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Situaciones Preocupantes para el Turismo

Juan Llado (1)
VII Bolsa Turística del Caribe
Santo Domingo, 20-23 de Mayo del 2003


Introducción

Para esta VII Bolsa Turística del Caribe se me ha pedido esbozar mis puntos de vista respecto a tres factores que inciden de manera ominosa sobre el turismo mundial y, más particularmente, sobre el flujo turístico hacia la región del Caribe.  Estos son 1) el terrorismo, 2) los conflictos geopolíticos (incluyendo la guerra de Iraq), y 3) el SARS.  En común, estas situaciones tienen la dudosa distinción de ser peligrosos nubarrones en nuestro horizonte.

Las razones que mueven a preocupación son obvias.  Cualquier de estos factores erosiona la confianza del consumidor, es decir, la predisposición que puede tener cualquier ciudadano hacia los viajes, independientemente de que sean nacionales o internacionales, de negocios o placer.  Para los destinos turísticos que dependen del flujo de visitantes vacacionales la pérdida de confianza resulta más significativa.  Nadie en su sano juicio escoge un destino vacacional si existe la más ligera posibilidad de que su tiempo de ocio sea arruinado por cualquier evento.

Mientras, la presencia de los factores citados coexiste hoy día con el turismo.  En el caso de nuestro país, las estadísticas reflejan un crecimiento de un 22% del flujo de turistas extranjeros durante los primeros cuatro meses de este año.  (Este crecimiento refleja un fuerte crecimiento del flujo desde Canada –47.5%--, de Estados Unidos –18.9%-- y una recuperación del flujo desde Europa –17.8%.)   La recuperación también se perfila como prometedora para el resto del Caribe.  Eso ha llevado a muchos a entusiasmarse, talvez en demasía, con las perspectivas de la industria.  ¿Se justifica el creciente optimismo sobre las posibilidades de nuestra industria turística?

Naturalmente, el tratamiento de cualquiera de estos temas puede desbordar por mucho los 15 minutos que me han asignado para prender la chispa del debate entre los distinguidos miembros de este panel.  Por eso no pretendo más que ofrecer una panorámica “a vuelo de pájaro” en relación con cada tema y a seguidas dar mi opinión.

Al final de cuentas, la llamada “demanda turística internacional” la determina una larga serie de factores.  Los tres escogidos y señalados más arriba pueden, sin embargo, irradiar sus efectos perniciosos sobre todos los demás a muy corto plazo.  De ahí que importe lo que podamos concluir sobre las perspectivas de estos tres flagelos inmisericordes.  Pero otear en una bola de cristal sobre cada uno es un ejercicio de atrevidos y un reto al albur.   Por eso será tan importante que los conceptos aquí expresados sean amplificados por los panelistas.

El terrorismo

No cabe duda de que el terrorismo siempre ha sido un enemigo mortal del turismo, sin importar donde ocurra.  A la gente no le gusta viajar a un sitio donde podría surgir una posibilidad de que sus vidas corran peligro.  Por eso se cancela un viaje a un área de conflicto con instantánea facilidad si la misma está siendo el blanco de ataques terroristas.

Afortunadamente, el Caribe sigue siendo un sitio relativamente tranquilo.  Aunque en algunos de sus países puede ocurrir algún acto de violencia terrorista de vez en cuando, ese tipo de suceso es hoy día extremadamente raro (con la sola excepción de Colombia) en la región.  Por eso no debe extrañar que las encuestas entre potenciales turistas europeos indican que el Caribe está siendo favorecido por una inmensa mayoría para fines vacacionales.

Esa circunstancia no debe llevarnos a una torpe complacencia.  El acto terrorista que se comete en una latitud del globo pueda influir muy negativamente en otra.  Basta el ejemplo del archiconocido 11 de Septiembre, con su terrible secuela de erosionamiento del crecimiento económico mundial y su impacto debilitador en los flujos turísticos internacionales, para percatarse de ello.  Por el hecho de que existan doce convenciones internacionales contra el terrorismo y que, después de la fatídica fecha, los Estados Unidos haya movilizado una coalición de más de 90 países para luchar en su contra, la amenaza terrorista sigue “campante” con nosotros.

