Difícil
será superar el trauma causado por la criminal masacre de Madrid,
aparte de la tristeza por las víctimas inocentes y el dolor de sus
familiares. A nivel político, urge una especulación del efecto del
atentado en las elecciones legislativas del domingo 14 de marzo.
Según las
encuestas, el Partido Popular (PP) ganaría los comicios. El único enigma
consistía en dilucidar es si lograría la mayoría absoluta que le permitiría
gobernar en solitario al capturar el necesario número de 176 diputados, la
mitad más uno de la cámara baja, compuesta de 350 escaños. Ahora es posible que
definitivamente la consiga.
Recuérdese que la
erosión de las posibilidades del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por
acercarse al PP se había agravado como consecuencia de la apuesta de los
socialistas catalanes a formar el pasado noviembre una coalición con los
independentistas de Esquerra Republicana y antiguos comunistas, para
defenestrar a los conservadores nacionalistas del gobierno autónomo catalán.
La polémica
estalló cuando el líder de Esquerra, Josep Lluís Carod Rovira se entrevistó con
representantes ETA en el sur de Francia. Carod, Conseller en Cap (“primer
ministro”), era en esos momentos Presidente en funciones de la Generalitat, en
ausencia de Pasqual Maragall. Supuestamente, de la entrevista saldría una
promesa de ETA de no atentar en Cataluña, acusación infundada, nunca probada, y
ajena a las intenciones ingenuas de Carod para pasar a la historia como el
creador del amaestramiento de los terroristas vascos, tal como había hecho
anteriormente con un grupo catalán que iba en la misma senda.
En cualquier caso,
el incidente sentó como una bomba en la cúpula del PSOE, que exigió a Maragall
la destitución de Carod. Luego que en principio Carod dimitió y luego decidió
presentarse como líder de su partido a los comicios del domingo, ETA anunciaba
maquiavélicamente que suspendía los atentados en Cataluña. Naturalmente, todo
cobra ahora una dramática relevancia.
Mientras no se preveía impacto notable acerca del
hondo desacuerdo con respecto a la alianza ejecutada por Aznar con Bush con
respecto a la guerra de Irak, el atentado puede producir una incidencia
importante.
En primer lugar, impelidos por la responsabilidad
política y los llamamientos de los partidos y el propio gobierno, los votantes
que se predecía se quedarían en casa podrían ahora generar un aumento notable
en el porcentaje de participación, que se preveía en torno al 65-75%. Si se
superara esa cifra de forma importante (lo cual antes del atentado hubiera
favorecido al PSOE, perjudicado por la desgana de los consideran que las
elecciones ya estaban perdidas), los cálculos apuntan que ciertos indecisos
darían un respaldo contundente para que el PP consiguiera la mayoría absoluta.
Este nuevo escenario, paradójicamente, dejaría al
gobierno en una situación incómoda. Se le podría señalar, impotente e
injustamente, a haberse beneficiado electoralmente por la tragedia.
Significativamente, la derrota clara del PSOE no le perjudicaría tanto como
haberla sufrido sin el atentado. Por otra parte, un refuerzo del llamado “pacto
antiterrorista” plasmado entre los dos partidos, y que estaba en precario por
la polémica del caso Carod, después de las elecciones pudiera elevar la
credibilidad de los socialistas de cara a una posterior oportunidad.
Queda por ver, por otra parte, qué incidencia tendrá
el crimen en el porcentaje de votos que consiga Esquerra Republicana, que de un
solo diputado en el Congreso se calculaba que podía obtener seis, con lo que se
convertía en la quinta fuerza política de España, a la altura del Partido
Nacionalista Vasco (PNV). Si no llega a un nivel aceptable, se podrá
interpretar como castigo de un electorado nacionalista que votaba a los
moderados de Convergencia i Unió, antes liderado por el expresidente Jordi
Pujol, lo que reforzaría todavía más el mandato para el PP.
Abrumado por el peso de la púrpura, presionado por
los ciudadanos para terminar con la lepra del terrorismo, el sucesor del Aznar,
Mariano Rajoy, no tendrá una tarea fácil. Se impone, por lo tanto, una buena
dosis de sabiduría política para conseguir una buena alianza con la oposición y
revivir los Pactos de la Moncloa, por los que los partidos dejaron de lado sus
rencillas y acordaron aprobar la Constitución y apuntalar la democracia. La
lucha contra el terrorismo de ETA debe quedar fuera de todos los límites.
Joaquín Roy es
catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la
Universidad de Miami.
jroy@miami.edu
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Marzo 14, 2004