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Biotecnología, Bioseguridad y la Percepción Pública Mundial

Favor poner en "Asunto" el título y autor del artículo

Rufino Pérez Brennan, Ph.D.
Centro de Investigaciones en Biotecnología de la República Dominicana.
Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales

 

La verdad es que cualquier tipo de medida regulatoria o de tipo precautoria para salvaguardar la bioseguridad que se adopte ante el desarrollo de la biotecnología, va a encontrar muchos frentes, algunos de ellos bien crueles.  Esto se espera cuando se trata de temáticas complejas, como la Biotecnología, que desafortunadamente no son del dominio de la mayoría.  Evidentemente, la Biotecnología y sus implicaciones (muchas de ellas desconocidas) dan espacio para debates “campales”.  Algunos de estos debates son el resultado de no entender muy bien y de forma específica las rutas fisiológicas (en plantas y animales) y su relación con nuevos genes que se incorporan a individuos (plantas y/o animales) y como resultado nuestra incapacidad de extrapolar situaciones en torno a la Biotecnología.  

Por otro lado, campañas agresivas con un evidente componente de intereses particulares, han inducido tendencias de dudas y confusiones que dan como resultado la turbulencia de escepticismo a nivel de percepción pública sobre la Biotecnología.  Consecuentemente, los involucrados en su explotación, nos tenemos que revestir de una coraza gruesa, mientras servimos de “abogados del diablo”.  

Es obvio entender, en situaciones normales y lejos de indisposición, prejuicios y posiciones viciadas, que los lactantes (por ejemplo) es el componente de la población más vulnerable y el cual debe servir de referencia para el establecimiento de marcos precautorios en el desarrollo de productos trangénicos, seguros a la salud humana.  Pero como tal, se debe entender al referirnos a lactantes como un estrato vulnerable que la concepción va más allá de los lactantes y más bien lo que se refleja es una disposición de prevenir riesgos y salvaguardar la biodiversidad, a como dé lugar.

Asimismo, se debe siempre enfatizar que cuando se hace referencia a productos biotecnológicos, no se trata de materiales tóxicos o radioactivos que de antemano se han probados que causan desvíos de la “rutas fisiológicas” cuando manejados inadecuadamente.  De igual manera, se reconoce que los genes que hoy día somos capaces de “mover” físicamente en dos años y relocalizar en otros individuos, son en esencia los mismos que la naturaleza movería y relocalizaría en los próximos 100 años.  Después de todo, ningún alimento consumido hoy es el mismo que el consumido hace 200 – 300 años.  La naturaleza ha hecho su propia versión de “ingeniería genética” que se conoce como mutación natural o no inducida por el hombre.  Por supuesto que por eso aparecen plantas (como la raíz de la nuez moscada) que mutan con los años y producen metabolitos que no necesariamente son beneficiosas a los humanos.  Si se quiere, se puede afirmar que algunos resultados de mutaciones naturales producen situaciones contraproducentes a los humanos (en el sentido relativo de la expresión).  Es el caso de plantas como la nuez moscada que produce un herbicida natural (Juglone) el cual quema toda la biodiversidad a su alrededor. 

Sin embargo, contrario a la naturaleza, el hombre hoy día identifica sistemas precautorios que alertan y previenen, en límites, cualquier evento del orden catastrófico.  Por ello, la existencia de los CONABIO’s (Comisiones Nacionales de Bioseguridad), entidades que salvaguardan la biodiversidad, con énfasis especial al manejo adecuado, incluyendo el aspecto ético, de los productos transgénicos.  Tal vez ahí está la explicación de la extinción de algunas especies (mutaciones que resultaron en efectos catastróficos) que hoy día sólo se encuentran los fósiles, pero al mismo tiempo, se puede argumentar que con el uso de la biotecnología podemos evitar la extinción de especies contemporáneas.  aún más, podríamos ser capaces de contribuir al mejoramiento de su salud y sus ecosistemas.

