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Punto y seguido: En pie de guerra

Prócoro Hernández Oropeza


T
odo parece indicar que el presidente norteamericano ya se definió por la confrontación contra Irak. Le puso un plazo de semanas a Sadam Hussein para que salga de su país o lo ataca.  Vaya que es un presidente obstinado al que no convence nadie.  Más bien ha convencido a varios gobiernos europeos a apoyar su acción bélica.

Los tambores de guerra están tocando cada día más fuerte. Y sabemos que la tecnología de que dispone Estados Unidos puede destruir a ese país en cuestión de días. Envanecido por el desmembramiento del gobierno talibán en Afganistán, Irak no podía quedarse al margen y muy probablemente recibirá su castigo. El delito de Irak no es porque posea armas nucleares o químicas o subsidie a los talibanes en el exilio, sencillamente está en el lugar equivocado; se asienta en una zona estratégica para el petróleo. Lo mismo que Afganistán.

Seguramente habremos de ser testigos de otra guerra virtual, a través de la televisión. Tal vez aplasten a Hussein  y mueran muchos civiles. Se ensayarán nuevas y sofisticadas armas, todas letales. Armas que dibujan la capacidad del hombre para matarse con precisión, con riesgos menores para quienes disparan las ojivas y para quienes toman decisiones a miles de kilómetros de distancia de la zona de conflicto.

Esperemos que no, en acto de locura o desesperación, el agredido pueda detonar una bomba atómica que ponga en riego al mundo, no sólo a Estados Unidos. Y aunque no lo haga, las consecuencias de un ataque como el que se espera tendrá sus repercusiones, incluso más allá de la zona de guerra.

Según el Comité Europeo sobre Riesgos de Radiación, la contaminación generada por los programas de armamento y energía nuclear es responsable  de la muerte de 65 millones de personas en todo el planeta. Este organismo compuesto por 30 científicos señala que el uso de uranio empobrecido, sustancia utilizada en municiones antitanque y empleado por las fuerzas aliadas en 1991 en Irak y en 1999 en Yugoslavia, habrían provocado miles de casos de cáncer.

No se descarta que la epidemia mundial de cáncer sea el resultado de la contaminación radioactiva y la exposición a las pruebas nucleares atmosféricas, desarrolladas a su máximo nivel entre 1959 y 1963. Se dice que la incidencia de cáncer de mama en mujeres que fueron adolescentes en esa época sería provocada por esos ensayos.

Es por ello, que muchos ciudadanos en el mundo se oponen a un ataque contra Irak. Y no lo hacen para defender a un gobierno que es muy cuestionado como Hussein. Es que no se puede tolerar que la fuerza, la ley del más fuerte se imponga al diálogo y la negociación. Porque de permitirlo, Estados Unidos tendría visa para hacer lo que se le antoje con quien quiera y donde quiera. Hoy Irak, mañana Corea del Norte o China o nuestro país. ¿Quién sabe a dónde quiera llegar? ¿Hasta dónde se le permita llegar?

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Marzo 03, 2003

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