Definición
Fenómeno por el
cual un magma originado en el interior de la litosfera se pone en
comunicación con la superficie de la Tierra a través de una zona de fractura
de esta.
Características Generales del Vulcanismo
Un
volcán es una abertura en la superficie de la Tierra por la que la roca
incandescente (más conocida como lava) y otros materiales que se encontraban
en las capas más internas de la corteza terrestre alcanzan la superficie.
Cuando esos materiales expulsados se enfrían (y se vuelven sólidos) forman
una estructura que por lo general tiene forma de cono (la montaña que rodea
a la abertura).La actividad volcánica ocurre cuando el magma llega a la
superficie de la Tierra a través de una abertura central o una grieta larga
(fisura). Dicha actividad puede liberar materiales eyectables (desechos que
van desde trozos de roca de lave hasta cenizas, que pueden esta
incandescentes), lava líquida y gases (vapor de agua, dióxido de carbono,
dióxido de azufre, nitrógeno y otros) en el ambiente circundante.
La actividad
volcánica está concentrada, en su mayor parte, en las mismas áreas que la
actividad sísmica. Generalmente se encuentra en los límites de placas
divergentes y convergentes, a veces en lugares intraplacas y tal vez en unas
pocas fallas de transformación.
El vulcanismo y la distribución de los riesgos de volcanes en la
Argentina
Afortunadamente, si se lo compara con otros
lugares del mundo, en la Argentina el volcanismo no alcanza, como fenómeno
peligroso, tan alto grado de impacto sobre las actividades humanas y la vida
de los pobladores. Sin embargo, no debe pensarse que se trata de un país en
el cual el proceso volcánico no sea un factor de riesgo. Existen numerosas
evidencias que indican la extensión y alcance del volcanismo. En primer
lugar, la evidencia geológica señala claramente la importancia del
volcanismo en tiempos geológicamente recientes. Así, la Cordillera de los
Andes, que corresponde tal como se ha dicho a un arco magmático, presenta
numerosos aparatos volcánicos los que han estado en actividad desde el
comienzo del Mioceno (hace 23 millones de años) hasta el presente.
Particularmente pueden reconocerse grandes
estratovolcanes, calderas andesítico-dacíticos y plateaux basálticos de
edades pliocenas superiores y cuaternarias (con menos de 2 millones de
años), relacionados con el último gran evento tectónico de ascenso y
fallamiento de la Cordillera de los Andes (fase diastrófica diaguítica de la
orogenia andina). Las lavas y los depósitos de materiales piroclásticos
asociados a estos eventos volcánicos, alcanzan enormes extensiones areales y
grandes espesores en todo el sector occidental de la Argentina. Predominan
en el sector noroeste, en la Puna y desde el sector medio de la provincia de
Mendoza hasta el extremo sur de Santa Cruz, extendiéndose en algunos
sectores no solo en la franja cordillerana sino también en el ambiente
extraandino de Mendoza, Neuquén, La Pampa y Santa Cruz.
Otras evidencias de registros de actividad
volcánica reciente surgen del estudio de los suelos de la mayor parte de
nuestro país, y en particular los de la Región Pampeana. Estos muestran una
preponderante participación de materiales volcánicos. Estos materiales se
depositaron en diferentes momentos del Cuaternario ya sea como lluvia de
cenizas o transportados por el viento desde la zona cordillerana. Los
materiales originarios dominantes de los suelos de la región son conocidos
como loess, semejantes a los existentes en otros lugares del mundo. Sin
embargo, es precisamente el predominio de materiales volcánicos lo que
diferencia al loess pampeano del loess de otras regiones, como China,
Norteamérica y Rusia. Esta particularidad ya fue señalada por los primeros
investigadores que los estudiaron en el siglo pasado como D´Orbigny, Darwin
y Ameghino.
A estas evidencias se suman los datos recogidos directamente por el hombre,
de erupciones históricas acaecidas en algunos volcanes de la zona fronteriza
o sectores aledaños de Chile. Así, la mayor parte de nosotros recuerda la
erupción del volcán Hudson del año 1991 o nuestros padres y abuelos
recuerdan las cenizas que cayeron sobre Buenos Aires en 1932, durante la
erupción del Quizapu, a la latitud del sur de Mendoza. El arco magmático
cordillerano activo ha migrado en tiempos geológicos recientes, en la
mayoría de los casos, hacia el oeste, aproximándose más a la zona de
subducción, por lo que la mayor parte de los volcanes activos y durmientes
se encuentran localizados en el límite internacional o pocos kilómetros al
oeste, ya en el territorio chileno. La Cordillera de los Andes, entre las
latitudes en las que se encuentra comprendida la República Argentina,
presenta tres segmentos en los cuales se concentra la actividad volcánica
actual, si se exceptúa el territorio antártico e islas del Atlántico sur.
