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Convertir esperanza en realidad

Colin Powell
S
ecretario de Estado de Estados Unidos
Sesión Plenaria
Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (AGOEA)
Santiago de Chile
Lunes 9 de junio de 2003


Señora presidenta, distinguidos colegas:

Hace doce años, en la última asamblea general realizada en Santiago, nuestros jefes de delegación aprobaron el "Compromiso de Santiago con la Democracia y la Renovación del Sistema Interamericano". El encuentro estableció una ambiciosa agenda para promover y defender la democracia representativa y los derechos humanos.

Nosotros, como hemisferio, hemos hecho muchos progresos desde 1991. Las Américas han finalmente surgido de las sombras del gobierno autoritario. Como ha dicho el presidente Bush "este hemisferio va por la senda de la reforma, y nuestras naciones la recorren juntas. Compartimos una visión, una asociación de países fuertes, iguales y prósperos, viviendo y comerciando en libertad".

La Carta Democrática Interamericana que aprobamos hace casi dos años en Lima es la expresión más pura de nuestra convicción común de que la democracia es la única forma legítima de gobierno y que nuestros pueblos no se merecen nada menos.

La experiencia ha demostrado una y otra vez que la libertad da resultado, y que las libertades políticas y económicas trabajan juntas, trabajan en concierto.

Colectivamente hemos reconocido que solamente un compromiso sostenido con la libertad política y económica puede ayudar a millones de pobres en nuestro hemisferio a salir por sí mismos de la miseria. Pero nuestro distinguido país anfitrión correctamente ha llamado nuestra atención al hecho de que no hemos completado la tarea que se inició aquí en 1991.

Nuestros ciudadanos saben que las elecciones libres y justas no garantizan por sí solas un gobierno efectivo, que rinda cuentas. Ni que un mercado irrestricto garantice por sí solo el desarrollo sostenido.

Estamos aquí para asegurarnos de que la democracia cumpla con el pueblo de este hemisferio. La democracia política y la oportunidad económica corren parejas con el buen ejercicio del gobierno. El respeto al imperio de la ley, la equidad, la rendición de cuentas por el gobierno y las políticas económicas adecuadas resultan en esperanza y oportunidades iguales para todos.

Nuestra Carta Democrática Interamericana está en lo cierto al decir que la "democracia y el desarrollo social y económico son interdependientes y se refuerzan mutuamente". Al enfocar las discusiones de esta nuestra reunión en la "gobernabilidad democrática" el gobierno de Chile sabiamente ha puesto de relieve lo que los estados pueden y deben hacer para ampliar las oportunidades económicas para todos sus pueblos.

Las nuevas democracias establecidas con grandes esperanzas pueden esfumarse si la vida de la ciudadanía común no cambia para bien. Las transiciones pueden ser caóticas. Las transiciones pueden ser dolorosas. Sabemos que la corrupción acabará con el tesoro de una nación y, lo que es más importante, socavará la confianza pública. Y los extremistas se aprovecharán de la frustración y los temores al futuro.

Por esto es tan importante que cumplamos la meta fijada por nuestros jefes de estado y de gobierno en todo el proceso de las Cumbres de las Américas, y crear para el 2005 el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esta Area de Libre Comercio creará una mayor prosperidad para casi 800 millones de personas en 34 naciones de nuestro hemisferio.

El comercio libre y los mercados abiertos pueden atraer las inversiones y el crecimiento que generen empleos, si se instalan sobre una base de equidad. Los gobiernos deben estar dispuestos a poner todos los recursos que tienen en la educación de calidad, adecuado cuidado de la salud y la nutrición, servicios sanitarios básicos y seguridad personal.

El presidente Bush está determinado a ayudar a los países de todo el mundo que luchan por hacer lo correcto en beneficio de sus pueblos. Este febrero presentó al Congreso de Estados Unidos su trascendental Cuenta del Reto del Milenio.

Como dijó el presidente Bush, la Cuenta del Reto del Milenio es un medio poderoso para "atraer a naciones enteras al creciente círculo de la oportunidad y la empresa". De ser financiada completamente la iniciativa aportaría el aumento más grande en la ayuda de Estados Unidos al desarrollo desde el Plan Marshall. Para el año 2006 representaría un aumento del 50 por ciento en los fondos básicos de nuestro financiamiento a la ayuda al desarrollo en 2002. A partir del 2006 pondríamos 5 mil millones de dólares al año en la Cuenta del Reto del Milenio.

La Cuenta del Reto del Milenio sólo será para los países que se gobiernan con justicia, invierten en sus pueblos y favorecen la libertad económica. Varios países del hemisferio cumplen con el umbral mínimo de ingresos para competir por los fondos de la Cuenta del Reto del Milenio en el primer año del programa. Y muchos otros países en las Américas posiblemente lo hagan en los años sucesivos.

Los innovadores esfuerzos bilaterales como la Cuenta del Reto del Milenio son importantes. Al mismo tiempo, la cooperación regional es imperativa, porque muchos de los problemas internos que enfrentan los países también tienen implicaciones transnacionales importantes. Hace doce años la OEA carecía de mecanismos de cooperación regional que se necesitaban. Hoy los tenemos.

Me viene a la mente, inmediatamente después, la Convención Interamericana contra la Corrupción y su mecanismo de seguimiento. Hace doce años habría sido inconcebible sugerir que los países del hemisferio evaluaran los esfuerzos que hace cada uno de los otros para combatir la corrupción. Pero eso es, precisamente, lo que establece la convención.

