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Se puede acallar voces, no conciencias

Favor poner en "Asunto" el título y autor del artículo

Soledad Morillo Belloso

Cada vez que escucho o leo a alguien afirmar - colegas incluidos - que este régimen es muy respetuoso de la libertad de expresión, termino frunciendo el ceño. Siempre me  pregunto qué clase de respeto es tener un presidente que utiliza los medios en cadena para, a leco herido, retar, insultar, vilipendiar y vejar a cuanto periódico, canal de tv, estación de radio y articulista o forjador de opinión lo adverse. Reconozco que en ocasiones cuando veo las cadenas, me asalta la duda de si será que al Presidente le pusieron algo en la silla, pues si se fijan bien, cuando está de pie está más o menos controladito. Pero cuando se sienta, ¡madre mía!, arranca la gritadera y la incontinencia.

Pareciera que tenemos un país muy sui géneris. Un país con habitantes con la mirada clavada en el espejo retrovisor, obsesionados por el pasado. Si se critica al régimen por considerarlo intolerante, lo usual es escuchar que la cosa fue mucho peor en otros gobiernos. Y, cual plañideras, voces diversas arrancan a entonar la letanía de los desafueros ocurridos en tiempos de Betancourt, Leoni, Caldera 1, CAP 1, Luis Herrera, Lusinchi, CAP 2, Velázquez, Caldera 2. Esos argumentos provienen no sólo de voces chavistas, sino también de contrarios a la revolución. Soy de la opinión que la comparación con la mediocridad sólo puede servir para producir aún mayor mediocridad. Los desmanes del pasado constituyen baladí excusa para explicar lo que ocurre hoy, pues no es más que patética justificación para continuar alejándonos del deber ser. Más lamentable aún es compararnos con países que están peor que nosotros. Que si en Afganistán la cosa es terrible; que si en Cuba no se puede ni pensar en contrastar a Fidel; que si en Indonesia milicias del gobierno quemaron a los timorenses. Es decir, sintámonos felices, porque vivimos en Venezuela, país de ciegos donde el tuerto es rey. Démonos con una piedra en los dientes porque a esta tierra de gracia ha llegado la felicidad de la revolución.

Pasado el tiempo de la farsa, y percatándose de su propia incompetencia para administrar el país, ahora el régimen comienza a poner presión en el alicate. Ya no son suficientes los gritos destemplados del Presidente, ni las pinchadas de teléfonos de la "Disí", ni las concentraciones de multitudes elevando consignas destructivas. A principios de este año, se llevaron preso a Pablo Aure, violando toda norma relativa al debido proceso y pisoteando todo lo establecido en nuestra Constitución Nacional, la "Deluxe", como suelo llamarla. Y aún hoy , pasados varios meses, la cosa está indefinida, en una suerte de limbo judicial, a pesar de que hasta hay cartas de organizaciones internacionales abogando porque se aclare la situación. Hace unos días un grupo de ciudadanos fueron a protestar
pacíficamente ante las puertas de la embajada de Cuba. El régimen venezolano, absolutamente respetuoso como es de las libertades civiles, mandó sus hordas de cabilleros. Me llegó un reporte de un manifestante, del cual extraigo la siguiente frase: "A uno de esos honorables ciudadanos le recomendé no encender un cigarrillo; era tal su ingesta alcohólica, que de acercarse al fuego bien podía convertirse en una antorcha humana".

El Presidente hace veladas y no tan veladas amenazas a los medios. Pero como este régimen no descuella por la creatividad, la cosa viene por los lados de las declaraciones de impuestos, táctica de vieja data implantada nacional e internacionalmente por los regímenes que creen en el uso de la amenaza y la represión (como forma de "hacer Patria). Pero además, en cadena nacional, el ciudadano presidente le recomienda al pueblo no hacer caso de lo que  dicen estos medios. Dice que en las mesas editoriales se sientan "envenenadores de oficio", que masacran el trabajo de los periodistas, y titulan las notas con "virulillo". No dice que no compren esos periódicos de los escuálidos, pero
lo sugiere. Ah, el poder de los metamensajes.

