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Industrias y las Armas Químicas

Rogelio Pfirter
Director General de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas

I Seminario Regional
“Papel de la Industria Química y otras Industrias Relacionadas en la Aplicación de la Convención sobre la Prohibición de las Armas Químicas en América Latina y el Caribe”
Tlatelolco, D. F., 11 de junio de 2003


Q
uisiera, al inicio de estas palabras de introducción expresar mi profunda satisfacción por encontrarme esta manaña en México, rodeado de tantos amigos y en tan auspiciosa ocasión.

Llego como Director General de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas pero no puedo -y ciertamente no deseo- olvidar ni por un instante que me encuentro en un país y en una ciudad a la que me unen especiales vínculos.

Vínculos de amistad, que como diplomático argentino he construido a lo largo de los anos con tantos brillantes colegas del servicio exterior de México.

Vínculos de hermandad que como latinoamericanos unen a argentinos y mexicanos, de un extremo al otro de las Américas, en tomo a una misma lengua, un mismo origen y un mismo destino.

Y ese vínculo no se limita a mexicanos y a argentinos sino que se extiende a toda nuestra región, que tanto ha ofrecido y ofrece a la causa de la paz y la seguridad internacional a través del desarme.

Quiero destacar muy especialmente la presencia del Subsecretario Berruga, quien testimonia al acompañarnos el apoyo que México ha dado desde siempre a la causa del desarme y la no proliferación.

Permítanme en este marco "químico" hacer una digresión "nuclear".

La Prohibición de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe tiene un nombre: TLATELOLCO.

Y ese nombre dice más que mil palabras.

Encierra el recuerdo de un país, que con meridiana claridad y mucho antes que muchos otros percibió que las armas de destrucción masiva nada tenían que hacer en esta parte del mundo. Y así, a través del liderazgo legendario de figuras como Don Alfonso García Robles, México marco un camino que los países latinoamericanos seguimos después.

Y digo esto en esta casa con emoción muy especial, ya que tuve el honor, como diplomático argentino, de llegar a esta ciudad y a esta Cancilleria, para depositar el instrumento de ratificación de la Republica Argentina al Tratado de Tlatelolco.

Estas cosas no pueden olvidarse y deben siempre ser recordadas, ya que son estas iniciativas señeras, como la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina, las que hoy nos permiten en los foros del desarme hacer una contribución que otros no tienen quizá la fortuna de poder hacer.

Desde el Cono Sur de las Américas, mi país, la Argentina, junto a Brasil y Chile siguió ese ejemplo y esa visión mexicanas y en pocos anos adhirió a Tlatelolco y ya en el terreno especifico de las armas químicas, suscribió el Compromiso de Mendoza, que aun antes de la conclusión de la Convención de Armas Químicas confirmo la erradicación definitiva de esas armas de nuestros países.

Quisiera, en estas palabras de apertura, también decir que el aporte de México no solo es tradición.

No es cosa de libros de historia.

Mi gran amigo y distinguido Embajador de México, Don Santiago Oñate, quien también nos honra con su compañía esta mañana, da testimonio en La Haya de esa tradición mexicana con elegancia y talento singulares:

Saludo también la presencia del recientemente designado Representante Permanente de los Estados Unidos de América en la OPAQ, Embajador Eric Javits, otro viejo amigo de México, que también se une a nosotros para confirmar que detrás de la Convención de Armas Químicas las Américas son una sola.

Señoras y Señores, estimados amigos,

La Convención sobre Prohibición de Armas Químicas es un instrumento único en su género.

Allí donde el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares reconoció límites en sus alcances, o donde la Convención sobre Armas Biológicas no pudo dotarse de medidas de verificación, la Convención Química aparece como el único ejemplo de desarme completo, no discriminatorio y verificable bajo estricto control internacional.

La Convención se aplica a todos, sin excepciones, y borra de la faz de la Tierra una categoría completa de armamento.

Nuestros inspectores -entre ellos algunos destacados profesionales de México, como Enrique de la Garza que nos acompaña también en este seminario- verifican la destrucción de los arsenales en los cinco países que han declarado poseer armas químicas, y al mismo tiempo velan por la no desviación de actividades industriales legitimas hacia fines no permitidos por la Convención.

En este sentido, contamos con un régimen de aplicación global, que abarca desde los países mas industrializados y con una industria compleja y sofisticada, a países en vías de desarrollo con instalaciones incipientes.

El régimen de verificación se aplica exitosamente y es fuente de legítima satisfacción ya que aporta un elemento de seguridad innegable en momentos en que nuevos desafíos y nuevas amenazas, como el terrorismo internacional, se ciernen sobre todos nosotros.

Sin embargo, no todas nuestras metas han sido alcanzadas.

Si bien es cierto que la Convención es un tratado operante y en crecimiento, la propia naturaleza del mismo hace que tengamos que redoblar nuestros esfuerzos en pos de una real y completa aplicación de la misma en cada Estado parte.

Es que formar parte del Tratado no es todo. La firma del Acuerdo es solo el comienzo.