La efectividad incrementada de la Comisión Interamericana para el Control de la Adicción Drogas es otro ejemplo que viene al caso. Inherente en el mandato de la comisión está el consenso de que la adicción a drogas y el tráfico de drogas ilícitas amenazan a todas nuestras sociedades y que debemos trabajar concertadamente para detenerlos.

Luego del 11 de septiembre de 2001 colaboramos para darle nuevas energías a la Comisión Interamericana contra el Terrorismo. Y nuestra aprobación de la Convención Interamericana contra el Terrorismo, en la asamblea general del año pasado en Barbados, subraya nuestra determinación de proteger nuestra región de este enemigo maligno que no sabe de límites nacionales o morales.

Los esfuerzos regionales han desempeñado un papel importante en la defensa de nuestra misma democracia. Como todos sabemos, durante más de un año la democracia de Venezuela ha estado sometida a seria tensión. Estados Unidos acoge complacido el acuerdo alcanzado el 29 de mayo entre el gobierno de Venezuela y la Comisión Coordinadora Democrática, de oposición.

Los esfuerzos incansables del secretario general fueron decisivos en este proceso, y le damos a usted las gracias.

Los venezolanos deben asumir la responsabilidad de su propio futuro, pero nosotros nos hemos comprometido a trabajar con la OEA, el Grupo de Amigos y otros para apuntalar con apoyo práctico la aplicación de este acuerdo.

El pueblo de Haití ha esperado un largo tiempo -- demasiado largo -- a que sus líderes cumplieran con sus obligaciones según las Resoluciones 806 y 822 de la OEA.

La democracia y el crecimiento económico de Haití se ven socavados por el fracaso del gobierno en crear las condiciones de una solución electoral del "impasse" político.

Liderada por los esfuerzos del secretario general adjunto de la OEA Einaudi y la Misión Especial de la OEA, la comunidad internacional ha dado apoyo substancial al fortalecimiento de la capacidad institucional y la sociedad civil de Haití.

Como señal adicional del compromiso de Estados Unidos con este esfuerzo, me complace anunciar que Estados Unidos proveerá 1 millón de dólares adicionales a la Misión Especial de la OEA para ayudar a mejorar el clima de seguridad de las que esperamos serán unas elecciones libres y justas en Haití. Además, Estados Unidos ha aumentado nuestra ayuda humanitaria a 70 millones de dólares en el actual año fiscal.

Sin embargo, si para septiembre próximo el gobierno de Haití no ha creado el clima de seguridad esencial para la formación de un consejo electoral provisional digno de fe, neutral e independiente, deberíamos volver a evaluar la función de la OEA en Haití.

La OEA ha emprendido otras iniciativas importantes en apoyo de la democracia en nuestra región. Los estados miembros hicieron oír sus voces al unísono para denunciar el aterrador bombardeo de un club en Colombia en febrero pasado.

Comprendemos que los ataques del narcotráfico al pueblo de Colombia son una amenazada a todos nosotros, a nuestros valores humanos y democráticos y a nuestros intereses comunes en un hemisferio seguro y próspero. Colombia merece nuestra inquebrantable solidaridad y nuestro pleno apoyo.

El pueblo de Cuba mira cada vez más a la OEA para recibir ayuda en la defensa de sus libertades fundamentales contra las depredaciones de la única dictadura del hemisferio.

Deploramos la represión de semanas recientes contra ciudadanos cubanos que trataban de actuar basados en sus derechos humanos básicos. Protestamos contra las crueles sentencias que se les impusieron.

La Carta Democrática Interamericana declara que "los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia". No dice que los pueblos de las Américas, excepto los cubanos, tienen derecho a la democracia.

Aplaudo a los miembros de la OEA que se mantuvieron fieles a sus principios y al pueblo cubano al apoyar la reciente declaración sobre los derechos humanos en Cuba en el pleno del Consejo Permanente. Mi gobierno espera con interés trabajar con nuestros asociados en la OEA para encontrar maneras de apresurar la inevitable transición democrática en Cuba.

Si nuestra experiencia del último cuarto de siglo en este hemisferio y en todo el mundo nos han enseñado algo, es que las dictaduras no pueden resistir la fuerza de la libertad.

Amigos míos, los tiranos, los traficantes y los terroristas no pueden prosperar en una comunidad interamericana de democracias robustas, ciudadanías saludables y economías dinámicas. El presidente Bush sigue profundamente determinado a colaborar con los signatarios de la Carta Democrática Interamericana para alcanzar nuestra común visión: un hemisferio de esperanzas realizadas.

Hacer reales las esperanzas es el tema de esta asamblea general, "un nuevo compromiso con el buen ejercicio del gobierno" es oportuno e importante.

Hace reales las esperanzas es la razón por la que nuestras delegaciones necesitan prestar atención especial a la "Declaración de Santiago sobre Democracia y Confianza Pública".

Debemos dar pasos concretos para mantener vigorosa la esperanza de la libertad entre los pueblos de nuestro hemisferio. Los ciudadanos de las Américas esperan ver resultados de sus democracias y de tener economías de mercado. No debemos fallarles. Debemos cumplir.

Muchas gracias, señora presidenta.

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Junio 11, 2003
 

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