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La trampa de la dolarización
Reflexiones para una discusión latinoamericana

© Alberto Acosta (1)
Edición especial revisada para
Revista INTER-FORUM
11 de enero del 2002

 

Índice 

1. Introducción
2.
La dolarización en el contexto de la “globalización”

3.
La dolarización como instrumento para una integración (norte)americana

4.
La dolarización como palanca para consolidar el Washington Consensus (WC)
5. La dolarización y sus rigideces en la gestión macroeconómica

6. A modo de conclusión
Notas
Bibliografía

1. Introducción

Ecuador sorprendió al mundo en enero del 2000. Con la dolarización oficial plena de su economía fue el primer país de América Latina que sacrificó su moneda nacional e introdujo una moneda extranjera como de curso legal completo. Panamá era, hasta entonces, el único país (2) que había asumido el dólar norteamericano, como resultado de una imposición externa a poco de su separación de Colombia en 1903 (3) A inicios del tercer milenio, un año después que Ecuador, dos países centroamericanos -El Salvador y Guatemala (4), con diversos ritmos- se encaminaron hacia la dolarización plena de sus economías.

En este contexto se profundiza la discusión sobre dolarizar o no las economías de América Latina, especialmente en economía que atraviezan una situación extremandamente crítica, como la argentina. Y como van las cosas, en la mayoría de casos, “la decisión final sobre la dolarización plena no se impondrá ni se rechazará por los designios de la razón, sino que responderá a la dinámica derivada de la armazón de los intereses políticos hegemónicos y de la lógica del capital a escala internacional, respaldados por las cúpulas dominantes de los países latinoamericanos” (Schuldt). En otras palabras, la dolarización sería más el resultado de decisiones y angustias políticas antes que la consecuencia de reflexiones técnicas.

Desde esta perspectiva cabe analizar sus alcances y, por cierto, sus limitaciones. A la dolarización, en consecuencia, no hay como ubicarla únicamente en el campo económico, hay que estudiarla como una herramienta de uso múltiple en varios ámbitos, pues a más de ser presentada como una medida que augura un shock de confianza para superar la perdida de credibilidad en la política monetaria nacional, ha sido empleada también como tabla de salvación política para gobiernos en crisis, el caso de Ecuador. También se la concibe como un mecanismo capaz de provocar hasta una suerte hipnosis colectiva para acelerar el ajuste estructural, por ejemplo podría servir como palanca para desentrabar los procesos de privatización, así como para apurar la flexibilización laboral; y, hasta se espera que ella actúe como ancla para enraizar el modelo neoliberal, cuya continuidad estaría en cierta medida garantizada independientemente de quién gobierne, el sueño tecnocrático de despolitizar la economía.

A más de las lógicas internas en cada país, hay que comprender los intereses norteamericanos y, por cierto, la estrategia de los organismos multilaterales. La dolarización, por lo demás, no puede ser estudiada exclusivamente en el vacío de la política económica, sino que debe incorporar reflexiones propias de economía política. Solo así se podrá discutir “una aventurada hipótesis” planteada por Jürgen Schuldt, uno
de los críticos más profundos de la dolarización, quien teme que “la dolarización plena de nuestras economías será un hecho en unos pocos años”.

Reconociendo, entonces, que la dolarización está al servicio de determinados intereses y alianzas hegemónicas dentro y fuera de cada país, y que su aplicación responde a procesos avasalladores propios de la mundialización del capitalismo, conviene hacer un análisis desde varias aristas, resaltando las diversas implicaciones y las principales agendas involucradas, así como una serie de prejuicios e inercias que trascienden las racionalidades estratégicas.

2. La dolarización en el contexto de la “globalización”

La tendencia a la creciente integración global de los mercados de bienes y servicios, así como de los flujos financieros, impulsa la búsqueda de esquemas que permitan reducir los costos de transacción, las incertidumbres monetarias y los riesgos cambiarios existentes, alentando una mayor interrelación con la economía mundial. Esto conduce, de una u otra forma, a un cuestionamiento del sistema monetario internacional sustentado en la existencia de una moneda por cada país. Sus externalidades se reducirían a través de procesos de centralización monetaria. Por lo que el mundo, se dice con frecuencia, estaría en camino hacia la constitución de pocas zonas monetarias, en el cual los actuales casos de dolarización unilateral o asimétrica serían simplemente respuestas adelantadas dentro de  una corriente indetenible.


Estas manifestaciones globalizantes, como es ampliamente conocido, se expresan en un constante choque de fuerzas centrípetas y centrífugas. Unas y otras, en una compleja relación dialéctica, reflejan las diversas lógicas dominantes y también aquellas estructuralmente marginadas. La “globalización”, como producto propio de la mundialización del sistema capitalista y como tal de vieja data, es ambivalente; por un lado homogeiniza e integra, pero por otro diversifica y desintegra. Así, la apertura comercial convive con la construcción de espacios de integración regional, en los cuales se proponen esquemas de centralización monetaria. El caso más notable es la adopción del euro como moneda de por lo menos doce países de la Unión Europea; la cual, a su vez, tendría en su mira incorporar al resto de países de Europa del este. Un grupo de países árabes, quizás influenciados por la experiencia europea, se encuentra también estudiando la posibilidad de construir una unidad monetaria propia. Y aún cuando no se puede comparar la dolarización unilateral con la constitución de una zona monetaria óptima, como sucede con el euro, hay que reconocer la influencia que tiene éste para alentar la renuncia de la moneda nacional en determinados sectores de América Latina. Además, algunos países actuarían de esta manera por el miedo a quedarse marginados de los cambios internacionales, pues, al renunciar a sus políticas monetarias y cambiarias, aspiran a integrarse aceleradamente a una economía más grande y exitosa, siguiendo la ilusa expectativa de acelerar la “globalización” (5). La mezcla de estos factores, a los cuales se sumaría el efecto “demostración” a partir de los “éxitos” que se puedan registrar en esta aventura dolarizadora, podrían ampliar y acelerar las renuncias a la moneda nacional.


En el ámbito internacional, de cualquier manera, no se puede asumir como que necesariamente se llegará un momento en el cual existan solo unas pocas monedas. En el actual proceso globalizante o de triadización (
6), a más de las monedas nacionales, que todavía suman varias decenas, se perfilan -todavía marginalmente- muchas más monedas de origen social o dineros alternativos (7). De suerte que a los procesos de centralización monetaria, sobre bases supranacionales, se contraponen dialécticamente esquemas descentralizados.


Lo que sí es cierto es que, en medio de estas tendencias globalizantes, se cuestiona el sistema cambiario internacional como exigencia de las transformaciones tecnológicas y de la configuración de una nueva división de trabajo a nivel mundial. Una de cuyas manifestaciones es la polarización entre los tipos de cambio rígido -caja de conversión o dolarización- (
8), y los tipos de cambio de libre flotación (9), mientras que los otros regímenes cambiarios de flexibilidad controlada -minidevaluaciones o bandas cambiarias- han perdido terreno. No obstante, aún cuando parecería que se impone el sacrificio de las políticas monetarias nacionales en los países latinoamericanos, sea por la vía de la dolarización espontánea o por la vía oficial, es prematuro anticipar cuál será el nuevo régimen cambiario y monetario dominante a nivel mundial como producto de los cambios en marcha (10).

3. La dolarización como instrumento para una integración (norte)americana

En el caso de los países latinoamericanos, en particular, habría que ubicar la dolarización dentro de las tendencias integracionistas aceleradas desde la creación del Área de Libre Comercio -ALCA-, durante la Primera Cumbre de las Américas en diciembre de 1994.