Es importante acotar que biotecnología valora la ética y el respeto al medio ambiente, pero no se escapa de la corruptela “congénita” de la sociedad de hoy.  Un paralelo que cabe es el uso de las armas biológicas, las cuales pueden ser usadas por inescrupulosos, y de las cuales nos cuidamos todos.  La técnica para producir armas biológicas es exactamente la misma utilizada para la producción de fármacos y medicina en general utilizando células o bioreactores.  El dilema está en si no debiéramos avanzar tecnológicamente por el temor a que las tecnologías se puedan utilizar con propósitos malsanos.  O si por el contrario, deberíamos aunar esfuerzos y avanzar tecnológicamente lo más posible siempre bajo el entendido de que las “reglas de juego” en la generación y utilización de las tecnologías deben ser éticas, rigurosas, transparentes y aplicables.  Es decir, traduciendo, biotecnología como disciplina es el fenómeno del siglo XXI que nos podría ayudar a mejorar nuestras vidas y como tal es extraordinaria y oportunamente beneficiosa.  Ahora bien, la biotecnología pudiera ser usada para mal, así como podría ser utilizado un vehículo en movimiento para intencionalmente estropear a un transeúnte.

Mientras tanto, hoy temprano en el siglo XXI, los científicos vivimos una dura y constante faena tratando de presentar a la biotecnología como una disciplina inofensiva y de extraordinario potencial para el beneficio de la humanidad, así aprovechar al máximo su utilidad.  Y es que resulta tan difícil avocar por una temática tan técnica.  El siguiente razonamiento es un ejemplo del tipo de argumentos que se pueden establecer para defender la biotecnología y sus productos, sin que estos representen necesariamente un riesgo a la biodiversidad, y con ello a la humanidad.  Por ejemplo, las proteínas, lípidos, aromas, productos naturales funcionales en la medicina o fármacos como terpenos, alcaloides y antioxidantes, son exactamente los mismos, independientemente de la ruta fisiológica usada por el organismo (planta, animal o microorganismos), para sintetizarlo.  Esta puede ser una planta con una alteración genómica producida físicamente por el hombre, que induzca su síntesis en abundancia (planta trangénica).  Un caso específico lo constituyen los compuestos naturales (producidos por plantas trangénicas) que disminuyen la capacidad proteolítica de plagas de los cultivos como son los casos de las proteínas insecticidas (como por ejemplo la Bt.) y limonoides.  El mensaje es que estos metabolitos son los mismos en estructura, indistintamente de si han sido producidos por una planta trangénica o por una planta sin alteración genómica.  Consecuentemente, yo entiendo que estos compuestos no van a comportarse diferencialmente.  Por lo tanto, no tiene sentido que estos productos tengan que necesariamente ser etiquetado como trangénicos, pues no constituyen un riesgo, per se, a la biodiversidad. 

Ahora bien, si se trata de un metabolito nuevo, cuyo impacto sobre las rutas fisiológicas sea desconocido (por ejemplo, que los ensayos inmunológicos y de nivel ofensivo a la flora y fauna no haya sido establecido), entonces sí debería ser necesario el etiquetado, e incluso, dicho producto no debería liberarse al mercado.

Hay un ejemplo puntual con el que podríamos establecer un paralelo con el oleaje de cuestionantes a la biotecnología y así medir el alcance del daño que este pudiera causar en cuanto a percepción pública, y con ello al desarrollo biotecnológico.  Este paralelo es el de los productos irradiados.  A principio de los 80’s, se produjeron reportes sobre el supuesto efecto negativo en los humanos de los tratamientos con rayos gamma a los alimentos.  La hipótesis fue que la radiación inducía la liberación de radicales libres que a su vez causaban la muerte de células (tejidos) en quienes consumían tales alimentos.  O lo que sería lo mismo que generación de cáncer.  La realidad es que nunca se comprobó (ni se ha comprobado) científicamente que esta hipótesis era cierta.  Lo que sí es cierto es que la percepción pública cambió, para mal, como resultado de la campaña sobre el efecto cancerígeno de los productos irradiados.  El resultado ha sido la sub-utilización de una poderosa tecnología en el área de conservación de alimentos para bien de la humanidad.   

