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La masacre de ETA: Impacto en las elecciones

[Joaquín Roy] (1)


Difícil será superar el trauma causado por la criminal masacre de Madrid, aparte de la tristeza por las víctimas inocentes y el dolor de sus familiares. A nivel político, urge una especulación del efecto del atentado en las elecciones legislativas del domingo 14 de marzo.

Según las encuestas, el Partido Popular (PP) ganaría los comicios. El único enigma consistía en dilucidar es si lograría la mayoría absoluta que le permitiría gobernar en solitario al capturar el necesario número de 176 diputados, la mitad más uno de la cámara baja, compuesta de 350 escaños. Ahora es posible que definitivamente la consiga.

Recuérdese que la erosión de las posibilidades del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por acercarse al PP se había agravado como consecuencia de la apuesta de los socialistas catalanes a formar el pasado noviembre una coalición con los independentistas de Esquerra Republicana y antiguos comunistas, para defenestrar a los conservadores nacionalistas del gobierno autónomo catalán.

La polémica estalló cuando el líder de Esquerra, Josep Lluís Carod Rovira se entrevistó con representantes ETA en el sur de Francia. Carod, Conseller en Cap (“primer ministro”), era en esos momentos Presidente en funciones de la Generalitat, en ausencia de Pasqual Maragall. Supuestamente, de la entrevista saldría una promesa de ETA de no atentar en Cataluña, acusación infundada, nunca probada, y ajena a las intenciones ingenuas de Carod para pasar a la historia como el creador del amaestramiento de los terroristas vascos, tal como había hecho anteriormente con un grupo catalán que iba en la misma senda.

En cualquier caso, el incidente sentó como una bomba en la cúpula del PSOE, que exigió a Maragall la destitución de Carod. Luego que en principio Carod dimitió y luego decidió presentarse como líder de su partido a los comicios del domingo,  ETA anunciaba maquiavélicamente que suspendía los atentados en Cataluña. Naturalmente, todo cobra ahora una dramática relevancia.

Mientras no se preveía impacto notable acerca del hondo desacuerdo con respecto a la alianza ejecutada por Aznar con Bush con respecto a la guerra de Irak, el atentado puede producir una incidencia importante.

En primer lugar, impelidos por la responsabilidad política y los llamamientos de los partidos y el propio gobierno, los votantes que se predecía se quedarían en casa podrían ahora generar un aumento notable en el porcentaje de participación, que se preveía en torno al 65-75%. Si se superara esa cifra de forma importante (lo cual antes del atentado hubiera favorecido al PSOE, perjudicado por la desgana de los consideran que las elecciones ya estaban perdidas), los cálculos apuntan que ciertos indecisos darían un respaldo contundente para que el PP consiguiera la mayoría absoluta.

Este nuevo escenario, paradójicamente, dejaría al gobierno en una situación incómoda. Se le podría señalar, impotente e injustamente, a haberse beneficiado electoralmente por la tragedia. Significativamente, la derrota clara del PSOE no le perjudicaría tanto como haberla sufrido sin el atentado. Por otra parte, un refuerzo del llamado “pacto antiterrorista” plasmado entre los dos partidos, y que estaba en precario por la polémica del caso Carod,    después de las elecciones pudiera elevar la credibilidad de los socialistas de cara a una posterior oportunidad.

Queda por ver, por otra parte, qué incidencia tendrá el crimen en el porcentaje de votos que consiga Esquerra Republicana, que de un solo diputado en el Congreso se calculaba que podía obtener seis, con lo que se convertía en la quinta fuerza política de España, a la altura del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Si no llega a un nivel aceptable, se podrá interpretar como castigo de un electorado nacionalista que votaba a los moderados de Convergencia i Unió, antes liderado por el expresidente Jordi Pujol, lo que reforzaría todavía más el mandato para el PP.

Abrumado por el peso de la púrpura, presionado por los ciudadanos para terminar con la lepra del terrorismo, el sucesor del Aznar, Mariano Rajoy, no tendrá una tarea fácil. Se impone, por lo tanto, una buena dosis de sabiduría política para conseguir una buena alianza con la oposición y revivir los Pactos de la Moncloa, por los que los partidos dejaron de lado sus rencillas y acordaron aprobar la Constitución y apuntalar la democracia. La lucha contra el terrorismo de ETA debe quedar fuera de todos los límites.

                      

Joaquín Roy es catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. jroy@miami.edu

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Marzo 14, 2004
 

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