Inicio

Quienes Somos

Contactenos

Buscar Revista

Secciones

Indice Artículos

Editoriales

Enf. Latinoamérica

Gerencia En Acción

Literatura

Negocios

Mujer y Negocios

Tecno-Lógica

Naturalmente

Socio-Política

Revistas Previas

Arte

Medios Del Mundo

Tertulias

English

English Home

Contact Us

Article Archive

Political Issues

Social Issues

Economic Issues

General Articles

The Other Side

Origin

Poetry & Song

 


 

Manos fuera de la Magia

Oscar Domínguez G.
Bogota, Colombia 


T
odo tiene su tiempo bajo el sol: el mismo sol tiene su tiempo para ocultarse; hubo tiempo para escribir el Eclesiastés; tiempo para meter goles los domingos; en Colombia, las reinas se coronan en noviembre, un mes con cuerpo de mujer; las cometas prefieren agosto, un mes con piel de viento; las “culebras” (acreedores)  aparecen cumplidas el día que pagan la quincena.

Y los magos llegan en enero. Lo hacen el 31 cuando celebran su aquelarre anual con el cumpleaños de su patrono, Don Bosco. A finales de diciembre, los magos meten ese mes dentro de un sombrero y, por arte de birlibirloque, lo sacan vestido de enero. También podrían sacar un conejo.

Aprovecho la efemérides para  expresarle a la hermandad de las manos fáciles –magia es humor con las manos-  mi solidaridad ante al agravio que recibieron alguna vez en Estados Unidos donde colegas suyos sin hígados revelaron muchos de los grandes secretos del arte.

En señal de protesta, en su momento me abstuve de ver por televisión los programas en los que se contaban intríngulis del oficio. Un conejo que sale de un sombrero, es un conejo que sale de un sombrero. Una paloma que sale de un cigarrillo es eso, o el logotipo del Espíritu Santo. Nada más.

Eso lo aprendí de niño cuando asistí por primera vez al circo que incluía en la nómina a un payaso de malas que cambió de profesión la noche que se miraba a un espejo sin espejo: el espejo se cayó y se rompió en pedazos. Arrancó tantas risas a la aristocracia bajita de gallinero que de inmediato hizo el tránsito de payaso a mago.

Ese circo tenía en los payasos que cambiaban de oficio,  en la mala suerte y en su pobreza, sus mayores atractivos. Menos mal que nunca tuvo plata para contratar los servicios de un enano. Se les habría crecido.

Nadie entre la “piernipeludocracia” (los niños) que frecuentábamos la carpa de aquel circo, nos atrevimos a dudar jamás, ni a indagar cómo los pañuelos se convertían en conejos, los conejos en confetis, los confetis en paraguas, los paraguas en un aguacero. La magia es la magia, tiene la razón en la sinrazón y dejémonos de vainas y de metafísicas.

Siempre celebré el hecho de que los voluntarios que en su única visita a Colombia desapareció el mago gringo David Copperfield se negaran a contar cómo es el asunto, o dónde estuvieron durante su fugaz eclipse. Eso es contribuir a dejar salir el Merlín que todos llevamos dentro en animada procesión. Contar cómo es el truco, sería tan traumático como si la mujer de nuestros sueños eróticos, Claudia Schiffer, por ejemplo, ex mujer de David y ahora madre de un mago diferente, decidiera acostarse con nosotros. En ese caso, el amor platónico habría dejado de existir. Como la estatua  de la Libertad cuando a David le da por desaparecerla.

Menos mal que Don Bosco, patrono de los magos, pasó la mano sobre el universo mundo, le echó los polvos de la madre celestina,  y nos hizo olvidar a todos  aquel despropósito recordado fugazmente en esta nota que se mete en un punto aparte para biografiar otros magos que nos han visitado.

Daba, de Argentina. Es la versión de sus paisanos Les Luthieres,  pero con las manos. Lo que un plusmarquista de los cien metros planos hace por debajo de los diez segundos, Daba lo hace con sus diez dedos. Regala los de los pies. No tiene hora propia. Cuando Daba necesita saber qué hora es, aprovecha su facilidad de expresión manual para desaparecer relojes ajenos. Como es cleptómano al revés, luego los devuelve. Juega partidos de tenis imaginarios con pelotas amarillas que hoy son y dentro de una milésima de segundo no aparecen.

Nathan Burton es canadiense. Con su oficio hace realidad aquello de que la magia es el esperanto del asombro y de su carnal la sonrisa. Trabaja como si estuviera tocando un Stradivarius. Es el único mago en el mundo que le ha dado estatus al inodoro como caballo de Troya de su arte. En cualquier momento, Burton hace aparecer uno de estos olorosos e imprescindibles artefactos en el escenario. Luego jala una cadena y enseguida desaparece un hombre. Es el preciso para hacer desaparecer del excusado de la historia a todos los corruptos que en el mundo son.

Gustavo Lorgia, de Colombia. Decidió no crecer demasiado para  agigantarse como mago. De su padre no heredó complejos sino trucos. En su caso, un centímetro menos de estatura equivale a una  excentricidad mágica más. Su virtuosismo mayor consiste en desaparecerse él mismo en plena función. En segundos está confundido entre el proletariado de gallinero o entre la aristocracia de adelante. Está perfeccionado una suerte que consiste en convertir al país en una patria -así sea boba- en la que ser honrado vuelva a ser negocio.

Juliana Chen, de China. Esta mujer diminuta es un misterio con los ojos rasgados. Es toda delicadeza, toda fragilidad, toda cartas, toda manos brujas. Los políticos habilidosos no le pierden el rastro porque siempre tiene decenas de ases en la manga. En sus manos, las cartas son pájaros fénix que se van reproduciendo a medida que terminan la  función dormidos sobre el escenario. Es increíble que una mujer tan bella sea capaz de hacer desaparecer tantas cartas. Donde Juliana pone su frágil pie, hay escasez de cartas y pánico de tahúres. Antes de regresar al misterio de su China natal, nos dejó la última carta para jugárnosla al destino. Su foto está en todos los casinos del mundo para impedir su entrada.

Victor & Diamond. En magia, estos dos afro-americanos son alfiles del mismo color negro. Siempre van por la misma diagonal. Son tan diestros en su oficio que les hacen vale en cualquier casino de Las Vegas, donde trabajan. Están tan coordinados que en una conversación Diamond aporta las vocales y  Víctor las consonantes. Esa complicidad se nota al pie de la letra en su trabajo sobre las tablas. Andan con un zoológico de plumas debajo del brazo. El asombro suelta una “certaine sourire” cuando Víctor convierte en mujer a una paloma. Proyecta incorporar a su repertorio de mago el arte de convertir un elefante en conejo. Para ello está leyendo toda la literatura que dejó el proceso 8.000 y el caso Dragacol en Colombia.

Jair Bonaire, gringo de profesión, es un Houdini pluviométrico que saca tantos  paraguas de la nada que podría escapar a todos los aguaceros del mundo sin repetir sombrilla. El único paraguas que le falta a su  repertorio es el surrealista de Tola y Maruja. Jair es el dueño del fuego. Lo manipula a su antojo. Eróstro modelo 2003 construye castillos de fuego en el aire. Convierte la piromanía en arte.

Y como por arte de magia, a partir del próximo punto no me verán más.

E-Mail: *

Comentarios: *

Subir

Febrero 18, 2003