Un “Informe sobre las Tendencias del Terrorismo Mundial” del 30 de Abril del 2003 elaborado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos da cuenta de que:  “Los terroristas internacionales llevaron a cabo 196 ataques en 2002, una baja considerable (45 por ciento) en relación con los 355 ataques registrados en 2001.  Un total de 717 personas fueron muertas en ataques el año pasado, un número mucho menor que los 3,295 muertos el año previo, cifra que incluye los miles que murieron en los ataques del 11 de Septiembre en Nueva York, Washington y Pensilvania.  Un total de 1983 personas fueron heridas por terroristas en 2002, menos que las 2283 personas heridas el año anterior.” 

Los lugares donde sucedieron y continúan sucediendo la mayoría de los actos terroristas son bien conocidos.  Resulta fácil pensar en el Medio Oriente como primer foco de este tipo de delito, pero en el resto del mundo árabe, en Chechenia, Colombia y Filipinas también la frecuencia de los actos les otorga un perfil sobresaliente.  El citado informe del Departamento de Estado indica, sin embargo, que “ninguna región del mundo y ningún tipo de objetivo está fuera del alcance o de los intereses estratégicos de las organizaciones terroristas internacionales.”  Dicho informe también resalta el hecho de que Estados Unidos considera a Cuba, Irán, Libia, Corea del Norte, Sudán, Siria y hasta hace poco Irak como estados que patrocinan el terrorismo.

Después del 11 de Septiembre, por supuesto, ninguna amenaza terrorista en el mundo rivaliza con la presentada por Al-Qaida.  Aunque más de 3,000 de sus efectivos han sido capturados y la mitad de sus dirigentes está bajo arresto, estamos lejos de su total decapitación.  Su fuerza está sensiblemente menguada hoy día como resultado de la tenaz persecución perpetrada por Estados Unidos y la coalición de países que se ha formado para combatir el terrorismo.  Pero los recientes actos terroristas en Arabia Saudita y otros países árabes y las frecuentes alertas de seguridad que emite el mismo Gobierno de los Estados Unidos demuestran que su sombra continua amenazando a un mundo ansioso y desconfiado.

Para la industria turística del Caribe la situación debe ser preocupante.  Lejos de alegrarnos de que los flujos que tradicionalmente van a países como Israel, Turquía y Egipto están ahora buscando destinos alternativos, los responsables de la industria deberán mantener un ojo avizor sobre los acontecimientos.  Las últimas noticias son de que los mensajes de la dirigencia de Al-Qaida invitan a sus seguidores a cometer actos terroristas contra blancos e intereses estadounidenses en cualquier parte del mundo.  Si recordamos que más de la mitad de los turistas que visitan los destinos del Caribe provienen de Estados Unidos, no podemos menos que horrorizarnos frente a la posibilidad de que los terroristas de Al-Qaida los hagan sus blancos.

Afortunadamente, la lucha contra Al-Qaida y contra el terrorismo en general se acrecienta cada día.  El hecho mismo de que sus más recientes actos terroristas hayan tenido lugar en el mundo árabe sugiere que las medidas de seguridad tomadas por los Estados Unidos y otros países aliados han alejado la posibilidad de que los mismos se reproduzcan en su suelo.  La suerte está echada en ese sentido.  Los gobiernos no tienen otra alternativa que intensificar su lucha contra el terrorismo.  Las apuestas pueden estar a favor de los gobiernos dados los logros hasta ahora alcanzados.

Una breve reflexión sobre la historia de la humanidad nos llevará rápidamente a la conclusión de que el turismo seguirá vivo por mucho tiempo a pesar de la amenaza terrorista.  Los destinos turísticos vacacionales están retados, sin embargo, no sólo a acrecentar las medidas de seguridad en sus puertos y aeropuertos.  También deberán colaborar diligentemente con los esfuerzos internacionales para contener la amenaza terrorista.  De manera que los líderes privados de la industria turística tienen en su agenda una prioridad más con que urgir a sus gobiernos.

Incertidumbres geopolíticas

Los organizadores de la VII Bolsa nos pidieron enjuiciar el impacto de la guerra de Iraq sobre las perspectivas turísticas.  De hecho parecería como si la petición fuera un tanto desbordada por el tiempo, ya que la guerra de Irak parece un lejano acontecimiento.  Pero debemos admitir que, de haberse prolongado por un tiempo más largo, el impacto en la economía mundial pudo haber sido catastrófico, sobretodo si hubiese desencadenado un conflicto regional.

