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Quisiera,
al inicio de estas palabras de introducción expresar mi profunda
satisfacción por encontrarme esta manaña
en México, rodeado de tantos amigos y en tan auspiciosa ocasión.
Llego como
Director General de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas
pero no puedo -y ciertamente no deseo- olvidar ni por un instante que me
encuentro en un país y en una ciudad a la que me unen especiales vínculos.
Vínculos de
amistad, que como diplomático argentino he construido a lo largo de los anos
con tantos brillantes colegas del servicio exterior de México.
Vínculos de
hermandad que como latinoamericanos unen a argentinos y mexicanos, de un
extremo al otro de las Américas, en tomo a una misma lengua, un mismo origen y
un mismo destino.
Y ese
vínculo no se limita a mexicanos y a argentinos sino que se extiende a toda
nuestra región, que tanto ha ofrecido y ofrece a la causa de la paz y la
seguridad internacional a través del desarme.
Quiero
destacar muy especialmente la presencia del Subsecretario Berruga, quien
testimonia al acompañarnos el apoyo que México ha dado desde siempre a la causa
del desarme y la no proliferación.
Permítanme
en este marco "químico" hacer una digresión "nuclear".
La
Prohibición de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe tiene un
nombre: TLATELOLCO.
Y ese nombre
dice más que mil palabras.
Encierra
el recuerdo de un país, que con meridiana claridad y mucho antes que muchos
otros percibió que las armas de destrucción masiva nada tenían que hacer en
esta parte del mundo. Y así, a través del liderazgo legendario de figuras como
Don Alfonso García Robles, México marco un camino que los países
latinoamericanos seguimos después.
Y digo esto
en esta casa con emoción muy especial, ya que tuve el honor, como diplomático
argentino, de llegar a esta ciudad y a esta Cancilleria, para depositar el
instrumento de ratificación de la Republica Argentina al Tratado de Tlatelolco.
Estas cosas
no pueden olvidarse y deben siempre ser recordadas, ya que son estas
iniciativas señeras, como la Proscripción de las Armas Nucleares en América
Latina, las que hoy nos permiten en los foros del desarme hacer una
contribución que otros no tienen quizá la fortuna de poder hacer.
Desde el
Cono Sur de las Américas, mi país, la Argentina, junto a Brasil y Chile siguió
ese ejemplo y esa visión mexicanas y en pocos anos adhirió a Tlatelolco y ya en
el terreno especifico de las armas químicas, suscribió el Compromiso de
Mendoza, que aun antes de la conclusión de la Convención de Armas Químicas
confirmo la erradicación definitiva de esas armas de nuestros países.
Quisiera, en
estas palabras de apertura, también decir que el aporte de México no solo es
tradición.
No es cosa
de libros de historia.
Mi gran
amigo y distinguido Embajador de México, Don Santiago Oñate, quien también nos
honra con su compañía esta mañana, da testimonio en La Haya de esa tradición
mexicana con elegancia y talento singulares:
Saludo
también la presencia del recientemente designado Representante Permanente de
los Estados Unidos de América en la OPAQ, Embajador Eric Javits, otro viejo
amigo de México, que también se une a nosotros para confirmar que detrás de la
Convención de Armas Químicas las Américas son una sola.
Señoras y
Señores, estimados amigos,
La
Convención sobre Prohibición de Armas Químicas es un instrumento único en su
género.
Allí donde
el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares reconoció límites en sus
alcances, o donde la Convención sobre Armas Biológicas no pudo dotarse de
medidas de verificación, la Convención Química aparece como el único ejemplo de
desarme completo, no discriminatorio y verificable bajo estricto control
internacional.
La
Convención se aplica a todos, sin excepciones, y borra de la faz de la Tierra
una categoría completa de armamento.
