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Crimen y Seguridad Humana en el Caribe

Norman Girvan. (ACS)
El Gran Caribe esta semana

[Estimado de tráfico de cocaína en el Gran Caribe, 1999]
[Gráficos]


L
os informes más recientes ofrecen pruebas claras de que el marcado incremento en la violencia criminal en la región del Gran Caribe no está vinculado a acontecimientos a escala hemisférica y global.

El problema ha sido objeto de una mayor atención internacional en los últimos 20 años, y especialmente desde la década de los 90 del siglo XX. Una serie de factores interrelacionados, de alguna forma asociados con el curso de la globalización y el fin de la Guerra Fría, parecen estar incidiendo.

En primer lugar, la desigualdad global se ha profundizado significativamente desde principios de los años 1980, tanto dentro de las naciones como entre ellas. La crisis de la deuda y los programas de ajuste estructural han cobrado daños humanos y sociales. Los nidos de seguridad social se han desintegrado en Europa del sur y del este, así como también en los fallidos estados en algunas partes de África. La seguridad humana, en términos económicos y sociales básicos, se ha deteriorado.

Las ciudades del Sur -y cada vez más también las del Norte - se ven abarrotadas por gentes desesperadas, especialmente jóvenes del sexo masculino, dispuestos a echar mano de medios igualmente desesperados para obtener su parte del pastel económico.

En segundo lugar, la oferta de armas y municiones es vasta en un inmenso comercio clandestino: los suministros han aumentado con la desintegración del sistema soviético y la culminación de las guerras de liberación en África y de las guerras civiles en América Central.

En tercer lugar, la globalización ha facilitado la diseminación de los sindicatos transnacionales del crimen. La desregulación de los sistemas financieros y de los flujos de capital ha posibilitado la transferencia y canalización de fondos hacia negocios lícitos. La liberalización comercial ha traído consigo una erosión en las fronteras. El aumento de la inseguridad humana ha alimentado el uso indebido de drogas. La prostitución y el contrabando de seres humanos han pasado a formar parte integral de la actividad criminal global.

En cuarto lugar, los déficits fiscales han provocado que cada vez resulte más difícil para muchos Gobiernos desempeñar sus responsabilidades en el área de la seguridad. En la medida en que los recursos criminales han crecido, los recursos estatales se han empequeñecido.

La industria de drogas ilícitas por sí sola genera, en términos conservadores, cerca de $500 billones al año en ganancias. Esta cifra es mucho más que el PIB en conjunto de los 24 Estados que conforman la región del Gran Caribe.

El comercio mundial de drogas ilícitas tiene un valor en cualquier lugar de entre $100 billones (cifra de las NU) y $500 billones (cifra de los EE.UU.). Caricom y América Central exportan en conjunto en bienes y servicios un valor de $32 billones.

Pero hay varios factores que hacen que la región del Gran Caribe sea especialmente vulnerable ante los efectos del crimen internacional. Uno es su ubicación geográfica: la región se encuentra en medio de las rutas de trasbordo de las drogas ilícitas, entre los principales centros productores y los consumidores. El mapa siguiente lo dice todo.

Un segundo factor es su fragmentación geográfica y política: en esta región hay 25 estados independientes y 12 territorios afiliados. A ello se suman las pequeñas dimensiones de la mayoría de sus jurisdicciones; 23 de las cuales tienen menos de 1 millón de habitantes.

En la industria global del crimen, el tráfico de drogas ilícitas es un componente importante. La heroína, la cocaína y la cannabis (marihuana) son los productos principales. Aunque la cannabis es el líder, en término de consumidores, los precios por unidad y las ganancias son mayores en el caso de la heroína y la cocaína. Los países industriales son los mercados más importantes para las drogas ilícitas, aunque el consumo ha venido creciendo a ritmo constante en el mundo en desarrollo y en Europa oriental.