La buena nueva es que, una vez terminado ese conflicto, los precios del petróleo han bajado.  Algunos analistas consideran que seguirán bajando hasta situarse en una franja cercana a los US$20 dólares el barril.  La OPEC, sin embargo, busca estabilizarlo alrededor de los US$25 dólares.  Cualquiera que sea finalmente el resultado, el efecto neto de la terminación de la guerra de Irak ha sido y seguirá siendo una baja sustancial en los precios que alcanzó el crudo.  Eso obviamente deberá manifestarse en un efecto benéfico para la economía mundial y, más particularmente, para la industria del transporte aéreo y el turismo nacional e internacional.

Sin embargo, el informe del Fondo Monetario Internacional sobre el “World Economic Outlook” (Perspectivas Económicas Mundiales) de Abril del 2003 dice que el ritmo de recuperación económica global se ha alentizado desde finales del año pasado debido, entre otros factores, a las crecientes incertidumbres geopolíticas.  Pero el mismo informe concluye que dicha recuperación se reafirmará en lo que resta del 2003, logrando un crecimiento del PBI mundial de algo más del 3 por ciento.  Por ende, podría colegirse de la conclusión que no se esperan acontecimientos geopolíticos que den al traste con la (lenta) recuperación.

Para la industria turística internacional, sin embargo, vale la pena otear el horizonte a fin de evaluar el verdadero potencial de las “incertidumbres geopolíticas” de impactar negativamente los flujos turísticos.  Ahora que el manto de incertidumbre provocado por la guerra de Irak parece haberse disipado, conviene preguntarse cual es el potencial desestabilizador de otros conflictos políticos potenciales.  A continuación me aventuro a hacer una breve evaluación en vista de que lo de Irak ya no aplica.

A mi juicio y sin restar importancia a otros, hoy día existen en el mundo tres conflictos que pudieran desatar cataclismos políticos y económicos con impacto devastador sobre los flujos turísticos.  Estos son 1) el conflicto israelí-palestino, 2) el conflicto entre la India y Pakistán por la posesión de Cachemira, y 3) el conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte.  Cualquiera de ellos podría desatar una guerra mundial, en el peor de los casos, o prohijar una situación bélica regional que tenga repercusiones internacionales de consideración.  Cualquiera de ellos tiene el potencial de dañar muy profundamente a la industria turística mundial.  Con la única excepción del de Taiwán, otros conflictos tales como los de Chechenia, Irlanda del Norte y Filipinas tienen repercusiones más nacionales que internacionales y no comportan una preocupación global.

Naturalmente, las posibilidades de que cada una de estas situaciones derive en los temidos cataclismos dependerá del cristal con que la mire cada analista.  Desde mi ángulo de observación, sin embargo, la situación puede verse con optimismo.  En el caso del conflicto de Medio Oriente existen condiciones muy favorables al proceso de paz actualmente, después que la Autoridad Palestina cediera a las presiones de la comunidad internacional e instalara un nuevo Primer Ministro.  Ya ese Primer Ministro pudo reunirse con el Primer Ministro de Israel y existe una “ruta” hacia la paz que ha sido propuesta por la comunidad internacional.  Aunque los ataques terroristas continúan y es seguro que algunos grupos palestinos querrán sabotear ese proceso de paz, la verdad es que nunca se habían producido condiciones tan propicias para un acuerdo de paz como las actuales.

El conflicto de Cachemira también ha entrado en una etapa muy prometedora.  India acaba de mostrar su disposición de restablecer las suspendidas relaciones diplomáticas con Pakistán y los líderes de este último país han visto el gesto con muy buenos ojos.  Todo parecería indicar que estas dos potencias nucleares están en camino de apaciguar los ánimos, sino de resolver sus diferencias.  Como en el caso árabe-israelí, el peligro del sabotaje de los esfuerzos de paz continuará latente.  Cualquier feo incidente militar en la región de Cachemira, o cualquier atentado terrorista como el perpetrado el pasado año contra el Congreso de la India por extremistas musulmanes, podría descarrilar los aprestos de paz.  Pero por ahora esa situación luce bastante prometedora.

