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Es
un gusto estar con ustedes el día de hoy para abordar un tema que cambiará
la forma de realizar nuestras transacciones comerciales - y que implica
otros cambios también. El Tratado de Libre Comecio que estamos negociando
podría ser el proceso de desarrollo más importante entre los Estados Unidos
y Centro América, desde que el Presidente Kennedy anunció la Alianza para el
Progreso. Estoy convencido de que el Tratado de Libre Comercio será un punto
crucial en la historia de esta región.
También creo
que le dará un enorme impulso al proceso de integración económica que está
encaminado en Centro América. El tratado de libre comercio que buscamos, al que
me referiré aquí como CAFTA (Tratado de Libre Comercio de Centro América), es
en muchos aspectos más, un ejercicio de integración económica que un tratado de
libre comercio como el que los centroamericanos negociaron en el pasado.
Permítanme
explicarles.
El propósito
y las técnicas de muchas negociaciones comerciales pueden ser de una naturaleza
mercantilista. Cada parte trata de accesar el otro mercado haciendo la
concesión más baja que sea posible. Es un ejercicio de regateo. Por ejemplo, un
país no permite el ingreso de computadoras y leche a menos que el otro autorize
el ingreso de aguacates y zapatos. Eso no es lo que estamos tratando de lograr
aquí.
Créanme, que
si fuera así, nuestros negociadores no estarían en Centro América, donde los
consumidores aceptan nuestros bienes y servicios fácilmente, con relativamente
pocas barreras para su ingreso. Los negociadores estadounidenses estarían
concentrando su atención en los lugares donde tenemos verdaderos problemas de
acceso a los enormes mercados, tales como Europa, China o Japón, y no aquí.
¿Porqué
están aquí los negociadores? El Presidente George W. Bush lo dijo claramente
cuando, a principios del año pasado, anunció su intención de explorar un
tratado de libre comercio con Centro América. El dijo, "los mercados libres y
un mercado abierto son las mejores armas en contra de la pobreza, la enfermedad
y la tiranía." Combatir la pobreza y la enfermedad, y fortalecer las
instituciones democráticas, son precisamente las razones por las cuales hemos
entrado en las negociaciones.
Centro
América es nuestro vecino más cercano en el continente, fuera de NAFTA. Como
vecinos y amigos, estamos muy conscientes de los cambios radicales y de los
reveses que han sido el resultado de varias décadas de conflicto interno. Los
Estados Unidos verdaderamente quiere ayudar a sus vecinos para que generen los
niveles de crecimiento económico necesarios para un desarrollo sostenible, para
que proporcionen servicios sociales e inversión, y para que consoliden
instituciones gubernamentales que merezcan la confianza del pueblo. Nosotros
queremos ayudar, porque es lo justo para nuestros amigos y vecinos, y también
porque es en beneficio de nuestros intereses nacionales. Durante años Centro
América ha sido la fuente de mucha inmigración ilegal hacia los Estados Unidos,
convirtiéndose en el puente de tránsito principal de drogas e ilegales
provenientes de otras partes. Las economías débiles, los servicios sociales
inadecuados, las instituciones frágiles, y el crecimiento de la influencia del
crimen organizado únicamente empeoran estos problemas.
Después de
los ataques del 11 de septiembre, la importancia de contar con vecinos
prósperos y socios confiables contra el crimen transnacional, es mucho más
crítica. Verdaderamente queremos, y necesitamos, una Centro América próspera.
¿Cómo puede
ayudar CAFTA? Si los mercados libres y el comercio abierto son armas contra la
"pobreza, la enfermedad y la tiranía," es porque los mercados libres y abiertos
son esenciales para atraer la inversión. La mejor forma para definir lo que
quiere decir "libre y abierto", es describir lo opuesto. Los mercados no son
libres o abiertos cuando el proceso para retirar mercadería de la aduana o
tramitar un permiso gubernamental es impredecible y enfrenta demoras
indefinidas. No son libres y abiertos los mercados cuando el comercio legítimo
tiene que competir con el contrabando del crimen organizado que no paga
impuestos. Tampoco son mercados libres y abiertos cuando se violan los
contratos con impunidad, porque recurrir a los tribunales es demasiado caro,
tardado y no confiable. Estos son mercados donde todavía puede haber algún
comercio, pero son mercados que asustan a los inversionistas. Los
inversionistas guatemaltecos se quedarán marginados y sin poder participar, y
los inversionistas extranjeros simplemente no vendrán. Si ustedes ven las
estadísticas para Guatemala, observarán que ha venido muy poca inversión
extranjera en los últimos años, particularmente si se excluye la compra de las
empresas estatales de teléfonos y de electricidad. Y si no hay nueva inversión,
no hay nuevos trabajos, ni nueva tecnología, y el nivel de vida se quedará
rezagado.