Nuestros
inspectores -entre ellos algunos destacados profesionales de México, como
Enrique de la Garza que nos acompaña también en este seminario- verifican la
destrucción de los arsenales en los cinco países que han declarado poseer armas
químicas, y al mismo tiempo velan por la no desviación de actividades
industriales legitimas hacia fines no permitidos por la Convención.
En este
sentido, contamos con un régimen de aplicación global, que abarca desde los
países mas industrializados y con una industria compleja y sofisticada, a
países en vías de desarrollo con instalaciones incipientes.
El régimen
de verificación se aplica exitosamente y es fuente de legítima satisfacción ya
que aporta un elemento de seguridad innegable en momentos en que nuevos
desafíos y nuevas amenazas, como el terrorismo internacional, se ciernen sobre
todos nosotros.
Sin embargo,
no todas nuestras metas han sido alcanzadas.
Si bien es
cierto que la Convención es un tratado operante y en crecimiento, la propia
naturaleza del mismo hace que tengamos que redoblar nuestros esfuerzos en pos
de una real y completa aplicación de la misma en cada Estado parte.
Es que
formar parte del Tratado no es todo. La firma del Acuerdo es solo el comienzo.
Para que el
mismo no sea letra muerta se requieren Autoridades Nacionales proactivas y una
legislación nacional que establezca penas y sanciones a quienes incurrieran en
conductas reñidas con los objetivos y propósitos de la Convención.
La ausencia
de legislación domestica no es un problema abstracto ni lejano a nuestra
reunión de esta mañana.
Ella plantea
problemas a dos niveles, por una parte hace que tengamos un régimen incompleto,
ya que los compromisos internacionales asumidos por un Estado carecen de la
apoyatura legal interna que los haga efectivos.
Por la otra,
opera como un desincentivo para las industrias locales, que en ausencia de
normas concretas nacionales que observar con relación a las Armas Químicas, ven
la observancia de la Convención como un elemento superfluo y que los distrae de
sus tareas naturales sin un correlato lógico con la normativa general en la que
deben desarrollar sus tareas.
Es por esta
razón que este encuentro es tan importante y al mismo tiempo tan revelador de
nuestras prioridades actuales.
Trabajar con
la industria, de modo estrecho y permanente es para nosotros una prioridad.
Al mismo
tiempo, la OPAQ, las Autoridades Nacionales y la industria deben cooperar e
impulsar la pronta adopción de la legislación nacional indispensable para
cerrar el círculo, en cada país.
La
implementación nacional de la Convención, prevista en el articulo VII del
Tratado, es para nosotros una prioridad y desde ya ponemos los medios y la
experiencia de la Secretaria Técnica al servicio de todos los Estados Parte, de
manera de ofrecerles el apoyo y el asesoramiento necesario en sus esfuerzos en
este sentido. El Honorable Congreso de México se encuentra examinando el
Proyecto de Decreto sobre la Ley Federal de Armas y Municiones, Sustancias
Químicas y Explosivos, el que contiene penas específicas para los que violaran
los términos de la Convención de Armas Químicas.
La
aprobación por parte de México de esta importante pieza legislativa tendrá,
estoy seguro, un efecto altamente positivo en toda nuestra región. Señoras y
Señores
Vivimos en
momentos en que muchos se preguntan acerca de la validez y vigencia del sistema
de seguridad colectiva prevista en la Carta de las Naciones Unidas.
No pocos
manifiestan dudas acerca de la viabilidad de los esfuerzos multilaterales en el
campo de la seguridad internacional.
Frente a
esos cuestionamientos surge le realidad de un régimen de prohibición completa
de armas de destrucción masiva que esta funcionando, que esta probando día a
día que la vía multilateral es posible, al punto que hoy podemos decir que
existe al menos un esfuerzo multilateral de desarme cooperativo y verificable
en marcha.
Si este
esfuerzo fracasara, si por alguna razón las expectativas puestas por la
Comunidad Internacional en la OPAQ y en la Convención se vieran frustradas, el
camino del multilateralismo sufriría un revés muy importante. Pero este no es
el caso.