Con el ALCA, Washington quiere hacer realidad su viejo sueño de expansión económica y aún monetaria, incubado desde fines del siglo XIX. Recordemos que el 24 mayo de 1888 el gobierno norteamericano invitó a los países latinoamericanos y al entonces reino de Hawai para una Conferencia Internacional en Washington, para estudiar, entre otras cosas, "la adopción por cada uno de los gobiernos de una moneda común de plata, que sea de uso forzoso en las transacciones comerciales recíprocas de los ciudadanos de todos los Estados de América". El uso del oro y la plata, con relación fija, debía ser consultado con las otras naciones del globo, en lo que pudo haber sido un Congreso Monetario Universal, tal como describió José Martí el origen, evolución y fracaso de esta iniciativa.


Desde entonces ha corrido mucha agua por el Potomac. Varios han sido los intentos hegemónicos de Washington para consolidar esquemas de control del resto de las economías de América
(11). Todavía con cierta cautela hacia afuera, los EE.UU. alientan un proceso asimétrico de dolarización plena, pues, al parecer, en Washington habría el deseo de cristalizar una unión monetaria sin asumir costos y responsabilidades, lo cual hace de este intento algo único y no asimilable a la lógica de la unión monetaria en Europa.


La “International Monetary Stability Act” (IMSA) (12), impulsada por el senador republicano Connie Mack, sintetiza los principales argumentos de esta iniciativa:

  • Con el fin de resolver el problema del señoreaje de los países que dolarizan en forma unilateral, que pierden al renunciar a su potestad soberana de imprimir billetes, se propone que se negocie una participación de hasta un 85% con el Departamento del Tesoro, siempre que éste esté de acuerdo con dicha dolarización y que, además, el país interesado no tenga posiciones hostiles frente a los EE.UU. y cumpla con una serie de requisitos (Una nueva forma de certificación, esta vez de tipo monetario).

  • Aquí se espera que el país que dolariza coopere con el gobierno norteamericano en la lucha contra el lavado de dineros ilícitamente habidos.

  • La dolarización es vista como una oportunidad para expandir las exportaciones e inversiones norteamericanas, en la medida que se reduce el riesgo cambiario al consolidarse una unión monetaria en base al dólar.

  •  Por igual se esperan beneficios adicionales si se recuperan las economías latinoamericanas, lo cual traería menores riesgos y costos para los ciudadanos norteamericanos en general (13).

  • Con esta medida se espera también favorecer a los bancos norteamericanos, puesto que no solo que entregarían el dinero para dolarizar a los países que no poseen las suficientes reservas internacionales netas para cubrir la base monetaria, sino que, además, actuarían de alguna manera como prestamistas de última instancia, al ofrecer el “colateral”, contando con la certificación del Departamento del Tesoro.

  •  Es obvio que la reserva Federal no asume compromiso alguno en el caso de que se presenten problemas en las economías unilateralmente dolarizadas.

De esta manera, dicho proyecto de ley -aún cuando no ha superado ese nivel de proyecto- alimenta un ambiente propicio para que cada vez más países opten por esta decisión. Aunque cabe señalar que en realidad este proyecto es otra coartada para acelerar la dolarización, pues las posibles ventajas que ofrece el IMSA al compartir el señoreaje se harían realidad recién 10 años después de suscrito un convenio con los Estado Unidos. Y, algo más importante, la pérdida del señoreaje no es definitivamente el único, ni el principal problema que afronta una economía que se dolariza unilateralmente.


Con la incorporación unilateral al ámbito monetario de los EE.UU. se reducen las posibilidades para negociar una futura integración monetaria simétrica (si es que ésta fuera una opción a seguir). El país que se dolariza unilateralmente archiva, sin obtener nada a cambio, parte importante de su soberanía económica, como lo es la política monetaria y cambiaria (14).


Si bien es cierto que las economías latinoamericanas dependen ya en gran medida  del mercado norteamericano, con la dolarización, en realidad, se inclinarán mucho más hacia los EE.UU. Así, una economía dolarizada estará mucho más vinculada a un ciclo económico diferente al nacional, sin muchas posibilidades para desarrollar políticas contracíclicas cuando sean necesarias, por el mismo hecho de haber renunciado a su política monetaria y cambiaria. Además, las economías regionales no avanzan al mismo ritmo de innovación y de incremento de la productividad sistémica que el de los EE.UU. Un asunto preocupante, pues la economía de los países latinoamericanos difiere de la norteamericana no solo en su tamaño y peso específico en el contexto mundial, sino sobre todo en su especialización y en la productividad global de sus factores.


Esta decisión hará mucho más vulnerables y dependientes de la Reserva Federal de los EE.UU. (FED) a las economías que opten por esta vía, sin que tengan opción alguna para influir en sus decisiones. ¿Qué pasaría si los directivos de la FED sucumben a las tentaciones de una mayor emisión monetaria, tal como ha sucedido en otras ocasiones?
Si la FED se equivoca, no habrá posibilidad alguna de exigirle alguna rendición de cuentas, menos todavía desde un país unilateralmente dolarizado. Por eso quizás es ambigua la posición de Washington frente a la dolarización. Por un lado comentan que no hay las premisas macroeconómicas básicas en algunos países, y por otro lado, impulsan al FMI para que ayude a la instrumentación de esta reforma monetaria; en el caso ecuatoriano a la duda inicial siguió un creciente respaldo, que ha estado presente en el caso salvadoreño desde el principio. Con esta aparente oposición o indiferencia, Washington trataría de no exacerbar el espíritu antinorteamericano, mientras mantiene intacto o aún acrecienta su poder de negociación si se llega a la dolarización con alguno de los países mayores: Brasil, México, Argentina, Chile (15).


Si surte efecto alguna aventura dolarizadora, aunque sea solo en su fase inicial consumista, sacarán provecho de la misma y si fracasa, no tendrán porque asumir responsabilidad alguna.
 


Adicionalmente, cualquier variación en la política monetaria norteamericana impactará mucho más en una economía dolarizada que antes, sin que se pueda esperar alguna consideración para el país dolarizado. Una crisis mayor en los EEUU tendría efectos demoledores, sin que exista el derecho a una mínima defensa que podría darse con una devaluación. Aunque cabe señalar que una crisis financiera internacional o la recesión en los propios EEUU podría ser un aliciente para que Washington apure los procesos de dolarización, buscando consolidar su mercado “americano”.


La respuesta de los organismos multilaterales es diversa, pero se ajusta en cierta medida a la lógica expuesta anteriormente para el gobierno de Washington, aún cuando estos organismos hacia fuera intentan aparecer como neutrales. En el FMI y en el Banco Mundial no había una posición oficial, pero llegado el caso impusieron la dolarización en Timor Oriental
(16) y, como se señaló anteriormente, después de ciertas resistencias iniciales, apoyan al gobierno ecuatoriano para que con la dolarización acelere el ajuste estructural. En el BID las contradicciones (¿aparentes?) han sido mayores.

 
Al mismo tiempo la dolarización afecta la posición del país dolarizado frente a los otros bloques económicos, que configuran una suerte de triadización globalizante. Esta situación debe ser motivo de especial reflexión en países que no dependen fundamentalmente de la economía norteamericana y que tienen una significativa integración económica con Europa o Asia.


Ya se dijo antes, no se puede comparar la dolarización de Ecuador o El Salvador con el proceso de unidad monetario de Europa (17). Aquí, luego de un complejo y largo proceso de convergencia de sus políticas macroeconómicas a partir de criterios de concordancia fiscal, garantizando en cierta medida la movilidad y flexibilidad de los factores de producción, se decidió crear y compartir una nueva moneda común. No se resignó el señoreaje. En el Banco Central Europeo participan con voz y voto los doce bancos centrales de los Estados que hasta ahora han adoptado el euro: Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Finlandia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. Fue una decisión democrática, no impuesta como en Ecuador o en El Salvador; tanto es así que Dinamarca, Suecia y Reino Unido, en sendas consultas populares, se expresaron en contra y siguen en la Unión Europea.