Lo que
estamos tratando de lograr con CAFTA es establecer reglas claras y equitativas
en común, para llevar a cabo negocios en la región. Estas serán reglas que los
hombres de negocios entenderán, que son fáciles, que se pueden seguir, y que se
aplican para todos por igual. Reglas contra las decisiones arbitrarias de los
burócratas, de los trámites tardados y caros, de la competencia desleal de los
que tienen amigos en las altas esferas o en el crimen organizado. También, las
reglas se tendrán que aplicar eficientemente para resolver conflictos de una
forma rápida e imparcial. Este es el tipo de reglas que los comerciantes buscan
para decidir dónde van a invertir su dinero, dónde van a construir nuevas
fábricas, y dónde van a generar nuevos trabajos. Es interesante que son las
mismas reglas que valoran los derechos y las libertades individuales, que los
protegen de gobiernos abusivos o de estructuras paralelas, y esta es la razón
por la cual el Presidente Bush dijo que los mercados libres y el comercio
abierto también eran armas contra la "tiranía."
Si tenemos
éxito para desarrollar reglas en común que nos permitan realizar negocios en
esta región, habremos avanzado mucho hacia una integración económica real. Pero
ese resultado todavía no está garantizado. Un acuerdo ideal, y uno que hemos
tratado de negociar, sería un acuerdo entre los Estados Unidos y una Centro
América unida, no cinco acuerdos entre los Estados Unidos y cada una de las
naciones centroamericanas. Estamos alentando a los gobiernos centroamericanos
para que hablen con una sola voz durante todo este proceso, pero la unidad no
tendría que ser el único objetivo. Centro América tiene esta oportunidad para
unirse implementando buenas prácticas y una agenda moderna. Sería una lástima
empantanarse en una unidad integrada por los denominadores comunes más bajos.
¿En dónde
nos encontramos con las negociaciones? Diferentes observadores han ofrecido
diferentes respuestas a esa pregunta, y aquí está la mía. Sé que han habido
muchas discusiones en la prensa sobre los países que han hecho propuestas de
acceso al mercado, que son demasiado conservadoras, y qué ofertas
potencialmente dan demasiado. Francamente, creo que es demasiado temprano para
interpretar cualquier punto diferente a lo que se ha puesto sobre la mesa. Al
final de la última ronda de negociaciones, aquí en Guatemala el 16 de mayo, la
negociadora de los Estados Unidos, Regina Vargo, señaló dos amplios objetivos
para esa ronda. El primero era introducir nuestras propuestas en todas las
áreas, y el segundo era intercambiar los ofrecimientos iniciales. Se lograron
ambos objetivos. Posiblemente algunos ofrecimientos fueron más agresivos que
otros, pero ese no es el punto. El propósito de la cuarta ronda era establecer
un punto de salida desde el cual se pudiera avanzar. La pregunta ahora no es si
avanzamos sino cuán rápido lo hacemos.
Al
considerar el ritmo de la negociación, quisiera ofrecerles este pensamiento. La
mayoría de los acuerdos comerciales requieren años de negociación. En CAFTA
tenemos nueve rondas, aproximadamente una por mes, todas dentro de este año
calendario. Nueve rondas no darán mucho tiempo para discusiones serias sobre
los temas más sensibles. Hemos alentado a Centro América para que se mueva
ágilmente con ofertas de acceso de mercado generosas y que podamos avanzar
encontrando mecanismos para los productos más sensitivos. Todos sabemos que
estos productos son artículos de la industria del vestuario, el azúcar, el
pollo y el maíz. Estoy convencido de que podemos encontrar formas mútuamente
satisfactorias para manejar estos y otros sectores sensitivos, pero únicamente
si los tratamos a fondo. Y esto no lo podremos lograr si estamos regateando el
incremento de pequeñas mejoras en nuestras ofertas al entrar en las rondas
finales. Si vamos a tratar con seriedad los temas difíciles, tenemos que ser
ambiciosos para lograr acuerdos en los temas más fáciles.
Reconozco
que algunos hubieran querido ver una oferta más ambiciosa de parte de los
Estados Unidos durante la última ronda. Nosotros, de nuestra parte, hubiéramos
querido más de Centro América. Pero ese será el trabajo durante las próximas
cinco rondas. Déjenme asegurarles que vendrán más ofrecimientos ambiciosos de
los Estados Unidos. Nuestra intención es consolidar los beneficios de la
Iniciativa de la Cuenca del Caribe e ir más allá de lo que ese programa ofrece.
Tal y como el Presidente Bush le dijera a los Presidentes centroamericanos en
Washington en abril, no tenemos la intención de negociar un CAFTA que no sea
más ventajoso para Centro América de lo que ha sido. Pero para llegar a ese
punto en diciembre, Centro América tiene que estar preparada para avanzar. Yo
creo que Guatemala lo ha reconocido mejor que otros vecinos, posiblemente
porque este país tiene más que ganar con un acuerdo detallado y bien razonado.
Resumiendo,
CAFTA ofrece una oportunidad histórica para una sociedad en varios niveles --
entre los países centroamericanos; entre los centroamericanos y los Estados
Unidos, y como parte de una comunidad de países dedicados a un crecimiento
económico mayor, una democracia más inclusiva, y un legado de paz y prosperidad
para las próximas generaciones.
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Junio 28, 2003
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