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El Libre Comercio genera Paz

Gerald P. O'Driscoll (1)
Sara J. Fitzgerald (2)

12 de marzo, 2003


E
l siguiente hecho podría provocar más de una torcedura en la próxima marcha anti-globalización (y el próximo llamado a las armas): El libre comercio que los manifestantes denuncian promueve más que prosperidad. Un creciente cuerpo de investigación sugiere que también promueve algo más cercano a sus corazones: Paz.

La evidencia se ha vuelto tan fuerte que el presidente estadounidense, George W. Bush, la ha utilizado para mostrar cómo una política comercial liberal es parte necesaria de una defensa nacional fuerte. La última "Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos" afirma que el libre comercio y la apertura de mercados pueden ser tan importantes para asegurar la paz en el largo plazo como un financiamiento militar robusto.

El documento representa un nuevo pensamiento en el gobierno de que la seguridad de Estados Unidos depende en el éxito económico de otros países, que la represión política y económica engendran pobreza, frustración y resentimiento, y que los mercados abiertos—al igual que los gobiernos abiertos y las sociedades abiertas—pueden aliviar las causas de la amenaza terrorista contra Occidente.

No es la pobreza la que causa el terrorismo. Los 19 secuestradores del 11 de Septiembre provenían mayoritariamente de un origen de clase media; quince de los mismos eran originarios de Arabia Saudita, un país rico en petróleo. Pero las condiciones que producen pobreza—falta de libertad económica—también generan una sensación de desesperanza y desesperación que engendra resentimiento.

Las organizaciones terroristas explotan esta situación al reclutar a nuevos miembros. Mientras tanto, los líderes de estos países le echan las culpas a Estados Unidos en lugar de aceptar la responsabilidad por las políticas que empobrecen a sus propios pueblos.

Tal y como lo señaló la administración Bush en su documento de la Estrategia de Seguridad Nacional, "el crecimiento económico apoyado por el libre comercio y los mercados libres crea nuevos empleos e ingresos más altos. Le permite a la gente salir de la pobreza, estimula la reforma económica y legal, y la lucha contra la corrupción, y refuerza los hábitos de la libertad."

Ayudar a los pobres del mundo a prosperar y reforzar "los hábitos de la libertad" ciertamente constituye una alternativa atractiva a una guerra permanente contra el Islamismo radical. Y sería mucho menos costosa.

A pesar de las excepciones, como Bahrein, la mayoría de los países en el Medio Oriente producen muy poco crecimiento económico para sus poblaciones. Incluso los vastos suministros de petróleo favorecen únicamente a la elite.

Un reporte del Banco Mundial afirma que 2.000 millones de personas—la mayoría de ellas en el África sub-Sahariana, el Medio Oriente y la antigua Unión Soviética—"viven en países que se están quedando rezagados." Estos países han fracasado en integrarse a la economía mundial, fracasaron en derribar las barreras al comercio y a los flujos de inversión, fracasaron en establecer derechos de propiedad y, como resultado, fracasaron en convertirse en economías modernas.

Y, de acuerdo con una investigación realizada por Edward Mansfield de la Universidad de Pennsylvania y Jon Pevehouse de la Universidad de Wisconsin, esa es una receta para problemas. Mansfield y Pevehouse han demostrado que el comercio entre naciones hace que sea menos probable verse envueltas en guerras unas con otras—e impide que rencillas acaben en conflictos de destrucción recíproca. También encontraron que estas tendencias son más pronunciadas entre los países democráticos con una larga tradición de respeto al Estado de Derecho.

Los países que comercian unos con otros tienen menores probabilidades de verse enfrentados en el campo de batalla que los países que no mantienen relaciones comerciales. Y el tamaño de las economías involucradas no afecta esta relación, lo que significa que los países débiles y pequeños pueden aumentar sus capacidades de defensa simplemente al incrementar el comercio con los gigantes económicos del mundo.

Expertos, como Mansfield y Pevehouse, afirman que la integración comercial intensiva, quizás más que cualquier otro factor, ha conllevado a una paz de cinco décadas sin precedentes en Europa Occidental.

Ellos determinaron que los países de América del Norte y del Sur generalmente han buscado integrar sus economías mediante una variedad de alianzas comerciales, y las disputas comerciales en el continente americano tienden a ser resueltas sin necesidad de guerras. Por el contrario, los países de Oriente Medio y África, al igual que los de Europa del Este, han sido históricamente menos activos en establecer relaciones comerciales—y más activos en el campo de batalla.

El comercio no es un substituto de una defensa nacional fuerte, pero esta última no puede garantizar seguridad por sí misma. El libre comercio, mercados libres y pueblos libres no solo traen prosperidad, sino que también paz. Y ese es un objetivo que comparten aquellos que creemos en la globalización—y aquellos que no.

 

1 Gerald P. O'Driscoll  Jr. es académico titular del Cato Institute

2 Sara Fitzgerald es analista de política comercial de la Heritage Foundation.

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Marzo 17, 2003