El conflicto entre Corea del Norte y Estados Unidos, aunque con visos esperanzadores actualmente, si comporta todavía rasgos imponderables.  La retórica agresiva de Corea del Norte continua viva, aún cuando después de la guerra de Iraq esta accediera a la discusión multilateral del problema.  (Recuérdese que Estados Unidos insistió en no entablar conversaciones con Corea del Norte que fueran bilaterales y que en las mismas debía participar China, Corea del Sur y Japón.)  Corea del Norte confronta una situación económica desastrosa –con una secuela de hambruna para varios millones de sus habitantes—y, al mismo tiempo, ha declarado tener un programa de producción de armas nucleares.  Mueve a optimismo, sin embargo, el hecho de que en ocasiones anteriores Corea del Norte ha recurrido a la retórica beligerante como un preludio para las negociaciones con Estados Unidos.

Al final de cuentas, el análisis de estas incertidumbres geopolíticas lleva necesariamente a querer esbozar las perspectivas económicas mundiales y su impacto sobre el turismo.  Ya hemos visto que el Fondo Monetario Internacional ha pronosticado que el crecimiento económico mundial continuará, aunque lentamente, hasta que sea posible alcanzar una tasa del 3% sobre el PBI mundial.  Aunque algunas naciones están en el camino de crecer más que otras, parecería entonces que, en ausencia de algún acontecimiento geopolítico impredecible, existe una plataforma económica medianamente satisfactoria para respaldar a la industria turística, por lo menos en el corto plazo.

Para el Caribe y para la República Dominicana en particular, la cuestión económica debe verse más específicamente en relación a las perspectivas de las economías norteamericana y europea.  Esto así, por supuesto, debido a que estas dos regiones son las fuentes principales de nuestros visitantes turísticos.  En tal sentido, los analistas internacionales están a la espera de que la economía de los Estados Unidos continue su lento proceso de recuperación.  Todos sabemos que esa economía es el motor del crecimiento mundial y que según vaya ella irá el mundo.

A pesar de que la situación de la economía de Estados Unidos es objeto de encendidas controversias, los analistas parecen coincidir en que el lento proceso de recuperación continuará en el corto plazo.  A pesar de que el desempleo está cerca del 6%, los economistas opinan que la tasa de crecimiento cerrará cercana al 2.6% este año.  Se espera que la aprobación por parte del Congreso de un recorte de los impuestos por el monto de US$300 billones (menos de la mitad de lo solicitado por el Presidente Bush) produzca un estímulo económico importante.  Otros cifran en la relativa tranquilidad geopolítica las esperanzas por un aceleramiento del crecimiento.  Asimismo, existen temores de que la limitada inflación que actualmente se experimente pueda derivar en una deflación.  Y la pérdida de valor del dólar con respecto al euro (un 10% en lo que va del año) y el yen tenga efectos adversos.  La opinión mayoritaria, sin embargo, es que el debilitamiento del dólar espoleará positivamente las exportaciones.

En relación a la vacilante economía europea, el elemento dominante actualmente es la lenta pero persistente valoración del euro.  Aunque cuando en 1999 la nueva moneda apareció en el mercado su valor se situó por debajo del dólar y los pronósticos oficiales eran de que en término de dos años la situación sería diferente.  Hoy día el euro se cotiza a 1.15 dólar, en comparación con 86 centavos hace 15 meses y 82 centavos cuando el euro tocó fondo en octubre del 2000.  Naturalmente, los temores son de que el más alto valor de la moneda deteriore la balanza de pagos europea vía la caída de las exportaciones.  Esto es más significativo en el caso de Alemania, donde el crecimiento económico prácticamente nulo amenaza arrastrar el resto de Europa y donde las exportaciones representan un tercio de la economía.  De ahí que el pronóstico es de que la economía europea crecerá en apenas un 1% este año.

¿Qué significan estas situaciones de los dos más grandes mercados emisores de turistas para el Caribe y la República Dominicana?  En el caso de los visitantes de Estados Unidos lo predecible es que no suceda nada muy diferente, es decir, que su ritmo de crecimiento continúe a los niveles de los promedios históricos.    En nuestro país el flujo de estadounidense creció, como se señaló anteriormente, en casi un 19% en el primer cuatrimestre de este año.  Pero eso podría ser sólo el resultado del crecimiento general que había estado experimentando ese mercado.  En términos generales, las perspectivas del flujo estadounidense hacia el Caribe podrían juzgarse favorables  --aunque no espectaculares—por el simple hecho de que el efecto 11 de Septiembre se está disipando y los estadounidenses se sienten mejor después de la guerra de Irak.

