además de constituir una red regional más confiable que superará las limitaciones de los mercados pequeños y aislados y hará posible, entre otras, cosas extenderse frente a las crisis, que muchas veces las secas y las inundaciones provocan dificultades en estos países en materia de abastecimiento energético y, sobre todo, va a reducir los costos de la energía en la región para mejorar la competitividad y, al mismo, facilitar a servicios eléctricos más y más llegando a más y más familias.

Con el mismo espíritu se ha avanzado en este primer año en la iniciativa de integración vial del Plan. Durante esta reunión en Mérida, los Jefes de Estado y de Gobierno van a firmar un memorándum de entendimiento, que va a definir el marco legal, institucional, regulatorio y ordenativo para la Red Internacional de Carreteras Mesoamericana, lo que acabo de llamar el RICAM.

El documento incluye la propuesta de corredores viales de integración acordados por los ministerios de Transporte y Obras Públicas y los comisionados del Plan, y que detalla el informe de avance de tareas que vamos a poner a disposición de los Jefes de Estado en el día de hoy.

Esta Red de corredores prioritarios de casi 9 mil kilómetros de longitud y con un costo aproximado de unos 3 mil 500 millones de dólares, refleja otro aspecto del Plan Mesoamericano, no sólo busca vincular a los ocho países mediante carreteras más transitables y seguras, sino que se apoyen criterios de racionalidad y prudencia fiscal. No sería bueno insistir en estos planes sobre la base de recursos que pudieran, de alguna manera, poner en peligro la solidez fiscal y financiera de los países.

Casi todo el sistema vial se apoya en mejorar carreteras existentes, un factor que permitirá ahorrar tiempo, recursos e impactos ambientales; pero, es muy importante como parte del financiamiento que se van abrir oportunidades para que algunos tramos puedan ser concesionados, y se está estimando en esta primera etapa, algo así como más de mil millones de dólares posibles en costo de obras, que podrían ser financiadas por el sector privado. Y esperamos que esta reunión abra el apetito no solamente de este estupendo desayuno, sino también de hacer buenas inversiones de aquí los empresarios que nos acompañan en la mañana de hoy.

Y a eso se va a agregar, por supuesto, los recursos de este consorcio de instituciones que integramos y acompañamos por el Banco Mundial, el Banco Centroamericano, la CAF y, por supuesto, esperamos también la cooperación bilateral como quedó ayer de manifiesto con las presentaciones de los organismos de cooperación de Japón y del Reino Unido.

Yo creo, sin embargo, y le repito algo que dijimos ayer: que poco serviría mejorar carreteras si no se superan otros obstáculos a la creación del transporte, para tener un transporte integrado y eficiente.

Por esto, es que la integración vial se va a complementar con la iniciativa de facilitar el intercambio comercial y el aumento de la competitividad.

Hay proyectos para modernizar aduanas y pasos fronterizos en puntos clave de la Red Mesoamericana. Hay proyectos para modernizar normas que regulen el comercio, el transporte de mercaderías, medidas de seguridad zoosanitarias y fitosanitarias, el BID está financiando estos proyectos que están en las etapas finales de diseño.

Mediante estas iniciativas, la región mesoamericana quedará dotada de una infraestructura vial que le permitirá --como decía-- reducir los costos de transporte y aumentar la competitividad, y por esa vía aumentar el comercio regional y al resto del mundo.

Acaso podría preguntarse: ¿por qué éste rápido progreso de la iniciativa del Plan en el campo de la infraestructura en este primer año?

La explicación es muy simple, porque estas iniciativas se deben y se aceleraron en parte, porque había muchas propuestas acumuladas en el pasado de larga data que nunca llegaban a concretarse, y el factor catalítico del Plan permitió concretarlas.

Esa es la explicación de por qué ha habido en esta primera etapa una presencia muy fuerte de la infraestructura física en el desarrollo del Plan.

Pero la propuesta mesoamericana y el Plan apunta mucho más que a las obras de infraestructura vial, energética y de telecomunicaciones, donde también hay importantes avances en la autopista mesoamericana de información.

A nadie se escapa que aumentar la competitividad es fundamental para acelerar el crecimiento económico y el crecimiento, es utópico pensarlo, tiende a reducir los niveles de pobreza y desigualdad que sufre la región.

Esos efectos no nos deben hacer perder de vista la otra gran dimensión del Plan, que son los objetivos sociales. Hoy ha habido progreso ya en este año también en iniciativas sociales del Plan, algunas de gran relevancia.

Por ejemplo, la capacidad de convocatoria del Plan y la decisión política permitió a los países participantes identificar un área en donde pueden beneficiarse mediante la cooperación, la salud.

Los ministros del ramo de la región han propuesto un Programa Mesoamericano de Vigilancia Contra Riesgos Sanitarios de prevención, control y manejo de enfermedades, como el SIDA, la tuberculosis, la malaria y el dengue.

Como un primer paso, mediante una donación del Banco, se llevará adelante un proyecto de VIH-SIDA para aprobaciones móviles de 11 puntos de paso entre los países mesoamericanos y con participación de los programas nacionales y los organismos no gubernamentales.

Desde luego, desde luego que hay otras cosas más. Los ministros de Educación se reunieron para diseñar un amplio programa de cooperación en materia educativa, pilar fundamental del desarrollo de nuestros pueblos y donde la cooperación México-Centroamérica puede ser enormemente relevante. A ello se han sumado también instituciones tan importantes, como las universidades y los centros de investigación.