Mientras que el comercio de heroína se origina en Asia, el de cocaína y cannabis se centra en las Américas. Los estimados publicados por la Oficina de las Naciones Unidas para el Control de las Drogas y la Prevención del Crimen (UNODCCP, Tendencias Globales en las Drogas Ilícitas, 2002) ofrecen una idea sobre la escala y el patrón geográfico de la industria en el hemisferio.

Para la cocaína, se reportan solo tres países como los más importantes en la producción global: Bolivia, Colombia y Perú. Se plasman estimados sobre el área de coca cultivada, la posible producción de hojas de coca y la probable producción de cocaína.

Las cifras indican cambios significativos en la segunda mitad de los años 1980 y 1990. Entre 1985 y 1999, el estimado de cultivo global aumentó en un 83 por ciento, pero la producción de hojas de coca se incrementó en más del doble y la producción de cocaína en más del triple. En otras palabras, los rendimientos han crecido tremendamente gracias a la existencia de métodos y tecnologías de producción más avanzados.

Se ha experimentado también un marcado cambio en la ubicación de la producción, de Bolivia y Perú a Colombia. En 1985, la porción que tenía Colombia en la industria era pequeña. En el 2001 contaba con el 69 por ciento del cultivo de coca, el 77 por ciento del potencial de producción de hojas de coca y el 75 por ciento del potencial de producción de cocaína.

Este cambio ayuda a explicar por qué la región del Gran Caribe ocupa una posición clave en las rutas de trasbordo tanto para los mercados de Norteamérica como para los europeos. Un informe de la OEA sobre los Métodos y las Rutas Marítimas en el Tráfico de Drogas (CICAD/Doc.984/98) identifica dos grandes áreas de paso: el "corredor del Amazonas" y el "corredor del Caribe".

El corredor del Amazonas involucra a partes de Brasil, Guyana, Venezuela, Colombia, Bolivia y Paraguay. El corredor del Caribe incluye a los países del sur septentrional y Centroamérica, y a la cadena insular.

El corredor del Caribe tiene en sí mismo dos rutas, ambas se originan en la costa norte de Colombia y Venezuela. Una de ellas se centra en Puerto Rico, donde la droga se vuelve a empaquetar y alistar para ser enviada directamente a la costa este de los EE.UU. "Lanchas rápidas" bordean la costa venezolana y ponen proa recto hacia Puerto Rico, la República Dominicana y Haití, o se mantienen muy cerca de las costas de las islas del Caribe oriental, mezclándose con el tráfico normal.

En la segunda ruta, las embarcaciones siguen un curso noroeste hacia el Caribe occidental, apuntando a lugares situados en o cerca de la costa de la Península de Yucatán para descargar cocaína que transita en México.

En 1999, 33 países en el Gran Caribe ofrecieron estimados sobre el narcotráfico (Tabla). La lista incluye a la mayor parte de las islas caribeñas, grandes y pequeñas, independientes y no independientes, y a toda América Central. Muchos creen que este tráfico subyace tras el marcado incremento en homicidios que se ha experimentado en varios países en los últimos años.

Estimado de tráfico de cocaína en el Gran Caribe, 1999

Sub-región

No. de países que reportaron

Tráfico (Kg.)

Caribe Insular

21(1)

11,604

América Central

7 (2)

16,690

América del Sur

4 (3)

76,572

América del Norte

1 (4)

34,622

(1) Anguila, Antigua y Barbuda, Aruba, Bahamas, Barbados, Bermuda, Islas Vírgenes Británicas, Islas Cayman, Cuba, Dominica, República Dominicana, Granada, Haití, Jamaica, Antillas Neerlandesas, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago, Islas Turcos y Caicos, Islas Vírgenes estadounidenses.

(2)
Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá.

(3)
Colombia, Guyana, Surinam, Venezuela.

(4) México.

Fuente: UNODCCP: Global Illicit Drug Trends, 2002

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Febrero 25, 2003

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