Es más, todos los países europeos están representados en el Banco Central Europeo, con lo cual, al ceder voluntaria y consensuadamente una parte de su soberanía nacional, ganaron (?) en términos de soberanía regional. Por el contrario, los países que se dolaricen oficial y unilateralmente no comparten nada, ni deciden nada, ni ganan nada, pero, eso sí, pueden perder mucho.


Por otro lado, si un creciente número de países, sobre todo sin preparación alguna
(18), se suma a este esquema de dolarización, aumentarán las presiones externas sobre la FED y, en la práctica, hasta podrían disminuir la actual confianza en el dólar, al tiempo que se limita la capacidad de maniobra de la política monetaria norteamericana. Este tema hay que considerarlo con seriedad, pues la economía estadounidense, la más grande y dinámica en la actualidad (en la cual se tiene fe ciega…), mantiene un elevado y crónico déficit en su Balanza de Cuenta Corriente, así como la mayor deuda externa del mundo, sobre un trillón de dólares (PIB: 10 trillones de dólares).


Para la integración latinoamericana, andina, caribeña o a nivel del Mercosur, la adopción unilateral y sumisa del dólar como moneda nacional significa un duro golpe. Debilita la posibilidad de una unión horizontal, desde la cual podría procesarse una unidad monetaria común que permita mejores términos en una negociación internacional, hasta con los propios EE.UU. 


El país que dolariza unilateralmente tendrá que poner mucha atención en las relaciones comerciales con sus vecinos inmediatos. Ellos serán beneficiarios al encontrar una enorme ventaja comercial en la rigidez cambiaria; un país dolarizado, asumiendo costos en términos de producción y de empleo, exportaría "su" estabilidad a los vecinos. Una situación que se registra en las relaciones entre Argentina (19) y Brasil, país que saca una importante ventaja en su lucha contra la inflación de la oferta de bienes primarios procedente de su vecino del sur, el cual, además, ha cedido importantes espacios a favor de los productos industrializados provenientes de Brasil. Situación que apareció prematuramente en la relación comercial de Ecuador con Colombia y, en menor medida, con Perú. La estrategia de una moneda fuerte, como se ha visto en repetidas ocasiones, ha debilitado velozmente la competitividad del país que la adopta, una situación que será aún más compleja al asumir con el dólar una posición supuestamente irreversible.

4. La dolarización como palanca para consolidar el Washington Consensus (WC)

Para promocionar la dolarización se afirma que con ella se daría paso a un nuevo modelo económico. Se la presenta como un cambio general del quehacer económico. Sin desconocer que ella es más que un simple cambio monetario, no hay como aceptar que con la dolarización se inaugura un nuevo modelo económico. Con la renuncia a la moneda nacional simplemente se quiere llegar a una fase superior del modelo vigente, inspirado en el WC, o se quiere enraizarlo. Con la dolarización no se cambia el rumbo, a lo sumo, se anuncia el capítulo final de la larga y tortuosa marcha neoliberal (caso ecuatoriano) o con ella se pretende establecer un ancla para institucionalizar los cambios socioeconómicos introducidos luego de dolorosos enfrentamientos internos (casos salvadoreño y guatemalteco). Y lo que es sugerente, su aparición coincide cuando dicho modelo da claras señales de agotamiento.


En los países indicados, para llegar a la dolarización se ha recurrido abiertamente a  la manipulación y hasta al "terrorismo económico" (20). Y, al tiempo que se introducen los cambios legales para imponer la dolarización y asegurar las transformaciones que le son indispensables, se trabaja afanosamente para doblegar la resistencia social, sea con medios autoritarios y aún represivos, o con políticas sociales clientelares. 


En síntesis, aún cuando la adopción de la dolarización es producto de la incapacidad de las elites gobernantes, esta medida es promocionada por las mismas elites como una innovación y hasta como la única alternativa disponible para estabilizar la economía. 


Como saldo de estas aventuras dolarizadoras los EE.UU. amplían su influencia en su “patio trasero”. La dolarización unilateral asoma como parte de una estrategia no explicitada por Washington, que se engarza con la creciente militarización de su política de relaciones exteriores (21). Una situación crítica si consideramos que las prioridades de dicha potencia no coinciden con las prioridades de América Latina; realidad que llevó a que John Maynard Keynes se oponga a la aplicación de un programa de convertibilidad en Gran Bretaña a mediados de los años 20 en el siglo XX, puesto que, según él, era "un error creer que a largo plazo los estadounidenses vayan a administrar sus negocios de acuerdo a las conveniencias inglesas".

5. La dolarización y sus rigideces en la gestión macroeconómica

La razón de ser de la dolarización, desde una perspectiva técnica, radica fundamentalmente en el ofrecimiento de la estabilidad macroeconómica, que se conseguiría al desaparecer la emisión monetaria. Expectativa enraizada en la visión del renombrado profesor neoliberal y Premio Nobel de Economía Milton Friedman, quien asegura que “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. Desde esta perspectiva, el Banco Central sería el causante de todos los problemas, pues su propia existencia sería una “tragedia”, al decir del economista neoliberal ecuatoriano Franklin López Buenaño. Eliminada esta debilidad estructural, provocada por la discrecionalidad de la política monetaria y cambiaria, la recuperación de la economía, a partir de su estabilización, estaría asegurada, dicen.


Con este ajuste monetarista se espera garantizar un manejo económico sano, o sea acorde con la racionalidad del WC, y que se reflejaría en la ansiada estabilidad de precios, el equilibrio fiscal, la reducción de las tasas de interés, la eliminación de la especulación y el establecimiento de un esquema económico que aliente el desarrollo; aspectos que merecen ser enfocados en forma separada. 

¿Es la estabilidad de precios un sinónimo de estabilidad macroeconómica?

Sin negar el potencial estabilizador que puede tener un tipo de cambio fijo en determinadas circunstancias, aquí conviene diferenciar entre estabilidad de precios y estabilidad real. Si por estabilidad se entiende una evolución de la economía real que evite o al menos mitigue la sucesión de grandes auges y caídas, un manejo flexible del tipo de cambio es superior al sistema de cambio fijo, sobre todo si éste es extremadamente rígido: la dolarización es su máxima expresión. Con un sistema de tipo de cambio fijo, una entrada significativa de capitales tiende a aumentar el crédito y la demanda internos, alentando el consumo, lo cual no necesariamente va en beneficio de toda la población o en favor del aparato productivo (normalmente frágil), que deberá competir con crecientes importaciones. La defensa de un tipo de cambio extremadamente rígido, ante un déficit de cuenta corriente o una salida de capitales, provocará el alza de las tasas de interés, con el objeto de contener la fuga de capitales, y la consecuente disminución de la actividad económica, a fin de reducir las importaciones; al orden del día estarán las políticas contractivas...


En el caso de impactos exógenos en países dependientes de pocos bienes primarios, sobre todo en economías pequeñas abiertas, los ajustes serán demoledores. Sus repercusiones ya no serán por la vía inflacionaria, pues los cambios de precios serán mínimos. Serán por el lado de las cantidades: menores salarios, mayor desempleo, aumento de la capacidad ociosa o simplemente cierre de aquellas empresas que no logren incrementar su competitividad. En este punto la flexibilización laboral asume parte de las funciones de la política cambiaria.