Para que el mismo no sea letra muerta se requieren Autoridades Nacionales proactivas y una legislación nacional que establezca penas y sanciones a quienes incurrieran en conductas reñidas con los objetivos y propósitos de la Convención.

La ausencia de legislación domestica no es un problema abstracto ni lejano a nuestra reunión de esta mañana.

Ella plantea problemas a dos niveles, por una parte hace que tengamos un régimen incompleto, ya que los compromisos internacionales asumidos por un Estado carecen de la apoyatura legal interna que los haga efectivos.

Por la otra, opera como un desincentivo para las industrias locales, que en ausencia de normas concretas nacionales que observar con relación a las Armas Químicas, ven la observancia de la Convención como un elemento superfluo y que los distrae de sus tareas naturales sin un correlato lógico con la normativa general en la que deben desarrollar sus tareas.

Es por esta razón que este encuentro es tan importante y al mismo tiempo tan revelador de nuestras prioridades actuales.

Trabajar con la industria, de modo estrecho y permanente es para nosotros una prioridad.

Al mismo tiempo, la OPAQ, las Autoridades Nacionales y la industria deben cooperar e impulsar la pronta adopción de la legislación nacional indispensable para cerrar el círculo, en cada país.

La implementación nacional de la Convención, prevista en el articulo VII del Tratado, es para nosotros una prioridad y desde ya ponemos los medios y la experiencia de la Secretaria Técnica al servicio de todos los Estados Parte, de manera de ofrecerles el apoyo y el asesoramiento necesario en sus esfuerzos en este sentido. El Honorable Congreso de México se encuentra examinando el Proyecto de Decreto sobre la Ley Federal de Armas y Municiones, Sustancias Químicas y Explosivos, el que contiene penas específicas para los que violaran los términos de la Convención de Armas Químicas.

La aprobación por parte de México de esta importante pieza legislativa tendrá, estoy seguro, un efecto altamente positivo en toda nuestra región. Señoras y Señores

Vivimos en momentos en que muchos se preguntan acerca de la validez y vigencia del sistema de seguridad colectiva prevista en la Carta de las Naciones Unidas.

No pocos manifiestan dudas acerca de la viabilidad de los esfuerzos multilaterales en el campo de la seguridad internacional.

Frente a esos cuestionamientos surge le realidad de un régimen de prohibición completa de armas de destrucción masiva que esta funcionando, que esta probando día a día que la vía multilateral es posible, al punto que hoy podemos decir que existe al menos un esfuerzo multilateral de desarme cooperativo y verificable en marcha.

Si este esfuerzo fracasara, si por alguna razón las expectativas puestas por la Comunidad Internacional en la OPAQ y en la Convención se vieran frustradas, el camino del multilateralismo sufriría un revés muy importante. Pero este no es el caso.

Hace pocas semanas concluyo en La Haya la Primera Conferencia de Revisión de la Convención. Los 152 Estados Partes evaluaron durante dos semanas el funcionamiento del tratado y la forma en que la Secretaria Técnica ha venido aplicando las disposiciones del acuerdo.

El resultado de la Conferencia no puede ser más auspicioso.

Los documentos finales aprobados reafirmaron el compromiso de todos sin excepciones con la Convención y precisamente uno de los puntos mas importantes sobre el que recibimos el mandato de profundizar la labor fue el de mantener un sistema de inspecciones de la industria química eficaz y que al mismo tiempo no afecte la labor legitima de la misma.

La región de América Latina y el Caribe ha sido en ese sentido pionera en organizar consultas regionales de este tipo. Es bien conocido el importante esfuerzo que desde nuestra región se ha hecho en materia de aplicación nacional en materia de legal, a través de la primera red de expertos jurídicos, en una experiencia que hoy otras regiones desean emular.

Hoy, desde México, marcamos una nueva senda, a través de este Primer Seminario Regional sobre el papel de la Industria Química y las industrias afines en al aplicación de la Convención.

Esta feliz iniciativa de México refleja plenamente mi profundo convencimiento que el éxito de la Convención va de la mano con el apoyo constante y activo de la industria química. Sin el, como dijera antes, la Convención será un elemento extraño, un obstáculo para el normal desempeño del sector privado en la inmensa gama de actividades que cubren las industrias química, petroquímica o farmacéutica en todo el mundo. En nuestra visión, la industria es un socio central al que necesitamos siempre y cuyo consejo y visión son aportes que necesitamos.

Es que la Convención, como ustedes saben, presenta un perfil claramente orientado al desarme, a través de la verificación de la destrucción de los arsenales existentes, pero al mismo tiempo es un instrumento dedicado a la no proliferación. Y este último elemento solo puede ser alcanzado si la industria coopera con nuestro esfuerzo.

Afortunadamente contamos ya con una actitud constructiva y visionaria por parte de la industria. El American Chemistry Council, que también participa de este encuentro, y la industria europea a través del Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC) son dos pilares que nos han acompañado desde la época de la negociación de la Convención y con los que mantenemos un dialogo constante y fluido. En cada oportunidad en que ello me ha sido posible, he procurado visitar empresas relevantes en distintos países, para testimoniar personalmente mi agradecimiento por ese apoyo y esa actitud.

