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La Tertulia fue muy dinámica, logrando la integración de todos participantes. El Arq. Verdeja realizó una presentación con datashow sobre el origen de la animación, mostrando un una grabado prehistórico en el que podía observarse la intención de autor de la obra de presentar el animal en movimiento, a través de la posición de las varias patas. Para lograr que los asistentes captaran claramente la idea, Verdeja se permitió darle animación real al grabado causando la impresión de los asistentes.
Verdeja definió la animación como una útil herramienta de comunicación, y para demostrarlo presento el video “Lagrimas de la Existencia” (A. Verdeja, 4’24”) en el que sin emitir una palabra el publico recibe un cargado mensaje de nostalgia e identificación. Destacó la importancia que juega la música, compuesta especialmente para el video, en la transmisión del mensaje. Uno de los asistentes, Emilio Gómez, señalo sobre el video “dicha pieza ofrece suficiente material, subjetividad, calidad y emoción para varias conferencias. En general, un ejemplo de excelente ejecución con pocos recursos”.
“Lo que vimos esta noche es solo una muestra de lo que se puede hacer con un poco de imaginación” dijo Ingrid
Modeste. Durante la actividad también se transmitieron cortos de otros artistas, así como trabajos comerciales realizados para clientes nacionales e internacionales. Por su parte Narciso
Almonte, mostró su preocupación al afirmar “primera vez que asisto a una charla sobre animación, ya que en el país no existe demasiadas personas dedicadas a ese trabajo y mucho menos a compartir sus experiencias” Para leer más comentarios, haga click aquí. Alberto Verdeja y el trazo dotado de alma Por: María del Carmen Vicente
Animación: infundir el ánima, el hálito de la vida a lo inanimado. Dar vida a lo que no la tiene. Dibujos animados. Trazos inánimes que adquieren un alma infusa. Trazos inmóviles a los que un mecanismo insufla un soplo de vida, un viento propulsor que los trae a los dominios de lo vivo. La vida no es sino movimiento; esa amalgama de músculo y nervio se basa en el tesonero empeño del pálpito, en la contráctil agitación de la sístole y la diástole; lo que no se mueve se estanca y se pudre, sólo lo móvil es susceptible de evolución y cambio. Si el arte es el sortilegio mediante el cual el artista trae a un plano tangible sus fantasmas incorpóreos, el animador tiene la audacia de ir más allá, concatenando esos planos en secuencias progresivas para, al hacerlas sucederse a ritmo vertiginoso, otorgarles movimiento y con él concederles vida propia, de forma que al traer así sus fantasmas a la realidad, haciéndolos pasibles de cambio, los saca de sí: los exorciza. En una concurrida disertación que llevó el título de “La animación como expresión artística”, ofrecida en el Centro Cultural de España el pasado 22 de mayo, el arquitecto Alberto Verdeja habló acerca de los mecanismos técnicos que ponen en funcionamiento este engranaje destinado a conferir movilidad a lo estático, de crear la ilusión de un mundo paralelo en tercera dimensión a partir del escueto plano dotado del largo y el ancho. Se vale para ello de la capacidad de retención de la imagen que posee la retina humana, de suerte tal que, cuando un segundo plano sucede a un primero la imagen de éste aún no ha abandonado el ámbito ocular, viniendo entones a superponérsele la de aquél, provocando así la ilusión óptica de que forman una secuencia progresiva: una historia animada, es decir, una concatenación de planos insuflados de movimiento. El animador fotografía una viñeta previamente dibujada, toma que coloca a la vera de otra que ha sido trazada en una posición inmediatamente posterior, y así sucesivamente, de forma que, al proyectar la cadena de múltiples viñetas progresivas a determinada velocidad, las líneas cobran vida, cada trazo se transforma en un músculo irrigado.
Es decir, cada viñeta es un latido sucedido de otro. En un periplo por la evolución de la técnica animadora, el arquitecto Verdeja comenzó remontándose a los orígenes de esta peculiar forma de rebelión frente a la realidad estacionaria, presentando un inopinado búfalo rupestre dotado de diferentes patas paralelas que simulaban la ilusión del movimiento; es decir, desde sus anales más cifrados el hombre comenzaba a desafiar la realidad, a transformar lo inmutable. Como ejemplificación de la técnica aún en estado artesanal el arquitecto Verdeja proyectó una muestra de su propio quehacer animador, un emotivo corto titulado Lágrimas de la existencia (1994), que sirvió no sólo como ilustración técnica, sino como una demostración del potencial del arte de la animación en tanto que forma de conferir articulación a los propios fantasmas invertebrados, es decir, los distintos cuestionamientos privativos de su propio espíritu creador con los que el artista reta la realidad. Como final del viaje, el arquitecto Verdeja terminó presentando algunas manifestaciones de la animación contemporánea, caracterizada fundamentalmente por el uso de técnicas computarizadas. El público presente se sintió gratamente motivado, participando a lo largo de la exposición con numerosas preguntas y comentarios.
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