La dolarización asoma, entonces, como una medida extrema, como la que podría adoptarse en situaciones de hiperinflación, que no han vivido ninguno de los países que han dolarizado, que además no se encaminaban a ella. En Guatemala y en El Salvador la economía registra inflaciones bajas. Mientras que en el caso ecuatoriano, paradigmático en muchos aspectos, en un año de aplicación de la dolarización, el promedio a anual de la inflación subió de manera sostenida, de 52% en 1999 al 97% en el 2000, el índice más elevado de su historia; en el año 2001 la inflación promedio llegó a un 40%; con una inflación mensual anualizada -¡en dólares!- de 22,5% para diciembre, la más alta de América Latina, casi doce veces la inflación de los EE.UU… La dolarización, desde esta perspectiva, no fue ni la mejor, ni era la única opción para enfrentar la inflación. El tan difundido dictum de Friedmann, a todas luces, oculta los motivos socioeconómicos -endógenos y exógenos- que ocasionan la inflación y en concreto las razones para el aumento de la emisión monetaria.


Lo que es más grave, la estabilidad de precios no abre la puerta al desarrollo. Argentina en los últimos, con una inflación de cero y una profunda recesión ratifica esta aseveración.

¿Asegura un tipo de cambio irrevocable el equilibrio fiscal?

Para empezar tengamos presente que, al tiempo que se elimina la política monetaria y cambiaria, crece la importancia de la política fiscal. Una política cuyo campo de acción resulta extremadamente limitado, sea por el peso de la deuda externa, por el monto de las preasignaciones presupuestarias, por las mismas deficiencias del sistema tributario, por las ineficiencias del propio aparato estatal o por las incoherencias que generan las condicionalidades fondomonetaristas.


En una economía dolarizada, el Presupuesto del Estado consolida su posición como el campo de confrontación política por excelencia, con lo cual las crecientes presiones políticas podrán reflejarse en nuevos desajustes. Y su financiamiento, que ya no contará con el soporte financiero del Banco Central, deberá garantizarse con mayores tributos y crecientes tarifas de los servicios públicos; mientras que por el lado del gasto aumentarán las presiones para eliminar los subsidios y forzar el despido de funcionarios públicos, así como para reasignar los egresos en función del peso político que tengan los diversos grupos en la sociedad.


Por otro lado, ante la pérdida de competitividad, con este esquema monetario de fomento de las importaciones, podrían darse, en poco tiempo, nuevos estrangulamientos externos. Así, no será una sorpresa si un país dolarizado, en poco tiempo, entra en un acelerado y continuado proceso de endeudamiento externo, gracias a la recuperada “credibilidad” internacional provocada por la propia dolarización (y por la renegociación de la deuda, sí se encontraba en situación de moratoria, como acaba de suceder en Ecuador (22)


Argentina es nuevamente un ejemplo digno de considerar en este punto. Allí, luego de una primera reducción de su deuda externa a poco de introducida la convertibilidad, ésta creció de una manera sostenida, incrementándose en más de tres veces sobre los valores previos a la reforma monetaria, lo cual ha conducido a reiteradas reprogramaciones de importantes tramos de su deuda en el año 2001, una suerte de moratoria (default) disfrazada, que desembocó en una moratoria abierta al finalizar el año.... Y Panamá, con sus 13 renegociaciones con el FMI, entidad que ha asumido una función de prestamista de última instancia, es otra muestra de la adicción al endeudamiento externo propio de este tipo de rigideces cambiarias (23).


Tengamos presente que la misma dolarización a la postre dependerá del equilibrio fiscal, que no la produce mecánicamente. Sin él, más temprano que tarde, la propia dolarización no tiene muchas posibilidades de sobrevivencia debido a que un déficit fiscal provocaría distorsiones en el sistema y la consiguiente pérdida de credibilidad en el mismo, salvo que se pueda recurrir continuadamente al endeudamiento externo. La solución, por lo demás, no se conseguirá con un equilibro fiscal impuesto a raja tabla, que a la postre terminará por hacer explotar las bases fundamentales del aparato productivo, como la competitividad, que terminarán por ser doblemente extranguladas por las rigideces cambiaria y fiscal.


Otro punto que no puede pasar desapercibido tiene que ver con los procesos de descentralización y autonomía, que serán más conflictivos en una economía sin prestamista nacional de última instancia, como el Banco Central. Desde esta perspectiva, el esquema de dolarización complica el establecimiento de estructuras descentralizadas con una adecuado grado de solidaridad nacional y aumenta la tendencia concentradora en términos de la apropiación del ahorro interno por parte de las regiones más ricas y más integradas al mercado mundial. Esta rigidez monetaria potenciaría, de facto, las presiones disociativas de la "globalización" y ahondaría la concentración de la riqueza en los centros más desarrollados de los países periféricos.

¿Es la dolarización garantía suficiente para reducir las tasas de interés?

Es indudable que la utilidad potencial de la dolarización radica en la posibilidad de crear un ambiente de mayor previsibilidad que favorezca el ahorro a largo plazo, ante la ausencia del riesgo cambiario y también debido a la aparente irreversibilidad de la dolarización. Sin embargo, con esta sola medida no desaparece el riesgo país, ni las incertidumbres devaluatorias frente a terceros países.

Si por un lado hay que analizar las diferencias de las tasas domésticas con las internacionales, sobre todo con las de los EE.UU., también hay que tener presente, mucho más que antes, las enormes brechas en productividad y tecnología existentes con la economía norteamericana. Para colmo, en determinadas coyunturas críticas podrían ser necesarias tasas de interés más altas para atraer aquellos capitales del exterior que son indispensables para que funcione el esquema dolarizado; en este punto el sistema financiero será otro elemento indispensable para la viabilidad de dicho esquema. 

Por otro lado, si alguien considera que en situaciones de crisis se puede recurrir continuamente a la banca internacional para obtener créditos, debe saber que los potenciales prestamistas valoran la capacidad de pago, esto es la posibilidad de servir la deuda externa y que nada tiene que ver con el esquema cambiario. No todos los países tienen el mismo peso relativo como la Argentina como para aspirar, en última instancia, a un "blindaje financiero" destinado a proteger, en definitiva, a los acreedores internacionales. Y aún esta gran economía llegó al final de lo que parecía un endeudamiento interminable…

Para lograr una reducción de las tasas de interés no se precisa esta medida extrema, que conlleva muchos efectos colaterales poco conocidos y no deseables. Para conseguir menores niveles de las tasas de interés existen otras opciones menos perversas; recordemos solamente que Costa Rica, sin dolarización, ha registrado tasas de interés más bajas que Panamá con dolarización.

Este asunto de las tasas de interés, por lo demás, debe ser considerado en un contexto más amplio antes de creer que con su sola declinación se impulsará la deseada reactivación productiva.

¿La ausencia de las devaluaciones elimina la especulación?

Con la dolarización no habría más presiones especulativas sobre el tipo de cambio existente entre la moneda nacional y el dólar, pues ya no hay moneda nacional. Pero de allí a esperar que la especulación en general sea erradicada, es una equivocación. Esta no es producto exclusivo del manejo económico de un país aislado y tampoco es causada solamente por los repetidos vaivenes cambiarios. La especulación se nutre a gran escala en el mercado financiero internacional, y en muchos países de América Latina y del mundo empobrecido, como lo vemos a diario, se reproduce en forma de caricatura. Con la dolarización tampoco desaparecerá el riesgo de corridas bancarias, tal como se ha registrado en el caso panameño.

Como si lo anterior fuera poco, con la dolarización se favorece el lavado de narcodólares, tanto por las facilidades que brinda la renuncia a la moneda nacional, como por la necesidad de establecer una “integración financiera” que sea de alguna forma garante de la estabilidad macroeconómica. Es fácil imaginarse cuáles serán las  repercusiones económicas y hasta políticas en sociedades frágiles, cuando se registre un mayor ingreso de capitales provenientes de actividades ilícitas.

