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Implicaciones del Tratado de Libre Comercio entre EEUU y Centro América

John R. Hamilton, Embajador de EE.UU. en Guatemala
Foro de la Asociación de Gerentes de Guatemala (AGG)
10 de Junio de 2003


E
s un gusto estar con ustedes el día de hoy para abordar un tema que cambiará la forma de realizar nuestras transacciones comerciales - y que implica otros cambios también. El Tratado de Libre Comecio que estamos negociando podría ser el proceso de desarrollo más importante entre los Estados Unidos y Centro América, desde que el Presidente Kennedy anunció la Alianza para el Progreso. Estoy convencido de que el Tratado de Libre Comercio será un punto crucial en la historia de esta región.

También creo que le dará un enorme impulso al proceso de integración económica que está encaminado en Centro América. El tratado de libre comercio que buscamos, al que me referiré aquí como CAFTA (Tratado de Libre Comercio de Centro América), es en muchos aspectos más, un ejercicio de integración económica que un tratado de libre comercio como el que los centroamericanos negociaron en el pasado.

Permítanme explicarles. 

El propósito y las técnicas de muchas negociaciones comerciales pueden ser de una naturaleza mercantilista. Cada parte trata de accesar el otro mercado haciendo la concesión más baja que sea posible. Es un ejercicio de regateo. Por ejemplo, un país no permite el ingreso de computadoras y leche a menos que el otro autorize el ingreso de aguacates y zapatos. Eso no es lo que estamos tratando de lograr aquí.

Créanme, que si fuera así, nuestros negociadores no estarían en Centro América, donde los consumidores aceptan nuestros bienes y servicios fácilmente, con relativamente pocas barreras para su ingreso. Los negociadores estadounidenses estarían concentrando su atención en los lugares donde tenemos verdaderos problemas de acceso a los enormes mercados, tales como Europa, China o Japón, y no aquí.

¿Porqué están aquí los negociadores? El Presidente George W. Bush lo dijo claramente cuando, a principios del año pasado, anunció su intención de explorar un tratado de libre comercio con Centro América. El dijo, "los mercados libres y un mercado abierto son las mejores armas en contra de la pobreza, la enfermedad y la tiranía." Combatir la pobreza y la enfermedad, y fortalecer las instituciones democráticas, son precisamente las razones por las cuales hemos entrado en las negociaciones.

Centro América es nuestro vecino más cercano en el continente, fuera de NAFTA. Como vecinos y amigos, estamos muy conscientes de los cambios radicales y de los reveses que han sido el resultado de varias décadas de conflicto interno. Los Estados Unidos verdaderamente quiere ayudar a sus vecinos para que generen los niveles de crecimiento económico necesarios para un desarrollo sostenible, para que proporcionen servicios sociales e inversión, y para que consoliden instituciones gubernamentales que merezcan la confianza del pueblo. Nosotros queremos ayudar, porque es lo justo para nuestros amigos y vecinos, y también porque es en beneficio de nuestros intereses nacionales. Durante años Centro América ha sido la fuente de mucha inmigración ilegal hacia los Estados Unidos, convirtiéndose en el puente de tránsito principal de drogas e ilegales provenientes de otras partes. Las economías débiles, los servicios sociales inadecuados, las instituciones frágiles, y el crecimiento de la influencia del crimen organizado únicamente empeoran estos problemas.

Después de los ataques del 11 de septiembre, la importancia de contar con vecinos prósperos y socios confiables contra el crimen transnacional, es mucho más crítica. Verdaderamente queremos, y necesitamos, una Centro América próspera.

¿Cómo puede ayudar CAFTA? Si los mercados libres y el comercio abierto son armas contra la "pobreza, la enfermedad y la tiranía," es porque los mercados libres y abiertos son esenciales para atraer la inversión. La mejor forma para definir lo que quiere decir "libre y abierto", es describir lo opuesto. Los mercados no son libres o abiertos cuando el proceso para retirar mercadería de la aduana o tramitar un permiso gubernamental es impredecible y enfrenta demoras indefinidas. No son libres y abiertos los mercados cuando el comercio legítimo tiene que competir con el contrabando del crimen organizado que no paga impuestos. Tampoco son mercados libres y abiertos cuando se violan los contratos con impunidad, porque recurrir a los tribunales es demasiado caro, tardado y no confiable. Estos son mercados donde todavía puede haber algún comercio, pero son mercados que asustan a los inversionistas. Los inversionistas guatemaltecos se quedarán marginados y sin poder participar, y los inversionistas extranjeros simplemente no vendrán. Si ustedes ven las estadísticas para Guatemala, observarán que ha venido muy poca inversión extranjera en los últimos años, particularmente si se excluye la compra de las empresas estatales de teléfonos y de electricidad. Y si no hay nueva inversión, no hay nuevos trabajos, ni nueva tecnología, y el nivel de vida se quedará rezagado.