Con relación a Europa, es seguro que los flujos turísticos hacia el Caribe se incrementarán, por lo menos en el corto plazo y a pesar de que subsisten temores de que el valor del euro pueda desatar una recesión.  Esto así porque el encarecimiento del euro trae como consecuencia el abaratamiento de las vacaciones en el Caribe y en todas aquellas áreas que están dolarizadas.  Si esto se añade a la percepción que tienen los europeos del Caribe como una región libre de terrorismo, las perspectivas se tornan todavía más halagüeñas.  El mercado alemán puede mostrarse aletargado en el corto plazo, pero el resurgimiento del mercado inglés, francés, español e italiano es un hecho para la industria turística dominicana.  Y parece enteramente posible que esto se prolongue en el mediano plazo.

El SARS (neumonía atípica)

Aparentemente una derivación del virus corona de la gripe, de esta nueva infección viral que actualmente se desarrolla de manera principal en los países asiáticos no es mucho lo que haya que decir.  Se sabe que el virus de la neumonía atípica –o síndrome agudo respiratorio severo—se transmite por el aire y por contacto y que puede ser mortal.  De hecho ya se cuentan en más de 400 las muertes y el número de casos aumenta a diario.  Por su facilitad de contagio, el virus puede tener un impacto devastador no sólo sobre vidas humanas sino también sobre las economías donde se instale la epidemia.   Sólo hay que ver lo que pasó en Hong Kong y en Toronto para colegir lo que podría pasarle a un destino turístico si el virus lo ataca.

Se cree que el virus se originó en la Provincia Guan Dong de China y los primeros reportes sobre su incidencia comenzaron apenas en noviembre del año pasado.  En marzo comenzó a hacer su aparición en Hong Kong y en Hanoi y Singapur pronto también compartió la lamentable situación de asedio por el virus.  La prensa ha ido dando reportes sobre los esfuerzos de los diferentes gobiernos y de la Organización Mundial de la Salud por contener el virus.  Pero hasta ahora no se tiene una cura certera ni mucho menos se cuenta con una vacuna.  Las perspectivas son buenas de que pueda encontrarse una vacuna en un período relativamente corto  --ya científicos chinos han encontrado anticuerpos del SARS--  pero eso no elimina los temores existentes.

En el Caribe no se han reportado casos de SARS, ni en la República Dominicana.  Las autoridades dominicanas han tomado medidas cautelares en los aeropuertos del país para contrarrestar la propagación del virus.  (Recientemente se mantuvo detenido un avión de COPA AIRLINES porque un pasajero había sido desmontado en Panamá con los síntomas del virus.)  Pero debemos admitir que la cuantía del flujo de pasajeros aéreos que visita y se origina en la República Dominicana nos hace vulnerables a la aparición de la infección.

Las autoridades sanitarias de la región del Caribe están particularmente retadas por este flagelo.  De su capacidad para prevenir la infección depende en gran medida el futuro inmediato de la industria turística.  Las autoridades aeroportuarias conllevan igual responsabilidad en la aplicación de las medidas precautorias.  Pero en verdad es poco más lo que se puede hacer.  Estamos a merced de que los científicos encuentren una vacuna en el corto o mediano plazos y de que las autoridades sanitarias puedan aislar los afectados de manera efectiva.

Para la industria turística del Caribe el SARS es un nuevo factor de preocupación y, al igual que el terrorismo, debe mover a que los agentes privados del sector demanden de sus autoridades el cuidado necesario.

Conclusiones

El repaso anterior, aunque breve, debe haber despertado en todos una inquietud por los nuevos retos que confronta la industria turística.  Esa inquietud debe traducirse en la búsqueda de las medidas cautelares y precautorias que contribuyan a prevenir actos terroristas o el contagio del SARS.  Sobre las situaciones de conflictos geopolíticos es poco lo que puede hacerse.

Sin embargo, las perspectivas generales de la industria turística en el Caribe son bastante buenas actualmente.  El turismo seguirá recuperándose y podría ser que el 2004 sea un año de gran bonanza, si sólo porque los europeos nos perciben como un destino seguro.  Vamos a cruzar los dedos para que estos augurios se materialicen.

1.) Juan Llado es asesor de la Junta Directiva de la Bolsa Turística del Caribe.

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Mayo 26, 2003
 

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