Aquí también cabe una mención sobre el impacto nocivo que tendrán los dólares falsos (atados muchas veces también al narcotráfico), cuyo volumen crecerá aún más rápido en las economías que dolaricen en forma atropellada y sin tomar las adecuadas precauciones. Ecuador, como se sabe, se ha transformado en un verdadero paraíso de los dólares falsos.

¿Es la dolarización, en definitiva, la palanca esperada para impulsar el desarrollo?

Como se ha visto muchas veces en economías que entraron en esquemas cambiarios rígidos, lo que se produce, al menos hasta que se logre reducir sustantivamente la inflación, es un proceso de apreciación relativa de bienes y servicios nacionales. Lo cual tendrá, como es obvio, un impacto sobre el aparato productivo del país afectado por la rigidez cambiaria, en la medida que se producirá una indudable pérdida de competitividad y aumentarán las dislocaciones en la estructura económica afectada por el ajuste fondomonetarista (24).

La pérdida de competitividad relativa de las exportaciones resulta preocupante en un mundo imperfectamente competitivo, dominado todavía por tasas de cambio variables. De no existir la suficiente flexibilidad financiera o laboral el resultado sería más desempleo, menor utilización de la capacidad instalada y aún una significativa quiebra de empresas. Así, las exportaciones se verían obligadas a mejorar su competitividad despidiendo personal  o reduciendo los salarios, así como forzando a cualquier costo la renta de la naturaleza (25).

Para economías productoras de bienes primarios la vigencia de un tipo de cambio extremadamente rígido se convierte en un asunto de mucho cuidado (26). En cualquier caso, un país dolarizado, sin el potencial de respuesta adecuado, podría sufrir traumáticas repercusiones frente a una devaluación de sus vecinos. Los productos del país que devalúa se abaratarían, con el consiguiente encarecimiento de los bienes del país dolarizado: ventaja para los consumidores del país dolarizado con capacidad de compra, pero grave deterioro de la competitividad de su aparato productivo nacional. La devaluación en Brasil en 1999 provocó un terremoto en la economía argentina, cuyos bienes se encarecieron de tal manera que hasta se llegó a importar carne brasileña... Y esto, a su vez, podría ocasionar, en consecuencia, mayores presiones recesivas con un consiguiente alejamiento de los capitales extranjeros, provocando aún el éxodo masivo de empresas, como ha sucedido en Argentina.

Como correlato de lo anterior, los dolarizadores esperan enfrentar el problema del desempleo con una mayor flexibilización laboral, opción que no necesariamente trae los frutos esperados. Panamá y Argentina demuestran que el problema del desempleo no ha sido resuelto, por lo contrario en el segundo caso el número de desempleados se ha estabilizado a un nivel alto, nunca antes registrado. Es más, aún en el caso de que aumente el número de empleos (muchos de los cuales serán de baja calidad), no hay como esperar un incremento del ingreso real de los trabajadores: en Panamá (país dolarizado desde hace un siglo y que nunca ha asumido el papel de modelo económico de América Latina), si bien el ingreso real es estable en términos de dólares, los salarios de los trabajadores no calificados, que son la mayoría de la población económicamente activa, se mantienen en niveles de subsistencia (Moreno-Villalaz). 

De facto, la combinación de tipo de cambio irrevocable y neoliberalismo ahondará las tendencias concentradoras y excluyentes: basta ver lo que sucede en Argentina. Además, con los planteamientos flexibilizadores, no solo que se dificultan acuerdos equitativos entre empleadores y trabajadores, sino que se ahondará aún más la conflictividad social.

En suma, sin negar la importancia que tiene la estabilidad cambiaria para alentar la inversión productiva nacional y extranjera, convendría conocer sus potencialidades y sus repercusiones, teniendo presente que la inversión no se mueve exclusivamente en función de las perspectivas devaluatorias. A más de la estabilidad de la moneda hay otras condiciones importantes como la rentabilidad de los respectivos negocios, la capacidad de pago del país y aún su crecimiento, sin olvidar las condiciones de tranquilidad social y de institucionalidad jurídica.

De la experiencia panameña podemos concluir, que la construcción de una amplia “integración financiera” asoma como un requisito indispensable para evitar sobresaltos macroeconómicos mayores, requisito que no puede ser improvisado. Esto implica que, muchas veces, los ajustes se harán a través del portafolio de la banca, como mecanismo clave para el acceso al mercado de capitales externo, que servirá como válvula de escape en los casos en que falten o sobren recursos financieros (Moreno-Villalaz). De suerte que el sistema financiero desnacionalizado e integrado aún más al exterior será una banda de transmisión de recursos procíclica, sobre la cual debería recaer gran parte de los ajustes en una economía dolarizada (27). Todo lo cual redundará en la profundización de estructuras fragmentadas y fragmentadoras.

Así, como resultado de la nueva rigidez impuesta por la dolarización  aumentarán las tendencias para profundizar la heterogeneidad estructural del aparato productivo, pues las mejoras de productividad de pocos segmentos de la economía, en su mayoría considerados como modernos, aumentarán con la intensiva importación de modernas tecnologías, muchas de ellas ahorradoras de mano de obra, en detrimento de los sectores productivos tradicionales con empleos precarios, de baja calificación y pobres ingresos. De hecho, esto ya sucede con la introducción del modelo neoliberal, que ha exacerbado aún más las diferencias de productividades entre los segmentos moderno y tradicional, un asunto que ahondará las raíces estructurales del subdesarrollo. 

Los requisitos expuestos por algunos estudiosos para que tenga "éxito" la dolarización son múltiples: sistema financiero saneado e integrado internacionalmente, sostenibilidad fiscal y fácil acceso al mercado crediticio internacional, flexibilidad laboral y mayor disciplina social, así como una batería de fondos y mecanismos de estabilización, dotados de reglas adecuadas, para administrar los auges y enfrentar contracíclicamente las crisis. Estos requisitos, que podrían haberse instrumentado aún con un tipo de cambio flexible o con una unidad monetaria regional, no garantizan en realidad la viabilidad de la dolarización, ni de ningún esquema económico, en tanto se mantenga la institucionalidad dominante en casi todos los países de la región, caracterizada por su paternalismo, autoritarismo, corrupción y rentismo depredador de la misma moneda nacional…

A contrapelo del discurso que favorece la dolarización, la simple introducción del dólar no garantiza mejores condiciones de crecimiento, de ahorro, de inversión y tampoco de fundamentos económicos (

6. A modo de conclusión

La dolarización, por último, es una decisión artificial y autoritaria que reduce la capacidad de maniobra de un país. Con ella se elimina la gestión cambiaria y monetaria en contradicción con lo que sería la fijación de este importante precio a través del mercado. Se renuncia al control monetario por parte de un Estado subdesarrollado para subordinarse al control de un Estado más grande. ¿Será que los dolarizadores no son tan liberales como dicen ser y que únicamente se refugian en el dólar para completar o arraigar las reformas estructurales inspiradas por el WC, cuando, apegados a la esencia de su ideología, más bien deberían apoyar un sistema de cambios flexible? (29) Lo que se demuestra, entonces, es que el mercado no está en juego sino simplemente se está defendiendo es “la actividad privada en sí misma” (de Sebastián 1999: 54).