Estos son un segmento norte entre Catamarca y Jujuy, un segmento centro-sur,
localizado en la cordillera de los Andes comprendida entre el cerro
Tupungato, en Mendoza y el norte de Chubut y un segmento austral,
aproximadamente coincidente con la extensión latitudinal de la provincia de
Santa Cruz. En el sector norte se encuentran los volcanes activos más
grandes del mundo: los cerros Ojos del Salado y Llullaillaco, ambos con más
de 6800 metros, en los límites de Catamarca y Salta con Chile,
respectivamente. El segmento sur presenta la mayor actividad actual.
En el siglo XX algunos volcanes han tenido
erupciones con diferente grado de impacto sobre distintos sectores del
territorio argentino. Debido a las características geológicas de la
Cordillera de los Andes las principales geoformas volcánicas son los
estratovolcanes o volcanes compuestos y las calderas. Ambos se vinculan,
como se vio más arriba, a erupciones de magmas mesosilíceos a ácidos
(andesitas y riolitas), con abundante actividad piroclástica y
comparativamente menor actividad lávica. Estas erupciones son generalmente
explosivas y usualmente corresponden a los tipos plinianos, peleanos,
freatomagmáticos y vulcanianos, todos los cuales se encuentran precedidos y
vinculados a grandes sismos y temblores.
Entre
las erupciones volcánicas que impactaron durante el siglo XX el territorio
nacional, se destacan las de los cerros Descabezado-Quizapu (1932),
Tupungatito (1952, 1980 y 1986), Peteroa (1991), Hudson (1991), Copahue
(1992), Lascar (1989-1993) y Llaima (1994). El impacto de las mismas en la
Argentina se produjo principalmente por depositación de lluvias de cenizas.
Al inicio de este artículo se distinguió entre peligrosidad volcánica y
riesgo volcánico, estableciendo que para la determinación del segundo era
necesario contar con la valoración de la localización de asentamientos
humanos y actividades socioeconómicas que pudieran ser afectados. Por la
ubicación de los centros volcánicos activos en zonas escasamente pobladas o
directamente no pobladas, los impactos directos de los volcanes, ya sean
efectos de las lavas y flujos piroclásticos son comparativamente poco
significativos. Los efectos indirectos, principalmente sobre las actividades
agropecuarias son potencialmente mucho mayores. Estos son generalmente
debidos a la acumulación de cenizas volcánicas las que interfieren con el
ciclo de vida de las plantas a la vez que afectan las propiedades de los
suelos y cuerpos de agua, repercutiendo negativamente en las actividades
socioeconómicas de importantes sectores del país.
Así por ejemplo, la erupción del Hudson provocó
la mortandad de gran parte del ganado ovino existente en la provincia de
Santa Cruz, al disminuir considerablemente la cobertura vegetal de la ya
sobrepastoreada Patagonia extraandina. La erupción del año 1991 (freatopliniana)
afectó más de 300.000km2 alcanzando acumulaciones de más de un
metro en los sectores aledaños al Lago Buenos Aires, como en Los Antiguos y
Perito Moreno. Bitschene (1995) estima que la erupción del Hudson de 1991
implicó, en las provincias de Chubut y Santa Cruz, pérdidas directas,
estimadas en más de 10 millones de pesos, en animales, lanas, viviendas,
limpieza de sistemas de provisión de agua, limpieza de aeropuertos, equipos
de comunicaciones y eléctricos, limpieza de caminos, etcétera. En el caso
del volcán Lascar, localizado en el norte de Chile, cerca de la frontera con
Salta y Jujuy, la depositación de cenizas relacionada a las diferentes
erupciones (plinianas) de los años 80 y 90 afectó a buena parte del norte de
la Argentina. Asimismo, se señalan reiteradas erupciones volcánicas
ocurridas en tiempos históricos en el centro-sur de la provincia de Mendoza
como una de las principales causas de la degradación de las tierras de la
misma.
Una de las pocas zonas en las cuales las
erupciones pueden tener efectos directos sobre asentamientos humanos, es en
algunos sectores de la Cordillera Neuquina, especialmente en la zona del
cerro Copahue, en las proximidades del cual se localiza la localidad
homónima y Caviahue. Asimismo, la zona del volcán Lanín, en las cercanías de
San Martín de los Andes y Junín de los Andes, debe estudiarse con mayor
detalle a los efectos de establecer el grado de peligrosidad del mismo, ya
que muestra evidencias de actividades holocenas (menos de 10.000 años) y se
localiza en estrecha relación tectónica con volcanes activos de Chile
ubicados muy próximos, como por ejemplo el Villarica y el Quetrupillan.
