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Aristóteles: La Ciudad y el ciudadano

[Dr. José Carlos Corbatta]


“El hombre es, por naturaleza, un animal político”. “El hombre perfeccionado por la sociedad es el mejor de los animales; pero es el más terrible cuando vive sin ley ni justicia”. Así, Aristóteles (384-322 a. d. C.) nos introduce en “La Política” y en el mundo del arte de lo posible (1).

En su época, el concepto de la ciudad (2) no es el de ayuntamiento o cabildo, ni de población grande con mayor preeminencia que las villas. La concepción de ciudad por lo tanto es semejante al de República (lat. res publica, cosa pública), Estado (lat. statu) cuerpo político de una nación jurídicamente organizada, y comprendía además sus dependencias inmediatas.

Para el estagirita, la ciudad concentra: 1) el trabajo del gobernante y del hacedor de leyes y en virtud de ello, surge 2) la constitución política que surte las veces de elemento organizador de la vida en la ciudad.

1) El ciudadano es, únicamente, el habitante que puede ser juez o magistrado, los primeros con duración ilimitada (además de los miembros de asambleas generales) y los segundos con duración limitada de manera que no pueden desempeñarse en el mismo cargo en dos oportunidades consecutivas. En definitiva, cuando tenemos el supuesto que las autoridades ilimitada o indefinidamente permanecen en sus cargos, nos situamos frente a los ciudadanos.

Las formas de gobierno, determinan relaciones diferentes, más el ciudadano sólo existe en democracia. Si queremos ahondar en mayores precisiones, el ciudadano de la ciudad constituida, es el que tiene participación legal en la autoridad deliberante y en la judicial.

Aristóteles denomina ciudad a “la multitud de ciudadanos capaz de gobernarse por sí misma, de bastarse a sí misma, de procurarse, en general todo lo necesario para la subsistencia”. El poder que ostenta una persona también lo eleva a ciudadano.

Otro punto a resolver, es el tema de la virtud (lat. virtute) obrante en el buen hombre y si ésta es lindante o no con la del buen ciudadano. En principio, cada ciudadano desempeña un rol (configuración de pautas y caracteres), va de suyo que no existe un criterio que los unifique aunque todos aspiren el líneas generales lo mismo. Así, la comunidad, aparece como forma de gobierno y consecuentemente la virtud debe estar su sintonía, de manera que si existen diferentes formas de gobierno, asoman diferentes tipos de virtudes cuya estimación mora en su ejercicio.

Conforme Aristóteles, la ciudad no puede estar absolutamente compuesta por hombres virtuosos, cada uno cumple su función, lo que trae aparejado que la virtud del buen ciudadano difiera en más o en menos de la del hombre de bien. Dice el fundador de la escuela peripatética: “Es evidente que todos los ciudadanos no pueden asemejarse en todo; y siendo necesario que en la ciudad perfecta posean todos la virtud del buen ciudadano, sin lo cual no habría República perfecta, sería necesario que todos los ciudadanos fueran hombres de bien, lo cual es inadmisible”.

¿Cuál será el buen ciudadano cuya virtud iguale a la del hombre de bien por excelencia? Todos indican que el buen magistrado debe ser prudente (3), probo y educado diferenciadamente del resto, como sucede con los hijos de los reyes que aprenden equitación, actividades lúdicas (4) y política. En “La Política” reseña a Eurípides (480-406 a.d.C), cuando en su tragedia Eolo que “no haga ostentaciones de conocimientos vulgares, sino de las virtudes que el Estado necesita” dando cuenta de la diferenciada educación que se debe dispensar a aquellos tocados por la vara del destino para sencillamente dirigir los intereses del Estado. Concluye el poeta trágico griego que “La temeridad es peligrosa en un jefe, que el verdadero coraje es la prudencia”. La educación desde la niñez, siempre está presente en la filosofía y en la política aristotélica, la gimnástica (5), la música (6), el buen canto surte las veces de formador de la juventud y vaya si lo es.

Quien obedece y quien manda deben ser educados pero quien manda debe recibir un plus (lat., más), pero para saber mandar es necesario haber obedecido. Mando y obediencia son las caras de una moneda con la cual se compra la el bienestar del Estado. Agrega el hijo de Tracia: “Lo que hace la virtud del ciudadano es formar hombres libres en estos conceptos y es en las adversidades cuando sale a la luz la virtud. La virtud del que manda es la prudencia (3) y la primordial virtud del súbdito es obedecer (7).

Surge una duda sobre los artesanos (8) y su condición o exclusión de la categoría de ciudadanos. Al respecto, se zanja la respuesta, admitiendo que no conviene elevar a la calidad de ciudadano a todos aquellos hombres que la ciudad necesita para subsistir. La virtud política pertenece a quienes no se encuentren necesitados de su trabajo para persistir en la vida, la ciudad modelo no los incorpora al igual que a los mercenarios porque trabajan para el público.

2) Se entiende por constitución de un Estado a la “organización regular de todas las magistraturas, principalmente de la que es dueña y soberana de todo(9). La autoridad soberana es la que gobierna la ciudad. En la Democracia la autoridad reside en el Pueblo que enviste soberanía. En la Oligarquía por el contrario la autoridad recae en cabeza de un pequeño grupo de integrantes de ese Pueblo.