El alicate se siguió apretando, y el Presidente, visiblemente alterado por las declaraciones de la Sra. Lourdes Flores (peruana, dirigente del movimiento demócrata cristiano mundial), amenaza con que la próxima vez que un extranjero se atreva a criticar al país, al gobierno, al presidente, lo pondrá de patitas en la frontera. Lo dijo varias veces, y en una de ellas hasta habló de poner preso a quien ofenda. Con esta amenaza, el Jefe del Estado desconoce los convenios suscritos por Venezuela, que son muy claros en términos de la libertad de expresión, sin limitaciones de fronteras. ¿Extraña? No, al fin y al cabo, si alguna frase le hace cosquillitas en la oreja al Huésped de Miraflores es aquella bien famosa: "L'Etat c'est moi". El Estado soy yo.

Pero como éramos muchos y parió la abuela, el soberanísimo y autonomísimo Tribunal Supremo de Justicia produce una sentencia a la cual no le cabe sino dos calificativos: castrante y cantinflérica (con todo respeto a la genialidad de Cantinflas, y a su creador Don Mario Moreno).  En ella, el magistrado Cabrera revela, no sólo su desconocimiento de la materia constitucional, sino su desprecio absoluto por los valores democráticos tan
conspicuamente plasmados en la Carta Magna. Revela su habilidad para escribir un documento tan y tan complejo que resulte de casi imposible comprensión.  Pero al ejercicio de la lectura de este texto, aparece a los ojos una retahíla de complejidades. Como bien comentara una buena amiga: "esta cosa es como si no, pues no debe leerse como se lee, digo, literalmente, sino como no dice; que lo que no dice el texto debe entenderse como si lo  dijera porque depende, ¿ve usted? y lo que debe interpretarse
que dice es lo  que no dice porque depende de la dependera, del tiempo, la oportunidad, el espacio. Y si fuese en el tiempo futuro pues se interpretaría que quizá, tal vez,  los venezolanos tendrán en el futuro libertad de expresión; pero eso no  es en el presente, sino en el pasado..". Que mi flaca amiga, de nada escuálido cerebro, tiene harta razón. Esto ya es demasiado. Que aquí, como ella bien dice, ya no es cuestión de marchas
ciudadanas, ni acciones de participación comprometida. Su propuesta es mucho más sensata: Lo que debemos propiciar es un gran evento para reír a mandíbula batiente en el Poliedro. Invitemos a tanto humorista venezolano, y convoquemos a los ciudadanos a la gran jornada para reír de este gobierno que trata de opacar al mismísimo Cantinflas. Con esta sentencia, el magistrado Cabrera ha hecho gala de su desprecio a la libertad de
pensamiento y expresión. No quiera Dios que mañana se convierta en víctima del esperpento que ha creado. Ojalá no le ocurra como al Dr. Trino Alcides Díaz, quien hoy se queja de la inexistencia del Estado de Derecho, y de la violación de derechos ciudadanos. Que a algunos les cuesta entender que cuando enmudecen ante los desmanes cometidos contra otros, están de alguna forma allanando el camino para el desafuero que puedan sufrir en carne propia, cuando el viento cambie y la brisa les pegue de frente. Y el viento, como sabemos, tiene la costumbre de cambiar.

Pero más allá de lo jocosa que pueda parecer la circunstancia, la realidad es otra. Y es cruda. Y es voraz. Y corta la democracia en lonjas y se la deglute. Es la historia de un CNE que desconoce la opinión del pueblo soberano. Es el triste fracaso de las escuelas bolivarianas. Es el caso omiso que se le hace a la sociedad cuando trata de expresarse sobre el tema de la Educación. Es la impunidad con que vemos aumentar la corrupción. Es la maniobra para pretender controlar a los trabajadores y al movimiento sindical. Es el imperdonable retraso en la promulgación de leyes, manteniendo en vilo a la sociedad que ya no se atreve a tomar decisiones, pues teme que luego pueda venir una ley que invalide sus acciones. Es un proceso de Reforma Judicial en el cual el pueblo había creído, y que ahora se ha vuelto sal y agua. Es una Ley de Tierras que será manejada directamente desde Miraflores. Son los Círculos Bolivarianos, financiados con fondos públicos. Es un Jefe de Estado que viola la Constitución al fungir como Presidente de su propio partido. Y es una ley de contenidos para los medios de la cual poco se sabe, pues Conatel tan sólo revela pedacitos, porque cuando la pedí a ese organismo lo que recibí fue la versión lindita, la que parece un panfleto de ventas preparado por redactores publicitarios.

La verdadera Democracia se basa en el respeto a las libertades. Aplicar el alicate no servirá de nada. Que se puede acallar voces, no conciencias

Junio 24, 2001

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