Finalmente, como impactos directos de eventos volcánicos relativamente
alejados del lugar afectado, puede señalarse la presencia de grandes
temblores, como por ejemplo los que tuvieron lugar en Bariloche en 1961 y el
lagomoto del Nahuel Huapí que produjo, además de daños materiales, pérdida
de vidas (erupción del volcán Osorno).
A modo de conclusión se puede decir que los
principales peligros, desde el punto de vista volcanológico, se encontrarían
relacionados con aquellos sectores en los que predominan las erupciones de
magmas ácidos a mesosilíceos, más viscosos, con altos contenidos de gases.
Este tipo de volcanismo es precisamente el dominante en la Cordillera de los
Andes, a la latitud de nuestro país. Por otro lado, el riesgo volcánico se
ve incrementado por la presencia de poblaciones localizadas en las zonas
aledañas a los volcanes, por la existencia de un relieve abrupto, con
pendientes potencialmente inestables, proximidad a cuerpos de agua (como
lagos, casquetes de hielo o ríos) así como a condiciones climáticas
regionales húmedas, existencia de vientos dominantes (como en el caso de la
Argentina, en la cual los vientos del Oeste son importantes y por lo tanto
efectivos a la hora de traer los productos de los volcanes de la zona del
límite o de Chile). Finalmente, no se puede dejar de tener en cuenta que la
falta de programas de protección civil, lamentablemente muy importante en la
Argentina, incrementa la potencialidad de riesgos volcánicos.
Como mitigar la erupción de un volcán
La predicción
de la actividad volcánica se está estudiando y ha sido mejorada notablemente
durante el siglo XX. Con los mapas sismográficos, la historia eruptiva de un
volcán o un centro volcánico da alguna indicación de dónde se hallan los
riesgos. Se ha tenido mucha experiencia en el Observatorio de Volcanes de
Hawai, en Kilauea, en la predicción de erupciones allí y se investiga
actualmente en el Monte St. Helens y en otros lugares como Japón, que tiene
el 10% de los volcanes activos del mundo.
Aunque toma
tiempo acumular los datos necesarios para detectar los patrones de
comportamiento y cada volcán tiene su propia personalidad, ahora los
vulcanólogos buscan un fenómeno precursor como la inclinación o abultamiento
del cono, cambios en las propiedades térmicas del volcán, variaciones en la
composición del gas y actividad sísmica intensificada.
El control de
las erupciones volcánicas parece imposible, pero ha habido algo de éxito en
ello. Las técnicas experimentales incluyen el obstruir los flujos de lava,
de lodo y de desechos; bombear los flujos de lava y dispersarlos con agua,
todo lo cual ha ayudado en algunos casos.
Los objetivos son:
A)
Contribuir a la reducción de los desastres por amenazas naturales.
B)
Desarrollar y fortalecer las capacidades para contribuir a la solución de
problemas científicos y técnicos, relacionados con amenazas naturales y
control de evaluación de vulnerabilidad.
C)
Contribuir para incrementar a todos los niveles y sectores de la comunidad,
una percepción de las amenazas naturales, vulnerabilidad y recursos modernos
para el control de los efectos adversos.
Medidas que deben adoptarse
-
Identificación y análisis del riesgo y la evaluación de sus
consecuencias.
-
Zonificación del riesgo.
-
Evaluación del suceso en tiempo real para la aplicación oportuna
de las medidas de protección.
-
Composición de la estructura operativa del Plan, considerando la
incorporación de organismos especializados y personal técnico necesario.
-
Características de la información a la población diferenciando la
relativa al conocimiento de riesgo y al conocimiento del Plan.
-
Establecimiento de sistemas de alerta, para que las actuaciones en
emergencias sean eminentemente preventivas.
-
Planificación de medidas específicas, tanto de protección, como de
carácter asistencial a la población.
Medidas preventivas
Una muy buena pregunta: ¿Qué debemos hacer antes-durante y después
de una erupción volcánica?
Consejos previos
·
Prepararse mentalmente para evitar situaciones
de miedo y pánico.
·
Si una erupción es anticipada no hay que perder
la calma.
·
Mantenerse informado sobre el desarrollo del
fenómeno a través de autoridades oficiales y personal científico.
Antes de una erupción
·
Siempre disponer consigo una mascarilla o
pañuelo para cubrir la boca.
·
Conocer las rutas de evacuación.
·
Los depósitos de agua deben ser cubiertos para
evitar la contaminación de los mismos. Proteger ventanas por la posible
rotura de las mismas ya que pueden caer piedras. Para protegerse dentro del
hogar, los lugares más seguros son los cuartos interiores.
·
Cubrir con cinta adhesiva las rendijas de
puertas y ventanas para impedir que la ceniza se introduzca a través de las
mismas.