A despecho de la masiva propaganda en pro de la dolarización (30), con su aplicación, como parte del modelo neoliberal, de hecho, se produciría una claudicación oficial para impulsar un proyecto de desarrollo, al menos desde una perspectiva incluyente para la sociedad nacional en su conjunto. Y esto es grave, puesto que para gobernar en una economía globalizante, si es que realmente se desea una inserción colectiva de la sociedad en el contexto internacional, lo menos que se puede hacer es entrampar a un país con un tipo de cambio rígido. Es preocupante que se recomiende abandonar el uso de herramientas básicas de la política económica, como la monetaria y cambiaria, atando aisladamente la economía a un sistema inflexible, que puede gestar problemas insospechados. Una cosa sería adoptar un esquema cambiario rígido cuando las principales monedas del mundo operan con un modelo de cambios fijo; otra completamente distinta es adoptarlo en un mundo en que las principales monedas fluctúan unas frente a otras.

La dolarización, lejos de ser un piloto automático o si se quiere una restricción estimulante como creen ciertos estudiosos (31), equivale a un nuevo bloqueo, a la amputación voluntaria e innecesaria de un dedo de la mano, con lo cual la tarea recaería en los otros cuatro, algunos de los cuales también sufren severas limitaciones. Por ejemplo en el caso ecuatoriano hay serios problemas en el sistema financiero, que fueron los que, en definitiva, provocaron la estampida devaluatoria de los años 1998 y 1999 (32). 

Es más, un país dolarizado, con toda la carga de recortes en su soberanía, prevalecientes hoy día, tendría menos capacidad de reacción y de gestión (33). Debilitaría aún más su capacidad para fortalecer y proteger el mercado interno, a la espera que los impulsos para su desarrollo provengan cada vez más de afuera. Y aunque pueda resultar paradójico, si se arrincona las políticas orientadas a favorecer el mercado interno, disminuirá también en forma ostensible el campo para el diseño y aplicación de una concepción estratégica que permita participar en forma activa en el mercado mundial. De hecho, el complejo proceso de reacomodo de la economía que provocará la dolarización ahondará las tendencias reprimarizadoras y las presiones desindustrializadoras en el aparato productivo, vigentes desde hace largo rato y que están procesando un régimen social de acumulación acorde con la nueva división internacional del trabajo, en la cual unos pocos países poderosos y sus empresas transnacionales imponen las reglas de juego.

La conflictividad social, al profundizarse las disputas distributivas e incrementarse los reclamos de los grupos marginados y perjudicados, encontrará nuevas expresiones cuando se configure con claridad la alianza pro-dolarización y los grupos que se la oponen, cuyas composiciones variarán en la medida que aparezcan las rigideces cambiarias y sociales que provoca este matrimonio por interés entre la dolarización y el neoliberalismo (34).

A fin de cuentas, los cambios requeridos para impulsar el desarrollo no surgirán espontáneamente con la introducción del dólar y tampoco con esquemas de apertura y liberalización a ultranza. En una economía dolarizada el desafío será mayor, pues una alternativa de política económica deberá preparar también la salida de la trampa que implica esta extrema rigidez cambiaria, cuando las condiciones lo permitan. A viejos retos habrá que ofrecer remozadas respuestas, que sean viables en tanto beneficien a las mayorías, con la participación activa de las propias mayorías y en esquemas de mayor integración regional a nivel horizontal. Es tiempo, pues, de proponer respuestas que tengan en su mira la superación del modelo neoliberal para al menos "civilizar la bestia: el 'capitalismo'", en palabras de Günther Grass; respuestas que ofrezcan renovadas opciones de política macroeconómica (35) El asunto, visto desde una perspectiva integral del desarrollo, no se reduce, entonces, a una simple resolución del tema monetario y cambiario. Dolarizar o no dolarizar, esa no es la cuestión.


 

1) Ecuatoriano. Economista, Universidad de Colonia, Alemania. Miembro del Foro Ecuador Alternativo. Profesor universitario. Consultor Internacional y del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS-FES) en Ecuador. Asesor de organizaciones indígenas y sociales. Dirección electrónica: alacosta@hoy.net y alacosta48@yahoo.com Una versión anterior de este artículo, con el título “El falso dilema de la dolarización”, fue publicado en la revista Nueva Sociedad Nº 172, Caracas, marzo-abril del 2001 y una versión resumida fue presentada en el Seminario “Régulation du système international: quelle place pour le FMI”, en la Asamblea Nacional Francesa, París, 22 y 23 de junio del 2001.

2) El dólar circula como moneda oficial en algunos territorios y colonias como Guam, Islas Marshall, Islas Marianas, Micronesia, Palau, Samoa, Islas Vírgenes e Islas Turks y Caicos. Otros pocos países y territorios, en diversas partes de mundo, utilizan otras monedas como el dólar australiano (Kiribati, Nauru, Tuvalu, Isla Norfolk, e Islas Cocos), el dólar neocelandés (Islas Cook, Niue y Tokelau), la libra esterlina (Santa Elena), la lira turca (norte de Chipre), o la corona danesa (Groenlandia).

3) Su independencia de Colombia estuvo relacionada directamente con el interés norteamericano por asumir el control del canal interoceánico y en ese contexto surgió como país con su economía dolarizada desde 1904.

4) Este país todavía no ha dolarizado oficialmente su economía, pero hay la decisión gubernamental de moverse hacia allá.

5) A más de ver a la "globalización" como una opción ineludible, se asume como que no hay alternativas en política económica. Hacer lo que la teoría neoliberal plantea o quedar excluidos de la "globalización" es un falso dilema, en la medida que -como demuestra Oscar Ugarteche- América Latina, al menos fracciones mayoritarias de sus sociedades, están excluidas casi estructuralmente de la "globalización".

6) Los tres ejes de poder mundial que se perfilan en la actualidad son los EE.UU., la Unión Europea, así como Japón y China, con mayores posibilidades de que este último país asuma el liderazgo asiático en poco tiempo. Estructura que podría sufrir cambios como consecuencia de los ataques terroristas de septiembre del 2001 y sus secuelas políticas, así como económicas.

7) La reflexión sobre de estas opciones monetarias, muchas de las cuales se inspiran en el pensamiento de Silvio Gesell (1862-1930), han cobrado una inusitada fuerza en plena "globalización" (Ver Schuldt 1997). Bastaría con recordar la reciente emisión de "patacones" en la Argentina para ratificar la importancia de este tipo de monedas alternativas. 

8) Aquí podemos mencionar la convertibilidad en Hong Kong (1983), Argentina (1991), Estonia (1992), Lituania (1994), Bulgaria (1997) y Bosnia (1998); así como la dolarización en Timor Oriental (2000) y en los tres países latinoamericanos mencionados: Ecuador (2000), El Salvador (2001) y Guatemala (2001), a los cuales se suma Panamá (1904); recordemos que en Ecuador falló en 1997 un intento por introducir la convertibilidad. Más allá de las similitudes macroeconómicas y de las diferencias entre la convertibilidad o caja de conversión y la dolarización, que permiten comprender a la convertibilidad como una "dolarización minus", hay que señalar que entre los mismos esquemas dolarizados hay distintas características; para citar apenas un ejemplo, en Panamá no existe un instituto emisor, mientras que en Ecuador el Banco Central no fue eliminado y, es más, conjuntamente con el Ministerio de Economía, mantiene aún una cierta capacidad como prestamista de última instancia.

9) El tipo de cambio libre rige en países como Brasil, Chile y México, que han logrado superar de mejor manera los recientes choques externos que otros países con tipo de cambio fijo, como la Argentina. Hay que anotar que en estos últimos años países como México (1994-95), Tailandia (1997), Rusia (1998), Brasil (1999), Chile (1999), Colombia (1999) y Turquía (2001) abandonaron regímenes de rigidez cambiaria y se movieron a sistemas flexibles.