Tomando como experiencia lo ocurrido con los alimentos irradiados y frente a los debates que se escenifican a nivel mundial sobre los OGM’s, sobre su uso, regulación, y desarrollo, se pone de manifiesto la gran necesidad de programas educativos sobre biotecnología y su importancia en la sobre vivencia de la humanidad en los años por venir.  Estos programas educativos son particularmente importantes en los países pobres, en los que el desarrollo biotecnológico depende mucho del apoyo político-moral y económico de forma colectiva, a diferencia de países desarrollados en los que existen mega compañías que exploraran la biotecnología con o sin el apoyo político-moral y económico de sus gobiernos.  Por citar un caso, República Dominicana: menos de 1% de los dominicanos conoce un poco de biotecnología; tal vez uno de cada 100,000 personas conocen el término “trangénico” (siendo incluso generoso).  Ante este panorama, representa un enorme reto para la mayoría de países de Latinoamérica y el Caribe, explotar la biotecnología, pues a diferencia de la informática (el otro fenómeno mundial que ha mejorado la vida humana en todo el planeta), la Biotecnología (unas gran parte) es específica para ecosistemas particulares.  Es decir, la proteína que produce el Bacillus turigiensis (Bt.), por ejemplo, que elimina lepidópteros masticadores en algodón en Texas, puede tener su impacto negativo en otras especimenes beneficiosas en el Caribe.  Esto no significa que el Bt no lo usaríamos en el Caribe como un efectivo bioplaguicida, sino que deberíamos tener la capacidad instalada para establecer ensayos de evaluación.  Alternativamente, deberíamos tener establecido y funcionando efectivamente el marco legal correspondiente, y conocerlo al “dedillo”, para requerir que compañías extranjeras den seguimiento a las evaluaciones o ensayos de lugar, si es que dicho OGM se pretende cultivar en un país en particular. 

Este nivel de conocimiento y capacidad tecnológica nos permite usar la biotecnología, conocerla y favorecer a que los cuestionamientos “obstinados” sobre esta disciplina sean menos y por lo tanto la percepción pública no adopta posiciones que dificulten su total aprovechamiento.  Un positivismo en torno a la biotecnología es la única forma que podríamos establecer las bases para maximizar los beneficios de esta tecnología y así poder generar alimento para alimentar 8 billones de personas para el año 2020.  Más importante, esta plataforma tecnológica nos ayuda a “homogenizar la distribución del pastel” que representa los países ricos y pobres en el ámbito de seguridad alimentaría.

Por otro lado, es bueno entrar en aspectos específicos de la biotecnología moderna que pudieran constituir los ejes centrales de controversias y debates públicos.  Uno de estos aspectos es el fenómeno de la erosión genética y su relación con el uso de trangénicos.  Los cultivos trangénicos, en su mayoría, son cultivados extensivamente, siendo los casos más evidentes la soya, maíz y algodón.  El hecho de producir extensivamente un cultivo en bastas áreas, se puede correr el riesgo de reemplazar las variedades locales, reduciéndose por supuesto la diversidad biológica de la zona.  En países del trópico (casi todo Latinoamérica y el Caribe, con mayor énfasis en el Caribe), se concibe un mayor riesgo de reemplazo de especies nativas por trangénicos debido por un lado a que los países son más pequeños en cuanto a territorio, y por el otro lado, existe un espectro más amplio de la diversidad biológica en cuanto a flora y fauna.   Esto es con relación a países en donde se usan con mayor intensidad los trangénicos (Canadá, EE. UU., China y Argentina).  Consecuentemente, este aspecto es muy particular e importante para el Caribe.

Este aspecto de erosión genética, nos lleva a identificarnos de manera rotunda con el programa que apoya y promueve la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), sobre “Manejo, Conservación y Utilización de los Recursos Genéticos.  Esta iniciativa es oportuna y permite una explotación más agresiva de la Biotecnología.

Finalmente, es evidente, que para entender un fenómeno tan complejo como la Biotecnología en general y aspectos inherentes a esta como los trangénicos, los protocolos de bioseguridad, los requerimientos de la OMC ante los alimentos genéticamente modificados, y los diferentes enfoques dados a la explotación inteligente y estratégica de la Biotecnología por los distintos grupos regionales (Europa, USA, Canadá, Asia) necesitan sistemas más efectivos de comunicación.  En este sentido, es atinado sugerir que cada país debe empeñarse por sus propios programas educativos, promocionales y del orden informativo.  Asimismo, todos los países, sean estos grandes o pequeños, pero con mayor énfasis en los pequeños, deben asegurar su participación o presencia en foros regionales, pues después de todo, las fronteras en el ámbito tecnológico han ido desapareciendo por lo que haga una región, repercutirá en la otra. 

Este proceso de participación a nivel de países debe comenzar por la creación de grupos locales consultivos que contemple el involucramiento de todos los sectores (científico, consumidores, gobierno, comunicadores, productores primarios e industriales).  De esta manera, se asumen posiciones educadas de forma colectiva en los diferentes países.  En República Dominicana por ejemplo para poner un caso de un país pequeño, se ha creado el “Grupo Biotecnología Dominicana”, el cual es de naturaleza interactiva, e incluye representantes de todas las partes. 

Febrero 3, 2001  

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