·
Alejarse de los valles y quebradas próximos al
volcán para evitar los posibles flujos de lodo.
·
Artículos que siempre se deben mantener en
reserva: Suficiente agua potable, alimentos no perecederos y enlatados para
los próximos 8 días, botiquín de primeros auxilios, filtros para agua,
vajilla desechable, linternas y velas.
Durante la erupción
·
Reunirse con la familia en un lugar seguro y
prestar especial atención a niños, personas de tercera de edad y aquellas
que son delicadas de salud.
·
Mientras se desarrolla la erupción, mantenerse
bajo techo y recién salir cuando la atmósfera se encuentre limpia.
·
Utilice las mascarillas para respirar. También
puede ser usados toallas o pañuelos humedecidos con agua.
·
Proteger los oídos y ojos si el ambiente se ha
contaminado.
·
En caso de registrarse una abundante caída de
ceniza no conducir el vehículo para evitar accidentes por la oscuridad
acentuada.
·
Si es sorprendido dentro del auto por la lluvia
de ceniza, se debe permanecer en el con las ventanas y puertas cerradas. En
el caso de poder transitar hacerlo lentamente para evitar levantar la
ceniza.
Después de la erupción
·
Mantenerse informado hasta que las autoridades
anuncien que la actividad volcánica haya cesado.
·
Si se observa la obstrucción de alcantarillas o
del represamiento de quebradas o ríos, aléjese de esos lugares e
inmediatamente comunicarlo a las autoridades pertinentes.
·
Si la vivienda esta en una zona de riesgo de
flujos de lodo es conveniente retirarse a lugares altos; además es
conveniente reforzar las puertas---ventanas bajas---paredes vulnerables con
el fin de evitar la penetración del lodo en las construcciones.
Estas premisas son muy útiles para aquellos
pobladores locales que viven en las zonas expuestas a actividad volcánica,
pero también es una guía para aquellos turistas y acampantes que provienen
de lugares que no se encuentran bajo la peligrosidad que pueden ofrecer
estas montañas y verse involucrados/afectados por la presencia de ceniza
volcánica. Considerar y ser conscientes de los inconvenientes y peligros que
ofrece la ceniza, y memorizar procedimientos de que hacer antes-durante y
despues de una erupción ayudará a minimizar los daños, el pánico y la
confusión.
Plan de Mitigación Ambiental
El éxito en la
implementación de un Plan de Mitigación Ambiental depende del compromiso y
la implicación de todo el personal, en todos los niveles y funciones.
Es en los altos
niveles donde se ha de definir la política de Gestión Ambiental a seguir y
son estos niveles los que han de evaluar y revisar el sistema de gestión
para asegurar su adecuación y su eficacia.
Una vez
implantado un Plan de Gestión Ambiental se deberá hacer que se examinen, por
parte de un estamento objetivo, imparcial, capacitado y debidamente
acreditado, la política, el programa, el Plan de Gestión, el procedimiento
de evaluación o de la auditoría y la declaración o declaraciones ambientales
para comprobar que cumplen los requisitos, así como validar las
declaraciones ambientales.
El verificador
ambiental deberá ser independiente del auditor del centro, y para ejercer
sus funciones deberá estar acreditado por un organismo de acreditación que
garantice su imparcialidad e independencia.
El organismo
verificador debe tener un registro de cualificación de su personal con
respecto a:
·
Metodología de auditoría ambiental.
·
Conocimientos sobre gestión y procesos de gestión.
·
Problemáticas ambientales.
·
Legislación y normativa ambiental.
·
Conocimiento adecuado de las actividades a verificar.
En cuanto a los
órganos competentes para la Planificación hay que destacar los siguientes:
A)
El Gobiernos: Le corresponde como órgano superior de dirección y
coordinación en materia de protección civil, aprobar, a propuesta del
Ministro del Interior y previo informe de la Comisión Nacional de Protección
Civil, los Planes Básicos y los Planes Especiales de ámbito estatal, así
como las Directrices Básicas de los Planes especiales.
B)
Las Comunidades Autónomas: Son las encargadas de elaborar y aprobar sus
correspondientes Planes Territoriales, así como los Planes Especiales cuyo
ámbito territorial de aplicación no exceda del de la propia Comunidad
Autónoma.
C)
Las entidades locales: elaboraran y aprobarán, cuando proceda y según el
marco de planificación establecido en cada ámbito territorial, sus
correspondientes Planes territoriales de protección civil.
1)
Cristian
Frers:
Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
Tte. Gral. Juan D. Peron
2049 7mo. “55”.
(1040) Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
República Argentina.
E-mail:
cristianfrers@hotmail.com
Enero 19 2004
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