10) Con el fin de asegurar un tipo de cambio fijo y la libre movilidad de capitales, dentro de las limitaciones derivadas del trilema macroeconómico, algunas economías han sacrificado su política monetaria. De acuerdo al conocido trilema macroeconómico, especialmente en economías abiertas y pequeñas, solo pueden ir juntas dos de las tres siguientes variables: (1) libre movilidad de capitales, (2) tipo de cambio fijo y (3) política monetaria independiente, lo cual nos da las siguientes combinaciones: (1) + (2) sacrifica la política monetaria: patrón oro (1870-1930/32) y “globalización” (?); (2) + (3) sacrifica la libre movilidad de capitales: Bretton Woods (1945-1971); (1) + (3) sacrifica el control del tipo de cambio: regímenes vigentes de tipo de cambio libre (1971 - …). En un mundo globalizante, en el cual juegan un papel preponderante las transformaciones tecnológicas, hay que tener conciencia del potencial que existe para el desarrollo de dineros electrónicos, que podrían transformar aún más rápidamente el sistema monetario internacional, en el cual actualmente se impone más el caos monetario que la tan prometida autoregulación del mercado.

11) Intentos que no tienen a la moneda como su único eje, pues el poder norteamericano se deriva no solo del dólar como moneda de uso internacional, tampoco basta su potencial económico, sino que su poderío se basa en el poder militar y político, así como en el cultural: el inglés como lengua franca es otro elemento de su fortaleza.

12) Joint Economic Committee Staff Report (Office of the Chairman, Senator Connie Mack); “Dollarization: A Guide to the International Monetary Stability Act”, march 2000 (www.senate.gov/jec/dollaract.htm).

13) En este punto dejamos señalada la necesidad de analizar las diferentes posiciones que tendrán los diversos sectores de la sociedad norteamericana, pues una podría ser la posición prodolarización de determinados inversionistas, en especial de las grandes empresas, y otra la de los sindicatos, por ejemplo.

14) Curiosamente este asunto preocupa a Milton Friedman, quien, en una entrevista en la revista Forbes (3.5.1999), dijo que “la moneda es un símbolo muy importante de la soberanía. Y a mí me parece que una nación, si quiere seguir siendo nación, necesita tantos símbolos de soberanía como sea posible”.

15) Estos países estarían entre los candidatos "preparados" para dolarizarse. Sobre los prerequisitos para la dolarización hay también una controversia aparte, en tanto un grupo de tratadistas (Guillermo Calvo y Ricardo Hausmann, por ejemplo) considera indispensable la introducción previa de una serie de reformas, mientras que otro grupo no da importancia a este asunto (Kurt Schuler y Robert Barro, para citar otros dos), pues creen que las reformas necesarias se implantarían en forma automática con la dolarización.

16) En este país, en pleno proceso de conformación de su Estado independiente, luego de su liberación de Indonesia, el FMI presionó para que se adopte el dólar como moneda de uso corriente.

17) El Tratado constitutivo de la Comunidad Europea contempló desde hace rato la Unión Económica y Monetaria, ya el 5 de agosto de 1955 se suscribió el Convenio Monetario Europeo. La primera fase práctica se inició en julio de 1990 y finalizó el 31 de diciembre de 1993, con la eliminación de los obstáculos que se oponían a la libre circulación de capitales dentro de la Unión. La segunda fase, que comenzó el 1 de enero de 1994, tenía como objetivos crear el Instituto Monetario Europeo, predecesor del Banco Central Europeo y evitar los desequilibrios fiscales excesivos.  La tercera fase comenzó el 1 de enero de 1999, con la transferencia de las competencias monetarias nacionales al Eurosistema y la introducción del euro. Y desde el 1 de enero del 2002, con la circulación oficial de los primeros billetes y las primeras monedas, se completó la fase culminante de un proceso largamente preparado, no exento de complicaciones y riesgos.

18) El Ecuador es el mejor ejemplo de la improvisación. Su experiencia, no hay duda, ofrece una magnífica oportunidad para escribir un manual de cómo no se debería dolarizar... Allí, como afirmó el economista brasileño Paulo Nogueira Batista jr., "un gobierno de quinta categoría acaba de anunciar la intención, de cometer suicidio monetario y dolarizar la economía del país. Incapaz de enfrentar una seria crisis económica y amenazado de destitución, el presidente ecuatoriano, Jamil Mahuad, que visiblemente no tiene capacidad ni siquiera para ser el síndico de un edificio o presidente de una asociación de barrio, se desesperó y optó por humillar a su país, desistiendo de uno de los elementos centrales de soberanía" ("Suicidio monetario del Ecuador", Fohla de Sao Paulo, 13.1.2000). Este país llegó a la dolarización como resultado de una crisis compleja, en la cual jugó un papel demoledor el interminable ajuste fondomonetarista y la incapacidad de sus dirigentes políticos y económicos.

19) Este país logró vencer la hiperinflación gracias a la caja de conversión, pero quedó entrampado sin capacidad para dar respuestas a los problemas de su subdesarrollo, que se han agudizado en los últimos años, en tanto la convertibilidad se transformó en el eje del modelo neoliberal, esto es "un modo global de conducción de la economía" (Calcagno y Calcagno). Y ahora se debate en medio de una hiperrecesión que ha terminado por afectar la propia institucionalidad democrática.

20) En Ecuador se justificó la dolarización como vacuna para enfrentar una inexistente hiperinflación, cuya proximidad, además, no era real al no existir aquellas condiciones económicas y sociales que han desatado normalmente los procesos hiperinflacionarios (ver Schuldt y Acosta 2000).

21) Para muestra basta el Plan Colombia y su creciente regionalización. En el caso ecuatoriano la dolarización vino acompañada con el establecimiento de una base militar norteamericana en Manta, la única existente en América del Sur; una situación que se repite en El Salvador en el aeropuerto de Comalapa y que podría darse en Guatemala en el Petén, en la frontera con Chiapas. Esta política militar se sostiene con el argumento común (mejor sería decir con el alibí) de luchar contra el narcotráfico y que encontró en el "terrorismo", desde septiembre del 2001, una nueva razón de ser...

22) En Ecuador se preparó el terreno con una renegociación atropellada y poca beneficiosa de los Bonos Brady y los Eurobonos, transformados en Bonos Global, así como de las deudas en mora dentro del Club de París. La insostenibilidad del reciente arreglo de la deuda externa ecuatoriana (Ver Marconi 2001) larva ya nuevas complicaciones, que se intentará reducirlas vía privatizaciones.

23) Este país, durante las últimas décadas, ha recurrido más veces al FMI que otras economías que han atravesado por severas crisis como Haití, Jamaica, Argentina, Perú y Ecuador.

24) Jorge Gallardo, uno de los ministros de Economía del régimen dolarizador de Gustavo Noboa, sucesor de Mahuad, cuando aún no era miembro del gobierno, en 1999, poco antes de que se adopte la dolarización, anticipó lo que sucedería como resultado de la rigidez cambiaria provocada por la convertibilidad o la dolarización, que “transformaría la economía ecuatoriana en una economía de alto riesgo, ya que estaría expuesta a choques externos sobre los cuales no podría responder de manera independiente. Además, se introduciría un sesgo antiexportador similar al que prevaleció durante la era de la sustitución de importaciones, afectando al dinamismo del sector exportador privado”.

