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Hacia una verdadera reforma de las pensiones en Costa Rica

[Ian Vásquez] (1) y [Juan Carlos Hidalgo] (2)
CATO INSTITUTE


E
l año 2003 arribó a Costa Rica con la noticia sobre la inminente quiebra del sistema de pensiones que maneja la Caja Costarricense de Seguro Social, poniendo en el tapete un debate que por mucho tiempo se ha venido atrasando en este país. Ha llegado el momento que los costarricenses discutan la conveniencia o no de continuar con un modelo de seguridad social anticuado y manejado por una burocracia estatal, o llevar al país a una verdadera reforma de pensiones en donde sean los trabajadores los que tengan la libertad de escoger las condiciones de su propio retiro.

Desdichadamente, las propuestas hechas hasta ahora por los diferentes actores sociales—empresarios, sindicatos, y los mismos medios de comunicación—han sido las mismas de siempre: aumentar la edad de retiro, elevar el monto de las cotizaciones y obligar a los trabajadores independientes a cotizar. Ninguna de estas soluciones combate las fallas sistémicas de la seguridad social, fallas que no son propias del modelo costarricense, sino que están presentes en programas de seguridad social alrededor del mundo.

Entre otras se encuentran el factor demográfico—la disminución de la proporción de trabajadores que cotizan y retirados desestabiliza al sistema; el manejo político que se hace de los fondos recaudados—manipulación de las edades de retiro con fines electorales, desproporción entre los montos cotizados y montos pagados de ciertos grupos; así como la poca diversificación de las inversiones del fondo de Invalidez, Vejez y Muerte—al 31 de diciembre de 1999, el 90% del dinero se encontraba invertido en bonos de gobierno.

Para suerte de los costarricenses, países latinoamericanos como Chile, El Salvador y México han reformado exitosamente sus sistemas de seguridad social, brindando valiosas lecciones sobre cómo llevar a cabo un proceso de dicha magnitud, y mostrando las ventajas de emprender una reforma profunda del modelo existente.

En el caso chileno, se le permitió a los trabajadores la libertad de elegir entre el viejo sistema y uno nuevo, en el cual cada trabajador ahorra para su propio retiro a través de contribuciones obligatorias a una cuenta de capitalización individual que viene a ser la propiedad privada del trabajador.

El elemento singular más importante de un sistema de pensiones basado en cuentas individuales de retiro es la libertad de escoger. Un sistema privado incrementa la libertad para escoger cómo invertir, con quién y cuándo invertir, cuándo usar su dinero y cuándo retirarse. Un sistema privado también tendría un efecto profundo en la economía costarricense. Con ahorros en aumento, y por lo tanto inversiones crecientes, un sistema privado crearía una clase de círculo virtuoso en el cual habría mayor productividad, salarios más altos, más oportunidades de trabajo y crecimiento económico. Ya hemos observado dicho fenómeno en Chile, donde la reforma de las pensiones ha sido acompañada de otras políticas públicas coherentes.

En este país andino, las Administradoras de Fondos de Pensiones han tenido un rendimiento promedio real del 10.3% anual durante más de 20 años, los jubilados gozan de beneficios que son entre un 50% y un 100% más altos que bajo el sistema estatal, y las contribuciones obligatorias del sistema privado son más bajas. Todo ello explica por qué más del 90% de los trabajadores chilenos han elegido las cuentas de capitalización.

Más aún, un sistema privado permite que los activos sean traspasados a los herederos, una opción que no existe hoy en día.

La sociedad civil costarricense debe encarar el debate que se aproxima con responsabilidad y visión de futuro. Las soluciones de siempre no son más que parches al sistema que dejan intactas las fallas estructurales de un modelo que está probando ser obsoleto en el resto del mundo. Así, por ejemplo, se han dado cuenta los suecos y los británicos, quienes han optado por darle la libertad a los trabajadores de destinar parte de sus cotizaciones a cuentas de retiro privadas, y en Estados Unidos, donde esta propuesta gana cada día más fuerza en el ámbito popular y entre las autoridades políticas.

Contrario a las demás propuestas realizadas hasta ahora, un sistema de cuentas de retiro privadas soluciona el problema económico inherente de la seguridad social, y es el de su tendencia a la bancarrota por el hecho demográfico que cada vez se gasta más de lo que se recibe.

Es evidente que la libertad del individuo acompañada del respeto a la propiedad privada de ricos y pobres es la mejor vía para asegurar la prosperidad y el retiro digno de miles de trabajadores costarricenses.


1 y 2
[Ian Vásquez]y [Juan Carlos Hidalgo] son director y colaborador, respectivamente, del Proyecto sobre la Libertad Económica Global del Cato Institute.
 

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Febrero 12, 2003