Lo que estamos tratando de lograr con CAFTA es establecer reglas claras y equitativas en común, para llevar a cabo negocios en la región. Estas serán reglas que los hombres de negocios entenderán, que son fáciles, que se pueden seguir, y que se aplican para todos por igual. Reglas contra las decisiones arbitrarias de los burócratas, de los trámites tardados y caros, de la competencia desleal de los que tienen amigos en las altas esferas o en el crimen organizado. También, las reglas se tendrán que aplicar eficientemente para resolver conflictos de una forma rápida e imparcial. Este es el tipo de reglas que los comerciantes buscan para decidir dónde van a invertir su dinero, dónde van a construir nuevas fábricas, y dónde van a generar nuevos trabajos. Es interesante que son las mismas reglas que valoran los derechos y las libertades individuales, que los protegen de gobiernos abusivos o de estructuras paralelas, y esta es la razón por la cual el Presidente Bush dijo que los mercados libres y el comercio abierto también eran armas contra la "tiranía."

Si tenemos éxito para desarrollar reglas en común que nos permitan realizar negocios en esta región, habremos avanzado mucho hacia una integración económica real. Pero ese resultado todavía no está garantizado. Un acuerdo ideal, y uno que hemos tratado de negociar, sería un acuerdo entre los Estados Unidos y una Centro América unida, no cinco acuerdos entre los Estados Unidos y cada una de las naciones centroamericanas. Estamos alentando a los gobiernos centroamericanos para que hablen con una sola voz durante todo este proceso, pero la unidad no tendría que ser el único objetivo. Centro América tiene esta oportunidad para unirse implementando buenas prácticas y una agenda moderna. Sería una lástima empantanarse en una unidad integrada por los denominadores comunes más bajos.

¿En dónde nos encontramos con las negociaciones? Diferentes observadores han ofrecido diferentes respuestas a esa pregunta, y aquí está la mía. Sé que han habido muchas discusiones en la prensa sobre los países que han hecho propuestas de acceso al mercado, que son demasiado conservadoras, y qué ofertas potencialmente dan demasiado. Francamente, creo que es demasiado temprano para interpretar cualquier punto diferente a lo que se ha puesto sobre la mesa. Al final de la última ronda de negociaciones, aquí en Guatemala el 16 de mayo, la negociadora de los Estados Unidos, Regina Vargo, señaló dos amplios objetivos para esa ronda. El primero era introducir nuestras propuestas en todas las áreas, y el segundo era intercambiar los ofrecimientos iniciales. Se lograron ambos objetivos. Posiblemente algunos ofrecimientos fueron más agresivos que otros, pero ese no es el punto. El propósito de la cuarta ronda era establecer un punto de salida desde el cual se pudiera avanzar. La pregunta ahora no es si avanzamos sino cuán rápido lo hacemos.

Al considerar el ritmo de la negociación, quisiera ofrecerles este pensamiento. La mayoría de los acuerdos comerciales requieren años de negociación. En CAFTA tenemos nueve rondas, aproximadamente una por mes, todas dentro de este año calendario. Nueve rondas no darán mucho tiempo para discusiones serias sobre los temas más sensibles. Hemos alentado a Centro América para que se mueva ágilmente con ofertas de acceso de mercado generosas y que podamos avanzar encontrando mecanismos para los productos más sensitivos. Todos sabemos que estos productos son artículos de la industria del vestuario, el azúcar, el pollo y el maíz. Estoy convencido de que podemos encontrar formas mútuamente satisfactorias para manejar estos y otros sectores sensitivos, pero únicamente si los tratamos a fondo. Y esto no lo podremos lograr si estamos regateando el incremento de pequeñas mejoras en nuestras ofertas al entrar en las rondas finales. Si vamos a tratar con seriedad los temas difíciles, tenemos que ser ambiciosos para lograr acuerdos en los temas más fáciles.

Reconozco que algunos hubieran querido ver una oferta más ambiciosa de parte de los Estados Unidos durante la última ronda. Nosotros, de nuestra parte, hubiéramos querido más de Centro América. Pero ese será el trabajo durante las próximas cinco rondas. Déjenme asegurarles que vendrán más ofrecimientos ambiciosos de los Estados Unidos. Nuestra intención es consolidar los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe e ir más allá de lo que ese programa ofrece. Tal y como el Presidente Bush le dijera a los Presidentes centroamericanos en Washington en abril, no tenemos la intención de negociar un CAFTA que no sea más ventajoso para Centro América de lo que ha sido. Pero para llegar a ese punto en diciembre, Centro América tiene que estar preparada para avanzar. Yo creo que Guatemala lo ha reconocido mejor que otros vecinos, posiblemente porque este país tiene más que ganar con un acuerdo detallado y bien razonado.

Resumiendo, CAFTA ofrece una oportunidad histórica para una sociedad en varios niveles -- entre los países centroamericanos; entre los centroamericanos y los Estados Unidos, y como parte de una comunidad de países dedicados a un crecimiento económico mayor, una democracia más inclusiva, y un legado de paz y prosperidad para las próximas generaciones.

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Junio 28, 2003

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