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El
gobierno
de Colombia
festejó con bombos y platillos la tasa de crecimiento del PIB, del
3.64%, registrada en el 2003. Y no era para menos, por fin la
economía crecía por encima del 3%, después de siete años de
estancamiento. Al fin y al cabo, el crecimiento es una búsqueda
elusiva; en el caso colombiano se ha tornado cada vez más esquivo
desde que se emprendieron las llamadas reformas “estructurales”, que
prometían vanamente mayores tasas de crecimiento. Las autoridades
económicas y sus arúspices, salieron a reivindicar tal logro como el
triunfo de su política económica y, de paso, a enrostrársela a los
críticos de la misma. Según ellos, los resultados les estaban dando
la razón; los hechos son tozudos, afirmaban pavoneándose, cuando la
realidad es otra, pues ellos fueron los primeros sorprendidos con
tal resultado, pues le habían anunciado al país que este se iría por
el despeñadero argentino de no aprobarse el Referendo. Pues bien,
este fracasó estrepitosamente y no solamente no sobrevino la
catástrofe que ellos presagiaron, sino que la economía empieza a
recuperarse, a pesar de los agoreros del desastre...
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Marzo 24, 2004
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