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No hay libertad sin independencia económica

Favor poner en "Asunto" el título y autor del artículo

Ioana Adavani (1)
Centro de Periodismo Independiente (CIJ)

 

En un país donde los medios informativos ocupan el tercer lugar en la nómina de las instituciones más fiables, después de la iglesia y del ejército, ¿de qué libertad disponen estos medios? ¿Qué solidez tiene dicha libertad? ¿Qué posibilidades de desarrollo tiene en una economía pobre?

En materia de cifras, los medios rumanos pueden considerarse "exitosos". Mientras que otros países en la región luchan por promover los medios privados, en Rumania proliferan. Existen miles de publicaciones y cientos de estaciones de radio y televisión en el país, todas ellas en manos de propietarios privados rumanos. Los únicos "medios estatales" son la televisión, la radio y la agencia de noticias Rompres. Por consiguiente, si uno asocia las nociones de "libre" y de "privado", se puede decir que los medios informativos rumanos son libres.

Pero basta con dar un paso más en el análisis para que la percepción cambie. Es una perogrullada afirmar que no puede existir una auténtica independencia editorial sin una situación económica saludable. Lamentablemente, la mayoría de los medios informativos en Rumania no son rentables aún, y dependen del financiamiento procedente de los propietarios de las "otras compañías". Según informan los periodistas, se los "incita" en muchos casos a proteger estos "otros intereses", evitando llevar a cabo investigaciones, tratando cordialmente a los asociados empresariales y ejerciendo una autocensura. "¿Qué tipo de periodista es uno si no sabe desde el inicio de una investigación cuáles son los intereses del propio editor?", preguntó un reportero de Constanta (Rumania del Este), al abordarse el tema de la autocensura en un encuentro profesional de periodistas locales.

La lucha por la supervivencia en un mercado pobre y mal estructurado pervierte muchos de los mecanismos de la industria de la prensa. Los ejecutivos de los diarios locales se quejan del funcionamiento defectuoso de un sistema de distribución amenazado constantemente por la quiebra. Las tentativas de privatización han fracasado, y dentro de poco a nadie le interesará ya. Han surgido redes privadas de distribución, pero por lo general de carácter local. En la mayoría de los casos, el responsable de la red es también editor de un par de títulos, lo cual vuelve tenue la posibilidad de una competencia equitativa.

La publicidad, la fuente principal de ingresos para las publicaciones occidentales, produce más bien dolores de cabeza en Rumania. Apenas un 30% de los ingresos de un diario local proviene de la publicidad; la principal fuente son las ventas directas esenciales para la subsistencia cotidiana. Todas las grandes empresas publicitarias están presentes en el mercado rumano, pero la mayor parte de los presupuestos publicitarios - más del 71% - están destinados a la televisión. Con un índice de 13 dólares per cápita, el mercado publicitario rumano es uno de los más pobres en Europa Central y del Este. Esto genera una batalla encarnizada por obtener ingresos publicitarios, y la corrupción constituye una de las reglas del juego. La publicidad se utiliza como un instrumento para regatear o incluso hacer chantaje. Por ejemplo, el periódico con mayores ventas (Adevarul) ocupa sólo el quinto lugar en la jerarquía de los ingresos publicitarios, mientras que las ventas del diario que atrae las más grandes inversiones publicitarias (Ziua) representan apenas la cuarta parte de las de Adevarul. No es raro encontrar anuncios gigantescos para equipos ferroviarios y otros servicios propuestos por diversas compañías estatales en las páginas de ciertos periódicos - una muestra de "agradecimiento" a cambio de una cobertura positiva.

La política y los negocios en Rumania tienen lazos muy estrechos. Si uno no desarrolla personalmente una actividad política, es seguro que lo hace un pariente, un amigo, un amigo de un amigo, instalándose así un sistema de intercambios de "favores". De esta manera, aun cuando el gobierno no ejerza un control directo sobre el contenido editorial de los medios informativos, su influencia es considerable. En Bacau (Rumania del Este), el intendente controla 3 de los 5 medios informativos locales. El director del periódico que le pertenece es también miembro del consejo de la única fábrica papelera del país. Según periodistas locales, las más importantes empresas de la región, incluidas las compañías de publicidad, son administradas por personas estrechamente vinculadas con el partido gobernante. El intendente usa sus poderes para limitar el acceso a la información de los medios "no alineados", poniendo a la vez trabas a su distribución.

Aunque no interfieran directamente con el contenido editorial, las autoridades buscan "seducir" a los periodistas sin reparos. Según ciertos informes, a fines de 2001, varios ministerios ofrecieron a los periodistas "más merecedores" obsequios de dinero o de vacaciones en la montaña.

Pero las autoridades tienen también otros medios a su disposición para presionar a quienes interfieran con sus esfuerzos por guardar las apariencias. Los juicios contra periodistas y compañías de comunicación son frecuentes. La difamación y la calumnia, el desacato a las autoridades estatales, la denigración de la nación y la divulgación de falsa información son todos delitos penados con condenas de prisión y multas enormes. El informe de la U.E. sobre Rumania del 2000 declara que "el uso generalizado de recursos legales contra los periodistas ha suscitado inquietudes en cuanto a la libertad de prensa".

Los medios informativos en Rumania prueban que la honestidad no es siempre lo más conveniente y que la pobreza es mala consejera cuando de independencia editorial se trata. Ya pasado el entusiasmo de principios de los 90 ante la proliferación de medios informativos como garantía de pluralismo y de democracia, la sociedad rumana está hoy en día más preocupada por la autonomía financiera y la salud económica del sector de la información.

La lección que se puede aprender de Rumania - si alguna lección hay - es la de "prestar atención a las cifras". Al buscar "indicadores medibles", se tiende a un análisis superficial y no se toma en cuenta el poder regulador del mercado. Se pasan por alto los problemas esenciales: la credibilidad, la independencia y el profesionalismo, tanto en el plano editorial como comercial. Para todo esto se necesita dinero. La libertad tiene un precio alto

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1) CIJ es un proyecto de la Fundación para el Periodismo Independiente en Nueva York, de la que dependen centros similares en Bratislava y en Budapest.

 

 

Mayo 6, 2002

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