Los ministros de Agricultura están alentando proyectos de cooperación en esta área tan importante, donde reposa un núcleo tan grande de pobreza en nuestra Mesoamérica.

En el mismo sentido se orienta la promoción de las redes turísticas con la cooperación de los ministerios del ramo, de la protección ambiental, de la defensa común frente a los impactos de los desastres naturales.

Queda mucho por hacer. Es sólo un año que ha pasado nada más, sólo un año. Hay que tener siempre en vista que es apenas el inicio del Plan.

Yo quisiera, sin embargo, sugerirles con todo respeto, un desafío muy concreto para este segundo año del Plan, y éste sería concretarlo en tres grandes objetivos prioritarios:

Primero, avanzar con paso acelerado en las iniciativas del desarrollo humano, del desarrollo sustentable y en la prevención frente a los desastres naturales.

Segundo, apelar a la vocación de participación de la sociedad civil para movilizar, a través de los mecanismos de consulta, a sus fuerzas creativas.

Y por último y en tercer lugar, convocar a la cooperación internacional ampliada para movilizar donaciones, asistencia técnica, con propuestas prácticas, con objetivos claros y resultados medidos. Y entre todo eso, tenemos amplia experiencia en esta región.

Yo creo que sobre esta base, mediante todas esas iniciativas, yo creo que se van a mantener en los próximos tiempos ritmos importantes que nos van a permitir ciertamente avanzar en esa fase tan significativa como son los instrumentos para la cooperación en materia social.

En el escenario internacional se puede ya vislumbrar una tendencia auspiciosa para esta región. Algunos sectores que se habían caracterizado por su posición crítica al proceso de globalización, en general; y a los proyectos de integración, en particular, están pasando de la protesta a la propuesta.

Organizaciones que se oponían a la liberalización del comercio internacional, ahora reclaman la apertura de mercados y la reducción de los subsidios agrícolas de los países industriales.

Grupos preocupados por la justicia social y la defensa ambiental, han hallado que pueden lograr sus objetivos si trabajan con las grandes empresas que llegan a millones de consumidores a diario.

Tal es el caso, por ejemplo, de las ONG’s que promovieron las variedades de café orgánico, ecológico y de comercio justo, que les permiten a productores en México y América Central conseguir mejores precios por sus granos.

Paradójicamente tal vez los mejores aliados resulten de ser los mismos emporios multinacionales que han sido blanco de la furia frente a la globalización y que se vio en Seattle, y que ahora puede ser que nuevos puentes de comunicación permitan una colaboración en la cual de esta manera se beneficiarían todos.

Se beneficiaría el cafeticultor que aumentaría sus ingresos; el consumidor, que consigue un producto de mayor calidad; el ecologista, que reduce el impacto ambiental; la empresa comercializadora de café mejora su imagen y hasta los ministros de Hacienda van a tener un mejor avance en la solución de su prueba de balance de pagos.

Yo creo que hay que saber aprovechar todas esas oportunidades.

En las primeras rondas de información y consulta sobre el Plan que acaba de hacer el Banco en distintos países centroamericanos, hemos detectado un vivo interés por parte de distintas organizaciones de la sociedad civil, desde grupos indígenas interesados en la propuesta de expo-turismo que involucra la asociación entre operadores hoteleros internacionales y comunidades locales para desarrollar emprendimientos turísticos ecológicos y también dirigentes sociales con ideas para impulsar proyectos de educación para minorías étnicas y grupos de bajos ingresos.

Es por eso que con este espíritu, en la tarde de hoy hemos invitado a un foro sobre temas sociales y ambientales en el marco del Plan Puebla-Panamá, en donde diversas figuras de la sociedad civil mesoamericana --académicos, ecologistas, dirigentes indígenas y empresariales-- van a dialogar con los comisionados presidenciales sobre sus propias propuestas en áreas como el desarrollo sostenible, el desarrollo municipal, la educación, el impulso a la pequeña y mediana empresa, un tema significativo y en el cual ayer se hicieron propuestas interesantes.

Yo quisiera terminar diciendo lo siguiente:

El Plan Puebla-Panamá está evolucionando, se está perfeccionando, está aprendiendo en la marcha, hace horizontes que quizá no se tuvieron capacidad de prever hace un año.

Este perfeccionamiento surge de una especial sinergia que se está creando entre la región centroamericana con tradiciones muy antiguas en materia de integración regional y los Estados Unidos Mexicanos que desean vigorizar esas relaciones con Centroamérica, redoblando apoyo a los estados del sur mexicano, vecinos de Centroamérica, con los cuales comparten problemas, aspiraciones y posibilidades.

Como muy bien señaló ayer el Presidente Fox y el Presidente Bolaños, esta tarea será progresiva, se irá enriqueciendo en la marcha.

En este camino hay que convocar al sector privado, como se ha hecho aquí, hay que seguir colaborando y convocar a los sectores sociales, a los sectores de las Organizaciones No Gubernamentales, a la sociedad civil para hacer realmente de este esfuerzo un gran esfuerzo, donde todo el mundo participe y todo el mundo tenga algo que contribuir para el mejoramiento del mismo y lograr lo que todos queremos: que es una Mesoamérica creciendo, como modernidad, pero al mismo tiempo en paz y con justicia social. Ése es el espíritu que nos anima en esta empresa.

Mucho éxito y muchas gracias.

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Junio 30, 2002

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