Las constituciones que persiguen el afianzamiento de la autoridad general, son loables e identificadas con el valor justicia, en cambio las que se identifican con la unidad particular de los magistrados son reprochables por resultar injustas (10) aunque terminen en constituciones después de todo.

La vuelta a la virtud es la llave para el éxito de los gobiernos de cara al pueblo. Esa misma virtud, debe ser continente de un gobierno que se precie de ser digno de elogios, sobre la búsqueda del desarrollo y la sustentabilidad educativa, económica, política, social y religiosa.

La ciudad se constituye, sobre la base del disfrute de una vida feliz, en el marco de la familia y extensible a sus descendientes. El objeto el Estado es la felicidad de la existencia en pos de la trascendencia humana, todas las instituciones giran sobre esta realidad política, caso contrario no existe la política.

La ciudad para Aristóteles: “es una asociación de familias y poblados para gozar juntos de una vida feliz e independiente”. No obstante el fino tramado del universo aristotélico apunta: “Para algunos, la vida feliz consiste en vivir en la virtud” y en pos de ello producir y fomentar las acciones honestas y virtuosas es el deber que no puede eludirse.

Deseo que guarden esta frase en sus corazones: “Un Estado en que la multitud es pobre y está excluida de los honores, necesariamente ha de tener un gran número de enemigos”. Frente a esta triste etapa en la vida de un Estado, no queda otra cosa que dejar en aquellas manos, parte de las deliberaciones públicas y de los juicios, pero: ¿es esto es error?. Para el legislador griego Solón (640-558 a. C.) era un acierto y señala: “Un estado está bien gobernado cuando los ciudadanos obedecen a los magistrados, y éstos a las leyes” En la masa encuentra elementos que combinados con los talentosos hacen menor mal. Para Aristóteles como para Marco Polo (11) no debe ser así.

Las buenas leyes son útiles si son soberanas (12) y se acomodan a los gobiernos adquiriendo el modismo de quien ejerce la tutela e los intereses del Estado. Ergo gobiernos buenos leyes mejores y gobiernos deficientes leyes peores e injustas producto de la corrupción. (13)

Conclusión:

Creo haber cumplido en parte, con el respeto que le debemos a quienes pensaron antes que nosotros en los problemas de la humanidad. Soy conciente que como dieron la solución filosófica al tema, el mismo vale para siempre y resta combatir nuestra ignorancia generalizada sobre la prudencia y la virtud.

Ambas (prudencia y la virtud), casi borradas de la faz del Estado y latentes en el pueblo y en los hombres probos sucumben frente a la mediocridad de los dirigentes que jamás llegarán a ser conductores.

Lamento la sangre que se escurre en la tierra, aunque espero se vuelva en vida para ver algún día la evolución de la humanidad.

Me dan pena quienes están detrás de los hombres déspotas, porque son tan despreciables como improductivos, tan nefastos como traidores a la causa de los pueblos.

Bueno, no todo está perdido. Gracias a Johannes Gutenberg y a las Maestras,  los libros y textos antiguos se pueden todavía leer. Gracias INTER-FORUM


Referencias:

(1) “Política: arte de lo posible”. 17/07/2001. Política – Opinión y análisis.
Ver:
[analitica.com/va/politica/opinion/7029264.asp
]

(2) Polis -gr. Polis- elemento sufijal que entra en la formación de palabras con el significado de ciudad: cosmópolis, acrópolis o metrópolis.

 

(3) Prudencia: lat.–ntia. Virtud cardinal que gravita en discernir y distar lo que es bueno o malo para alcanzarlo o evadirse de ello. Atañe al discernimiento, buen juicio, mesura y templanza.

(4) “Juegos y juegos”. 6/10/2000. Entretenimiento.
Ver:
[analitica.com/va/entretenimiento/quepasa/8583417.asp]

(5) “Aristóteles y la gimnástica”. 13/12/2001. Deportes – Noticias y Opinión.
Ver:
[analitica.com/va/deportes/opinion/9723523.asp]

(6) “La valorización de la música para Aristóteles”. 5/04/2002. Divertimento – Esferas.
Ver:
[analítica.com/va/entretenimiento/esfera/5005170.asp]  
Según Aristóteles: “La música purifica las pasiones y provoca en los humanos una alegría inocente y pura”.

(7) “El que fabrica flautas obedece; el músico es quien se sirve de las flautas“ Ver: Aristóteles “La Política” Libro Tercero. Capítulo II, 11.

(8) “Artesanos, oficios y clase obrera”. 20/12/2000. Comunidades al día - Opinión y análisis.
Ver:
[analitica.com/va/sociedad/articulos/6024113.asp]

(9) Ver: Aristóteles “La Política” Libro Tercero. Capítulo IV, 1.

(10) Según Aristóteles: “No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”.

(11) Según Marco Polo (1271) “El enemigo común de la humanidad es la ignorancia

(12) “Soberanía: población, territorio y poder”. 27/08/2001. Internacionales – Opinión y análisis.
Ver: [analitica.com/va/internacionales/opinion/9138639.asp]

(13) Probidad: (lat. -itate). Bondad, moralidad, integridad y honradez en el obrar.  

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Febrero 29 2004
 

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