El Consejo Internacional de Asociaciones Químicas y la Asociación Química y Petroquímica de América Latina también han sumado sus aportes. Todos ellos, sumados, representan mas del 80% de la industria química mundial, lo que da idea de la importancia de este encuentro y su impacto en nuestras actividades de verificación.

Quiero reiterar frente a los representantes de la industria química de América Latina y el Caribe que somos plenamente conscientes que la participación de la industria en el régimen de inspecciones conlleva ciertas obligaciones y una atención a nuestras actividades de verificación que algunos quizá puedan cuestionar.

Frente a ello solo cabe recordar que la lucha contra la no proliferación de armas de destrucción masiva es una misión importante y necesaria y no tan alejada como pudiera parecer de las actividades cotidianas de la industria.

Como ustedes saben, la naturaleza misma del arma química hace que sea factible destinar productos de uso pacifico inherentemente neutros a la fabricación de armamento químico. En la actualidad, ciertas plantas químicas no requerirían prácticamente alteración alguna para pasar sin transiciones de la fabricación de sustancias legítimas a la de precursores altamente tóxicos.

Es esta una realidad que no podemos ignorar.

A ello debemos añadir, como señale someramente al inicio, la inédita amenaza del terrorismo internacional.

Todavía están frescos en la memoria las imágenes del ataque en el subterráneo de Tokio en 1995. Hoy sabemos que Al Quaida y otros grupos terroristas buscan activamente los medios y las tecnologías necesarias para dotarse de armas químicas. Tras los abominables ataques del 11 de septiembre de 2001 a nadie puede caberle ya duda alguna de que estos grupos no dudarían un instante en utilizar el arma química contra personas inocentes de poder contar con ella.

A pesar de que no somos una agencia antiterrorista, hemos procurado sumamos activamente a los esfuerzos de la comunidad internacional contra este fenómeno nuevo e inquietante. Lo hicimos en respuesta a la volunta de los Estados Partes y a un llamamiento específico del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a las agencias con responsabilidades y experiencia en materia de armas de destrucción masiva. Estamos participando con nuestros expertos en las tareas del Comité Contra el Terrorismo establecido por el Consejo de Seguridad y sumaremos nuestra experiencia cada vez que ella nos sea requerida en nuestro ámbito específico. Hace apenas unos días, el Grupo de los Ocho resol vio en la Cumbre de Evian crear un Grupo de Acción Contra el Terrorismo que iniciara sus tareas el próximo 15 de julio.

Los líderes de este grupo señalaron que las Naciones Unidas y demás agencias especializadas serian convocadas a cooperar. La OP AQ sin dudas estará presente.

Señoras y Señores,

No quisiera cerrar mis palabras de apertura sin una mención a aquellos aspectos ligados a la Cooperación Internacional que hacen de la Convención de Armas Químicas un instrumento no solamente útil sino atractivo para los países en vías de desarrollo.

En cada una de mis intervenciones reitero un concepto que me parece central: la Convención de Armas Químicas es un tratado de todos y para todos.

A todos aporta seguridad y muy especialmente a los países con menos recursos, y que requieren de un orden internacional estable y pacifico para desarrollarse y crecer.

A aquellos que lo requieren, procura, en la medida de las posibilidades y medios dar el apoyo y la asistencia tanto en materia industrial como de protección frente a la amenaza de ataques químicos. Tal fue el caso en la reciente crisis, cuando muchos países cercanos a Irak solicitaron el apoyo y el asesoramiento de la OPAQ.

Nuestra intención es profundizar las iniciativas en materia de cooperación internacional, a través de programas como el de Asociados, que ponen en contacto a técnicos y expertos de países en vías de desarrollo con las practicas mas eficientes y seguras de la industria química en aplicación en los países industrializados, lo que contribuye a la formación de recursos humanos sensibles a los vínculos que existen entre la industria química y la no proliferación.

México, que ha estado siempre a la vanguardia en la defensa y la promoción del capitulo de Cooperación Internacional de la Convención, marca el camino a través de un encuentro como este.

Pero podemos hacer mucho más.

Para eso, la colaboración de la industria química a nivel mundial es indispensable y aun no ha sido integrada como podría hacerse, a través de iniciativas de apoyo y financiamiento voluntario de proyectos o de su colaboración para consolidar una industria química claramente comprometida con la paz en cada rincón del planeta. Otras organizaciones internacionales hacen uso de las contribuciones voluntarias de manera eficaz y permanente y estimo que la OPAQ podría beneficiarse también de este enfoque.

Es mi intención convocar a la industria química mundial a este dialogo, el que, estoy seguro rendirá beneficios mutuos.

Estimados amigos

Nos convoca hoy una causa de innegable nobleza.

La paz y la seguridad a través del desarme y la no proliferación.

Ellas se construyen y se defienden cada día, desde nuestras oficinas, fabricas y laboratorios, en una tarea silenciosa y quizá no heroica, pero que asegura para nosotros y para las generaciones futuras un mundo mejor.

Muchas gracias.

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Junio 18, 2003
 

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