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Dolarización: NO! 
Libre Elección de Moneda: SÍ!

Frederic Emam-Zadé Gerardino

Aunque el dinero no garantiza la felicidad, es mucho mejor tenerlo que no tenerlo;
y mientras más se tenga, mejor para uno. (Creencia Popular)


C
uando el Banco Central no es noticia, es buena noticia.

Hace unos años, durante una conversación con el Gobernador del Banco Central del Uruguay de ese entonces y cuyo nombre no recuerdo, este nos explicaba que el mejor Banco Central era aquel que no se sentía. Porque cuando un Banco Central se hacia sentir era porque estaba generando inflación o porque estaba devaluando su moneda o porque estaba subiendo la tasa de interés; en otras palabras, porque le estaba dando problemas a la gente. En fin, que lo mejor era que ni el Banco Central ni su Gobernador fueran noticias.

En nuestro país, en estos momentos, el Gobernador del Banco Central esta saliendo muy poco en los periódicos. Eso es excepcional. Eso es muy bueno, sobretodo porque las pocas veces que lo hace es en algún evento social, educativo o de alguna otra índole que realmente nada tiene que ver con problemas monetarios. Realmente, se puede decir que la República Dominicana vive uno de los momentos mas estelares de su evolución monetaria; un momento excepcional. Y no es por casualidad, pues el Banco Central no solo tiene a uno de los mejores Gobernadores que jamás haya tenido a la cabeza sino que además cuenta con uno de los mejores, sino el mejor, equipo de técnicos que jamás haya tenido en su historia.

¿Porque entonces hablar del problema monetario de los dominicanos? Precisamente, porque al no haber ninguna crisis monetaria en el horizonte, este es un buen momento para pensar en un problema fundamental: el hecho de que este periodo constituye más bien una excepción que la regla. Lo normal siempre ha sido ver a los Gobernadores del Banco Central en los periódicos, en los desayunos en la televisión y hasta en la sopa, jurando que jamás devaluarán la moneda, prometiendo que van a fortalecer el peso, jurando que no están emitiendo ni un peso inorgánico, y haciendo todo lo contrario; y después, echándole la culpa de la inflación a los comerciantes agiotistas y culpando a los cambistas inescrupulosos y especuladores del alza en el dólar. Cuando en la realidad, todos estos males eran el producto de su propias malas políticas monetarias y de su falta de fortaleza testicular ante el Presidente de turno; ante quien no se atrevían a ejercer la autonomía del Banco Central y negarles el financiamiento inflacionario de sus déficit fiscales.

El Problema Básico:

El problema fundamental de nuestro sistema monetario es que somos una economía pequeña y abierta con relaciones comerciales y monetarias con una economía preponderante como la norteamericana. Esto constituye un problema, porque al fin y al cabo, bajo estas circunstancias, queramos o no, quieran los EE.UU. o no, quien de hecho fija la política monetaria para nuestro país es el Gobernador del Banco Central norteamericano, en este caso un Señor llamado Alan Greenspan; un desconocedor de la República Dominicana y sus problemas económicos y sociales.

Esto resulta así por la sencilla razón de que si nuestra política monetaria es más expansiva que la norteamericana generamos inflación y devaluación, y si nuestra política es mas restrictiva entonces generamos deflación y nuestras exportaciones se hacen menos competitivas. Entonces surge el dilema: ¿si nuestra única opción para no tener problemas monetarios es tener una política monetaria igual a la norteamericana, entonces para que tener un Banco Central?

Ante este dilema, algunas personas piensan que lo mejor es dolarizar la economía, o sea pasar de un monopolio de pesos a un monopolio de dólares. Otros, pensamos diferente y creemos que lo mejor es permitirle a los dominicanos la libertad de elegir entre varias monedas internacionales, por vía de cualquier banco o grupo de bancos.

La Solución:

La Abolición del Monopolio Gubernamental del Dinero

Si los dominicanos realmente queremos que nuestro país logre ser el primer país desarrollado del Caribe, la reforma monetaria que realmente necesitamos los dominicanos debe lograr por lo menos cuatro objetivos importantes:

(1)    En el corto plazo, la reforma monetaria debe imposibilitarle a nuestros gobernantes el burlarse de la disciplina fiscal a que los obliga la Constitución; obligándolos a evitar que incurran en los déficit fiscales que al financiarlos con dinero inorgánico, nos causan la inflación que nos empobrece cada vez más.