Hace pocas
semanas concluyo en La Haya la Primera Conferencia de Revisión de la
Convención. Los 152 Estados Partes evaluaron durante dos semanas el
funcionamiento del tratado y la forma en que la Secretaria Técnica ha venido
aplicando las disposiciones del acuerdo.
El resultado
de la Conferencia no puede ser más auspicioso.
Los
documentos finales aprobados reafirmaron el compromiso de todos sin excepciones
con la Convención y precisamente uno de los puntos mas importantes sobre el que
recibimos el mandato de profundizar la labor fue el de mantener un sistema de
inspecciones de la industria química eficaz y que al mismo tiempo no afecte la
labor legitima de la misma.
La región de
América Latina y el Caribe ha sido en ese sentido pionera en organizar
consultas regionales de este tipo. Es bien conocido el importante esfuerzo que
desde nuestra región se ha hecho en materia de aplicación nacional en materia
de legal, a través de la primera red de expertos jurídicos, en una experiencia
que hoy otras regiones desean emular.
Hoy, desde
México, marcamos una nueva senda, a través de este Primer Seminario Regional
sobre el papel de la Industria Química y las industrias afines en al aplicación
de la Convención.
Esta feliz
iniciativa de México refleja plenamente mi profundo convencimiento que el éxito
de la Convención va de la mano con el apoyo constante y activo de la industria
química. Sin el, como dijera antes, la Convención será un elemento extraño, un
obstáculo para el normal desempeño del sector privado en la inmensa gama de
actividades que cubren las industrias química, petroquímica o farmacéutica en
todo el mundo. En nuestra visión, la industria es un socio central al que
necesitamos siempre y cuyo consejo y visión son aportes que necesitamos.
Es que la
Convención, como ustedes saben, presenta un perfil claramente orientado al
desarme, a través de la verificación de la destrucción de los arsenales
existentes, pero al mismo tiempo es un instrumento dedicado a la no
proliferación. Y este último elemento solo puede ser alcanzado si la industria
coopera con nuestro esfuerzo.
Afortunadamente contamos ya con una actitud constructiva y visionaria por parte
de la industria. El American Chemistry Council, que también participa de este
encuentro, y la industria europea a través del Consejo Europeo de la Industria
Química (CEFIC) son dos pilares que nos han acompañado desde la época de la
negociación de la Convención y con los que mantenemos un dialogo constante y
fluido. En cada oportunidad en que ello me ha sido posible, he procurado
visitar empresas relevantes en distintos países, para testimoniar personalmente
mi agradecimiento por ese apoyo y esa actitud.
El Consejo
Internacional de Asociaciones Químicas y la Asociación Química y Petroquímica
de América Latina también han sumado sus aportes. Todos ellos, sumados,
representan mas del 80% de la industria química mundial, lo que da idea de la
importancia de este encuentro y su impacto en nuestras actividades de
verificación.
Quiero
reiterar frente a los representantes de la industria química de América Latina
y el Caribe que somos plenamente conscientes que la participación de la
industria en el régimen de inspecciones conlleva ciertas obligaciones y una
atención a nuestras actividades de verificación que algunos quizá puedan
cuestionar.
Frente a
ello solo cabe recordar que la lucha contra la no proliferación de armas de
destrucción masiva es una misión importante y necesaria y no tan alejada como
pudiera parecer de las actividades cotidianas de la industria.
Como ustedes
saben, la naturaleza misma del arma química hace que sea factible destinar
productos de uso pacifico inherentemente neutros a la fabricación de armamento
químico. En la actualidad, ciertas plantas químicas no requerirían
prácticamente alteración alguna para pasar sin transiciones de la fabricación
de sustancias legítimas a la de precursores altamente tóxicos.
Es esta una
realidad que no podemos ignorar.
A ello
debemos añadir, como señale someramente al inicio, la inédita amenaza del
terrorismo internacional.