25) La opción oficial de futuro en el Ecuador dolarizado se centra en el incremento masivo de la producción y exportación de petróleo, una clara demostración de que lo está en marcha es un esquema reprimarizado, una suerte de avance hacia el pasado…

26) La dolarización no resulta nada recomendable al menos para países cuyas exportaciones son extremadamente fluctuantes, como sucede con los países exportadores de petróleo. Esa es la conclusión a la que llega un defensor de la dolarización como Juan Luis Moreno-Villalaz, panameño, uno de los consultores internacionales del gobierno ecuatoriano para aplicar la dolarización, quien afirma que las “condiciones ideales para una eficiente dolarización son: (1) una importante proporción de las exportaciones en la moneda de reserva (lo que minimiza la necesidad de variaciones en la tasa de cambio real), y (2) que los ingresos de exportaciones sean estables y diversificados, lo que refuerza la estabilidad económica y que evita que haya cambios abruptos del tipo de cambio real. Muchos países cumplen estas condiciones, con la excepción de países con una alta proporción de exportaciones de petróleo”. Este asesor económico del Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá señala, además, que “un régimen de cambio flexible es más conveniente para países con grandes fluctuaciones de sus ingresos de exportación, o regiones muy grandes, o donde una unión monetaria no es factible.”

27) Por cierto que las consecuencias de un choque externo dependerán de varios factores: duración de la crisis, posibilidades de contratar nueva deuda externa, disponibilidad de reservas financieras para enfrentar este tipo de eventualidades, capacidad de reacción del aparato productivo, entre otros.

28) Con la dolarización se ofreció "una baja inmediata de las tasas de interés, de la inflación y la entrada de capitales foráneos, dando paso a la reactivación inmediata de los sectores productivos" (Foro Económico, El Universo, 7.1.2000). ¿Cayó inmediatamente la inflación? No. En promedio anual, ésta pasó de 52% en 1999 a 97% en el 2000, antes de declinar lentamente a un 40% en el 2001; alcanzando en diciembre pasado un 22,5% ¡en dólares¡, la inflación más alta de América Latina, casi diez veces el nivel inflacionario de los EEUU. Ni la relativa calma conseguida por la ausencia de la devaluación se refleja en una sustantiva caída de las tasas de interés en dólares, que superan el 20% y aún el 80% para compras a plazos en establecimientos comerciales privados… ¿Se reactivó de inmediato el aparato productivo? Tampoco. En el 2000, luego del bajón en 1999, la economía apenas frenó su caída. Y recién convalece en el 2001. Las estimaciones hablan de 5,2%, sin que con esto el PIB alcance el nivel de 1998. Lo que interesa averiguar es de dónde salieron los dólares para esta recuperación por lo demás desequilibrada. En el 2001 la economía se apuntaló con las remesas de los emigrantes, con más de 1.450 millones de dólares (superiores a las inversiones petroleras), y con las inversiones del nuevo oleoducto, así como con los ingresos generados por las ventas de petróleo en el mercado mundial hasta antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, que provocaron una drástica caída del precio del crudo. Ya en el 2000 las remesas de los emigrantes por 1.330 millones de dólares, superiores a las exportaciones sumadas de banano, camarón, café, cacao y atún (equivalentes al 20% del consumo nacional), habían salvado la dolarización, al igual que los altos precios del crudo, que produjeron ingresos mayores en 600 millones de dólares a los presupuestados. Y en ambos años debe haber ingresado una cuantía importante de narcodólares y dólares falsos, que han inundado la economía ecuatoriana; en estos dos casos sí apoyados por la dolarización. Ya casa dentro, el consumo también se ha nutrido del descongelamiento de los depósitos bancarios, pues muchos de los clientes de los bancos, atemorizados por la experiencia del feriado bancario y el congelamiento de sus depósitos en marzo de 1999, prefieren destinar esos recursos liberados al consumo de bienes o a la construcción; sector que ha experimentado un crecimiento importante, alentado también por el bono de la vivienda. Este convalecimiento de la economía ecuatoriana ha venido acompañado con una reducción de los índices de desempleo y subempleo, pero no por efecto de un incremento de la actividad productiva que pudiera haber creado nuevos puestos de trabajo, sino por la corriente indetenible de emigrantes. Casi el 80% de la población económicamente activa está en situaciones laborales precarias o desempleada: el subempleo afecta cerca de un 60% de la PEA, el desempleo abierto a un 9% y más de un 10% se encuentra fuera del país en calidad de emigrante. El salario básico unificado, con 128,8 dólares mensuales, cubre menos de un 42% de la canasta básica familiar (para cuatro miembros), que bordea los 310 dólares. No sorprende, entonces, que al inicio del 2001, más del 45% de la población adulta ansíe fervientemente salir de esta economía dolarizada. En este punto, sin embargo, preocupa aún más que las exportaciones no petroleras en el año 2000 hayan caído en -16,3% y que las exportaciones totales hayan declinado en -8% en el 2001, mientras que las importaciones crecieron en +61,8% en el 2000 y en +45% en el año 2001. En suma, el Ecuador, atrapado en la trampa cambiaria, ya enfrenta un déficit comercial, mientras consolida un modelo aperturista que fomenta aún más las importaciones.

29) Uno de los mayores exponentes del neoliberalismo, Friedrich von Hayek fue partidario del “movimiento del dinero libre”, que encargaría a la empresa privada la emisión del dinero sin la intervención del Estado. El propio Milton Friedman se ha pronunciado en contra de la dolarización, así como otros economistas de renombre: Amartya Sen, Joseph Stiglitz, Jürgen Schuldt, Paul Krugman, Sebastián Edwards, Jeffrey Sachs, Felipe Larraín, entre otros.

30) Entre sus principales promotores podemos mencionar a Kurt Schuler, Guillermo Calvo, Ricardo Hausmann, Rudiger Dornbusch, Robert Barro.

31) Ver por ejemplo los criterios del politólogo ecuatoriano Julio Echeverría (2001).

32) El esquema dolarizador ecuatoriano, incluso para cuando la inflación descienda a un solo dígito, no podrá garantizar un crecimiento económico sostenido y una expansión sustantiva del empleo. El actual "modelo" sólo podrá sobrevivir mientras se garantice el ingreso abundante de recursos externos provenientes de exportaciones primarias, particularmente petroleras, crecientes remisiones de ecuatorianos que viven el extranjero o si se logra mendigar el financiamiento externo necesario para mantenerlo en vida, a través de una mayor deuda externa, a más de los coyunturales ingresos provocados por las privatizaciones y la inversión extranjera directa (que en el caso ecuatoriano no tendrán una trascendencia mayor). Con esto se profundizará el esquema primario-exportador de acumulación y se profundizará la eterna genuflexión frente a los mercados foráneos.

33) Recordemos las presiones financieras que sufrió Panamá por parte de Washington para derrocar al gobierno del general Manuel Antonio Noriega a fines de los años ochenta, gobierno que no tenía un prestamista nacional de última instancia para respaldarse.

34) Una aproximación sobre potenciales perdedores y ganadores de la dolarización debería darse a través de un análisis detenido para cada caso, procurando, particularmente, diferenciar a aquellos segmentos que puedan dar un salto cualitativo en términos de competitividad de los que no podrán, pues, como es obvio, ésta se construye pausada y sacrificadamente, no se improvisa. Se puede asegurar que el grueso de las ventajas recaerá en el ámbito de los servicios, en especial el financiero y en algunos servicios públicos privatizados, con un marcado desmedro de muchas actividades productivas. Y en este campo la selección técnica de los factores de producción disponibles (racional en el corto plazo) profundizará las tendencias reprimarizadoras que se sustentan en la generosa renta de la naturaleza y en la sobreexplotación de una mano de obra barata y desechable.

35) Vale la pena dejar constancia que una salida ordenada de la dolarización (o de la convertibilidad) no reviste mayores complicaciones técnicas, pues su viabilidad depende de las decisiones políticas a ser ejecutadas con responsabilidad, viables cuando la sociedad comprenda el significado de la trampa que representa la rigidez cambiaria y el dogmatismo neoliberal. La experiencia argentina demuestra, además, que es importante preparar oportunamente una salida ordenada de esta trampa cambiaria, antes de que la misma termine por estallar con condiciones impredecibles.


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Enero  14 , 2002

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