(2)    En el mediano plazo, la reforma monetaria debe acabar definitivamente con los frecuentes ataques de inflación y devaluación que han erosionado el poder adquisitivo de los Dominicanos  durante las últimas cuatro décadas.

(3)    En el largo plazo, la reforma monetaria debe acabar con los vaivenes de depresión y desempleo atribuidos a la evolución del capitalismo Dominicano.

(4)    Pero sobretodo, la reforma monetaria debe imposibilitarle al gobierno el que pueda restringir el movimiento internacional de personas, dinero y capital que garantiza la capacidad de nuestras gentes de escapar a la opresión política y económica de los malos gobiernos, que solemos tener, de vez en cuando.

Para lograr estos objetivos, debemos desnacionalizar el dinero, aboliendo el monopolio gubernamental del dinero y permitiendo la libre concurrencia y competencia en el mercado del dinero. El dinero es una mercancía, y el servicio monetario que los Gobiernos prestan a través de sus bancos centrales podrían ofrecerlo mejor los bancos privados o las asociaciones de bancos privados, con monedas internacionalmente demandadas y ofertadas.

Debemos reemplazar el monopolio gubernamental del dinero por la libre competencia entre los suplidores de otras monedas, quienes, para conservar la confianza pública, suplen sus monedas más eficientemente y limitan disciplinadamente la cantidad en circulación de su moneda para así mantener su valor, para el beneficio de sus usuarios.

Mientras el dinero sea administrado por Gobernantes fiscalmente indisciplinados, que cuentan con la complicidad de Gobernadores de Bancos Centrales con poca fortaleza testicular, sólo el patrón-oro, a pesar de sus imperfecciones, será el único sistema tolerablemente seguro. En ausencia de un patrón-oro, lo mejor para los gobernados es quitarle completamente el control sobre el dinero a los gobernantes.

En un mundo regido por las presiones de los intereses organizados, nosotros no podemos contar con la benevolencia, inteligencia o comprensión de la gente que nos gobierna; pero sí con sus instintos de supervivencia, con sus ambiciones egoístas y con sus intereses políticos y económicos particulares. Y esto no es bueno para la sociedad civil.

El dinero da poder y darle ese poder a la sociedad civil, vía los bancos, es para el gobierno el equivalente de desprenderse de una gran cuota de poder; y "eso no debe ser" respondería cualquier Presidente o Gobernador de un Banco Central.


"¿Y por que no debe ser esto así?" preguntaría cualquier ciudadano.

¿Acaso nos son nuestros gobernantes, nuestros servidores?

¿Acaso no son nuestros empleados?

¿Acaso no somos los ciudadanos los que le pagamos su salario?

¿Entonces porque no hacen lo que más nos conviene?

El Dólar o el Euro, para quien lo produce..

Con esta simple pero trascendental reforma, quienes producen dólares tendrían el derecho de quedarse con ellos o vendérselos a quien se los quiera comprar. El exportador se quedaría con sus dólares, ya sea este un empresario o un empleado. Y podría depositarlos o tomarlos prestados en cualquier banco. Los trabajadores de la industria turística y de las zonas francas podrían recibir sus cheques en dólares, como lo reciben sus empleadores. Y cualquier dominicano que así lo quiera, cobraría en dólares o en euros o en la moneda que le de su santísima gana. Quienes quieran comprar dólares, incluyendo el gobierno, siempre los podrán conseguir, pues tendrían muchas más opciones de oferta que bajo el actual sistema. E indiscutiblemente, la economía Dominicana estaría mucho mejor.

Con esta reforma también podrían incorporársele más dólares a nuestro sistema bancario y financiero, fortaleciendo así nuestra economía y estimulando el flujo de capitales hacia nuestro país, para poder financiar a su vez las inversiones públicas y privadas que generarán la producción, los empleos y los ingresos necesarios, para mejorar el nivel de vida de nuestra gente.

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Enero  9 , 2001

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