Todavía
están frescos en la memoria las imágenes del ataque en el subterráneo de Tokio
en 1995. Hoy sabemos que Al Quaida y otros grupos terroristas buscan
activamente los medios y las tecnologías necesarias para dotarse de armas
químicas. Tras los abominables ataques del 11 de septiembre de 2001 a nadie
puede caberle ya duda alguna de que estos grupos no dudarían un instante en
utilizar el arma química contra personas inocentes de poder contar con ella.
A pesar de
que no somos una agencia antiterrorista, hemos procurado sumamos activamente a
los esfuerzos de la comunidad internacional contra este fenómeno nuevo e
inquietante. Lo hicimos en respuesta a la volunta de los Estados Partes y a un
llamamiento específico del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a las
agencias con responsabilidades y experiencia en materia de armas de destrucción
masiva. Estamos participando con nuestros expertos en las tareas del Comité
Contra el Terrorismo establecido por el Consejo de Seguridad y sumaremos
nuestra experiencia cada vez que ella nos sea requerida en nuestro ámbito
específico. Hace apenas unos días, el Grupo de los Ocho resol vio en la Cumbre
de Evian crear un Grupo de Acción Contra el Terrorismo que iniciara sus tareas
el próximo 15 de julio.
Los líderes
de este grupo señalaron que las Naciones Unidas y demás agencias especializadas
serian convocadas a cooperar. La OP AQ sin dudas estará presente.
Señoras y
Señores,
No quisiera
cerrar mis palabras de apertura sin una mención a aquellos aspectos ligados a
la Cooperación Internacional que hacen de la Convención de Armas Químicas un
instrumento no solamente útil sino atractivo para los países en vías de
desarrollo.
En cada una
de mis intervenciones reitero un concepto que me parece central: la Convención
de Armas Químicas es un tratado de todos y para todos.
A todos
aporta seguridad y muy especialmente a los países con menos recursos, y que
requieren de un orden internacional estable y pacifico para desarrollarse y
crecer.
A aquellos
que lo requieren, procura, en la medida de las posibilidades y medios dar el
apoyo y la asistencia tanto en materia industrial como de protección frente a
la amenaza de ataques químicos. Tal fue el caso en la reciente crisis, cuando
muchos países cercanos a Irak solicitaron el apoyo y el asesoramiento de la
OPAQ.
Nuestra
intención es profundizar las iniciativas en materia de cooperación
internacional, a través de programas como el de Asociados, que ponen en
contacto a técnicos y expertos de países en vías de desarrollo con las
practicas mas eficientes y seguras de la industria química en aplicación en los
países industrializados, lo que contribuye a la formación de recursos humanos
sensibles a los vínculos que existen entre la industria química y la no
proliferación.
México, que
ha estado siempre a la vanguardia en la defensa y la promoción del capitulo de
Cooperación Internacional de la Convención, marca el camino a través de un
encuentro como este.
Pero podemos
hacer mucho más.
Para eso, la
colaboración de la industria química a nivel mundial es indispensable y aun no
ha sido integrada como podría hacerse, a través de iniciativas de apoyo y
financiamiento voluntario de proyectos o de su colaboración para consolidar una
industria química claramente comprometida con la paz en cada rincón del
planeta. Otras organizaciones internacionales hacen uso de las contribuciones
voluntarias de manera eficaz y permanente y estimo que la OPAQ podría
beneficiarse también de este enfoque.
Es mi
intención convocar a la industria química mundial a este dialogo, el que, estoy
seguro rendirá beneficios mutuos.
Estimados
amigos
Nos convoca
hoy una causa de innegable nobleza.
La paz y la
seguridad a través del desarme y la no proliferación.
Ellas se
construyen y se defienden cada día, desde nuestras oficinas, fabricas y
laboratorios, en una tarea silenciosa y quizá no heroica, pero que asegura para
nosotros y para las generaciones futuras un mundo mejor.
Muchas
gracias.
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Junio 18, 2003
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